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Tímida reforma en Arabia Saudí






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REDACCION

E n los últimos meses, en especial a partir de la guerra de Iraq, ha comenzado a hablarse mucho acerca de las reformas que se están emprendiendo en su vecino, Arabia Saudí, el país petrolífero más rico y con más reservas del mundo. Algunos analistas opinan que una gran parte de la población saudí está demandando cambios que pongan fin al sistema de monarquía absoluta, en el que todo el poder ha venido siendo controlado por la familia Al Saud desde hace más de siete décadas.
El príncipe Abdullah, hermanastro del rey Fahd, se ha convertido en el gobernante de facto del país desde que en 1995 este último sufriera varios ataques de apoplejía que le provocaron una delicada condición física. Abdullah, de 81 años, es más popular que Fahd y es también consciente de que el gobierno debe emprender reformas políticas si se desea evitar una crisis, que podría tener graves repercusiones para el país y la propia familia real.
Existen muchas causas que presionan en favor de la puesta en marcha de reformas en Arabia Saudí. Por un lado, se encuentra el aumento de las dificultades económicas. Durante varias décadas, las ganancias del petróleo permitieron el mantenimiento de un elevado estado del bienestar, que alcanzó a todos los saudíes y garantizaba la estabilidad del régimen. Sin embargo, en la actualidad, y debido fundamentalmente al aumento de la población, este esquema ha comenzado a desintegrarse. El 60% de los saudíes tienen menos de 20 años, y un 70% menos de 30. Este crecimiento no ha estado acompañado de un incremento paralelo de la renta nacional. Según algunas fuentes, el ingreso per cápita del país ha caído desde aproximadamente los 20.000 dólares anuales a menos de la mitad. El desempleo ha crecido hasta situarse en un 9%, según cifras del gobierno. Otras estimaciones lo sitúan, sin embargo, entre un 13 y un 30%.
Otro factor que impulsa los cambios es de tipo social. Muchos profesionales saudíes poseen ahora, debido a sus viajes por el mundo, una visión cosmopolita y ven con malos ojos el mantenimiento de un sistema prácticamente feudal de monarquía absoluta, en el que todo el poder político y toda decisión sobre la vida económica pertenecen exclusivamente a la familia real.El príncipe heredero Abdullah
Cabe señalar que en Arabia Saudí la única oposición organizada es la islamista. Algunas voces liberales dentro del Reino han pedido un sistema de monarquía constitucional. Sin embargo, los más prominentes disidentes, tales como el Sheij Safar al Hawali o Sheij Salman al Auda, mantienen una relación más o menos fluida con el establishment y no desean en modo alguno una reforma del sistema "a la occidental", por temor a que ésta suponga una disminución del peso del Islam dentro del Estado y la sociedad. Conocedor de esta realidad, el príncipe heredero Abdullah ha buscado un acercamiento y diálogo con los islamistas y ha recordado que la sociedad saudí "deriva sus fundamentos y su propia existencia de la Divina Constitución: el Corán y la Sunna (las enseñanzas del Profeta Muhammad". Él ha manifestado también que "cualquier oposición a esta Constitución representa un ataque directo a la propia nación".
Aparte de la oposición islamista tradicional, que, como se ha dicho, mantiene vínculos más o menos estables con el régimen, existe otra, mucho más contestataria y minoritaria, que está representada por el Movimiento por la Reforma Islámica en Arabia (MIRA). El MIRA fue fundado en 1996 y sus líderes se hallan en la actualidad exiliados en el Reino Unido y otros países occidentales. Este grupo ha utilizado las emisiones por radio y televisión por satélite para llegar al público saudí en general. Sus principales reivindicaciones se refieren a la lucha contra la corrupción y los abusos de poder de la familia real saudí, y contra la marginación de muchos ulemas de posiciones de responsabilidad por su desacuerdo con la política oficial. El hecho de que el régimen haya aprovechado la campaña en contra de los extremistas para encarcelar y perseguir a muchos de estos islamistas reformistas ha sido respondido por el MIRA con llamamientos en favor de la desobediencia civil. La organización también convocó varias manifestaciones el pasado mes de octubre para protestar contra la represión gubernamental contra estos sectores. En el transcurso de una de estas protestas, celebrada en Riad, 721 personas fueron arrestadas y 83 de ellas sometidas a juicio. Como dato significativo hay que decir que estas manifestaciones coincidieron con una conferencia sobre derechos humanos organizada por la Media Luna Roja de Arabia Saudí, un evento también bastante inusual. Una semana más tarde, las autoridades arrestaron también a manifestantes que protestaban en otras ciudades del país como Yeddah, Damman y Hail.
Otro grupo de oposición se agrupa en torno al Instituto Saudí, con base en Washington DC. Este instituto -que está encabezado por el disidente saudí, Ali al Ahmed- ha atraído la atención de algunos medios de comunicación de EEUU. Sin embargo, el hecho de que esta entidad tenga vínculos con los neoconservadores pro Likud norteamericanos y algunas de sus instituciones, tales como la Fundación para la Defensa de la Democracia, anula cualquier legitimidad que pudiera tener dentro de Arabia Saudí.

Reformas políticas

Temerosas de que una inacción de su parte pueda robustecer a las fuerzas de la oposición, las autoridades saudíes han comenzado a promover algunos tímidos cambios en el terreno político. El propio Maylis al Shura está adquiriendo lentamente nuevos poderes y competencias como, por ejemplo, el derecho a interpelar a los ministros, si bien no ha perdido aún su carácter consultivo, que hace que sus decisiones sean todavía simples recomendaciones que el Gobierno puede seguir o ignorar.El rey Fahd bin Abdul Aziz
Asimismo, Abdullah ha promovido la que hasta el momento parece ser la más audaz de las reformas políticas planteadas en el país: unos comicios que permitirán la elección de la mitad de los representantes locales el próximo mes de octubre. Algunos reformistas consideran, sin embargo, que es necesaria una mayor apertura política y, sobre todo, introducir el concepto de responsabilidad de los poderes públicos para que las reformas en este campo tengan éxito. Hay también presiones para que sea publicado el presupuesto del país.
Abdullah y otros reformistas, tales como Gazi al Gusaibi, ministro de Electricidad y Aguas, comprenden que la época en la que la familia real podía gobernar el país a su antojo y sin dar cuentas a nadie de su gestión ya se ha terminado. Abdullah está preparando ahora el terreno para que la sucesión recaiga en príncipes más jóvenes y con una visión más cosmopolita, que allanen el camino para la creación en un futuro más o menos lejano de una monarquía constitucional. Según algunas fuentes, entre sus planes estaría la transformación del Maylis al Shura en una especie de Cámara Baja, que sería elegida por votación popular, y la creación de otra Cámara Alta o Senado, integrada por personas designadas por el Rey o elegidas indirectamente. Asimismo, Abdullah ha promovido, en coordinación con el gobierno de EEUU, una salida de los militares norteamericanos del país, debido a la oposición de la población saudí a la permanencia de estas tropas.

Apertura religiosa

Otro importante desarrollo que está teniendo lugar en la actualidad es la lenta apertura del poder a diferentes corrientes del Islam distintas del wahhabismo, que ha sido la doctrina que ha gobernado el país desde que su fundador, Muhammad ibn Abdul Wahhab, suscribiera en el s. XVIII una alianza con la familia al Saud. Recientemente, el periodista saudí Yamal Kashogui, asesor del embajador saudí en el Reino Unido, príncipe Turki al Faisal, señaló que durante el primer encuentro de la Convención por un Diálogo Nacional, celebrado en Riad, se había hablado de la necesidad de abrir el Reino a las distintas corrientes del pensamiento islámico. De hecho, a dicho encuentro acudieron representantes sufíes y shiíes, que poseen planteamientos diferentes a los de la corriente wahhabí.
La Convención tuvo lugar bajo estrictas medidas de seguridad y a puerta cerrada. Esto fue debido, en parte, a que uno de sus objetivos era el de formular una estrategia dirigida a combatir los brotes extremistas en el Reino y también al intento de animar a los participantes para que se expresaran libremente, sin el escrutinio de los medios de comunicación. Al final de la conferencia, los participantes presentaron al Gobierno 25 recomendaciones, entre las que hay que citar una mayor libertad de prensa y la reforma del curriculum académico. El encuentro discurrió en un buen ambiente, según declaró el Sheij Aid Abdullah al Qarni, un clérigo conservador saudí.
En el terreno de la educación, se han reformado los libros escolares para poner un mayor énfasis en el valor islámico de la tolerancia y para eliminar los puntos de vista extremistas que pudiera haber en ellos. También se ha procedido al despido de 2.000 imames extremistas y a la creación de un organismo que controlará las organizaciones de ayuda humanitaria para asegurarse de que sus fondos vayan dirigidos a los fines previstos y no sirvan para financiar organizaciones radicales. En los centros públicos están siendo creados consejos escolares para educar a los jóvenes saudíes en los valores de la responsabilidad cívica y de la participación en el gobierno de las instituciones.
Por otro lado, la información que difunden los medios de comunicación saudíes, sin ser óptima, ha experimentado una notable mejoría, debido, sobre todo, a la competencia de las cadenas de televisión por satélite Al Yazira y Al Arabiya, que son ampliamente vistas en el reino. Gracias a estas cadenas los saudíes se encuentran actualmente suficientemente informados tanto de los sucesos que ocurren dentro del reino como de los acontecimientos de carácter internacional. En este sentido, los saudíes han podido comenzar a ver con sus propios ojos lo que ocurre en Palestina y en Iraq, y esto ha contribuido a incrementar su rechazo a la alianza con EEUU, que ha sido uno de los pilares sobre los que se ha basado el régimen de la familia Al Saud en las pasadas décadas.Una bandera saudí ondea al viento en la capital, Riad
Las mujeres, por su parte, están intentando romper los obstáculos de tipo social a los que tienen que hacer frente en el país. Aunque más de la mitad de los licenciados universitarios son mujeres, éstas sólo desempeñan todavía -con excepción de algunos sectores como el sanitario- el 6% de los empleos. Su papel en el Gobierno o en el Maylis al-Shura ha sido casi nulo en los últimos años, en contraste con lo que sucede en otros países árabes o musulmanes del entorno como Irán, donde la presencia activa de la mujer en prácticamente todas las facetas de la vida social y laboral es hoy una realidad.
El príncipe Abdullah ha organizado recientemente un encuentro que tenía como fin el discutir una mejora de la situación social de la mujer. Como primera medida, ha decidido incluir a tres mujeres dentro del Maylis al Shura. Asimismo, una mujer ha sido nombrada, por primera vez, rectora de la Universidad Libre de Yeddah. Algunos casos, como el de la empresaria Lubna Olayan, que posee una de las compañías de mayor éxito en el país, han comenzado a recibir también una notable atención de los medios de comunicación.
En lo que se refiere al terreno de los derechos humanos, el rey Fahd estableció en mayo de 2002 un organismo destinado a la vigilancia y protección de estos últimos, pero su actuación hasta el momento ha sido muy limitada. Una ley de enjuiciamiento criminal ha sido aprobada este año para regular los derechos de los procesados y sus abogados ante la policía y los tribunales, pero la amenaza terrorista y las presiones de EEUU han paralizado estas reformas y continúan dándose así numerosos casos en los que detenidos permanecen en prisión durante largo tiempo sin ser llevados a juicio o sin tener derecho a la asistencia de un abogado.

Oposición a los cambios

Pese a todo, existen ciertamente serios obstáculos en el camino de las reformas. El principal de ellos deriva de la posición de privilegio de la familia real, que podría verse gravemente alterada de continuar adelante aquéllas. Así por ejemplo, el gobierno saudí está buscando en la actualidad el ingreso en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Sin embargo, esto exigiría una drástica apertura de la todavía cerrada economía saudí, en la que la familia real ocupa un papel especialmente destacado, en especial en lo que se refiere a la comercialización de los enormes recursos de petróleo y gas del país. El número exacto de príncipes no se conoce, pero podría situarse entre los 5.000 y los 10.000. En lo que se refiere a la cifra de miembros de la familia real en general, ésta estaría situada entre los 20.000 y los 27.000. Todos ellos han venido utilizando en su provecho una parte significativa de los ingresos del país y disfrutando de privilegios tales como aviones privados y otros.
Según diversos medios, uno de los más decididos opositores a las reformas es el príncipe Nayef, ministro del Interior, que ostenta grandes poderes en sus manos. Él controla, entre otros sectores, la policía y fuerzas de seguridad, los medios de comunicación oficiales y el establishment religioso, que posee una gran influencia en el país. La oposición de altos dignatarios como Nayef puede tener una gran significación, porque, hasta el día de hoy, todas las decisiones importantes relativas a la situación política en el reino han sido adoptadas por consenso entre los principales miembros de la familia real. Si este consenso se rompiera, algunos círculos de poder podrían maniobrar para expulsar a Abdullah de su actual cargo o, al menos, neutralizar sus planes. Hay que decir también que una gran parte de la sociedad saudí se muestra reticente a los cambios y valora, sobre todo, la estabilidad.
Por su parte, la actual Administración de EEUU ha pedido también en numerosas ocasiones reformas en Arabia Saudí, pero el hecho de que la oposición saudí sea aún más crítica con la política norteamericana de lo que lo es el actual régimen saudí puede ser un incentivo para que Washington se olvide de su propósito de promover reformas democráticas en dicho país. Algunos miembros de la Administración Bush tienen muy presente lo sucedido en Turquía, donde un Parlamento democráticamente elegido rechazó la petición estadounidense para utilizar el territorio turco con el fin de atacar Iraq, y consideran más beneficioso para sus intereses el continuar apoyando al régimen saudí en su actual diseño.
Por otro lado, en un momento en el que EEUU hace frente a una seria crisis en Iraq, la última cosa que Washington desea es más incertidumbre en la región. El Dr. Mai Yamani, investigador del Real Instituto de Asuntos Internacionales (RIIA) de Londres y experto en Arabia Saudí, ha señalado que el gobierno norteamericano busca ahora, sobre todo, la "estabilidad". "Ahora que existe tanta inestabilidad en Iraq, ellos están intentando proteger al gobierno de la familia As Saud y mantener el actual sistema tanto tiempo como puedan".
Hay que señalar, por último, que los capitales saudíes depositados en bancos de EEUU alcanzan la cantidad de un billón de dólares y otra similar está situada también en los mercados de valores. Una retirada masiva de este capital de EEUU tendría un efecto devastador sobre la economía norteamericana, por lo que es difícil que Washington vaya a adoptar medidas que irriten al gobierno de Riad.