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REDACCIÓN
principios del pasado mes de marzo, el primer ministro de las Islas
Bermudas, Alex Scott, del Partido Laborista Progresista (PLP), de
centro izquierda, mostró su público apoyo a la independencia
de las islas con respecto al Reino Unido. En realidad, Scott ha
venido planteando este debate desde que llegó al poder en
1998, afirmando que sólo la independencia puede permitir
un desarrollo político y económico pleno de las Bermudas.
Las Bermudas -un archipiélago situado en el Atlántico,
no muy lejos de la costa de Carolina del Norte- han sido una colonia
británica desde el s. XVII. Las Islas sirvieron de base a
los británicos para atacar territorio norteamericano durante
la Guerra de la Independencia de EEUU (1776-1783) y en ellas recalaron
también los barcos que llevaban las tropas británicas
que atacaron e incendiaron Washington DC durante la Guerra de 1812.
Durante la Guerra de la Secesión norteamericana (1861-1865),
las Bermudas ayudaron al bando de la Confederación a burlar
el bloqueo impuesto por los buques de la Unión. Mucho más
tarde, en la Segunda Guerra Mundial, las islas se convirtieron en
una base militar británica, donde 1.200 expertos de esa nacionalidad
vigilaban las comunicaciones entre EEUU y Europa, en busca de espías
alemanes que operaran en territorio norteamericano.
Desde los años setenta, numerosas compañías
estadounidenses y canadienses han venido instalándose en
las Bermudas a causa de los bajos impuestos. En la actualidad, el
número de estas compañías -que utilizan las
Bermudas como una base desde la que operan a nivel internacional-
alcanza ya las 13.500, especialmente en la rama de los seguros.
Las operaciones financieras de estas compañías se
han convertido ya en la principal actividad económica de
las islas. El turismo es el segundo sector, por su importancia,
en la esfera económica. La agricultura, y más concretamente
la exportación de cebollas, ocupa también un papel
relevante en este contexto.
La Reina Elizabeth II del Reino Unido es actualmente la jefa de
Estado de las Bermudas. Como sucede en otras colonias británicas,
la Reina está representada en las islas por un gobernador,
designado por ella misma. Por lo demás, las Bermudas poseen
un sistema parlamentario de gobierno. El Ejecutivo es elegido por
el Parlamento, tras las elecciones.
El PLP apoya claramente la opción de la independencia y ha
manifestado ya que una victoria suya en las próximas elecciones
generales, que tendrán lugar en el año 2008, equivaldría
a un referéndum favorable a esta opción. La antigua
líder del PLP, Dame Lois Browne Evans, declaró recientemente
al semanario Bermuda Sun, en este mismo sentido, que estaba convencida
de que la independencia será una realidad dentro de unos
cinco años, a partir del actual.
Por su parte, la oposición conservadora, agrupada en el Partido
de las Bermudas Unidas (UBP), prefiere un referéndum, que
esté seguido de una conferencia constitucional. En 1995 se
celebró ya un referéndum sobre la independencia, que
estuvo promovido por el entonces primer ministro John Swan, del
UBP. Aquel referéndum constituyó, sin embargo, un
enorme fracaso para el gobierno, ya que tres de cada cuatro votantes
se mostraron en contra de la opción independentista. Hay
que señalar, sin embargo, que aquella consulta, que llevó
a la dimisión del propio Swan, fue boicoteada por el PLP.
Hay que señalar, pues, que aunque los dos principales partidos
de las Bermudas apoyan claramente la opción de la independencia,
la población parece sentir mucho menos entusiasmo hacia esta
idea. Esto se explica porque muchos residentes, en especial los
jóvenes, desean ante todo conseguir pasaportes británicos
para irse a vivir al Reino Unido o Europa, donde esperan conseguir
una vida mejor y más atractiva que en las islas. La legislación
del Reino Unido permite a los residentes de los territorios bajo
su soberanía repartidos por el mundo obtener automáticamente
la ciudadanía británica, lo que incluye naturalmente
el derecho de vivir y trabajar en el Reino Unido y, por extensión,
en la Unión Europea.
Una encuesta publicada por el Bermuda Sun en marzo de 2002 mostraba,
en este sentido, que el 66,9% de los residentes de las Bermudas
rechazaban la opción de la independencia, especialmente debido
a su deseo de adquirir la ciudadanía británica, y
sólo un 18% apoyaba esta opción.
El principal argumento de los que promueven la independencia es
que ésta permitiría un despegue económico de
las Bermudas. Ellos sostienen que las islas, con una población
de sólo 62.000 habitantes, podría convertirse en el
país más rico del mundo debido a que su PIB per cápita
equivale a unos 60.000 dólares anuales por habitante en la
actualidad.
Los partidarios de la independencia han hallado también un
apoyo en unas declaraciones de Kofi Annan, efectuadas el pasado
17 de febrero, en las que el secretario general de la ONU hizo un
llamamiento en favor de la descolonización de los territorios
que aún continúan estando administrados por las antiguas
potencias coloniales. En una alocución ante el Comité
Especial de los 24, Annan señaló que "hay todavía
mucho que hacer para cumplir los requerimientos establecidos en
la Carta de las Naciones Unidas y en las resoluciones 1514 y 1541
de la Asamblea General, que contienen la llamada Declaración
sobre la Descolonización y los principios que deben guiar
este proceso". En la actualidad, 16 territorios, incluyendo
7 del Caribe, continúan figurando en la lista del Comité.
Por su parte, el Reino Unido ha indicado ya que no se opondrá
a conceder la independencia a cualesquiera de sus colonias que lo
pida. Responsables británicos han manifestado, en este mismo
sentido, al Comité de Descolonización de la ONU que
todos los territorios del Caribe pertenecientes al Reino Unido tienen
la opción de declarar la independencia, si así lo
desean. Sin embargo, el gobierno de Londres ha señalado ya
que unas elecciones generales, ganadas por un estrecho margen por
un partido, podrían "no satisfacer" los criterios
que el ejecutivo británico ha establecido en el tema de la
descolonización de territorios. Esto podría indicar
que el Reino Unido desea que la opción de la independencia
sea aprobada en un referéndum por una clara mayoría
de residentes de las Islas Bermudas antes de proceder a otorgarla.
A finales del pasado año, el gobierno británico puso
en marcha también una iniciativa dirigida a preguntar a los
residentes de las Bermudas cuáles eran los cambios constitucionales
que consideraban necesarios. Esta iniciativa irritó al PLP,
que manifestó que una medida de este tipo era de la exclusiva
competencia del gobierno de las Bermudas y en ningún caso
del de Londres. En realidad, lo que temía el PLP era que
los británicos promovieran públicamente la adopción
de algunas reformas constitucionales internos que hicieran disminuir
aún más el atractivo de la opción de la independencia
a los ojos de la población.
La tensión entre el ejecutivo de Scott y el gobierno de Londres
se puso otra vez de manifiesto cuando el este último rechazó
la recomendación de aquél para nombrar a Norma Wade
Miller jefa de Justicia de las islas y nombró, en su lugar,
a otro candidato. Según la actual legislación en vigor,
el gobernador británico tiene, entre sus competencias, la
facultad de nombrar al jefe de la Justicia de las Bermudas y a los
jueces asociados, sin que el ejecutivo de las islas tenga nada que
decir al respecto.
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