.REDACCION
radicionalmente, las relaciones entre Haití y el resto de
países del Caribe, encuadrados dentro de la Comunidad de
Estados del Caribe (CARICOM), no han sido fáciles. Diversos
factores de tipo cultural, lingüístico y económico
contribuyeron a crear una barrera entre ellos. Haití es un
país francófono, mientras que el resto de países
caribeños insulares de la CARICOM son principalmente anglófonos.
Asimismo estos últimos han mantenido tradicionalmente un
sentimiento de superioridad con respecto a Haití, el país
más pobre del Hemisferio. Esta actitud cambió, aunque
sólo en parte, después de que Haití fuera aceptado
como miembro de la organización en 1997.
Ahora, tras el golpe de estado, impulsado por EEUU, en Haití
los países del Caribe han adoptado una postura muy crítica
hacia los acontecimientos que han tenido lugar en Haití.
El pasado 1 de marzo, los países de la CARICOM celebraron
una reunión de emergencia en Jamaica, en la cual pusieron
de manifiesto su rechazo al derrocamiento del presidente Jean-Bertrand
Aristide. El presidente jamaicano, Percival James Patterson, manifestó,
en este sentido, que lo acontecido en Haití suponía
un "peligroso precedente" para los países de la
región y de todo el mundo, según indicó el
diario Jamaica Gleaner. "El derrocamiento del presidente Aristide
constituye un peligroso precedente para los gobiernos democráticamente
elegidos de cualquier parte del mundo, porque alienta la expulsión
del poder por medio de la fuerza de personas democráticamente
elegidas".
Como muestra del repudio de Jamaica a la rebelión armada
de Haití y a la instalación, por parte de EEUU, de
un gobierno títere en el país, Patterson recibió
el pasado 15 de marzo a Aristide en Kingstown, la capital del país.
Durante su visita, el ex presidente haitiano relató la forma
en que había sido secuestrado por tropas norteamericanas
y expulsado de Haití.
La visita de Aristide provocó la cólera del nuevo
poder establecido en Haití. "He llamado de vuelta a
nuestro embajador en Jamaica y he decidido congelar nuestras relaciones
con este país", declaró el primer ministro, Gérard
Latortue. Esta postura del nuevo gobierno haitiano ha sido compartida
por Washington, que se apresuró a manifestar que la presencia
de Aristide en Jamaica era una provocación inaceptable. El
propio embajador norteamericano en este último país
advirtió que los jamaicanos estaban aceptando "un riesgo"
al permitir la visita de Aristide y que el objetivo del derrocado
presidente haitiano no era otro que el de "provocar una ola
de violencia" en Haití.
Latourte advirtió también que Haití podría
reconsiderar su participación en el CARICOM -del que Patterson
es en la actualidad presidente en ejercicio- después de que
portavoces del gobierno jamaicano señalaran que la decisión
de permitir la visita de Aristide no había sido una medida
unilateral del gobierno de Jamaica, sino un acuerdo de la "CARICOM
en su conjunto". Los países de esta organización
han pedido ya públicamente una investigación acerca
de la forma en que Aristide fue apartado del poder y han mostrado
su negativa a enviar tropas a Haití para apuntalar al nuevo
ejecutivo de Latourte. Todo ello permite aventurar que Haití
entrará en un período de aislamiento regional tras
el derrocamiento de Aristide.
Preocupación en Venezuela
Sin embargo, el país más preocupado
por los actuales acontecimientos en Haití es, sin duda, Venezuela,
donde el presidente Hugo Chávez hace frente a una fuerte
campaña en contra de su persona por parte de la oposición
conservadora, que cuenta con el apoyo de EEUU. La oposición
venezolana ha celebrado sin reservas el derrocamiento de Aristide,
un líder progresista que guarda un notable parecido con Chávez,
y la intervención de las tropas de EEUU en Haití.
Por el contrario, los partidarios de Chávez han denunciado
con determinación el golpe de estado de Haití, al
que han calificado de "violación de la decisión
democrática del pueblo haitiano". En una reciente manifestación
de seguidores del presidente venezolano en Caracas se corearon eslóganes
tales como "CIA, aparta las manos de Venezuela y de Haití"
y se denunciaron los intentos de EEUU para retomar el c ontrol
del petróleo venezolano. "La Administración Bush
quiere un gobierno que se arrodille ante ella y le entregue los
recursos naturales de Venezuela", señaló uno
de los manifestantes. De momento, Venezuela ha ofrecido asilo político
a Aristide y ha anunciado que no reconocerá al nuevo gobierno
de transición haitiano formado por Gerard Latortue, decisiones
éstas que a buen seguro van a generar aún más
tensiones en las ya difíciles relaciones entre Caracas y
Washington.
En realidad, la intervención de tropas norteamericanas en
Haití ha levantado una ola de rechazo y preocupación
en una región, a la que EEUU ha venido considerando históricamente
como su patio trasero. Los pueblos de la zona recuerdan episodios
como la invasión de Granada, ordenada por el presidente Reagan
en 1983, o la de Panamá, realizada por el presidente George
Bush padre en 1989. No cabe duda, en este sentido, que los pueblos
latinoamericanos seguirán con atención los acontecimientos
que tengan lugar en las próximas semanas en Haití.
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