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La victoria de los socialistas da un giro a la política exterior española






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YUSUF FERNÁNDEZ

L a reciente victoria de Zapatero en España va a suponer, con toda probabilidad, un viraje de 180 grados en la política exterior española, que previsiblemente va a abandonar su alineamiento contra natura con el rumbo militarista y belicista de los republicanos de EEUU, para retornar a su escenario natural, es decir, Europa y el Mediterráneo. Zapatero ha hecho ya dos promesas en este sentido: la de retirar las tropas españolas de Iraq en junio, si la ONU no toma el control de la situación en ese país -promesa que sin duda el pueblo español no dejará de recordarle-, y la de "acelerar en la medida de lo posible la aprobación de la nueva Constitución europea", que se encontraba bloqueada hasta ahora por la actitud obstruccionista del gobierno de José María Aznar y del de Polonia.
En unas recientes declaraciones, Zapatero ha dejado ver ya que España tendrá tres nuevos ejes en su política exterior: Europa, América Latina y el Mediterráneo. En lo que se refiere a este último escenario, Zapatero ha mostrado ya su intención de reforzar la cooperación con Marruecos, y el resto de países del norte de África, en contraste con la política de desencuentros protagonizada por su antecesor. El líder socialista ha anunciado ya que realizará su primera visita oficial al exterior como presidente del Gobierno a Rabat, como ya viene siendo una tradición dentro de la política española. La colaboración con América Latina será también reforzada. Las victorias de candidatos de la izquierda como Lula, en Brasil, o de Kichner, en Argentina, han abierto también la posibilidad de una cooperación más estrecha entre sus respectivos países y una España gobernada por el PSOE.

Volver a Europa

En lo referente a Europa, Zapatero ha manifestado su deseo de "restablecer las magníficas relaciones que existían con Francia, Alemania y todos los países de la Unión Europea" con anterioridad a la llegada al poder de Aznar. "Quiero que Europa nos vea otra vez como proeuropeos... España va a entenderse de nuevo con Europa, una Europa que tiene proyectos tan ambiciosos como la ampliación y la aprobación de la nueva Constitución".
Hasta el momento, la Administración Bush había utilizado a Aznar y su partido para crear una división artificial en Europa -el conflicto entre la "nueva Europa" frente a la "vieja Europa" del que habló hace un año el secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld- con el fin de dar la impresión de que en Europa había dos bloques: el primero -integrado por Francia y Alemania, Bélgica y otros países- opuesto a la política unilateralista y belicista de EEUU a nivel internacional, y muy particularmente en Iraq, y el segundo -compuesto por España, Polonia y el Reino Unido, y en menor medida por El nuevo presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez ZapateroItalia-, favorable a las tesis de Washington. El propio Aznar reforzó aún más la idea de una supuesta división de Europa al promover el pasado año un manifiesto público con Blair, Berlusconi, Miller -primer ministro de Polonia- y otros cuatro primeros ministros, donde se mostraba el apoyo de todos ellos a la política de EEUU. Este manifiesto fue visto como un desafío a las tesis de París y Berlín en contra de la guerra de Iraq. Sin embargo, esta división no correspondía con la realidad de la calle, ya que todos los pueblos europeos han manifestado sin excepción, por medio de protestas o encuestas, su oposición a la guerra.
La actual victoria del PSOE cambia por completo este panorama. El propio Zapatero ha manifestado que quiere "sacar a España de la foto de las Azores", es decir de su alineamiento actual con EEUU y el Reino Unido, y "estrechar sus lazos con Jacques Chirac, Kofi Annan y Lula". Esto quiere decir que el nuevo ejecutivo socialista va a apostar por una política decididamente europeísta y basada en el respeto a la legalidad internacional.

Una guerra basada en mentiras

En unas declaraciones efectuadas el pasado 15 de marzo a la cadena SER de España, el futuro presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, criticó sin ambages a los gobiernos de Bush y Blair señalando: "No podéis organizar una guerra en base a mentiras... No se puede bombardear a un pueblo... La guerra ha sido un desastre y la ocupación continúa siendo un desastre. No ha generado más que violencia y odio". Zapatero añadió, refiriéndose a Bush y Blair, que "ellos tendrán que reflexionar y llevar a cabo algún tipo de autocrítica, para que cosas así no se vuelvan a repetir".
Todo ello explica el hecho de que la victoria de Zapatero haya sido saludada con una especial alegría en París y Berlín. El gobierno y la clase política de Francia, tanto de izquierda como de derecha, no han ocultado su satisfacción por el triunfo socialista en España. El diario Libération recogió en su edición del pasado 16 de marzo las declaraciones del ministro de Exteriores francés, Dominique de Villepin, que señaló a este respecto: "No era un secreto para nadie que no compartíamos muchas de las orientaciones políticas del gobierno del Sr. Aznar, en particular en lo referente a Europa y también a Iraq". De Villepin reiteró asimismo su convicción de que la guerra de Iraq fue "un error". La nueva política de Zapatero supondrá, con toda probabilidad, un refuerzo a la tesis francesa de favorecer la creación de un mundo multipolar, en el que Europa sería uno de los contrapesos al unilateralismo de EEUU.
Otro de los grandes derrotados por el nuevo cambio político en Madrid es el actual gobierno polaco. Varsovia no pudo ocultar su decepción por la derrota de Aznar, que deja bastante aislada a Polonia en temas como el apoyo a la postura de Washington en Iraq o su actitud de rechazo al proyecto de Constitución europea, patrocinado por Francia y Alemania. Algunos analistas polacos señalan ahora que Polonia tendrá que buscar algún tipo de acuerdo sobre la Constitución con los grandes países de la UE para salvar la cara después de quedar rota su alianza con España. La derrota de Aznar va a suponer también un duro revés para la posición de Silvio Berlusconi en Italia, que ya se encuentra seriamente debilitada por diversos escándalos de tipo judicial.

Revés para Washington

No obstante, el gran perjudicado de la victoria electoral socialista es, sin duda, el gobierno de EEUU, que ha visto como de un día para otro la estrecha alianza que mantenía con España se ha convertido en una vaga amistad afectada por enormes desacuerdos. La Administración Bush ha expresado ya su desagrado por la victoria de los socialistas en España. Un portavoz del gobierno de EEUU declaró al New York Times: "No estaría diciendo la verdad si dijera que éste es el tipo de resultado que hubiéramos deseado (en las elecciones españolas)". Poco antes de los comicios, la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, había manifestado: "Creo que el pueblo español comprende que tiene un líder fuerte en la figura de José María Aznar", declaración ésta que fue interpretada como un respaldo de EEUU a la opción del PP.
Tampoco han sentado bien en el Tropas españolas en Iraqseno de la Administración Bush la declaración de Zapatero de que lo que había ocurrido en las elecciones de España "tendrá un gran impacto en las elecciones de noviembre en EEUU, en el duelo entre Bush y Kerry", palabras éstas que han sido interpretadas en EEUU como un apoyo abierto de Zapatero a la opción demócrata.
Bush quería que el mundo aceptara como premisa innegociable su planteamiento de que "o estás con nosotros o contra nosotros". La victoria de Zapatero, y la postura de Europa en general, significan que esta concepción se ha venido abajo. Los países europeos no están dispuestos a seguir la política de Bush, que ha resultado ser desastrosa en todos los ámbitos, incluido el del terrorismo. El presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi ha reconocido, en este sentido, que "el terrorismo es hoy mucho más fuerte que hace un año (con anterioridad al estallido de la guerra de Iraq)". Este mismo punto de vista es compartido por el antiguo jefe de los inspectores de la ONU en Iraq, Hans Blix, que en una reciente entrevista realizada con el periódico italiano La Stampa manifestó que "la guerra de Iraq no sólo no ha puesto fin al terrorismo en el mundo, sino que le ha dado un fuerte impulso". Esta consideración resulta lógica si tenemos en cuenta que la guerra de Iraq fue lanzada por razones económicas y de búsqueda de una hegemonía estadounidense en Oriente Medio, y no para luchar contra el terrorismo, ya que el régimen de Saddam Hussein nunca tuvo vínculos con Al Qaida o grupos similares.
En realidad, cuando el pueblo español tomó las calles el pasado 13 de marzo envió el mensaje de que desea efectivamente que el terrorismo sea combatido con vigor y derrotado, pero también manifestó su oposición a la torpe política de guerra de Bush y Aznar, que ha alimentado el terrorismo en el mundo.
La solución al problema del terrorismo pasa no sólo por una firme acción policial y un combate ideológico, sino también por la resolución de conflictos como el de Iraq y el palestino-israelí, que operan como metástasis enviando olas de desestabilización a todo el mundo. También pasa por una política destinada a promover la paz y el diálogo entre los diferentes pueblos y culturas, y por la defensa de la legalidad internacional, encarnada en las Naciones Unidas. La política unilateralista y militarista de la Administración Bush supone justo lo contrario: la marginación de la ONU, el desprecio hacia la posición de Europa y del Mundo Árabe e Islámico, el apoyo a la ocupación y crímenes de Israel en Palestina, el mantenimiento de una presencia militar norteamericana indefinida en Iraq, en contra de los deseos de la población iraquí, y la creación, en suma, de un caldo de cultivo para que el terrorismo se extienda. En este sentido, la victoria de los socialistas en España es hoy un motivo de satisfacción y esperanza no sólo para el pueblo español, sino para toda la Humanidad en su conjunto.
En realidad, muchos europeos han visto la guerra de Iraq como la última de una serie de acciones unilaterales estadounidenses, adoptadas en abierto desafío a los intereses y los deseos europeos, entre las que habría que incluir, además de la propia guerra de Iraq, las amenazas a países islámicos como Irán y Siria, la negativa del gobierno de EEUU a firmar varios tratados de protección medioambiental y su rechazo al Tribunal Penal Internacional.