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EEUU y el Reino Unido
espiaron a la ONU







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REDACCION

T ras haber quedado debilitado por el escándalo referido a las falsas alegaciones sobre las armas de destrucción masiva en Iraq, el gobierno de Tony Blair parece haber entrado en otra etapa de inestabilidad, debido a las recientes revelaciones sobre el espionaje efectuado por el Reino Unido y EEUU a las delegaciones de los otros países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU e incluso al propio secretario general de la Organización, Kofi Annan.
El tormento para el primer ministro comenzó cuando una antigua oficial de inteligencia británica, Katherine Gun, filtró a la prensa un email clasificado como alto secreto que provenía de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA), la mayor agencia de espionaje de EEUU. En este email, fechado el 31 de enero de 2003, la NSA pedía ayuda al GCHQ británico -el equivalente a la NSA en el Reino Unido- para espiar a las delegaciones de los miembros del Consejo de Seguridad en esas semanas que precedieron a la invasión de Iraq. El documento añadía que la información recogida podría permitir a los "responsables norteamericanos obtener ventajas que facilitaran la consecución de los objetivos que EEUU está persiguiendo", es decir, conseguir apoyos para el lanzamiento de su guerra contra Iraq. El memorándum informaba también de que la NSA había comenzado a espiar a diplomáticos de varios países en la ONU, pinchando los teléfonos de sus viviendas y oficinas e interceptando sus emails. El documento estaba firmado por Frank Koza, jefe de personal en la sección "Regional Targets" (Blancos Regionales), encargada de las tareas de espionaje contra los países que son estratégicamente importantes para EEUU. Koza especificaba en el memorándum que la información sería usada por el QRC -Quick Response Capability- un organismo de análisis del gobierno de EEUU. Sorprendida por la ilegalidad de esta propuesta, Gun filtró el email al diario The Observer, que publicó la noticia unos días antes de que la invasión de Iraq comenzara.Kofi Annan, secretario general de la ONU
Lo más importante del memorándum de la NSA era que, por vez primera, revelaba la escala y extensión de las actividades llevadas a cabo por las agencias de espionaje norteamericanas en la ONU. La aparición de la denuncia de Gun en el diario The Observer se produjo, además, en un momento en el que varios países comenzaron a denunciar las presiones que estaban sufriendo por parte de EEUU, incluyendo amenazas de suspensión de la ayuda económica, para que se alinearan con Washington en la votación de una resolución que permitiera el uso de la fuerza contra Iraq.
Las revelaciones de Gun sirvieron para poner de relieve una vez más la existencia de Echelon, una red de espionaje establecida por EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, que intercepta las comunicaciones electrónicas -de teléfono, fax, emails etc- de todo el mundo. Aunque la CIA y el MI6 británico son las agencias de espionaje más conocidas, es la NSA de EEUU y su equivalente británica, el GCHQ, los que obtienen la mayor cantidad de datos de inteligencia a través del espionaje electrónico. Según escribió el periodista Eddie Ford en el semanario Weekly Worker del 4 de marzo, el presupuesto de la NSA -que tiene su cuartel general en Fort Meade, Maryland- está cifrado actualmente en una cantidad de 3.500 millones de dólares y su personal está compuesto por, al menos, 20.000 oficiales y más de 100.000 agentes y colaboradores en todo el mundo. Esto significa que en estos dos capítulos (presupuesto y personal) la NSA supera a la propia CIA. Por su parte, el GCHQ -con sede en Cheltenham, Gloucestershire- emplea a unas 6.500 personas y posee grandes estaciones de escucha electrónica en Chipre, Alemania y Australia y algunas más pequeñas en otras partes del mundo. El presupuesto del GCHQ es de unos 300 millones de libras esterlinas al año (450 millones de euros). Ford señala que una gran parte de esta cantidad es suministrada por EEUU, a cambio del permiso de Londres para que la NSA norteamericana pueda utilizar las estaciones de escucha de Mentworth Hill -Harrogate- y Chicksands -Bedfordshire- (Inglaterra); Edzell (Escocia); y Brawdy (Gales), en el Reino Unido, y otras situadas en los dominios británicos de ultramar. Existen muchas evidencias de que en años recientes la NSA y el GCHQ han espiado a sus enemigos, a sus aliados europeos y a los países neutrales a través de todas estas estaciones.
La colaboración entre las dos agencias resulta, en realidad, provechosa para ambas en orden a superar los obstáculos de tipo legal que pudieran derivarse de sus actividades de espionaje. La NSA espía las llamadas telefónicas de ciudadanos británicos, lo cual permite al gobierno de Londres negar que esté escuchando las conversaciones privadas de sus propios ciudadanos. Según diversos informes de prensa, la estación de la NSA en Mentworth Hill (Inglaterra) intercepta todas las comunicaciones realizadas desde Gran Bretaña. Por su parte, el GCHQ posee una lista de ciudadanos norteamericanos cuyas conversaciones telefónicas interesan a la NSA.
Cabe señalar que el escándalo provocado por las revelaciones de Gun pasó casi desapercibido en la prensa norteamericana, que mostró en éste, como en otros campos, una complicidad casi absoluta con los planes bélicos de la Administración Bush. El New York Times, por ejemplo, no informó sobre este tema hasta mucho después de que saliera publicado en The Observer. El Washington Post publicó un pequeño artículo en su última página titulado "El informe sobre espionaje no sorprende a la ONU", en el que señalaba que las actividades de espionaje en las Naciones Unidas no eran nada nuevo. Los Angeles Times, por su parte, recogió las declaraciones de algunos expertos, que señalaban que el memorándum "podría ser una falsificación".
Pocos días después, sin embargo, se desvanecieron todas las dudas que pudieran existir sobre la autenticidad del memorándum. El propio gobierno británico confirmó la veracidad de este documento al acusar formalmente a Katherine Gun de violar el Acta de Secretos Oficiales del Reino Unido, una ley que considera un serio delito cualquier filtración de un secreto del gobierno. Sin embargo, los cargos fueron retirados misteriosamente a finales de febrero después de que el Fiscal General, Lord Goldsmith, aconsejara una medida en este sentido. La defensa de Gun estuvo basada en que la ex agente había actuado para impedir un delito de mayor gravedad que la propia ruptura del secreto oficial. Esta retirada de cargos se explica por el temor del gobierno británico a que un juicio a Gun sacara a la luz más detalles del espionaje ilegal realizado por EEUU y el Reino Unido en la ONU y también de la propia ilegalidad de la guerra de Iraq.

Las revelaciones de Short

Sin embargo, y contrariamente a los esperado por el gobierno británico, el escándalo cobró aún más fuerza por las revelaciones de la ex ministra Clare Short. Al ser preguntada durante una entrevista con la BBC si era posible que el Reino Unido hubiera realizado actividades de espionaje en las Naciones Unidas, Short manifestó que cuando era ministra veía las transcripciones de las conversaciones telefónicas de Kofi Annan "de forma casi rutinaria". Short dimitió de su cargo en el gobierno después de que la guerra hubiera finalizado tras ser persuadida por el primer ministro, Tony Blair, para que no presentara su renuncia antes.Clare Short, la ex ministra británica que denunció el espionaje contra Annan.
La reacción de Blair ante las revelaciones de Short fue rápida. El primer ministro acusó a Short de haber actuado de forma "totalmente irresponsable". Sin embargo, se negó a contestar a la pregunta de si las afirmaciones de la ex ministra eran verdaderas o no. Pese a ello, nadie dudó de que tales aseveraciones eran auténticas.
Por su parte, la ONU mostró una irritación no disimulada ante las informaciones que señalaban que sus máximos responsables y las delegaciones de diferentes países miembros del Consejo de Seguridad habían sido sometidos a espionaje por los británicos. El portavoz de Annan, Fred Eckhard, manifestó a este respecto: "Hemos visto los informes de prensa de hoy que señalan que las conversaciones del secretario general fueron espiadas por la Inteligencia británica... Estaríamos muy decepcionados si se confirmara que esto es cierto". Eckhard añadió que el espionaje contra Annan suponía una violación tres tratados internacionales: la Convención de Privilegios e Inmunidades de las Naciones Unidas de 1946, el Acuerdo sobre la Sede de la ONU suscrito entre las Naciones Unidas y EEUU de 1948, y la Convención de Viena de 1961 sobre Relaciones Diplomáticas. Según James Atkinson, presidente del Granite Island Group -una firma que provee seguridad a gobiernos y empresas privadas-, pese a la protección que le otorgan estos tratados de Derechos Internacional, "la ONU gasta millones de dólares al año en medidas de seguridad contra el espionaje".
El propio Kofi Annan recibió el pasado 4 de marzo al embajador británico en Naciones Unidas, Emyr Jones Parry, para pedirle una explicación por el espionaje efectuado por agentes del Reino Unido en su Oficina. Aunque no trascendieron detalles de este encuentro algunos responsables de la ONU manifestaron posteriormente que Annan había comunicado a Parry su irritación por el comportamiento del gobierno británico y exigido que se pusiera fin a tales actividades de espionaje.
Hay que tener en cuenta que en los días que precedieron a la invasión de Iraq, Kofi Annan se mantuvo en permanente contacto con varios líderes mundiales con el fin de encontrar una solución pacífica a la crisis, que evitara la guerra. "En aquel tiempo, el Reino Unido estaba espiando la Oficina de Kofi Annan y obteniendo información acerca de sus actividades", indicó Clare Short.

La ONU se convierte en un obstáculo

En realidad, los informes que hablaban acerca de las actividades de espionaje en la ONU comenzaron a multiplicarse en enero de 2003 -es decir, dos meses antes del estallido de la guerra de Iraq-, cuando se supo que las delegaciones de México y Chile habían sido espiadas por miembros de la Inteligencia estadounidense. En ese momento, ambos países eran miembros no permanentes del Consejo de Seguridad y sus votos parecían decisivos en orden a lograr una resolución de la ONU que justificara un ataque militar contra Iraq. El antiguo embajador de México en las Naciones Unidas, Adolfo Aguilar Zinser, reconoció que la delegación de su país había sido espiada por Washington: "Sí, hubo espionaje. EEUU espiaba habitualmente a las delegaciones de otros países para conocer con anticipación las decisiones que iban a tomar y tratar de influir en ellas".
En las semanas que precedieron a la guerra de Iraq quedó claro que Bush estaba ya decidido a lanzar la guerra y que una de las personas que se interponía en su camino era el secretario general de la ONU, Kofi Annan, que insistía en la búsqueda de una solución política a la crisis de Iraq. Bush, sin embargo, no parecía demasiado preocupado por la posibilidad de que EEUU fuera incapaz de lograr un respaldo de la ONU a su estrategia -cabe señalar que en su discurso del Estado de la Nación de 2002 el presidente estadounidense señaló que la ONU podría convertirse en un organismo "irrelevante" si no secundaba sus planes-, pero insistió en buscar el aval de esta organización internacional antes de iniciar la invasión de Iraq, debido a las presiones del gobierno británico, ya que Tony Blair hacía frente a una seria oposición dentro del Reino Unido, y de su propio partido, a los planes para desencadenar una guerra sin el visto bueno de la ONU.
Pese a las repetidas afirmaciones de Washington y Londres de que Iraq tenía armas de destrucción masiva, las exhaustivas inspecciones de la ONU, que se reanudaron a finales de 2003 y se prolongaron durante varias semanaHans Blix, jefe de los inspectores de la ONU en Iraqs, no hallaron ningún rastro de tales armas. El jefe de los inspectores, Hans Blix, llegó incluso a contradecir públicamente las afirmaciones norteamericanas de que los iraquíes habían estado tratando de engañar a los inspectores mediante el ocultamiento de sus armas. Los iraquíes, contrariamente a lo que EEUU y el Reino Unido habían esperado, abrieron por completo las puertas de sus instalaciones a los inspectores y se cuidaron de no provocar ningún choque o incidente con ellos. Esto hizo que, al final, Washington y Londres comprendieran que la ONU no les iba a servir esta vez como una fachada que legitimase su agresión militar contra Iraq, y pasaron a ver a esta organización internacional como un obstáculo real para sus planes.
La postura de Annan, que dejó claro en todo momento que quería evitar la guerra y que estaba determinado a que los informes de los inspectores de la ONU no fueran utilizados como un pretexto para desencadenarla, irritaron a los gobiernos norteamericano y británico. En las semanas previas a la guerra, Annan se mostró muy activo en la búsqueda de una alternativa pacífica al conflicto que en ese momento ya se veía venir. En febrero, Annan celebró una cumbre informal con el Papa y varios miembros de la Curia romana, uno de los cuales acababa de regresar de Bagdad, donde se había entrevistado con Saddam Hussein pocos días antes. Asimismo, a principios de marzo un grupo de diplomáticos árabes, que también mantenían contactos con Iraq, visitó a Annan en la ONU. Los contactos diplomáticos se hicieron aún más intensos en las dos semanas que precedieron a la invasión.
Así pues, los gobiernos de Washington y Londres tenían muchas razones para querer controlar las actividades de Annan. En primer lugar, deseaban averiguar el contenido de las conversaciones mantenidas por el secretario general con otros miembros del Consejo de Seguridad para conocer detalles que pudieran desvelar cuál era la postura que estos países iban a adoptar en esta crisis. Por otro lado, cualquier actividad de Annan en favor de la paz que supusiera una "extralimitación" en sus funciones de secretario general podía ser utilizada por Londres o Washington para desacreditarle, o incluso para pedir su dimisión. Además, el espionaje de las conversaciones de Annan permitía a EEUU y el Reino Unido conocer lo que los inspectores de la ONU presentes en Iraq comunicaban al secretario general.
EEUU y el Reino Unido, con el gobierno de Aznar como comparsa, esperaban entonces lograr los votos suficientes para que el Consejo de Seguridad aprobara una resolución que legitimara su agresión contra Iraq. El Reino Unido multiplicó sus contactos con los miembros con el fin de lograr los apoyos necesarios. En ese momento, el Reino Unido y EEUU contaban con el voto favorable de España, y el voto negativo de Rusia, Francia, Alemania, China y Siria. Aunque algunos de estos últimos países tenían derecho de veto, Washington y Londres consideraban que si lograban una mayoría de votos en el Consejo, esto les daría al menos una satisfacción moral y serviría para mostrar al mundo que la mayoría de la comunidad internacional apoyaba sus planes bélicos. La atención británica se dirigió en especial hacia los seis miembros del Consejo -Angola, Camerún, Guinea, Pakistán, México y Chile- que parecían mostrar una mayor indecisión en este tema. El Reino Unido necesitaba desesperadamente atraerse a estos países, ya que no podía arriesgarse a una derrota en la votación de la propuesta, que habría dejado a los gobiernos de Londres y Washington en evidencia. Así pues, necesitaba toda la información que fuera posible sobre la postura que pensaban adoptar estos países. En este sentido, nadie podía tener una imagen más clara de la situación que Kofi Annan, que estaba en contacto de forma casi permanente con los 15 miembros del Consejo. Así por ejemplo, en la mañana del 13 de marzo, el secretario general celebró un encuentro privado con todos los miembros de este organismo, excepto dos.
Todo indica, sin embargo, que lo que los servicios de inteligencia británicos pudieron conocer de la intención de los miembros del Consejo convenció al gobierno de Blair de que la propuesta de resolución destinada a justificar una guerra contra Iraq iba a ser derrotada si se sometía a votación, y esto hizo que, al final, EEUU y el Reino Unido optaran por iniciar la guerra de forma ilegal, es decir, sin el aval de la ONU.

Espionaje contra Blix

Annan no fue, sin embargo, la única figura de la ONU que fue objeto de espionaje por parte de Washington y Londres. El propio Blix ha afirmado que su oficina y su vivienda particular en Nueva York fueron espiadas por EEUU durante el período previo a la guerra, cuando él se enfrentó con los gobiernos norteamericano y británico al pedir más tiempo al Consejo de Seguridad para que las inspecciones en Iraq pudiesen demostrar su eficacia sobre el terreno. Obviamente, EEUU y el Reino Unido no accedieron a esta petición por cuanto que el tema de las armas de destrucción masiva no era más que una simple excusa destinada a encubrir los verdaderos objetivos de la guerra, es decir, el control del petróleo iraquí y el reforzamiento de la hegemonía de EEUU e Israel en la zona de Oriente Medio. Según declaró posteriormente Blix al diario The Guardian, las sospechas de que estaba siendo espiado se convirtieron en una certeza después de que un miembro de la Administración norteamericana, John Wolf, le mostrara una serie de fotografías que únicamente podían haberse tomado desde la Oficina de Desarme de la ONU, donde él trabajaba. "Le pregunté cómo había obtenido esas fotos y no quiso responderme", manifestó Blix, añadiendo que, a su juicio, tal comportamiento era "repugnante".
Cabe señalar que el espionaje contra Blix quedó también confirmado por otras vías. El pasado 27 de febrero la Australian Broadcasting Corporation (ABC) dio a conocer una información que señalaba que oficiales australianos habían visto transcripciones de conversaciones mantenidas por Blix con un inspector de la ONU presente en Iraq, que les habían sido suministradas por responsables de la inteligencia británica y norteamericana. "Cada vez que Blix iba a Iraq su teléfono era pinchado y las transcripciones eran después enviadas a los gobiernos de EEUU, el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda (los componentes de la red Echelón)", señalaba la información de la ABC.
Más tarde se ha sabido asimismo que en enero de 2002, el secretario adjunto de Defensa de EEUU, Paul Wolfowitz, uno de los arquitectos de la guerra de Iraq, pidió a la CIA que investigara la actuación de Blix durante el período en que estuvo al frente de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), es decir, entre los años 1981 y 1997. No cabe duda de que Wolfowitz esperaba que la CIA descubriera pruebas que pudieran ser utilizadas para desacreditar a Blix por su "fracaso" a la hora de encontrar evidencias que probaran que el gobierno iraquí mantenía activo un programa nuclear. Wolfowitz y otros halcones del Pentágono temían también que las nuevas inspecciones de la ONU pudieran impedir u obstaculizar la puesta en marcha de sus planes para la invasión de Iraq.
Sin embargo, para desmayo de Wolfowitz, la CIA le presentó un informe en el que se concluía que Blix había realizado sus inspecciones en las antiguas plantas de energía nuclear de Iraq "ajustándose completamente a los parámetros dentro de los que podía operar" como responsable de la AIEA. Según señalaron diversos informes de prensa, Wolfowitz se mostró irritado por la incapacidad de la CIA para hallar pruebas que pudieran servir para desacreditar la labor de Blix.
Tras salir a la luz estas investigaciones de la CIA sobre Blix en abril de 2002, el propio Kofi Annan manifestó que tales investigaciones eran, en realidad, un intento de intimidación contra Blix. Fred Eckhard manifestó, en este mismo sentido, que la actuación de la agencia de espionaje estadounidense constituía "un intento de intimidar a un funcionario civil internacional, lo cual resulta completamente inaceptable".
Los pasos dados por Wolfowitz mostraban ya también que la Administración Bush estaba dispuesta a manipular o exagerar los informes de inteligencia con el fin de intentar demostrar que Iraq suponía una amenaza inmediata para EEUU y que la única solución para eliminarla era iniciar una guerra contra dicho país.
En junio de 2003, cuando la invasión de Iraq ya se había consumado, Blix acusó a la Administración Bush de haber montado una campaña de desprestigio contra él por no haber presentado un informe que confirmara las alegaciones estadounidenses acerca de la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq. En lugar de ello, Blix afirmó que las inspecciones no habían hallado rastros de tales armas y pidió más tiempo para que sus inspectores pudieran llevar a cabo nuevas investigaciones sobre el terreno en Iraq, propuesta ésta que fue apoyada, entre otros países, por Francia, Alemania y Rusia. Esta petición fue ignorada, sin embargo, por EEUU y el Reino Unido, que se mostraban ya entonces claramente determinados a invadir Iraq, incluso sin la cobertura de un pretexto convincente.