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La caída de Aristide






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REDACCION

L a salida hacia el exilio, en circunstancias poco claras, del presidente Aristide a finales de febrero, tras un virtual ultimatum de la Administración Bush para que abandonara el poder, ha supuesto el fin del período de legalidad constitucional vivido por Haití durante la pasada década. El 28 de febrero pasado, la Casa Blanca pidió a Aristide que abandonara la Presidencia, mientras que los rebeldes alzados en armas contra el gobierno preparaban el asalto final a la capital del país, Puerto Príncipe.
En un primer momento, Aristide intentó alentar a sus seguidores para que se enfrentaran a las fuerzas rebeldes que conquistaban una ciudad tras otra en el país desde que se iniciaran su rebelión armada a principios de este año, pero los policías y partidarios de Aristide poco podían hacer frente a los grupos rebeldes, fuertemente armados.

Aristide llega al poder

Haití sigue siendo, hoy por hoy, el país más pobre de América. Un 80% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. El 45% de los haitianos son analfabetos y la esperanza de vida para hombres y mujeres es de 49 y 50 años respectivamente. El sistema sanitario y educativo son muy deficientes y sufren un notable deterioro. La única esperanza de los haitianos parece ser la de emigrar a EEUU. Sin embargo, dada su carencia de formación, EEUU no parece tener ningún interés en recibirles, incluso como mano de obra barata.Un partidario de Aristide con un arma
Aristide, un sacerdote católico radical, ganó su popularidad trabajando en las áreas más desfavorecidas de la capital haitiana en los años ochenta. En 1991, decidió entrar en la esfera política y su partido, Lavalas (Avalancha), obtuvo una notable victoria electoral. Lavalas había sido la fuerza política que lideró la lucha contra la corrupta y cruel dictadura de la familia Duvalier que fue finalmente derribada en 1986. Este partido era, en realidad, una alianza de campesinos, trabajadores pobres y miembros de la clase media, que tenía como principal objetivo el establecimiento de una democracia basada en un desarrollo social igualitario.
Aristide combinaba la teología de la liberación con una fuerte retórica anticapitalista, aunque sus políticas estaban lejos de ser socialistas, ya que buscaban la puesta en práctica de reformas relativamente moderadas. Pese a ello, la Administración de Bush padre vio desde el primer momento con recelo a Aristide, al que consideraba como un agitador populista difícilmente controlable. En las elecciones de 1990, Washington respaldó a un antiguo responsable del Banco Mundial, Marc Bazin, frente a Aristide. Sin embargo este último ganó los comicios, considerados los primeros auténticamente libres de la historia de Haití, con un 67% de los votos, frente al 14% logrado por Bazin. Temiendo que Aristide y Lavalas se convirtieran en un ejemplo para toda la región, el gobierno de EEUU lanzó una campaña contra Aristide, desde el mismo día en que éste juró su cargo, presentándolo como un agitador radical, e incluso como un enfermo mental.
Cuando Aristides trató de poner en práctica las reformas sociales que había prometido durante su campaña fue expulsado del poder por medio de un golpe militar, que contó con el apoyo tácito de la EEUU. Los militares y paramilitares haitianos asesinaron a unas 7.000 personas en los siguientes tres años, y provocaron un éxodo de decenas de miles de refugiados, que intentaron llegar a EEUU en todo tipo de embarcaciones. Tanto la Administración de Bush padre como la de Clinton devolvieron a los refugiados a Haití o los mantuvieron en centros de internamiento en Florida y Guantánamo, donde llegó a haber hasta 30.000 haitianos alojados. La comunidad internacional aprobó entonces sanciones contra Haití, que sirvieron solamente para aumentar las dificultades de la población, ya que los líderes golpistas se enriquecieron notablemente en esos años.
Debido a la presión doméstica e internacional y a la presión creciente de los refugiados haitianos, Clinton se vio obligado a actuar, y así en 1994 consiguió la aprobación de la ONU para proceder a la invasión y ocupación de Haití, supuestamente con el fin de restaurar la democracia y devolver el poder al presidente electo, Aristide. Los objetivos reales de la Operación "Uphold Democracy" (Defender la Democracia) eran, sin embargo, el detener el flujo de refugiados e impedir que Haití continuara siendo un santuario para los narcotraficantes de la región. De esta forma, unos 20.000 soldados estadounidenses llegaron al país, poniendo fin al período de dictadura militar.
Aristide fue repuesto en su cargo. Durante este segundo período, Arístide adoptó una postura política más "moderada", sin duda debido a que se encontraba entonces en deuda con EEUU. Las tropas norteamericanas no desarmaron, sin embargo, a las milicias de extrema derecha que habían colaborado con la dictadura militar ni encarcelaron a los líderes golpistas, que siguieron activos políticamente. Los partidarios de Arístide situados más a la izquierda reprocharon a éste el haber aceptado volver al poder en tales condiciones y comenzaron a alejarse de él. Estos mismos sectores comenzaron también a criticar al presidente por su creciente autoritarismo.
En 2000, Aristide volvió a ganar las elecciones, que fueron calificadas por la oposición de fraudulentas. Tras esta victoria, el presidente comenzó a aplicar el programa de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). También aceptó la presencia de algunos notables partidarios del antiguo dictador Duvalier en su gobierno y accedió a dar por perdidos los tres años de mandato que le habían sido arrebatados por los golpistas.
La política neoliberal impuesta por el FMI llevó a la apertura de los mercados de Haití a los productos agrícolas norteamericanos, lo cual arruinó a un gran número campesinos haitianos. Cuando el gobierno de Haití multó a unos exportadores de arroz estadounidenses por no pagar las tasas aduaneras correspondientes, la Administración Bush respondió congelando una ayuda de 30 millones de dólares al país. A esto hay que sumar que la ayuda internacional prometida tras la restauración de la democracia en Haití no se materializó.Soldado estadounidense en Puerto Príncipe
Hay que decir, en este sentido, que Aristide resultó ser menos dócil de lo que Washington y el FMI esperaban. Él rechazó, por ejemplo, algunas privatizaciones que venían contempladas en el programa del Fondo, elevó el salario mínimo y pidió 21.000 millones de dólares a Francia, la antigua metrópoli colonial, en concepto de compensaciones. Aristide denunció también el capitalismo global y lo calificó de "máquina que está devorando el planeta". Muchos haitianos consideran que la negativa de Aristide a poner en práctica de forma total las políticas neoliberales del FMI cuando volvió al poder en 1994 ha sido la principal razón que convenció a los norteamericanos de que era necesario expulsarle del poder. EEUU bloqueó los préstamos del Banco Interamericano para el Desarrollo, que estaban destinados a mejorar las infraestructuras y el sistema educativo y sanitario de Haití. La pequeña cantidad de ayuda estadounidense que llegó a Haití en ese tiempo fue canalizada deliberadamente a través de varias organizaciones no gubernamentales vinculadas al Partido Republicano de EEUU, y no del gobierno haitiano.
Según fuentes de la oposición, durante ese tiempo Aristides y muchos de sus aliados se enriquecieron, la corrupción se intensificó y el tráfico de drogas se convirtió en un gran negocio. El presidente fue acusado también de crear su propia milicia armada, los Chimeres.
Casi inmediatamente después de las elecciones de 2000, los líderes de la oposición comenzaron a pedir la expulsión de Arístide del poder acusándole de utilizar métodos autoritarios. En noviembre de 2003, el secretario de Estado adjunto para América Latina, Otto Reich, viajó a Puerto Príncipe, junto con varios diplomáticos que representaban a la OEA, con el fin de buscar un acuerdo entre el partido Lavalas y la oposición. La presencia de Reich, un ultraderechista con un conocido historial de participación en la desestabilización de gobiernos progresistas de la región, constituyó un mal presagio para el gobierno de Aristide.
Hay que señalar que el principal grupo de la oposición en Haití, conocido con el nombre de Convergencia Democrática (CD), fue constituido con la ayuda de Washington. La Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID) puso en marcha un "programa para la promoción de la democracia" en Haití. Este programa estaba específicamente diseñado para financiar a los sectores opuestos a Aristide.

Se inicia la insurrección

A principios de año se inició la insurreción armada contra Aristide. Hay que señalar que los antiguos jefes militares golpistas, los miembros de la antigua policía secreta y la mafia de la droga jugaron un notable papel en esta sublevación. Uno de los líderes rebeldes era Lois Jodel Chamblain, que dirigió un escuadrón de la muerte durante la dictadura militar en los años 1991-1994. Chamblain y su grupo, compuesto por milicianos fuertemente armados, pasaron a Haití desde la vecina República Dominicana, donde muchos opositores al gobierno de Aristide se habían refugiado tras el regreso al poder de este último en 1994. Por su parte, Guy Philippe, líder del Frente de Resistencia de Liberación y Reconstrucción Nacional, el principal de los grupos rebeldes alzados en armas, estuvo implicado en un ataque abortado contra el Palacio Presidencial en 2001. Manifestación en Washington en contra de la intervención norteamericana en Haití
Durante el mes de febrero, los rebeldes avanzaron dentro del país y conquistaron dos de sus principales ciudades -Gonaives y Cap Haitien-. En ese momento, la Comunidad del Caribe (CARICOM) pidió el envío de una fuerza de paz de las Naciones Unidas a Haití e intentó promover, en coordinación con la OEA, un acuerdo que conllevaba un reparto de poder entre Arístide y los rebeldes. Según el plan, se establecería una comisión que elegiría un primer ministro y un gobierno de unidad nacional, aunque Aristide continuaría siendo el presidente hasta la terminación de su mandato. Aristide aceptó el acuerdo, pero los grupos rebeldes y la oposición política de la CD lo rechazaron inmediatamente y exigieron la dimisión del presidente. Tras este rechazo, EEUU y Francia pidieron también a Aristide que abandonara el poder.
La caída de Gonaives supuso un duro golpe para Aristide debido a su profundo simbolismo, ya que fue allí donde fue declarada la independencia de Francia el 1 de enero de 1804. Aristide había ido a la ciudad para conmemorar este aniversario a principios de este año. En su discurso, afirmó que él era el auténtico heredero de los esclavos que derrotaron a los colonialistas franceses en un levantamiento que estuvo inspirado en la propia Revolución Francesa y que estuvo liderado por un esclavo emancipado, Toussaint L´Ouverture.
Ha habido informes en los medios de comunicación estadounidenses de que los rebeldes que participaron en la insurrección en contra del gobierno de Aristide fueron armados, entrenados y financiados por los servicios de inteligencia de EEUU. Además, los rebeldes llegados de la República Dominicana, estaban armados con armas norteamericanas sofisticadas. En comparación, los 30.000 policías haitianos (Haití carece de Ejército) carecían de armas adecuadas para enfrentarse a ellos.
Los medios de comunicación occidentales también jugaron un papel en la desestabilización del gobierno de Aristide al afirmar que tanto él como su partido estaban aislados con respecto a la población haitiana. El número de personas que acudía a los mítines de la oposición fue deliberadamente inflado, mientras que las grandes concentraciones de apoyo a Aristide, que se habían producido de forma ininterrumpida desde noviembre, fueron ignoradas.
Los seguidores de Arístides tenían, en realidad, una sola demanda: que se permitiera al presidente terminar su mandato de cinco años, que le había sido otorgado democráticamente por una gran mayoría de la población del país. Pese a la escasez de fondos, el gobierno de Aristide continuó adoptando medidas de fuerte carácter social. Muchas casas y mansiones que pertenecían a los esbirros de los regímenes militares que habían huido del país fueron convertidas en escuelas. El gobierno también puso en marcha un programa de alfabetización, y aquéllos que participaban en él podían disfrutar asimismo de comidas, que estaban subvencionadas por el Estado. El gobierno cubano, por su parte, envió a 400 médicos para atender las necesidades médicas de la población a requerimiento del gobierno haitiano. Estas medidas hicieron que la popularidad de Aristides continuara siendo muy alta entre las clases populares de Haití. Las barricadas establecidas en la última semana de febrero en las calles de Puerto Príncipe para impedir la entrada en la ciudad de las fuerzas rebeldes fueron otra muestra más de apoyo a Aristide.

Golpe de estado

Tras su derrocamiento, Aristide manifestó que los norteamericanos le habían obligado a abandonar el poder en la noche del 28 de febrero y le habían expulsado del país. Según él, aquella noche un grupo de militares estadounidenses, que acababa de llegar a Puerto Príncipe, acudió a su casa de Tabarrte para decirle que los rebeldes haitianos, dotados de armas pesadas, tenían ya a tiro Puerto Príncipe y matarían a miles de personas, a no ser que Aristide dimitiera Los norteamericanos pidieron entonces al presidente que les acompañara y le prometieron que le sacarían del país para ponerle a salvo. Los militares de EEUU advirtieron también a Aristide que si se negaba a seguir estas recomendaciones "no podrían hacer nada" para detener el baño de sangre que se produciría tras la irrupción violenta de los rebeldes en la capital. Por su parte, el secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, ha negado que sus tropas hubieran secuestrado a Aristide y manifestó que éste había dejado el país "por su propia voluntad".
Cabe señalar que la Administración Bush tomó la decisión de intervenir en Haití sin consultar a las organizaciones regionales, como la CARICOM, que buscaban en ese momento una solución negociada a la crisis. Esta organización ha pedido ahora una investigación que aclare las circunstancias en las que fue depuesto Aristide. Esta demanda fue rechazada, sin embargo, el pasado 5 de marzo por la Administración Bush, que declaró que no había nada que investigar ni discutir en ese tema.
Los norteamericanos tenían, en realidad, sus propios planes, y poco después de la llegada de los marines a Puerto Príncipe, Jean Tatoune fue nombrado primer ministro por una comisión rápidamente creada con este fin. Esto tuvo como inmediato efecto la exclusión del poder del líder de los rebeldes armados, Guy Phillipe, que había manifestado ya su deseo de convertirse en el nuevo presidente. En realidad, Phillipe resultaba inaceptable para Washington y París, ya que sus milicias armadas constituyen poco más que un grupo de delincuentes armados. Un comunicado del Departamento de Estado declaró el pasado 4 de marzo que los rebeldes no entrarían a formar parte del nuevo gobierno y anunció que tendría lugar un proceso de transición política en el país.
La llegada de tropas de EEUU y, posteriormente, de Canadá, Chile y otros siete países más no han servido, sin embargo, para acabar con el caos y el desorden que se ha instaurado en la actualidad en Puerto Príncipe. Todo parece indicar que los haitianos serán, de nuevo, los grandes perdedores de esta nueva situación, pues tendrán que soportar una nueva recolonización, esta vez bajo la cobertura de la llamada "interferencia humanitaria". La intervención norteamericana, por sí sola, no podrá estabilizar la situación en el país, pues esto sólo podrá ser logrado cuando la situación social mejore y se acabe con la actual polarización extrema entre una minoría de ricos y una gran mayoría de pobres y excluidos.
El nuevo primer ministro Tatourne, que ha vivido exiliado en EEUU durante casi una década, pertenece a la élite gobernante, que ha dominado la vida política de Haití en las últimas décadas y ha estado implicada en serias violaciones de los derechos humanos. Él mismo fue sentenciado a cadena perpetua en 1990 por su papel en la matanza de 15 personas a mediados de los años ochenta. Aunque Tatourne ha prometido elecciones generales libres dentro de dos años, nadie duda en Haití de que su principal tarea será la de poner en práctica las políticas neoliberales que Aristide rechazó en su día.