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Episodio casi olvidado de
nuestra historia musulmana

La Batalla de Fraga


POR JUAN JOSE VALLE*





E n el año 529 de la Hejira, o 21 de Octubre de 1134 de la era cristiana, la ciudad de Fraga estaba sitiada por Ibn Rudmir, el hijo de Ramiro. Así es como los musulmanes llamaban al gran rey de Aragón, Alfonso el Batallador. La ciudad resistía perfectamente y muy animada, sobre todo después de lo ocurrido con un monje fanático.
Alfonso el Batallador había jurado que no levantaría el cerco hasta tomar la ciudad, pero esta resistía muy bien, sólo se estaba haciendo peligrosa la próxima falta de víveres. Por ello el gobernador de Fraga envió con permiso de Alfonso, un correo, a Yahya ben Ganya que estaba de gobernador de Valencia. Yahia ben Ganya fue uno de los mayores héroes musulmanes de todos los tiempos, y era el gobernador general de Sharq al-Andalus, o sea la mitad oriental de España. En ese mensaje le decían los sitiados, que sino eran socorridos cuando se encontrasen sin comida “Entregarían la ciudad al hijo de Ramiro”. Pero ocurrió que a los seis meses de asedio se presentó un monje francés, con ojos de loco o de iluminado y dijo a Alfonso:

- “Yo invocaré a Dios contra ellos, se derrumbará el castillo y lo tomarás al asalto”

El hijo de Ramiro, o sea Alfonso el Batallador como estaba cansado del sitio le creyó accediendo a sus propósitos, y el monje fanático se subió a una colina próxima a las murallas, desde donde empezó sus gritos invocando a Dios para que dejara caer toda su cólera contra los musulmanes. Pedía que ocurriera lo que la Biblia dice de la ciudad de Jericó; que se derrumbasen sus muros.
Mientras el monje daba gritos y gritos, el ejército sitiador permanecía en silencio, esperando los más crédulos que los muros se cayeran, mientras la gente de Fraga, estaba asomada a las murallas divertida por lo que decía el monje. Finalmente, cansados de las peroratas del monje, unos guerreros prepararon un almajaneque potente, colocaron en el una piedra grande, y cuando el monje descansaba de sus gritos, enfilaron el aparato hacia el francés apuntando bien, y disparando en el preciso momento, en que invocaba a todo grito a Dios contra los musulmanes.
No sabemos las razones, pero podemos creer que Dios se indignó con él cansado de que todos le invoquen para hacer el mal, pues cuando pronunciaba el nombre de Dios contra los musulmanes, se escucho el silbido de la piedra que le dio de lleno partiéndolo por la mitad. Este episodio contribuyó a levantar la moral de los defensores, en el momento en que se racionaba la comida.
Yahia ben Ganya, al recibir el correo de Fraga, no permaneció quieto, sino que empezó a convocar a sus mejores guerreros, mientras iniciaba unos tratados de tregua con el Conde de Barcelona, al mismo tiempo enviaba noticias al Emir Ali ben Yusuf ben Taxufin, que gobernaba el Al-Andalus en nombre de su padre. Este al enterarse mandó desde Córdoba donde residía una hueste de dos mil caballeros mandadas por Zubayr el Lantuni y también una gran provisión de víveres.
Cuando se acercaban las tropas cordobesas, el gobernador de Valencia y Murcia, Yahya ben Ganya, acababa de firmar una tregua de paz con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, por tanto pudo ir el mismo con quinientos caballeros y cierto número de tropas de a pie; y finalmente el gobernador de Lérida Ben Iyad se incorporó con doscientos caballeros y unos trescientos guerreros de infantería.
Después de reunirse llegaron pronto a la vista de Fraga. La vanguardia la mandaba Yahya ben Ganya, en el centro Ben Iyad, y en la retaguardia con los víveres Zubayr el Lantuni.

El rey Alfonso, o Ibn Rudmir como queramos llamarle, se hallaba al frente de doce mil caballeros, y cuando sus ojeadores le comunicaron la cantidad de guerreros enemigos que venían, no sintió sino desprecio hacia la hueste musulmana y dijo a los suyos:

“¡Id a recibir el regalo que nos traen esos infieles!”.

Y no obedeciendo nada más que a su orgullo y valentía, mandó contra los musulmanes un fuerte destacamento que las tropas musulmanas dejaron llegar sin moverse, para que se distanciase del resto del gran ejército aragonés.
Y vino la sorpresa, la caballería aragonesa pensó en la pronta huida de la inmóvil hueste musulmana, e hizo galopar a fondo a sus caballos revestidos de hierro, pero se encontró que la caballería ligera se apartaba y les dejaba cruzar, y al sobrepasar las cansadas cabalgaduras la primera línea fue atacada por Ben Iyad, que consiguió romper sus líneas y hacerlos huir.
Informado de lo que estaba pasando, e indignado con lo ocurrido, el rey aragonés avanzó y ataco a Ben Iyad con todo su ejército, por lo cual las tropas musulmanas a duras penas resistían. En ese momento los quinientos caballeros de Yahia Ben Ganya atacaron apoyando a Ben Iyad, consiguiendo que las líneas almoravides resistieran un poco más. Y vino la gran sorpresa, pues entonces salieron todos los habitantes de Fraga, con su gobernador Shad ben Mardanis al frente. Hombres mujeres y niños se arrojaron contra el campamento aragonés, los hombres y niños luchando y las mujeres saqueando y llevándose los viveres.
Alfonso el Batallador no daba crédito a lo que pasaba en su retaguardia, y la confusión empezó a hacer mella en los capitanes del ejército aragonés. Al ver esta confusión entre los cristianos, el emir Zubayr abandonó los víveres y la impedimenta y atacó con el resto de los caballeros y con todos los peones.
Parece increíble que el emir de Lérida lograse aguantar pero gracias a su valor se salvó Fraga, a su valor y al de los cordobeses pero sobre todo a que en el momento crucial de la batalla, se encontraron frente a frente los dos héroes: Alfonso el Batallador y Yahya ben Ganya el Córdobes.
La lucha entre ambos paladines fue encarnizada, hasta que Yahya hirió a Alfonso lo cual decidió la victoria a favor de las armas musulmanas, pues el rey aragonés fue obligado por sus caballeros a huir a Zaragoza. Veinte días después este gran rey cristiano murió, no se sabe si de las heridas que le hizo Yahya, o de la pena que le dio esta batalla, la única que perdió.
Yahya ben Ganya siguió de gobernador general de todo el oriente del Al-Andalus en paz con los cristianos, haciendo una tregua de dos años con el sucesor de Alfonso, que era un monje llamado Ramiro; a este sus nobles llamaban “el rey cogulla”, despectivamente. Precisamente este rey Ramiro el Monje, condenó a varios nobles que rompiendo la tregua acordada, atacaron una caravana de mercaderes que se dirigía a Huesca a vender. El gobernador de Huesca prefirió atacar la caravana faltando a la palabra dada. ¡Caro le costó!.

Tras firmar la tregua, Yahya ben Ganya estableció su capital en la preciosa ciudad de Granada y tuvo de lugarteniente al padre del famoso poeta Abu Yafar ben Said, famoso porque tuvo un gran amor con la poetisa granadina Hafsa de la que también se enamoró más tarde el hijo del Jalifa almohade.
Abu Yafar Ben Said dijo de su ciudad:

Es tu valle, ¿oh Granada?, fructífero y umbrío y en ti pienso con lagrimas, fecundo Genil
Como desnuda espada reluce el claro río y brinca en sus márgenes la gacela gentil
Con el fuego amoroso de sus tiernas miradas hacen las granadinas una herida mortal,
disparan sus ojos mil flechas inflamadas y sus pestañas matan como mata un puñal.


Este gran héroe Yahya ben Ganya murió en 1146 (543) a resulta de las heridas recibidas en una de las batallas contra los almohades. Era el tío del héroe conocido como “El Aníbal de Mallorca”, o sea Yahya ben Ganya Al-Mayurqy.

* Capitán de Navío de la Armada Española.
Historiador arabista y escritor, autor del libro histórico”El Mallorquín”