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Problemas en las relaciones entre Rusia y la Unión Europea





RE
REDACCION

Las relaciones entre la Unión Europea y Rusia están atravesando en la actualidad el peor momento desde la disolución de la Unión Soviética, hace ahora 13 años. Aunque la Unión Europea continúa considerando a Rusia como un país clave en sus relaciones internacionales y a nivel europeo, la aparición de diversas circunstancias y, en primer lugar, la actitud negativa de Rusia hacia la ampliación de la UE hacia el Este han supuesto un duro golpe para los vínculos entre ambos bloques. Algunos de los problemas existentes entre la UE y Rusia –como por ejemplo el estatuto de Kaliningrado (la antigua ciudad alemana de Königsberg), el enclave ruso que se encuentra aislado entre Polonia y Lituania, y la guerra de Chechenia– no son nuevos, pero continúan siendo un factor desestabilizador en las relaciones.
Muchos dirigentes de la UE se preguntan que pasará con el tema de las relaciones con Rusia tras la prevista ampliación de la Unión Europea a diez nuevos miembros –Polonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Lituania, Letonia, Estonia, Malta y Chipre–, siete de los cuales por cierto fueron en su día miembros o satélites de la Unión Soviética, ya que el actual marco contractual que define las relaciones entre Rusia y la UE quedará agotado ese día y será preciso buscar otro nuevo.
La existencia de serios problemas entre Moscú y Bruselas quedó reflejada en un reciente documento de la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión. En dicho documento se empieza reconociendo el papel de Rusia como potencia clave a nivel mundial y se subraya la necesidad de establecer fuertes vínculos con Moscú a la luz de la “nueva vecindad” que va a existir entre la UE y Rusia tras la ampliación. También se identifica a Rusia como una fuente vital de suministro de petróleo y gas para la UE. Sin embargo, el documento llama también a Moscú a “discutir abiertamente ciertas prácticas rusas que contravienen los valores universales y europeos”. Entre dichas prácticas el documento señala los ataques contra la democracia, los derechos humanos y la libertad de prensa y expresión que existen en Rusia. Estas críticas de la UE se elevaron de tono tras las elecciones rusas del pasado mes de diciembre, que dieron un notable triunfo al partido de Putin y a los nacionalistas. La UE, junto con EEUU y la OSCE, manifestó que tales elecciones no habían sido “justas”.El presidente Vladimir Putin con el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, durante la cumbre de la UE en Roma, el pasado año
En el terreno medioambiental, la UE está molesta por la decisión de Moscú de no suscribir el Protocolo de Kyoto sobre limitación de emisiones de gases contaminantes que dañan la capa de ozono. La UE ha mostrado también su disgusto por la negativa rusa a conceder derechos de tránsito sobre Siberia a los aviones de las compañías europeas. La ruta siberiana permitiría a dichas compañías acortar la duración de los vuelos de varias de sus rutas y ahorrar una importante cantidad de dinero. Cabe señalar que Siberia ha sido tradicionalmente un espacio cerrado para la aviación extranjera desde la época de la Unión Soviética, debido a la existencia de numerosas bases e instalaciones militares rusas en la región.
En lo que se refiere a la guerra de Chechenia, el documento de la Comisión Europea critica a Rusia por su actitud en el conflicto y por las graves violaciones de los derechos humanos cometidas por las tropas rusas, y señala que la política de Moscú en la zona “contradice de forma flagrante los valores y principios sobre los que se ha construido la Europa moderna”. El documento también establece un claro vínculo entre el tema de Chechenia y otros asuntos relativos a la seguridad, tales como la posible cooperación de Rusia en misiones de paz de la Unión Europea, lo cual significa que Rusia no podrá cooperar en tales misiones hasta que no ponga fin a su campaña militar en Chechenia. La UE exige también a Rusia que adopte un enfoque más constructivo en los temas de Georgia y Moldavia –donde Moscú apoya a algunas repúblicas independentistas y mantiene bases, pese al deseo de sus respectivos gobiernos de que las desmantele–

Desconfianza hacia la ampliación

Otro aspecto importante que preocupa a la Unión Europea es la actitud negativa de Rusia hacia la ampliación de la organización a varios países del Este –que fueron en su día miembros del Pacto de Varsovia o incluso, como en el caso de los tres países bálticos, parte de la extinta URSS–. Moscú sabe que cuando estos países entren en la Unión impondrán fuertes visados a los ciudadanos rusos y cerrarán sus mercados a los productos de Rusia que no cumplan los estándares de calidad impuestos por la UE. Por el contrario, si se aplicara a los diez nuevos miembros de la UE el contenido del Acuerdo de Cooperación y Asociación entre Rusia y la Unión, esto llevaría a que las compañías polacas o eslovacas, por ejemplo, pudieran exportar sus productos a Rusia con unas tarifas aduaneras mucho menores que las que existen en la actualidad. Es por esto por lo que Moscú ha mostrado ya su rechazo a reconocer a estos nuevos miembros los derechos incluidos dentro del Acuerdo, tal y como desea la UE, y exige además una compensación por las pérdidas económicas que le reportará la adhesión de aquellos países a la Unión. En la actualidad, los responsables europeos admiten ya que las negociaciones, y quizá concesiones, en este tema parecen inevitables.
Un documento de la presidencia irlandesa de este semestre pone de relieve cuáles van a ser, a su juicio, las prioridades rusas en sus relaciones con la UE en esta etapa. Entre ellas podrían citarse: el lograr el apoyo de la UE a la entrada de Rusia en la Organización Mundial de Comercio (OMC), la participación rusa en las reuniones de los organismos de toma de decisión de la nueva fuerza militar de la Unión Europea, la no intromisión de la Unión en los asuntos internos de Rusia y la ya mencionada compensación económica por la ampliación de la UE al Este.
El gobierno ruso ha presentado, por su parte, 14 demandas a la UE, que abarcan diversos aspectos de la relación entre este bloque y Rusia, y que van desde el intercambio comercial hasta la posible eliminación de visados. Moscú espera que estas demandas sean atendidas antes del próximo 1 de mayo, fecha de la ampliación. El pasado 30 de enero, el ministro ruso de comercio y desarrollo económico, German Gref, viajó a Bruselas para plantear algunas de dichas demandas al Comisario Europeo de Comercio, Pascal Lamy. Fuentes de la UE indicaron entonces que algunas de las peticiones rusas, como la ampliación de las cuotas de importación de acero tras la ampliación, serán atendidas. Más problemático parece ser el tema de la eliminación de visados. La UE ha señalado ya que éste es uno de los asuntos que habrán de ser resueltos “a largo plazo”. En todo caso es seguro que, a cambio de la aprobación de una medida de este tipo, Bruselas exigiría de Moscú el compromiso de aceptar a los inmigrantes clandestinos, procedentes de Rusia y otros países de Asia, que sean expulsados de la UE.Putin con el presidente francés, Jacques Chirac, y otros líderes mundiales durante una reunión del G-8.
Otro aspecto que molesta a Moscú es la actitud de la UE de buscar un acercamiento a países vecinos de Rusia como Bielorrusia, Ucrania o Moldavia. Polonia, por ejemplo, ha manifestado ya que se debería facilitar la entrada de estos estados en la UE en un futuro. Moscú, por su parte, ve a estos países como aliados estratégicos y como miembros de un bloque económico regional, liderado por Rusia. Es por esto que Moscú desea limitar en todo lo posible cualquier influencia o implicación de la UE en tales naciones.
Otro tema más que interesa a Moscú es el de la situación de las minorías rusas en los países del Báltico, que se van a incorporar en mayo a la UE. En Letonia y Estonia esta minoría ha sufrido en los últimos años grandes dificultades en el terreno lingüístico y en el de la obtención de la nacionalidad. Rusia espera que la UE aborde este tema en profundidad y presione a las autoridades letonas y estonias para que acepten una normalización de la situación legal y social de los rusos que viven en las repúblicas. Moscú desea en concreto que sean eliminadas las pruebas lingüísticas que los gobiernos de Letonia y Estonia han impuesto a los rusos residentes con el fin de obtener la ciudadanía, y que se reconozca el ruso como idioma oficial en las áreas de estas repúblicas donde exista una gran concentración de ciudadanos de origen ruso. Esta última demanda tiene gran importancia, puesto que, de ser atendida, convertiría a la lengua rusa en un idioma oficial de la UE. Por su parte, la Unión ha señalado que la situación de la minoría rusa en ambos países ha experimentado ya una notable mejora y que su proceso de integración en la Unión Europea hará que los avances en este campo sean aún mayores.
En lo que se refiere al enclave de Kaliningrado, cabe señalar que el contencioso que existía acerca del paso de ciudadanos rusos hacia y desde el enclave hacia el resto del territorio ruso a través de Lituania ha quedado en la práctica resuelto cuando este último país ha accedido, debido a las fuertes presiones de la UE, a no pedir visado a los rusos que deseen viajar hasta él. Sin embargo, lo que más preocupa hoy por hoy a la Unión es el tema medioambiental, ya que los niveles de contaminación que existen en Kaliningrado se encuentran en la actualidad bastante por encima de los niveles tolerados en la UE. Rusia desconfía también de la creciente presencia alemana en el enclave. Los alemanes no sólo han multiplicado sus inversiones en él, sino que también están construyendo una autopista que enlazará directamente Berlín y Kaliningrado, lo cual servirá para incrementar el ya importante número de turistas alemanes que viajan a esta última ciudad. Alemania ha ofrecido asimismo su ayuda para la conservación de los monumentos que quedan de la época en que la ciudad era capital de Prusia Oriental. No obstante, la perspectiva de una devolución de este territorio a Alemania parece descartada, al menos a corto y medio plazo. Para los rusos Kaliningrado no sólo es importante desde un punto de vista estratégico –pues constituye una importante base naval con salida al Mar Báltico– sino que también tiene un alto valor simbólico, ya que representa el único resto que le queda a Moscú en Europa de los territorios adquiridos tras la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial.
La Unión Europea culpa, por su parte, a Rusia de los escasos avances logrados en las negociaciones bilaterales. Los rusos se quejan, sin embargo, de que estas conversaciones, en su actual configuración, no pueden dar frutos significativos, ya que todas las decisiones que afectan a los intereses de Rusia son adoptadas en reuniones a las que acuden exclusivamente los gobiernos de los países miembros de la UE. Rusia desea, por ello, que sus representantes puedan participar en los encuentros de la UE donde se traten asuntos que atañen directamente a sus intereses con el fin de dejar oír su voz en estos temas.
Un factor que juega a favor de Rusia es la profunda división que existe entre los miembros de la UE en lo que se refiere al tema de las relaciones con Moscú. En el año 2003, por ejemplo, Rusia tuvo la ocasión de reforzar sus lazos diplomáticos y políticos con Alemania y Francia debido a la posición común de todos estos países en contra de la guerra contra Iraq. Más problemática para la UE ha sido la actitud del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, que mostró el pasado año durante la última cumbre UE-Rusia, celebrada en Roma, su apoyo a la posición de Moscú en la guerra de Chechenia y a la actitud de Putin en relación al caso de la empresa petrolífera Yukos, que llevó a la detención, bajo diversas acusaciones de estafa y corrupción, del magnate Mijail Jodorkovski, que mantiene fuertes vínculos con la Administración Bush. Esta postura de Berlusconi contradecía abiertamente la posición oficial de la Unión y fue, por tanto, mal recibida por el resto de los gobiernos europeos. En este sentido, el mencionado documento de la presidencia irlandesa deja claro que la Unión Europea necesita incrementar su coordinación interna y hacer un “completo uso de su fuerza negociadora conjunta” si desea hacer prevalecer sus intereses en sus futuras negociaciones con Rusia.