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Putin arrasa en las elecciones y consolida su poder






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REDACCION

E l resultado de las pasadas elecciones rusas del 14 de febrero no pareció causar una sorpresa a nadie. El resultado de estos comicios, que se saldó con una gran victoria del presidente Vladimir Putin -que consiguió alzarse con el 71% de los votos emitidos- era esperado por todos, tanto en el interior como fuera de Rusia. Esta victoria ha venido acompañada de diversas encuestas, que sitúan la tasa de aceptación del presidente ruso en más de un 80%. En realidad, las actuales tendencias políticas en Rusia se pusieron de manifiesto en las pasadas elecciones a la Duma de diciembre de 2003, que dieron la victoria al Partido de la Rusia Unida de Putin y a los nacionalistas de Rodina.
La llegada de Putin al poder en 1998 tuvo lugar en unas condiciones casi dramáticas para el país. Rusia se hallaba en ese momento al borde del colapso económico. Muchos bancos se encontraban en un estado de quiebra y los ahorros de gran parte de la población se habían evaporado. Un tercio de los rusos vivía entonces bajo el umbral de la pobreza. Un puñado de oligarcas se había apropiado de las compañías estatales rusas de petróleo, níquel y aluminio y había utilizado su dinero e influencia para crear un círculo de poder alrededor del presidente Boris Yeltsin, que fue conocido con el nombre de "La Familia".Las elecciones presidenciales han sido un paseo triunfal para Putin
Poco después de tomar posesión de su cargo, Putin emprendió una serie de reformas en el campo político y económico que sirvieron para restaurar la estabilidad de Rusia. Su política económica se basó en un reformismo moderado, lejos del ultraliberalismo puesto en marcha por los oligarcas y por Yeltsin. Esta política ha producido logros importantes. Desde el año 2000, el PIB ruso ha crecido en un 29,9%, según cifras del gobierno y las instituciones financieras internacionales. El pasado año, el crecimiento fue de un 7,3%, debido, sobre todo, al incremento de los precios del petróleo. Los salarios y las pensiones se han incrementado y son pagados ahora de forma puntual. El salario mínimo se ha cuadruplicado en los pasados tres años y el desempleo se ha reducido en un tercio.
Por otro lado, el arresto de Mijail Jodorkovski y otros oligarcas ha sido bien recibido por la opinión pública de Rusia, que tenía poca estima hacia estos personajes que se enriquecieron de forma irregular durante el mandato de Yeltsin. Hoy los rusos sienten que el caos y el desgobierno político que existió en la época de Yeltsin han quedado definitivamente atrás.
Moscú ha trabajado también en los últimos meses para crear el llamado Espacio Económico Común (CES), que va a incluir a Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Kazajstán. Los cuatro estados han accedido a coordinar sus políticas económicas y comerciales, y crear una zona de libre comercio. Putin ha rechazado las alegaciones de que el CES sea una recreación de la antigua URSS. No obstante, algunos observadores han visto en el CES un intento ruso para recuperar la hegemonía en el antiguo espacio post soviético.
A esto hay que añadir que el peligro de desintegración del Estado, que pareció real hace algunos años parece haber desaparecido. Los gobernadores provinciales díscolos han sido expulsados de sus cargos o sometidos al poder central de Moscú. Por otro lado, la situación en Chechenia está bajo control, pese a que todavía se produzcan combates entre tropas rusas y rebeldes chechenos.
En el terreno de la política exterior, Rusia ha adoptado una línea mucho más firme e independiente que la que existió en la época de Boris Yeltsin. Moscú se opuso con decisión a la invasión estadounidense de Iraq y ha continuado colaborando en el programa nuclear de Irán, pese a las presiones de EEUU. Rusia ha luchado también para mantener su influencia en el Cáucaso y se ha negado, pese a los requerimientos estadounidenses, a retirar sus bases y tropas de Georgia y Moldavia.
Rusia ha estado también reafirmando en los últimos meses su poderío militar mediante la realización de grandes maniobras militares y navales, y otras con armas nucleares, lo cual ha devuelto a los rusos el orgullo en el poderío de su país. Este año, Putin anunció el despliegue de una nueva generación de misiles nucleares estratégicos, lo cual fue visto como una advertencia a los países de la OTAN para que no desafíen la hegemonía rusa en las repúblicas ex soviéticas.
El pasado mes de octubre, Rusia estableció una base aérea en Kant, cerca de Bishek, la capital de Kirguizistán, siendo ésta la primera instalación militar que Rusia establece en el extranjero desde el fin de la Unión Soviética. La creación de esta base rusa significa que Kirguizistán alberga ahora dos bases aéreas: la ya mencionada de Kant y la base norteamericana de Manas, situada también en un suburbio de Bishek, que está diseñada para prestar apoyo a las tropas estadounidenses que se encuentran en Afganistán. Rusia ha señalado que mientras que la base de Manas ha sido establecida por un tiempo determinado, hasta que el conflicto afgano quede resuelto, la de Kant será permanente. Esta nueva base viene a poner de manifiesto que Kirguizistán se halla hoy más próximo a la esfera de influencia rusa que nunca antes desde el fin de la Unión Soviética.

Remodelación del gobierno

Poco antes de las elecciones presidenciales, Putin llevó a cabo una importante remodelación del gobierno, destituyendo al primer ministro Mijail Kasyanov. Una de las razones de este cambio tuvo que ver, sin duda, con las conexiones que Kasyanov mantenía con los oligarcas, hecho éste que resultaba embarazoso para Putin, en especial tras la detención de Mijail Jodorkovski, presidente de Yukos, la principal compañía petrolífera del país. Kasyanov mostró su oposición al encarcelamiento de Jodorkovski, en un abierto desafío a la postura de Putin. Así pues, el mensaje que el presidente quiso enviar con este cambio de gobierno no era otro que el de dejar claro que todos los vínculos que existían entre el Kremlin y los miembros de "la Familia" habían quedado cortados. Una mujer rusa vota en Moscú
No obstante, las circunstancias que han rodeado a la destitución de Kasyanov todavía no están claras. El semanario ruso Moskovskie Novosti ha señalado que Kasyanov se había opuesto a principios de febrero a que las próximas privatizaciones en los sectores de la aeronáutica, los puertos, los ferrocarriles y otros sectores beneficiaran a "grupos próximos a las estructuras de seguridad", es decir, círculos de intereses ligados a los servicios de inteligencia. Estos grupos habrían convencido, sin embargo, a Putin de la necesidad de seguir adelante con estas privatizaciones y destituir a Kasyanov.
El nuevo gobierno es ahora mucho más reducido, ya que cuenta con 17 ministerios en lugar de 30. También se han eliminado cinco de los seis viceprimeros ministros. El nuevo primer ministro, Mijail Fradkov, que fuera consejero económico de la Embajada de Rusia en la India y representante ruso ante la UE, es una figura mucho más cercana y leal a Putin y se dice también de él que posee estrechos vínculos con los "siloviki" (hombres del aparato de seguridad). Éstos últimos controlan, en la actualidad, algunos ministerios como los de Defensa, Interior, Justicia y Relaciones Exteriores.
Entre los planes inmediatos del nuevo gobierno está el controlar la gestión de las grandes compañías. También se reforzarán los derechos de propiedad y se dedicará más dinero a educación y vivienda. Asimismo, se realizarán inversiones en los sectores productivos, en especial en el de la ciencia y tecnología, con el fin de reducir la dependencia de Rusia en la exportación de productos energéticos, como el petróleo y el gas natural.

Debilidad de la oposición

El propio Putin, seguro de su triunfo, no realizó una gran campaña. El presidente se limitó a visitar algunas regiones rusas, presenciar unas maniobras con misiles nucleares y, en el último momento, decretar una subida de las pensiones. Como dato significativo hay que señalar que ninguno de los líderes de los principales partidos -como Guennadi Ziuganov, líder del Partido Comunista de Rusia; Vladimir Zhirinovski, del Partido Liberal Democrático de Rusia, o Grigori Vavlinski, del liberal Yabloko- participó como candidato en estas elecciones, sin duda, debido a su deseo de no "quemar" su imagen en unas elecciones perdidas de antemano.
El Partido Comunista presentó a Nikolai Jaritonov, antiguo director de una granja colectiva en la época soviética, como candidato. Jaritonov era prácticamente un desconocido y su candidatura fue una muestra de que el Partido Comunista se había plegado a los deseos del Kremlin y había aceptado presentar un candidato débil, que no suponía ninguna amenaza electoral real para Putin. El partido atraviesa una fuerte crisis tras las elecciones del pasado mes de diciembre en la Duma, en las que obtuvo menos del 12% de asientos en la Duma. Además, aunque continúa manteniendo una buena organización e implantación en todo el país, tras su reciente fracaso electoral tiene que hacer frente a grandes deudas. En este contexto, la dirección del partido puede haber optado por ayudar a Putin a cambio de obtener ciertos beneficios del poder. Pese a todo, el candidato comunista consiguió un resultado bastante satisfactorio en las elecciones presidenciales al lograr un 13,8% de los votos.Un cartel electoral invita a los rusos a participar en las pasadas elecciones del 14 de marzo.
Otro tanto cabe decir del Partido Liberal Democrático, liderado por el ultranacionalista Vladimir Zhirinovski, que optó también por presentar una figura de paja frente a Putin. El escogido fue Oleg Malishkin, un guardaespaldas de Zhirinovski propenso a liarse a puñetazos en los debates políticos de la televisión. El propio Malishkin llegó a afirmar en sus mítines que Putin era un gran presidente porque "casi todo" lo que hacía estaba bien.
Los candidatos del sector "demócrata" o "reformista" -representado por la Unión de Fuerzas de la Derecha, de ideología ultraliberal, y por Yabloko, de tendencia más moderada- decidieron boicotear estos comicios alegando la existencia de un fraude electoral. Sin embargo, la causa real de este boicot residía en el temor de estas fuerzas políticas a cosechar otro gran fracaso, como el experimentado en las elecciones legislativas del pasado diciembre. Estas fuerzas políticas atraviesan una fuerte crisis, debido al cansancio de la población rusa hacia las políticas neoliberales que han arruinado al país y han enriquecido sólo a unos pocos oligarcas. "Hay muchas razones por las que hemos fracasado, y una de ellas es nuestra responsabilidad por 10 años de dolorosas reformas", reconoció recientemente Boris Nemtsov, líder de la Unión de Fuerzas de la Derecha.
Tras quedar fuera de la Duma, los líderes de estos partidos se han enzarzado además en violentas disputas internas, lo cual ha contribuido a acelerar su declive. La única candidata independiente procedente de esta corriente, Irina Jakamada, obtuvo únicamente un 3,9% de los sufragios. Jakamada es militante de la Unión de Fuerzas de la Derecha, aunque su partido no apoyó su candidatura. El pobre resultado obtenido por Jakamada, una de las políticas más conocidas en Rusia, llevó a Serguei Ivanenko, vicepresidente de Yabloko, a afirmar que "hoy Rusia ha demostrado que no quiere una democracia con los estándares de Occidente". Por su parte, Jakamada manifestó que "el pueblo ruso ha sido objeto de tal lavado de cerebro que cree que la democracia es un horror y que un régimen autoritario es menos horrible y proporcionará mayores salarios, bienestar y seguridad".
Otro candidato que concurrió a los comicios fue Serguei Glazyiev, un economista de 42 años que fue líder hasta hace muy poco tiempo de Rodina (Patria), el partido nacionalista de izquierda que consiguió un gran éxito en las pasadas elecciones del mes de diciembre. Glazyiev era el único candidato que defendía un programa serio de desarrollo alternativo, basado en la puesta en práctica de numerosos cambios estructurales que liberaran el país de su dependencia del sector de la energía y de la exportación de materias primas. El programa abogaba, además, por elevar los impuestos a las grandes compañías petrolíferas y a otras empresas que obtuvieran altos beneficios. Sin embargo, la dirección de Rodina desautorizó públicamente a Glazyiev cuando éste decidió concurrir en las elecciones y le destituyó de su cargo de líder del partido.
Algunos analistas consideran que el hecho de que un 25% de los votantes rusos se inclinaran por opciones distintas al propio Putin demuestra que la oposición sigue existiendo en Rusia y que puede necesitar simplemente de nuevos líderes. No obstante, es más que improbable que los partidos de la oposición -separados por ideología, intereses personales y tácticas - lleguen a ponerse de acuerdo en políticas o candidatos alternativos a los del poder.
Una vez que Putin tenía ya garantizada la reelección, todo el interés de los recientes comicios consistía en conocer cuál sería el grado de participación de los electores, habida cuenta de que, según la actual legislación rusa, unos comicios sólo son válidos cuando más del 50% del censo electoral deposita su voto. La Comisión Electoral rusa informó a las 9 de la noche del 14 de marzo que un 61% de los electores había participado en las elecciones, porcentaje éste que resultaba suficiente, tanto desde el punto de vista legal como del político, para avalar la victoria de Putin.
La victoria de Putin no ha sido, sin embargo, muy bien recibida en algunos países de Occidente, y muy especialmente en EEUU. Un reciente informe de la CIA señala que la reelección de Putin llevará a una mayor afirmación de Rusia como gran potencia en el mundo, y más específicamente en Euroasia. La CIA señala que entre las consecuencias de esta victoria estará un mayor endurecimiento de la postura rusa en el conflicto de Chechenia y un enfoque más audaz en las relaciones de Rusia con algunas antiguas repúblicas ex soviéticas, como Georgia o Ucrania, que estaría respaldado por la influencia de las grandes empresas rusas del sector de la energía y por un poder militar más desarrollado.
Por su parte, el secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, ha mostrado su preocupación por la "falta de transparencia" habida en las elecciones presidenciales rusas y por el retorno de "un cierto nivel de autoritarismo" al país. Estas acusaciones fueron rechazadas, sin embargo, por Dimitri Kozak, jefe de campaña de Putin, que señaló que la campaña electoral de Rusia se había desarrollado "en estricta conformidad con la ley electoral".
Asimismo, otro informe de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) de EEUU presenta a Rusia como "un país que intenta recuperar el estatus de gran potencia" bajo el liderazgo de Putin, a través, sobre todo, de un mayor gasto militar. Se señala aquí que los ejercicios militares llevados a cabo por fuerzas de tierra en 2003 implicaron al doble de efectivos que el año anterior.
Lo cierto ahora es que tras ganar las elecciones presidenciales, controlar dos tercios del Parlamento, tener asegurado el apoyo de los medios estatales y contar un gobierno fiel a sus designios políticos, Putin acumula en sus manos más poder que cualquier otro líder ruso desde la época de la Unión Soviética. La cuestión ahora será ver cómo Putin administra este poder y si será capaz de alcanzar los ambiciosos objetivos que se ha marcado.