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La caída en la producción de arroz alarma a Asia







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REDACCION

D esde principios de la década actual, la producción de arroz en el continente asiático ha comenzado a caer, en contraste con lo sucedido en las décadas anteriores, que registraron un crecimiento estable de dicha producción. Se calcula que en 2004 la producción mundial disminuirá, por cuarto año consecutivo, en unos 20 millones de toneladas. La Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha declarado el 2004 como el Año Internacional de Arroz, para llamar la atención acerca de la necesidad de frenar la caída de la producción de este producto, que podría llevar a algunos países asiáticos a una difícil situación.
China y la India, los mayores productores de arroz de la región, han sido los países que han experimentado las mayores caídas. China tuvo que emplear el pasado año 17 millones de toneladas de sus reservas con el fin de hacer frente a las necesidades alimenticias de su población. India, por su parte, utilizó unos 2 millones de toneladas de sus reservas con idéntico fin. La producción en Japón y en Corea del Sur se redujo también en 2003. Por el contrario, la producción se incrementó el pasado año en algunos países como Bangladesh, Myanmar, Tailandia y Vietnam, aunque no lo suficiente como para compensar la caída global de la producción de Asia.Agricultores en un campo de arroz del Sudeste Asiático
Este hecho resulta preocupante si tenemos en cuenta que, según cifras de la FAO, la producción de arroz debería de incrementarse en 2030 en un 40% con respecto al nivel actual para hacer frente al nivel previsto de crecimiento de la población. Este aumento en la producción deberá de tener lugar, además, en un marco en el que habrá menos tierra disponible para el cultivo, debido a la expansión de las grandes ciudades, y una menor cantidad de agua.
La caída en la producción de arroz ha llevado a muchos gobiernos asiáticos a plantearse cultivos alternativos y la diversificación de la producción agrícola con el fin de lograr ganar la batalla contra el hambre. La globalización ha contribuido también a ampliar la dieta de los asiáticos. Según la FAO, dicha dieta se ha enriquecido mediante el consumo de más carne, productos lácteos, vegetales y frutas. Esto ha llevado a que la demanda de arroz haya pasado de un incremento del 2,5% en los años ochenta a una caída del 1,5% durante la pasada década.
Algunos países como Indonesia han tenido ya que cambiar sus hábitos de consumo, debido a la reducción de su producción de arroz, como consecuencia de las inundaciones y otros problemas asociados al clima. Indonesia se convirtió en 1996 en un país importador de arroz y desde ese año ha tenido que aumentar de forma continua sus importaciones de este producto de países vecinos, como Vietnam, hecho éste que ha incrementado aún más las dificultades que sufre su deteriorada economía. La propia presidenta del país, Megawati Sukarnoputri, ha manifestado que la única solución para reducir las importaciones de arroz pasa por un cambio en los hábitos alimenticios de la población indonesia, que permita diversificar el tipo de alimentos consumidos.
Otro factor que explica esta reducción en los niveles de producción de arroz reside en la caída del precio de este producto en los mercados internacionales, que ha llevado a millones de agricultores asiáticos a buscar productos más rentables. La solución a este problema pasaría, según los expertos, por una estabilización de los precios. Recientemente, Tailandia ha propuesto a los demás productores de arroz de Asia coordinar sus políticas con el fin de lograr un control efectivo del mercado mundial de arroz y sus precios. Según el gobierno tailandés, esta política podría llevar en el futuro a la creación de un Consejo de Cooperación en el Comercio del Arroz (CRTC), que tendría como función el promover una cooperación entre los países productores y una estabilización de los precios. Aunque en un principio estas propuestas sólo fueron acogidas favorablemente por Vietnam, en los últimos años los principales países productores de Asia han comenzado también a mostrar un interés hacia ella.
Otra de las soluciones sería el desarrollo de tecnologías que permitieran incrementar la productividad. Esto permitiría un aumento de la producción en un marco físico más reducido. En las pasadas décadas las mayores inversiones en este campo tuvieron como finalidad la de hacer los cultivos de arroz más resistentes a las enfermedades o a los climas extremos.
La FAO ha recomendado también realizar reformas agrarias que permitan acabar con el latifundismo extremo que existe en algunos países de Asia. Aparte de privar a millones de agricultores de la posibilidad de mejorar su situación económica y social, el latifundismo ha llevado, en muchas ocasiones, a un bajo nivel de explotación de las tierras y a una baja productividad.
La mala distribución del agua, que ha impedido una irrigación adecuada de los cultivos, es otro obstáculo que dificulta el incremento de la producción de arroz en el continente. En la India, por ejemplo, el 70% de la población de los distritos que no cuentan con sistemas de irrigación vive por debajo del nivel de la pobreza, en comparación con el 25% de la que vive en los distritos que cuentan con dichos sistemas.

El papel de las multinacionales

Por su parte, las compañías multinacionales norteamericanas y europeas han intentado aprovechar esta situación para situar en los mercados asiáticos algunas variedades de arroz modificado genéticamente, como el llamado "arroz dorado", que ha sido desarrollado por la empresa de alimentación norteamericana Monsanto, instalada recientemente en China. Otras empresas como la Du Pont, de EEUU, han estado patentando numerosos tipos de arroz modificado genéticamente, que podrían ser los más aceptados comercialmente en un futuro. La Fundación Rockefeller ha contribuido también a financiar las actividades en este campo en los últimos años.
Los sectores ecologistas rechazan, sin embargo, la comercialización del arroz genéticamente modificado y advieren que éste podría contaminar los cultivos naturales si sus semillas salen de las granjas y campos experimentales y se esparcen por las tierras asiáticas. Hay que señalar, además, que la difusión de estos productos daría a las grandes multinacionales una considerable ventaja, por cuanto que son ellas las que poseen la tecnología necesaria para el desarrollo de este tipo de cultivos y su control. Algunos expertos asiáticos advierten ya, en este sentido, que el control de los alimentos que se producen en Asia podría quedar bajo el control de un puñado de multinacionales de EEUU y Europa, que utilizan sus patentes con el fin de asegurarse de que sus productos genéticamente modificados no puedan ser reproducidos sin su permiso.
Por su parte, la FAO ha indicado que no existe un riesgo de existencia de hambre en Asia debido a la escasez de alimentos, incluyendo el arroz, pues la producción agrícola del continente es suficiente para alimentar a la totalidad de su población, incluyendo a los centenares de millones que viven bajo el umbral de la pobreza. El problema, según la FAO, es que los productos alimenticios no llegan a millones de personas por una variedad de razones, la principal de las cuales es la falta de una voluntad política real de muchos gobiernos asiáticos para luchar contra el hambre de una manera eficaz. El director general de la organización, Jacques Diouf, ha señalado que la eliminación del hambre ha sido relegada con mucha frecuencia a los últimos puestos de la lista de objetivos prioritarios de los gobiernos. "Debemos tener, sin embargo, la visión y el coraje de reconocer que la falta de una alimentación adecuada amenaza la misma existencia de las personas y elimina sus oportunidades de conseguir otros derechos, como son una educación y un empleo dignos y un desarrollo económico y social satisfactorio". Diouf ha colocado como ejemplos destacados de lucha contra el hambre a Malasia y Corea del Sur, que han eliminado casi totalmente la pobreza extrema, y también a China, que ha reducido la lista de pobres en unos 60 millones de personas en los últimos años.