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EEUU promueve
la militarización del espacio






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REDACCION

R ecientemente, se ha sabido que US Air Force ha elaborado un plan futurista, que contempla la creación de una fuerza militar espacial en los próximos años. Un documento de 176 páginas denominado Transformation Flight Plan (Plan de Vuelo para la Transformación de la Fuerza Aérea de Estados Unidos) recoge las principales ideas que los responsables militares norteamericanos han elaborado a este respecto.
El documento presta una atención especial a los tres pilares sobre los que se basará la nueva estrategia espacial: la protección de los satélites y demás ingenios estadounidenses que se hallen en el espacio, la negación a los adversarios del acceso al espacio y la creación de la capacidad necesaria para lanzar rápidamente vehículos, satélites y cargas al espacio con el fin de reemplazar los que fueran destruidos o dañados en el curso de un posible enfrentamiento bélico. Algunos de estos planes serían aplicables a corto plazo (hasta el 2010), otros a medio plazo (2010-2015) y otros a largo (después del 2015).
En lo referente a los medios a emplear, el documento menciona algunas armas futuristas como lásers basados en el espacio, misiles lanzados desde aviones o armas de energía de radio frecuencia, que puedan atacar a satélites situados en el espacio o incluso a objetivos situados en el aire o en tierra.
Según indica el experto Noam Shachtman en la publicacion Wired.com, entre los principales proyectos habría que señalar:
- Un misil antisatélite lanzado desde el aire. Se trataría de un pequeño misil lanzado desde un avión que sería capaz de destruir satélites situados en una órbita estacionaria baja. Este proyecto se materializaría después del año 2015.
- Un sistema de interceptación de las comunicaciones de los satélites. Este proyecto, que podría estar listo hacia el año 2010, tiene por objetivo perturbar e interrumpir las comunicaciones por satélite del enemigo y sus sistemas de alerta temprana.
- Un sistema de contravigilancia y reconocimiento, que tendría como misión la de perturbar o interrumpir los sistemas de vigilancia y reconocimiento por satélite del adversario. Es también un proyecto a corto plazo.
- El proyecto Evolutionary Air and Space Global Laser Engagement (EAGLE, Combate láser evolucionario aéreo y espacial global) tiene por objeto colocar espejos debajo de una nave 25 veces mayor que un zeppelin . En teoría, los lasers (disparados desde el suelo, el espacio o la tierra) rebotarían contra estos espejos y serían proyectados contra misiles u otros objetos enemigos con el fin de ubicarlos o incluso destruirlos.
La iniciativa EAGLE ya está en marcha en la división de Energía Dirigida del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea, según confirman fuentes de esta instalación. También se está investigando en el laboratorio el Ground-Based Láser (Láser Terrestre), el cual, según la Fuerza Aérea, podría disparar "rayos láser a través de la atmósfera" para destruir naves enemigas que se encuentren en una órbita de baja altura.
- Hypervelocity Rod Bundles (Haces de Barras a Hipervelocidad). Esta iniciativa busca la creación de un sistema de barras metálicas, disparadas desde el espacio, con las que se podría atacar cualquier lugar del planeta. Se trata de una idea que se viene propugnando desde hace mucho tiempo. Sin embargo, el evitar que las barras se licuen al entrar en la atmósfera es una tarea descomunal, señaló el profesor de física de la Universidad de Columbia, Richard Garwinen, en una conferencia pronunciada en 2003. Para que se las considere armas efectivas, afirma, las "barras deberían orbitar a alturas muy bajas, y podrían tener sólo una novena parte de la energía destructiva por gramo que tiene una bomba convencional."
- Un Sistema de Identificación y Detección de Ataques. Dicho sistema proporcionaría una capacidad para conocer de forma inmediata cuando un sistema espacial está siendo atacado.
- Un sistema de armas de alta frecuencia basada en el espacio. Se trataría aquí de una red de satélites que contendrían transmisores de radio frecuencia de alta energía, que tendrían la capacidad de perturbar o destruir una amplia variedad de sistemas electrónicos de mando y comunicaciones basados en satélites.
- Un Vehículo de Transporte Orbital, que permitiría un fácil reemplazo y protección de los satélites y demás material desplegado por EEUU en el espacio. Es un proyecto a largo plazo.
- Un Sistema de Vigilancia Espacial basado en el Espacio. Una red de satélites con sensores ópticos permitirían identificar y rastrear fuerzas enemigas en el Espacio Profundo y facilitarían las operaciones ofensivas y defensivas en el espacio. Es un proyecto a largo plazo.
- Un Captor Orbital de Imágenes del Espacio Profundo. Ofrecería una imagen casi de tiempo real del espacio para permitir operaciones de control espacial.El secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld

El documento señala también que "la capacidad espacial norteamericana descansa en el principio del acceso (al espacio) asegurado". Esto significa que es preciso poder desplegar, controlar y manejar las fuerzas espaciales en un mínimo espacio de tiempo, con el fin de poder cumplir las misiones que se les asignen en todas las fases de un posible conflicto.
La Fuerza Aérea está también experimentando un Vehículo de Operaciones Espaciales -Space Operations Vehicle (SOV)-, que podría llevar de forma rápida determinadas cargas al espacio o desplegar en él otros vehículos como el Space Maneuver Vehicle, un vehículo orbital reutilizable que sería capaz de ejecutar una amplia serie de misiones de control espacial, o el Common Aero Vehicle (CAV), un pequeño vehículo hipersónico que podría guiar armas convencionales o activar sensores u otros sistemas espaciales al cabo de una hora de ser puesto en órbita. También podría ser utilizado para atacar diversos objetivos. Su velocidad y maniobrabilidad harían que fuera extremadamente difícil desplegar una defensa efectiva contra él.
El documento continúa afirmando que "la capacidad de negar al enemigo el acceso al espacio es esencial para que los futuros adversarios sean incapaces de explotarlo en su provecho de la misma forma que EEUU y sus aliados puedan hacerlo. Ello requerirá sistemas ofensivos basados en el espacio, tierra, mar y aire". Entre estos sistemas habría que mencionar los "lásers de estado sólido que operen a niveles de 100 kilowatios". "Si se logra la generación de grandes cantidades de calor, la Fuerza Aérea podría desarrollar armas de alta energía altamente efectivas y baratas". Los investigadores están, de hecho, buscando fórmulas para generar o recoger grandes cantidades de energía en plataformas espaciales, hecho éste que les permitiría ejecutar más misiones y garantizaría a EEUU un mayor nivel de presencia global.

Carrera de armamentos en el espacio

Si bien el siglo XX añadió una nueva dimensión a la guerra con la aparición de la bomba atómica, el siglo XXI podría ser aquél en que la carrera de armas se traslade al espacio, ha señalado recientemente un experto francés. "Hasta ahora el espacio ha estado militarizado en el sentido de que las operaciones militares que se realizaban en tierra, mar o aire hacían un uso extensivo de los satélites, con el fin de potenciar las comunicaciones o las operaciones de detección y vigilancia. Lo novedoso ahora es que se está produciendo una militarización directa del espacio, lo que es mucho más serio y preocupante, por cuanto supone la colocación de armas en el espacio o el desarrollo de armas -basadas en tierra, mar o aire- que puedan destruir satélites que se hallen en órbita. Esto añadirá otra dimensión nueva a los conflictos armados".
La capacidad espacial es hoy fundamental para garantizar las comunicaciones globales y proporcionar datos precisos sobre los objetivos enemigos que se hallan en la superficie terrestre a las tropas en tierra, a los barcos que se hallan el mar y a los aviones en vuelo. La Fuerza Aérea de EEUU considera, pues, que el control del espacio se ha convertido, en la actualidad, en algo tan importante como el control del espacio aéreo. La preocupación de EEUU no se refiere sólo a Rusia y China, que poseen programas espaciales avanzados, sino que alcanza tambien a los proyectos de la Unión Europea, como demuestran los intentos estadounidenses para poner fin al proyecto Galileo, el sistema de posicionamiento de satélites europeo que entrará en funcionamiento en 2008, como resultado de la colaboración de 18 países.
La reciente guerra de Iraq mostró, según los mandos de la Fuerza Aérea, la importancia que tienen los sistemas espaciales para el éxito de las operaciones militares norteamericanas. Los responsables del programa militar espacial norteamericano creen, sin embargo, que los países adversarios buscarán fórmulas para neutralizar la ventaja espacial de EEUU, bien sea perturbando o interrumpiendo sus comunicaciones por satélite o atacando los propios satélites con medios electrónicos o de otra naturaleza.
Las fuerzas de la defensa aérea iraquí ya intentaron algo parecido. Estas fuerzas pusieron en marcha una operación dirigida a perturbar las señales de los satélites Navstar GPS (Global Positioning System) que guían las bombas y los misiles a los blancos terrestres. La Fuerza Aérea de EEUU, que ya había previsto estos intentos, fue capaz de neutralizarlos localizando y destruyendo los sistemas electrónicos de perturbación con bombas guiadas por los propios GPS. Sin embargo, el uso de contramedidas electrónicas por parte de los iraquíes contra las señales de los satélites estadounidenses constituyó un aviso de que adversarios mejor equipados y con sistemas de guerra electrónica más avanzados podrían lograr interrumpir estas señales en un futuro.
Como resultado, el Mando Espacial de la Fuerza Aérea está reforzando las señales de los satélites GPS, con el fin de que sean mucho más resistentes a las posibles perturbaciones y ataque electrónicos. Estas medidas tratan de asegurar que las fuerzas norteamericanas puedan tener garantizada la ayuda que proviene de los satélites en caso de conflicto.
Durante la guerra de Iraq, el Mando Espacial de la Fuerza Aérea destinó a 1.200 hombres para apoyar las operaciones en tierra. De ellos, 700 estuvieron desplegados en Oriente Medio, donde colaboraron estrechamente con los miembros de la Fuerza Aérea, en un proceso que integró las operaciones espaciales y las aéreas. Los hombres del Mando Espacial jugaron un papel fundamental en el transporte de la 173 Brigada Aerotransportada del Ejército al norte de Iraq, una de las mayores operaciones de los últimos años. Dicha operación estuvo a punto de ser suspendida a causa del tiempo adverso, pero gracias a los datos de los satélites, que mostraron que se iba a producir una mejora meteorológica, la misión pudo continuar.
En la actualidad, EEUU no puede todavía localizar y seguir el rastro de todos los numerosos objetos que hay en el espacio. Sin embargo, la Fuerza Aérea pretende ahora identificar y determinar la posición de todos los objetos que se encuentren en el espacio, ya se trate de satélites operativos e inoperativos, así como de sus órbitas. Asimismo, desea saber quién está operando con qué satélites y por qué. Una de las razones de esta iniciativa estriba en el deseo del gobierno de EEUU de poder evitar en el futuro un posible "Pearl Harbor espacial", en palabras del propio secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
Otro de los objetivos de la Fuerza Aérea es el de conocer e identificar las fuentes de las interferencias electromagnéticas que afectan negativamente a sus satélites de forma periódica, haciendo que sus computadoras no funcionen correctamente. Con el fin de averiguar la fuente de estas interferencias y vigilar más estrechamente el espacio exterior el Mando Espacial de la Fuerza Aérea ha puesto en marcha un programa denominado Space Based Space Surveillance System (SBSS), que está siendo gestionado por el Centro de Sistemas Espaciales y de Misiles de la Fuerza Aérea en Los Ángeles.
Otro programa de protección de los satélites estadounidenses es el RAIDRS, que permite conocer, mediante una serie de sensores, si un satélite está siendo perturbado en sus comunicaciones, irradiado o atacado por armas hit-to-kill (que destruyen por colisión). Este programa constituirá en breve el "sistema nervioso de las fuerzas espaciales estadounidenses", según señala un responsable de la Fuerza Aérea. Los primeros elementos de sofware de dicho programa informático serán incorporados a las estaciones terrestres de control de los satélites en el año 2008. Esto permitirá que los controladores de tierra puedan manipular e interpretar mejor los datos que les llegan desde los satélites y determinar si éstos están siendo atacados de alguna forma. Este programa se incorporará también a los satélites antes de su lanzamiento y será instalado asimismo en las cajas negras de los que ya se encuentran en órbita. Una vez instalado en ellos, será controlado desde los ordenadores que existen en las estaciones terrestres.
La Fuerza Aérea está desarrollando, por otro lado, un programa de defensa para neutralizar las armas antisatélite (ASAT) enemigas. Un aspecto fundamental de este programa es el de perturbar los sistemas de control y comunicaciones del enemigo basados en el espacio. También se plantea el perturbar los radares de los satélites atacantes enemigos o cegar sus sensores ópticos con luces de gran intensidad. Los responsables del Mando Espacial norteamericano creen también que EEUU habrá de construir, en algún momento del futuro, naves, tripuladas o no, para combatir en el espacio. Estas naves podrían ser lanzadas de forma rápida con el fin de interceptar satélites o naves espaciales hostiles, o atacar al enemigo en el aire o en tierra.
Los proyectos de la DARPA
En una reciente conferencia de la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA), que está a cargo de los principales proyectos de investigación del Pentágono, uno de sus responsables, Gary Graham, advirtió que, por primera vez, existen muchos más países, además de EEUU, que tienen satélites en órbita y cuentan con la posibilidad de comunicarse o realizar tareas de vigilancia a través de ellos. "Los chinos tienen ya un programa espacial tripulado", recordó Graham.Un misil interceptor despega desde una base en el Océano Pacífico
Una solución para hacer frente a estas nuevas amenazas sería, según Graham, la de hacer más fácil y barato lanzar satélites. En la actualidad, EEUU envía al espacio varias docenas de satélites al año, pero el director de programas de DARPA, Tim Grayson, quiere que "operar en el espacio se convierta en algo tan rutinario como viajar en avión". Un medio de garantizar el abaratamiento de los satélites sería lanzarlos al espacio en partes y ensamblarlas después allí, en lugar de enviar un único y pesado satélite a la órbita. Este ensamblaje no sería realizado por astronautas, sino por robots, o incluso las propias partes del satélite podrían ser, en su esencia, robots, que se ensamblarían a sí mismos. Según Grayson, esto podría ocurrir ya alrededor de 2015. Otros responsables hablan incluso que podrían ser enviadas solamente las materias primas a la órbita y el satélite podría fabricarse allí, aunque esto pertenece todavía al género de la ciencia ficción.
Otro problema estriba en la modernización de los satélites, ya que éstos tardan años en construirse y cuando son lanzados finalmente al espacio, sus computadoras están ya obsoletas. Además, una vez en el espacio no hay forma de modernizar el satélite. La DARPA considera que una forma de poder afrontar este problema sería el de emplear satélites más pequeños, que pudieran ser modernizados. Estos satélites podrían ser manejados de forma tan sencilla como un ordenador personal o una cámara digital.
Los responsables de la DARPA se preocupan también por la vulnerabilidad de los satélites. EEUU cree que, en caso de conflicto, China y Rusia podrían hacer estallar armas nucleares en el espacio, lo cual generaría una casada de electrones que destruiría los circuitos de los satélites. Un programa de la DARPA está intentando buscar fórmulas para neutralizar estos electrones. Una idea sería la de establecer un campo electromagnético que desviara los electrones hacia la atmósfera donde quedarían neutralizados. Un responsable del DARPA ha señalado a este respecto que "este proceso ocurre de forma natural, pero requiere mucho tiempo. Nos gustaría acelerarlo, pero no está claro que podamos conseguirlo".
El Pentágono, por su parte, ha dado algunos pasos más realistas con el despliegue del sistema antimisiles, que planea comenzar a desplegar este año para poder, en teoría, neutralizar un ataque realizado con uno o unos pocos misiles. Sin embargo, su eficacia está siendo cada vez más cuestionada por los círculos militares y científicos de EEUU. Mr Coyle, un alto directivo del Center for Defense Information (Centro de Información de Defensa), un think tank privado, ha señalado que "la mayoría de la gente no se da cuenta de lo complicado que es este sistema, ni de hasta qué punto las pruebas han sido artificialmente preparadas para que tengan éxito".
¿Disputa por los recursos lunares?
Una de las principales razones por las que los responsables norteamericanos desconfían del programa espacial tripulado de China, es porque creen que está diseñado para enviar una expedición tripulada a la Luna en un corto espacio de tiempo. Pocas horas después de que el astronauta chino, Yang Liwei, realizara su histórica salida al espacio, el teniente general Edward Anderson, vicepresidente del US Northern Command, declaró: "Desde mi punto de vista no pasará mucho tiempo hasta que el espacio se convierta en un campo de batalla".
La Luna es, según los científicos, una fuente de energía casi ilimitada debido a la presencia en ella del isótopo de helio 3, un combustible casi perfecto: potente, no contaminante y que virtualmente no produce deshechos radiactivos en un reactor de fusión. "Si nosotros consiguiéramos un monopolio de este producto no tendríamos que preocuparnos más de los saudíes y podríamos fijar el precio de la energía", señala John Pike, director of GlobalSecurity.org, un grupo de estudios sobre política espacial. Por su parte, Gerald Kulcinski, del Instituto de Tecnología de Fusión de la Universidad de Wisconsin, estima que el helio 3 de la luna tendría un valor de 4.000 millones de dólares la tonelada en términos de su equivalencia energética en petróleo.
Los expertos señalan que existen un millón de toneladas de helio 3 en la Luna, suficientes para proporcionar energía a la Tierra durante miles de años. Treinta toneladas de este elemento podrían cubrir todas las necesidades energéticas de EEUU durante un año.
EEUU nunca firmó el Tratado de 1979 que prohíbe la existencia de propiedad privada en el espacio, incluyendo la apropiación realizada por los gobiernos. Este Tratado fue impulsado por las Naciones Unidas para impedir una cascada de reclamaciones de terrenos lunares y de otros cuerpos estelares, y la creación de bases militares allí. Un estudio de 1959 del Ejército de EEUU titulado "El Establecimiento de un Puesto Avanzado en la Luna" señalaba que "un puesto avanzado en la luna es necesario para desarrollar y proteger los potenciales intereses de EEUU en la Luna, para desarrollar técnicas de vigilancia de la Tierra y el espacio desde la Luna... para servir como base de exploración de la propia Luna, para favorecer una ulterior exploración del espacio y para ayudar al establecimiento de bases militares allí si fuera necesario".
El tema de la base lunar volvió a surgir en 1989 debido a la difusión de un estudio escrito para el Congreso de EEUU por uno de sus expertos, John Collins, bajo el título de "Fuerzas Militares Espaciales: Los Próximos 50 Años". Su prólogo estaba firmado por diversos líderes políticos de aquel tiempo, incluyendo al senador John Glenn (demócrata por Ohio) y al senador Bill Nelson (demócrata por Florida).
En el libro se decía que EEUU necesitaría tener bases en la Luna con el fin de controlar el camino entre la Tierra y la Luna. Collins concluía que con dichas bases "las fuerzas armadas de EEUU podrían apoderarse (en caso de conflicto) de los cargamentos de las naves de países adversarios" y mantener una ventaja militar sobre ellos. Obviamente, el autor estaba previendo el día en que las corporaciones aeroespaciales establecieran minas en la Luna.
En 1995, el experto científico Lawrence Joseph escribió en el New York Times: "Si ignoramos el potencial de esta notable fuente de energía (el helio 3), la nación podría quedarse rezagada en la lucha por el control de la economía global y de nuestro propio destino". En este artículo, Joseph se preguntaba además: "¿Se convertirá la Luna en el Golfo Pérsico del siglo XXI?".
Otro artículo del analista Timothy Ferris titulado "Un Nuevo Camino a las Estrellas", que fue publicado también en el New York Times el 21 de diciembre de 2003, señalaba: "Otra posible fuente de energía en el futuro -el isótopo del helio 3, que es susceptible de ser utilizado como combustible en el proceso de fusión nuclear- está presente en la Luna. El helio 3, un elemento escaso en la Tierra, es abundante en la Luna. Cuando los reactores que producen el proceso de fusión comiencen a funcionar, los empresarios que trabajen en la extracción del helio lunar podrán hacer tantos beneficios como sus predecesores hicieron durante la fiebre del oro y el boom del petróleo".
En este mismo sentido, Harrison Schmitt, un antiguo astronauta del proyecto Apolo que se convirtió posteriormente en senador de EEUU por el estado de Nuevo México, publicó en la revista Space News, vinculada a la industria aeroespacial, un artículo titulado: "El Tratado Lunar no es una Sabia Idea", en el que manifestaba: "El establecimiento de un régimen de control internacional basado en un Tratado complicaría las actividades comerciales privadas y daría a otros países un control político sobre la gestión de todas estas actividades. La rigurosa prohibición de la propiedad privada sobre los "recursos naturales" lunares debe también de motivo de preocupación para nosotros".
En la actualidad, el presidente George W. Bush parece seguir esta misma línea al anunciar una nueva política espacial, que incluiría una misión tripulada a la Luna y el establecimiento de bases allí en un futuro no muy lejano. Asimismo, esta política conllevaría un viaje tripulado a Marte. En total, se estima que estos proyectos espaciales podrían costar una cantidad estimada entre los 50.000 y 150.000 millones de dólares, un precio que parece prohibitivo, por el momento, incluso para los propios EEUU.
En orden a facilitar este viaje a Marte (la duración normal del viaje, estimada en un año, podría conllevar un riesgo para la vida de los tripulantes debido a la radiación espacial) EEUU podría utilizar un cohete impulsado con energía nuclear para llevar a la tripulación hasta el planeta rojo -un plan que ha sido bautizado con el nombre de Proyecto Prometeo, en honor al dios del fuego en la mitología griega-, lo cual permitiría reducir el tiempo del viaje a la mitad. Cabe señalar aquí que hace unos meses la Administración Bush anunció la aprobación de la llamada Iniciativa de Sistemas Nucleares, un proyecto de investigación y desarrollo, por valor de 3.000 millones de dólares, que está destinado a aumentar el número de cohetes espaciales impulsados por energía nuclear.