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Se perpetúa el conflicto
en el norte de Uganda

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REDACCIÓN

E os pasados meses han sido muy duros para la población del norte de Uganda, región que ha venido siendo escenario de una dura guerra de guerrillas, que se ha prolongado durante los 18 años que ha durado el régimen de Yoweri Museveni y que enfrenta al Ejército gubernamental ugandés y al Ejército de Resistencia del Señor (LRA), un grupo fundamentalista cristiano con base en esta zona del país. El LRA cuenta con varios centenares de combatientes, dotados de armas pesadas.
El origen del LRA se remonta al conflicto de 1986, que supuso la derrota de los presidentes Milton Obote y Tito Okello a manos de fuerzas leales a Museveni. Los restos de las tropas de aquellos huyeron hacia el norte del país y allí formaron el LRA, que pasó a estar dirigido por John Kony, un polémico líder que afirma luchar en favor de la creación de un estado basado en los Diez Mandamientos y utiliza también referencias bíblicas para justificar la matanza de los miembros de su propia etnia, los acholi, que no apoyan a su organización. Esto ha motivado que Kony sea conocido por muchos analistas con el sobrenombre de "El Pol Pot africano". El LRA ha sido acusado por las autoridades ugandesas de realizar varias matanzas y de secuestrar a menores para convertirlos posteriormente en combatientes.
El pasado 5 de febrero, combatientes del LRA atacaron un campo de refugiados cerca de la ciudad de Lira. En dicho ataque fueron asesinados más de 80 civiles. Posteriormente, los rebeldes incendiaron un centenar de cabañas dejando prácticamente destruido el campo. Se calcula que 1,4 millones de personas, de un total de 25,8 millones que componen la población de Uganda, se han convertido en refugiados durante las dos últimas décadas a causa de la guerra, y que otras 100.000 más han fallecido en el conflicto.

Apoyo occidental a Museveni

En los años noventa, Museveni acusó al vecino Sudán de prestar apoyo al LRA. Por su parte, el gobierno de Jartum manifestó que Uganda, uno de los principales aliados de EEUU en la región, se había convertido en ese tiempo en una fuente de desestabilización para sus vecinos. El régimen de Museveni estaba ayudando y dando cobijo a los miembros del SPLA, que luchan en favor de la secesión del Sur de Sudán y han sido también acusados de la comisión de graves crímenes contra la humanidad. Por otro lado, el régimen de Uganda participó, junto con el de Ruanda, en la ocupación del territorio de la República Democrática del Congo, donde estuvo ayudando a los rebeldes que se habían sublevado contra el gobierno del fallecido Laurent Kabila y, posteriormente, contra su hijo Joseph. Los ugandeses participaron también en la explotación y tráfico de minerales y piedras preciosas procedentes de las minas del Congo.
El hecho de que Uganda haya adoptado el papel de defensor de los intereses norteamericanos en África puede explicarse si tenemos en cuenta que la mitad del presupuesto anual ugandés, cifrado en 2.000 millones de dólares, es suministrada, en forma de ayudas, por EEUU, Reino Unido y Francia. Para EEUU y el Reino Unido, las virtudes de Museveni residen, sobre todo, en su "compromiso en favor de la economía de mercado, su prudencia fiscal y su voluntad de pagar la deuda externa que soporta el país", señalaba recientemente el diario británico Daily Telegraph.El presidente de Uganda, Yoweri Museveni
El pasado 6 de abril, el ministro de Desarrollo Internacional del Reino Unido, Hilary Benn, visitó Uganda, donde mantuvo conservaciones con Museveni. Según el diario británico The Guardian, Benn transmitió al presidente ugandés la idea de que el conflicto del norte de Uganda no podía ser resuelto únicamente por medios militares, aunque no especificó si esto quería decir que Londres apoyaba algún tipo de negociación entre el gobierno ugandés y el LRA. Cabe señalar que los países occidentales y, en primer lugar EEUU y el Reino Unido, continúan financiando la guerra y apuestan por la victoria en ella del régimen de Museveni. Así por ejemplo, una parte de la ayuda de 10 millones de libras esterlinas que Londres ha concedido a Uganda está destinada a financiar una emisora, en la que antiguos miembros del LRA se dirigen a sus antiguos compañeros de armas y les piden que abandonen las armas y "se reintegren en la comunidad".
Otro factor que ha contribuido a fortalecer la posición del gobierno ugandés en este conflicto ha sido la reciente mejora de relaciones entre Uganda y Sudán. Este hecho ha permitido al Ejército ugandés realizar incursiones dentro del territorio sudanés. Aprovechando esta circunstancia, fuerzas gubernamentales ugandesas lanzaron en marzo de 2002 una importante operación contra el LRA denominada "Puño de Hierro", que causó graves pérdidas a los rebeldes. A principios de 2003 creció el optimismo y parecía que el conflicto se hallaba en vías de solución. El LRA declaró una tregua unilateral y aceptó mantener conversaciones con el gobierno. En esta decisión pesó, sin duda, el hecho de que el acuerdo con Sudán privara a los rebeldes de sus bases en el sur de este país y éstos se vieran obligados a trasladarlas al territorio ugandés, donde son mucho más vulnerables. Sin embargo, en junio de ese año Kony dio por terminado el alto el fuego y las hostilidades se reanudaron.
En enero de 2004, el ministro de Defensa ugandés, Amama Mbabazi, manifestó que el Ejército había dado muerte a 928 combatientes del LRA en el año 2003, y reconoció la pérdida de 92 soldados. En la actualidad, según el gobierno de Uganda, el LRA está atravesando sus peores días. Tres jefes de esta organización, incluyendo su máximo responsable militar, Yadin Tolbert Nyeko, han muerto desde noviembre de 2003. El LRA sufrió otro revés a nivel internacional cuando el Tribunal Penal Internacional -que tiene a su cargo de la represión de los delitos de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra- anunció en febrero pasado que iba a abrir su primera investigación sobre los crímenes del LRA.
Pese a todo, la realidad podría ser menos optimista de lo que el gobierno de Museveni da a entender. En primer lugar, las fuerzas del LRA operan en grupos reducidos y se infiltran fácilmente en territorio ugandés. Además, y pese a las pérdidas sufridas, el LRA dispone de una buena organización y es capaz de extender sus operaciones a nuevas áreas del país.Una cabaña incendiada por miembros del LRA, en el norte de Uganda
Por otro lado, el Ejército ugandés no es precisamente un modelo de funcionamiento. Dentro de él, la lacra de la corrupción está muy extendida y la actuación de los mandos es, en el mejor de los casos, mediocre. Recientemente se ha sabido que altos oficiales del Ejército se embolsaban los salarios de miles de "soldados fantasma", que no existían más que en el papel. Esta corrupción ha contribuido a socavar la moral de las tropas.
Consciente de las carencias de su ejército, el gobierno ugandés ha entregado armas a unos 8.000 civiles para que combatan a los rebeldes del LRA. Los nuevos milicianos son presentados como héroes por la televisión y los medios de comunicación oficiales de Uganda. Los grupos pro derechos humanos son de otra opinión y han mostrado, en especial, su rechazo al reclutamiento de niños para esta milicia.
En Kampala, el gobierno de Museveni ha sido fuertemente criticado por la oposición y la opinión pública del país por su fracaso en poner fin al conflicto. En noviembre de 2003, algunos diputados ugandeses abandonaron una sesión del Parlamento para mostrar su protesta por la "falta de sinceridad del gobierno" en este tema. Las sospechas de la oposición se han incrementado después de que el gobierno rechazara por "engañosa" la última oferta de Kony para iniciar conversaciones de paz. Según The Guardian, Kony ordenó a su portavoz, Sam Koso, contactar con el gobierno ugandés con el fin de iniciar negociaciones. Sin embargo, este último rechazó la propuesta y dio a conocer una nota en la que señalaba que la intención real de Kony al presentar esta iniciativa era sólo el tratar de "engañar a la opinión pública internacional".
Algunos analistas han señalado también que esta actitud del gobierno de Museveni podría estar basada en prejuicios étnicos, ya que la elite gobernante en Kampala desconfía de la etnia acholi, debido a que los miembros de ésta sirvieron en gran número en los ejércitos de Idi Amin y Milton Obote, viejos enemigos de Museveni. Esto, unido al hecho de que la casi totalidad de los miembros del LRA pertenecen también a la etnia acholi, habría provocado un cierto desinterés del gobierno a la hora de buscar una solución del conflicto que ahorrara sufrimientos a la población del norte de Uganda. Hay que señalar, en este mismo sentido, que la milicia formada en el norte está integrada por miembros de la tribu langui, una etnia rival de la de los acholi, y no por personas pertenecientes a esta última, pese a ser mayoritaria en esta zona del país.