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La victoria de Buteflika
garantiza la continuidad

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REDACCIÓN

E l pasado 8 de abril, el presidente de Argelia, Abdul Aziz Buteflika, obtuvo una gran victoria en las elecciones presidenciales al conseguir el 83,49% de los sufragios. Lo más sorprendente, sin embargo, fue que estas elecciones, que eran consideradas como un importante test para el retorno de la paz, la democracia y la estabilidad a Argelia, tras más de una década de guerra civil y dictadura militar, recibieran el visto bueno de los observadores de la OSCE y otros organismos internacionales. Por su parte, la oposición calificó de “risibles” estos resultados electorales y los interpretó como una evidencia de que el país continúa siendo manipulado detrás del telón por los generales, pese a la promesa de éstos de mantener una postura de “neutralidad” en estos comicios. “Uno tiene ganas de reír cuando se anuncia este resultado, pero estamos llorando ahora por el futuro de nuestro país”, manifestó Ali Benflis, líder del Frente de Liberación Nacional (FLN), que era considerado como el candidato de la oposición con más posibilidades frente a Buteflika. Benflis esperaba probablemente agrupar tras de sí a una gran parte del voto de la oposición con el fin de forzar una segunda vuelta el 22 de abril. Sin embargo, los resultados oficiales le otorgaron únicamente el 7,93% de los sufragios. Sufian Yilali, portavoz de la campaña de Benflis, ha denunciado ya la existencia de diversas irregularidades, tales como urnas llenadas de votos falsos u otras semejantes. Estas acusaciones fueron rechazadas por Abdul Salam Buchureb, uno de los organizadores de la campaña de Buteflika, que manifestó que los resultados darían lugar a la formación de un gobierno estable, que sería capaz de sacar a Argelia de la larga crisis que viene arrastrando.
La rivalidad entre Buteflika y Benflis data de la destitución de este último como primer ministro el pasado otoño, debido a sus diferencias con el presidente. Al parecer, Benflis quería aprobar un paquete de duras reformas económicas, algo a lo que Buteflika se negó, temiendo los efectos que estos cambios pudieran tener en la esfera política y social. Además, el anuncio de Benflis de que pensaba presentarse como candidato a la presidencia molestó a Buteflika.
Esta rivalidad personal se llevó al terreno político. Aunque Benflis es secretario general del FLN y consiguió ser reelegido por una cómoda mayoría en el 8º Congreso del partido, celebrado el pasado año, un juez ordenó en enero, a instancias de la facción pro-Buteflika de este partido, la anulación del congreso y la congelación de las actividades del FLN. Esto llevó a la salida del gobierno de los ministros que pertenecían a dicho partido. Los diputados del FLN protagonizaron también una sentada delante del Parlamento para mostrar su rechazo a la decisión judicial, que en su opinión estuvo influida por el propio Buteflika.Una mujer argelina acude a un mitin de Buteflika
Entre los demás candidatos hay que mencionar a Abdullah Yeballah, líder del partido islamista moderado Islah, que quedó en un tercer puesto con el 4,84% de los votos. El candidato del partido bereber Reagrupamiento por la Cultura y la Democracia, Said Saadi, que ha quedado debilitado tras la insurrección en la Kabilia, consiguió, por su parte, el 1,93% de los votos. Louisa Hanoune, del troskista Partido de los Trabajadores, obtuvo un 1,16%, y Ali Fauzi Rebain, un activista pro derechos humanos, el 0,64%.
Otros candidatos como Hocine Ait Ahmed, líder del Frente de Fuerzas Socialistas (FFS), decidieron boicotear los comicios. Una declaración de dicho partido manifestaba a este respecto: “El FFS considera políticamente irresponsable y moralmente indecente tomar parte en unas elecciones que sirven únicamente a los intereses del régimen, de la mafia gobernante y de aquellos que se benefician ilegalmente de las rentas del sector del petróleo”. La abstención, que alcanzó una media del 40% en todo el país, fue especialmente elevada en la Kabilia, región que fue escenario en 2001 de fuertes enfrentamientos entre policías y manifestantes bereberes, que dejaron un saldo de muchas decenas de muertos. En la capital de la Kabilia, Tizi Ouzou, el propio Buteflika fue abucheado durante un acto electoral.
Otro candidatos, como el ex primer ministro Ahmed Gozali –líder del Frente Democrático– o el dirigente islamista moderado Ahmed Talib Ibrahimi –líder del partido Al Wafa al Adl (Lealtad y Justicia)–, vieron como sus candidaturas eran rechazadas por las instancias administrativas en base a “defectos formales”. Estos dos últimos partidos no han podido ser tampoco legalizados, debido a la negativa de las autoridades. Ibrahimi y Gozali optaron al final por pedir el voto para Benflis, al que veían como el candidato de la oposición mejor situado.
Los candidatos opositores acusaron durante la campaña electoral a Buteflika de permitir que se extendiera la corrupción en el país, de impedir la creación de una prensa libre y de interferirse en los procedimientos judiciales. Aparte de esto, hay que señalar que Argelia continúa haciendo frente a graves problemas de tipo económico, pese a la subida de los precios del petróleo. La tasa oficial de paro se sitúa en el 30% –aunque, según los expertos, la tasa real es superior al 50%– y la mitad de los argelinos viven por debajo del umbral de la pobreza. La escasez de vivienda y la falta de empleo han llevado asimismo a muchas familias a vivir hacinadas en las casas y apartamentos de las grandes ciudades.
Los candidatos denunciaron también lo que consideraron como una manipulación informativa de los medios de comunicación estatal y, muy en especial, de la televisión. Mientras que Buteflika y sus ministros han estado dominando la programación televisiva durante los pasados meses, no fue hasta el 18 de marzo que los candidatos de la oposición empezaron a aparecer en las pantallas.

Una figura pública

Buteflika ha sido una figura conocida del establishment político argelino durante las pasadas décadas. Tras la independencia de Argelia en 1962 –como resultado de una larga guerra contra Francia, iniciada en 1954–, Buteflika ocupó el Ministerio de Juventud y Deportes. Un año más tarde, se convirtió en el ministro de Exteriores más joven del mundo. Durante su mandato, y en especial tras el golpe de estado de Huari Bumedian en 1965 –que derrocó al presidente Ben Bella y dio inicio a la dictadura militar que ha venido rigiendo los destinos de Argelia hasta hoy–, la diplomacia argelina se convirtió en una de las más activas y prestigiosas del mundo. A principios de los años setenta, Argelia era uno de los países más influyentes en la ONU y el Movimiento de los No Alineados. Se rumoreaba que Buteflika podía ser el sucesor de Bumedian, pero, tras la muerte de éste, los generales prefirieron nombrar al coronel Chadli Benyedid como jefe de estado en 1979. Más tarde, Buteflika fue expulsado del partido único, el FLN, bajo la acusación de corrupción, y optó entonces por lo que denominó “exilio autoimpuesto”.
Debido a su abandono del país, Buteflika no se vio salpicado por las consecuencias del golpe de estado de 1992, que dio lugar a una guerra civil, que costó la vida a unas 150.000 personas, en su mayoría civiles víctimas de la represión militar. En 1999, el régimen militar daba ya señales de agotamiento por la difícil situación interior y su aislamiento internacional, y decidió instalar en el poder a Buteflika, una de las pocas personalidades políticas argelinas que gozaban entonces de prestigio a nivel internacional. Buteflika prometió poner fin a la guerra civil y restaurar la dañada imagen de Argelia en el exterior.
El fraude cometido en las elecciones de 1999, que intentaban dar una apariencia de legalidad a la subida al poder de Buteflika, fue tan escandaloso que todos los candidatos de la oposición se retiraron de la carrera electoral la víspera de los comicios, no sin antes desvelar, en una rueda de prensa conjunta, diversos detalles de este fraude. En realidad, todas las elecciones habidas en Argelia desde 1992, fecha en que el Ejército dio un golpe de estado para impedir la llegada al poder del Frente Islámico de Salvación (FIS), que había ganado las elecciones legislativas poco antes, no han sido más que una pantomima destinada a legitimar a un régimen que era, y sigue siendo, una dictadura militar encubierta, donde el poder real y los recursos del país están en manos de un puñado de generales y sus familiares y próximos.
Muchos argelinos pueden haber optado por Buteflika, al que muchos consideran como la “cara amable” del régimen, simplemente por considerarle un mal menor. Buteflika aprobó en los pasados años una amnistía para los combatientes que se habían alzado en armas contra el régimen a principios de los noventa, medida que llevó a una caída en los niveles de violencia y dio paso a un mejoramiento de la situación económica. En los recientes comicios, Buteflika contó también con el apoyo de la burocracia sindical de la UGTA –la principal central sindical del país, que agrupa a cuatro millones de afiliados–, de la patronal y de otros influyentes sectores que apostaban, sobre todo, por la estabilidad. En el plano político, Buteflika fue respaldado por la Reagrupación Nacional Democrática (RND) –un partido progubernamental al que pertenece el actual primer ministro Ahmad Ouyahia–, por el Movimiento Social por la Paz –un partido islamista moderado que cuenta con tres ministerios en el gobierno– y por una parte del FLN.Un cartel electoral de Buteflika en una calle de Argel
Hay que recordar asimismo que el presidente argelino contó con los recursos del Estado para llevar a cabo su campaña electoral. Buteflika estuvo, de hecho, viajando por el país durante los siete meses anteriores a las elecciones y se reunió con decenas de miles de personas en estos viajes, hecho éste que ningún candidato de la oposición fue capaz de emular. La campaña de Buteflika consistió también en el regalo de decenas de miles de camisas con la efigie del presidente y en la realización de miles de llamadas telefónicas a potenciales electores. Los eslóganes de campaña hacían referencia a objetivos que la gran masa del pueblo argelino comparte, tales como la paz civil, la reconciliación nacional, la recuperación para Argelia de un estatuto de primera fila en el concierto internacional etc.
Buteflika ha sabido también vender al público los progresos económicos alcanzados durante su mandato. Aunque, como se ha dicho, el paro continúa siendo alto, el PIB del país creció el pasado año en un 6,8%, la mejor cifra obtenida desde la década de los ochenta. Asimismo, la deuda externa se ha reducido y las reservas de divisas han aumentado. Estos logros han sido cuestionados, sin embargo, por los candidatos de la oposición, que han manifestado que estas cifras son únicamente una consecuencia del alza de los precios del petróleo –que han permitido al Tesoro público argelino embolsarse unos 24.000 millones de dólares el pasado año y otros 20.000 millones más en cada uno de los dos años precedentes– y al buen comportamiento del sector agrícola, fruto de las óptimas condiciones meteorológicas. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que las reformas económicas han logrado atraer al país a numerosas compañías extranjeras, ávidas de beneficios. El proceso de privatización de empresas estatales y la existencia de un mercado potencial muy joven son alicientes importantes que alimentan el deseo de las compañías extranjeras de instalarse en Argelia.
Otro importante éxito para Buteflika ha sido el apoyo público de numerosos dirigentes internacionales, que han avalado públicamente el resultado de las elecciones del 8 de abril. Así por ejemplo, el presidente de EEUU, George W. Bush, ha felicitado “al pueblo argelino y su presidente” por “su compromiso en la construcción de un sistema político democrático”. El portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, señaló, por su parte, que estas elecciones representaban “otro paso más” en el camino de Argelia hacia la democracia. No cabe duda, en este sentido, de que Washington intentará aprovechar estas elecciones, que a su juicio representan un avance hacia la democracia, para acallar las críticas hacia su colaboración con el régimen argelino en la “guerra contra el terrorismo”. EEUU ha proporcionado en los últimos años armas y equipos militares al ejército de Argelia con el fin de ayudarle a combatir a los grupos radicales que todavía mantienen una lucha armada en contra del gobierno.
Por su parte, el presidente francés, Jacques Chirac, ha querido también mostrar su apoyo a Buteflika, con quien Francia mantiene muy buenas relaciones. Chirac señaló, en este sentido, que las elecciones del 8 de abril “han permitido al pueblo argelino expresar su voluntad de progresar hacia una verdadera democracia”.
Sin embargo, son pocos los que esperan que estas elecciones lleven a la puesta en práctica de cambios democráticos reales en el país. Así por ejemplo, el candidato opositor Said Saadi declaró a la agencia France Presse, poco después de los comicios, que el resultado de éstos era “una mala señal, que marca el inicio de una nueva etapa de absolutismo en este país”. El poder continuará, como hasta ahora, en manos de una reducida élite de militares y políticos, cuya única preocupación es la de perpetuarse en el poder, continuar saqueando a su gusto las riquezas del país y evitar un posible enjuiciamiento por su papel en la represión militar de los años noventa.
En este contexto, el principal anhelo de la juventud continúa siendo el de emigrar. “La mejor cosa que podría hacer el próximo presidente es construir un puente hacia Europa y América para que pudiéramos irnos a través de él”, manifestó un joven argelino de 28 años a la agencia francesa. Los consulados y embajadas extranjeras continúan recibiendo en estos días numerosas solicitudes de visado de jóvenes decepcionados, que desean a toda costa abandonar el país.