.REDACCIÓN
l pasado 2 de abril, siete países de la Europa del Este se
unieron a la OTAN, ampliando así el número de países
miembros de la Alianza Atlántica de 19 a 26. El presidente
de EEUU, George W. Bush celebró una ceremonia en Washington,
donde dio oficialmente la bienvenida a estos siete estados. Algunos
analistas estadounidenses manifestaron, sin embargo, que estos recién
llegados –Eslovenia, Eslovaquia, Bulgaria, Rumania, Estonia,
Letonia y Lituania– ofrecen, en realidad, poco a la OTAN desde
el punto militar, ya que todos poseen unos ejércitos muy
reducidos y con un material obsoleto. Otros expertos llegaron incluso
a calificar a la propia OTAN de “reliquia de la Guerra Fría”.
No cabe duda de que el país más perjudicado por esta
ampliación es Rusia, que quedará más aislada,
desde el punto de vista político y estratégico, con
la incorporación de estos siete países a la Alianza.
No obstante, el perjuicio estratégico para Moscú es
variable, según sea el país de que se trate. Mientras
que la entrada de Eslovenia no tiene en la práctica ninguna
importancia para Rusia, la adhesión de Rumania y Eslovaquia
equivale a la ampliación de las fronteras de la OTAN con
Ucrania, Moldavia y Bielorrusia. Bielorrusia es un fiel aliado de
Moscú y posee unas relaciones bastante deterioradas con EEUU
y otros países miembros de la Alianza, por lo que no ha sorprendido
a nadie que su reacción ante la ampliación de la OTAN
haya sido de rechazo. En el caso de Ucrania, este país mantiene
una postura más ambigua y trata de mantener un equilibrio
en sus relaciones con los países de la OTAN y con Rusia.
Modavia, por su parte, parece también obligada a adoptar
una postura de neutralidad, debido a dos factores principales: la
presencia de bases rusas en dicho país y el desafío
de la región de Transdniester, una franja del este de Moldavia,
habitada principalmente por rusos, que desean la independencia o
la integración en Rusia.
Más importante, sin embargo, parece el significado político
y estratégico de la adhesión de Estonia, Letonia y
Lituania a la OTAN. Por un lado, el territorio de Estonia se encuentra
a poca distancia de la segunda ciudad de Rusia, San Petersburgo.
Por otro, la entrada de Lituania deja aislado el enclave ruso de
Kaliningrado, situado entre Lituania y Polonia. Kaliningrado es,
en la actualidad, una base naval importante para Rusia, por cuanto
constituye uno de los pocos puntos de salida al Mar Báltico
que el país posee. No obstante, hay que tener en cuenta que,
dado el relativo aislamiento de las tres repúblicas bálticas
con respecto a los demás países de la OTAN y su debilidad
militar, es probable que, en el hipotético caso de un conflicto,
su ocupación por fuerzas rusas, con la consiguiente unión
de Kaliningrado al grueso del territorio ruso, fuera una tarea muy
sencilla.
Rusia rechazó, en un principio, la posibilidad de que Lituania,
Estonia y Letonia pudieran adherirse a la OTAN. En unas declaraciones
efectuadas el 3 de septiembre de 2001, el presidente ruso, Vladimir
Putin, manifestó que la admisión de estos países
en la Alianza Atlántica sería “un error”
y puso a la neutral Finlandia como ejemplo de aquello en lo que
las tres repúblicas bálticas deberían convertirse.
Putin manifestó entonces también que los intentos
de ampliar la OTAN no servirían para crear un clima de seguridad
general en Europa, sino tan sólo alargar las fronteras de
la Alianza, situándolas más cerca de Rusia. Sin embargo,
la OTAN ignoró estas opiniones rusas y dio luz verde a la
entrada de estas tres repúblicas, en lo que constituyó
un desafío político claro a Moscú.
Con antelación a su entrada en la OTAN, los tres países
Bálticos habían realizado ya algunas tareas de cooperación
con la Alianza, como el envío de varios centenares de soldados
a misiones de mantenimiento de la paz en Bosnia y Kosovo. Estos
países han establecido también un batallón,
un sistema de radar y una institución de formación
de oficiales conjuntos, entre otras iniciativas. Del mismo modo,
los estados bálticos comenzaron a realizar cambios en sus
nuevas fuerzas militares y estructuras de mando con el fin de adaptarlas
a los estándares de la OTAN. Por su parte, el Congreso de
EEUU aprobó en mayo de 2003 la llamada Acta de Consolidación
de la Libertad, que otorgaba una ayuda de 55 millones de dólares
a los siete países aspirantes, incluyendo a los tres estados
bálticos, con el fin de modernizar sus respectivas fuerzas
armadas.
La OTAN envía aviones al Báltico
En este sentido, la publicación militar británica
Jane Defence Weekly publicó el pasado 1 de marzo un artículo
en el que señalaba, citando fuentes anónimas de la
OTAN, que se iba a desplegar, durante los 90 días siguientes
a la incorporación de las repúblicas bálticas
y Eslovenia a la Alianza, cierta actividad para asegurar que dichos
países quedaran suficientemente protegidos frente a cualquier
amenaza externa. Esto pareció confirmarse aún más
a mediados de marzo, cuando el Consejo Noratlántico manifestó
que se proporcionaría a los nuevos miembros el mismo nivel
de protección antiaérea que tenían el resto
de los países integrantes de la OTAN. La Alianza también
ofreció equipos de vigilancia antiaérea a los nuevos
estados miembros que no la poseyeran. Poco después, cuatro
miembros de la OTAN –Reino Unido, Dinamarca, Noruega y Bélgica–
anunciaron que participarían en la creación de un
sistema de defensa antiaéreo en Lituania, Estonia y Letonia.
Hay que tener en cuenta aquí que los países occidentales
que poseen relaciones más estrechas con las repúblicas
bálticas son los escandinavos. En el caso de Finlandia y
Suecia –países que no forman parte de la OTAN, pero
sí de la UE–, estos vínculos han tenido una
naturaleza principalmente política y económica. Por
su parte, Dinamarca y Noruega, países que forman parte de
la OTAN, esperan también fortalecer su influencia militar
en los estados bálticos, aprovechando la pertenencia común
a la Alianza.
Por su parte, el ministro de Defensa de Lituania, Linas Linkevicius,
desveló recientemente que aviones y tripulaciones de estos
cuatro países de la Alianza serán desplegados de forma
permanente en Lituania. También señaló que
en Letonia y Estonia serán construidos aeropuertos de reserva,
donde estos aviones podrían también situarse en caso
necesario, aunque en principio el despliegue ocurrirá únicamente
en el territorio lituano. Por otro lado, Noruega y Lituania van
a firmar un acuerdo, según el cual los noruegos entregarán
un sistema de defensa antiaérea de corto alcance RBS-70,
destinado a reforzar el sistema de defensa aérea de ese último
país. Se han ya producido conversaciones para la transferencia
de plataformas de lanzamiento, misiles, talleres de reparación
y radares.
El mismo día que era firmada la ampliación de la Alianza,
cuatro aviones belgas F-16 aterrizaron en el aeropuerto lituano
de Zokniai, con el fin de iniciar la misión de patrulla aérea
por los cielos de Lituania. Asimismo, aviones espía AWACS
de EEUU han sobrevolado el espacio aéreo del país
báltico, con el objetivo claro de realizar misiones de espionaje
dentro del territorio ruso. Cuando Moscú solicitó
a Lituania el permiso para que especialistas rusos controlaran uno
de estos vuelos desde su territorio, el gobierno lituano rechazó
la petición.
La reacción rusa ante el despliegue de los aviones de la
OTAN en los países bálticos ha sido de claro rechazo.
Rusia es, de hecho, muy sensible ante cualquier aumento de la presencia
militar extranjera en la zona. El propio ministro de Defensa ruso,
Serguei Ivanov, advirtió en febrero a la Alianza en contra
de la creación de nuevas instalaciones o sistemas militares
en los estados bálticos. Ivanov manifestó también
que el tema de la presencia de aviones de otros países de
la OTAN en los estados bálticos sería tratado durante
la visita del secretario general de la organización, Jaap
de Hoop Scheffer, el 7 y 8 de abril a Moscú. Según
la Radio Europa Libre/Radio Libertad, el analista ruso Boris Makarenko,
del Centro de Técnicas Políticas de Moscú,
considera que un despliegue de la OTAN en los países bálticos
supondría una violación del compromiso no formal,
adoptado por la Alianza en 1996, de no desplegar tropas en el territorio
de aquellos después de que se hubieran adherido a la organización.
La agencia Itar-Tass Moscú ha manifestado que Lituania, Letonia
y Estonia suscriban el Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa,
que establece límites en el número de aviones de combate,
tanques y otras armas pesadas no nucleares, que cada país
puede desplegar. Entre las contramedidas que Rusia baraja, en caso
de que la OTAN no escuchara sus demandas en este sentido, estaría
el despliegue de un sistema antiaéreo sofisticado en Bielorrusia
y un aumento de la presencia militar en el enclave de Kaliningrado.
“Rusia vigilará lo que sucede cerca de sus fronteras
y, si alguien nos amenaza, responderá adecuadamente”,
señaló Konstantin Kosachiov, jefe del Comité
de Relaciones Exteriores de la Duma rusa, en declaraciones efectuadas
a la prensa rusa. Es también muy probable que Moscú
decida reforzar su arsenal nuclear con el fin de fortalecer su capacidad
de disuasión frente a EEUU y algunos otros países
occidentales.
Lazos económicos
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la adhesión de
las tres repúblicas bálticas a la OTAN no significa,
de ningún modo, que Rusia haya perdido cualquier tipo de
influencia en dichos estados. Para empezar, Letonia y Estonia poseen
significativas minorías rusas, que se encuentran vinculadas
por parentesco, lengua y cultura a Moscú. Los rusos de estas
repúblicas se han opuesto a la entrada en la OTAN y prefieren
el desarrollo de relaciones políticas y económicas
más estrechas con Rusia.
Por otro lado, aunque Rusia no posee un nivel de relaciones económicas
con los países bálticos comparable al que éstos
mantienen con la Unión Europea, incluso antes de su prevista
adhesión, lo cierto es que Moscú ha desarrollado en
los últimos años sus vínculos con Lituania,
Letonia y Estonia en el terreno de la energía. La compañía
estatal de gas de Lituania, Lietuvos Dujos, ha vendido un tercio
de su capital al gigante ruso de la energía, Gazprom. Asimismo,
la compañía petrolífera Yukos, una de las más
importantes de Rusia, adquirió el pasado año la refinería
de Mazeikiai, también en Lituania.
Estos acuerdos han sido denunciados por los sectores nacionalistas
lituanos como un intento de Moscú de ganar influencia en
las repúblicas bálticas, a través de lo que
el propio presidente ruso, Vladimir Putin, calificó en su
día de “diplomacia de la energía”. No
obstante, Lituania tiene, en realidad, pocas opciones en este terreno,
puesto que Rusia continúa siendo el principal suministrador
de gas y petróleo al país. Existe también un
claro deseo de Moscú de ampliar sus lazos comerciales con
las tres repúblicas bálticas, una vez que éstas
hayan entrado en la Unión Europea. Numerosas empresas rusas
han comenzado a establecerse en estos países, a los que consideran
un buen trampolín para acceder a los mercados europeos.
Divisiones en la OTAN
Por otro lado, algunos analistas rusos sugieren que la ampliación
de la OTAN no ha servido para ocultar ni solucionar el tema de la
crisis interna que vive la organización, donde existen en
la actualidad dos bloques de poder. El primero de estos bloques,
formado por EEUU y sus aliados, ha quedado debilitado tras la victoria
del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las elecciones
del pasado 14 de marzo en España. El segundo, integrado por
Francia, Alemania y Bélgica (y quizá ahora también
España) mantiene una actitud más constructiva en las
relaciones internacionales y se ha opuesto, tanto en el pasado año
como el actual, a una implicación de la OTAN en el conflicto
de Iraq. Kiril Koktish, un experto ruso del Instituto de Relaciones
Internacionales de Moscú, ha declarado, en este sentido,
a la Radio Europa Libre/Radio Libertad que aunque el despliegue
de equipos militares de la OTAN en las repúblicas bálticas
sea visto por Moscú como un “gesto inamistoso”,
puesto que no existe ninguna razón militar que lo justifique,
“no tiene sentido hablar de un peligro militar por parte de
la OTAN hacia Rusia, ya que la Alianza Atlántica es hoy más
un club político que militar”. Además, señala
Koktish, “mientras que el principio de consenso exista será
difícil para la OTAN el tomar la decisión referente
al inicio de una operación militar”. Es, efectivamente,
difícil imaginar, hoy por hoy, a los 26 miembros de la OTAN
decidiendo por unanimidad un ataque contra Rusia.
Sin embargo, no cabe duda de que la mayor parte de la población
rusa “ve la expansión de la OTAN como una amenaza directa
para Rusia”, según manifestó el jefe del Comité
de Seguridad de la Duma, Vladimir Vasiliev, a la agencia Interfax.
Muchos rusos recuerdan que durante la invasión nazi contra
la Unión Soviética en 1941, las tres repúblicas
bálticas, que formaban parte en ese momento de la URSS, apoyaron
a los invasores alemanes y enviaron a decenas de miles de soldados
a luchar junto con la Wehrmacht de Hitler.
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