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Sumario 155

 
Rusia protesta por los vuelos de la OTAN en el Báltico

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REDACCIÓN

E l pasado 2 de abril, siete países de la Europa del Este se unieron a la OTAN, ampliando así el número de países miembros de la Alianza Atlántica de 19 a 26. El presidente de EEUU, George W. Bush celebró una ceremonia en Washington, donde dio oficialmente la bienvenida a estos siete estados. Algunos analistas estadounidenses manifestaron, sin embargo, que estos recién llegados –Eslovenia, Eslovaquia, Bulgaria, Rumania, Estonia, Letonia y Lituania– ofrecen, en realidad, poco a la OTAN desde el punto militar, ya que todos poseen unos ejércitos muy reducidos y con un material obsoleto. Otros expertos llegaron incluso a calificar a la propia OTAN de “reliquia de la Guerra Fría”.
No cabe duda de que el país más perjudicado por esta ampliación es Rusia, que quedará más aislada, desde el punto de vista político y estratégico, con la incorporación de estos siete países a la Alianza. No obstante, el perjuicio estratégico para Moscú es variable, según sea el país de que se trate. Mientras que la entrada de Eslovenia no tiene en la práctica ninguna importancia para Rusia, la adhesión de Rumania y Eslovaquia equivale a la ampliación de las fronteras de la OTAN con Ucrania, Moldavia y Bielorrusia. Bielorrusia es un fiel aliado de Moscú y posee unas relaciones bastante deterioradas con EEUU y otros países miembros de la Alianza, por lo que no ha sorprendido a nadie que su reacción ante la ampliación de la OTAN haya sido de rechazo. En el caso de Ucrania, este país mantiene una postura más ambigua y trata de mantener un equilibrio en sus relaciones con los países de la OTAN y con Rusia. Modavia, por su parte, parece también obligada a adoptar una postura de neutralidad, debido a dos factores principales: la presencia de bases rusas en dicho país y el desafío de la región de Transdniester, una franja del este de Moldavia, habitada principalmente por rusos, que desean la independencia o la integración en Rusia.Ceremonia de ampliación de la OTAN en Washington
Más importante, sin embargo, parece el significado político y estratégico de la adhesión de Estonia, Letonia y Lituania a la OTAN. Por un lado, el territorio de Estonia se encuentra a poca distancia de la segunda ciudad de Rusia, San Petersburgo. Por otro, la entrada de Lituania deja aislado el enclave ruso de Kaliningrado, situado entre Lituania y Polonia. Kaliningrado es, en la actualidad, una base naval importante para Rusia, por cuanto constituye uno de los pocos puntos de salida al Mar Báltico que el país posee. No obstante, hay que tener en cuenta que, dado el relativo aislamiento de las tres repúblicas bálticas con respecto a los demás países de la OTAN y su debilidad militar, es probable que, en el hipotético caso de un conflicto, su ocupación por fuerzas rusas, con la consiguiente unión de Kaliningrado al grueso del territorio ruso, fuera una tarea muy sencilla.
Rusia rechazó, en un principio, la posibilidad de que Lituania, Estonia y Letonia pudieran adherirse a la OTAN. En unas declaraciones efectuadas el 3 de septiembre de 2001, el presidente ruso, Vladimir Putin, manifestó que la admisión de estos países en la Alianza Atlántica sería “un error” y puso a la neutral Finlandia como ejemplo de aquello en lo que las tres repúblicas bálticas deberían convertirse. Putin manifestó entonces también que los intentos de ampliar la OTAN no servirían para crear un clima de seguridad general en Europa, sino tan sólo alargar las fronteras de la Alianza, situándolas más cerca de Rusia. Sin embargo, la OTAN ignoró estas opiniones rusas y dio luz verde a la entrada de estas tres repúblicas, en lo que constituyó un desafío político claro a Moscú.
Con antelación a su entrada en la OTAN, los tres países Bálticos habían realizado ya algunas tareas de cooperación con la Alianza, como el envío de varios centenares de soldados a misiones de mantenimiento de la paz en Bosnia y Kosovo. Estos países han establecido también un batallón, un sistema de radar y una institución de formación de oficiales conjuntos, entre otras iniciativas. Del mismo modo, los estados bálticos comenzaron a realizar cambios en sus nuevas fuerzas militares y estructuras de mando con el fin de adaptarlas a los estándares de la OTAN. Por su parte, el Congreso de EEUU aprobó en mayo de 2003 la llamada Acta de Consolidación de la Libertad, que otorgaba una ayuda de 55 millones de dólares a los siete países aspirantes, incluyendo a los tres estados bálticos, con el fin de modernizar sus respectivas fuerzas armadas.

La OTAN envía aviones al Báltico

En este sentido, la publicación militar británica Jane Defence Weekly publicó el pasado 1 de marzo un artículo en el que señalaba, citando fuentes anónimas de la OTAN, que se iba a desplegar, durante los 90 días siguientes a la incorporación de las repúblicas bálticas y Eslovenia a la Alianza, cierta actividad para asegurar que dichos países quedaran suficientemente protegidos frente a cualquier amenaza externa. Esto pareció confirmarse aún más a mediados de marzo, cuando el Consejo Noratlántico manifestó que se proporcionaría a los nuevos miembros el mismo nivel de protección antiaérea que tenían el resto de los países integrantes de la OTAN. La Alianza también ofreció equipos de vigilancia antiaérea a los nuevos estados miembros que no la poseyeran. Poco después, cuatro miembros de la OTAN –Reino Unido, Dinamarca, Noruega y Bélgica– anunciaron que participarían en la creación de un sistema de defensa antiaéreo en Lituania, Estonia y Letonia. Hay que tener en cuenta aquí que los países occidentales que poseen relaciones más estrechas con las repúblicas bálticas son los escandinavos. En el caso de Finlandia y Suecia –países que no forman parte de la OTAN, pero sí de la UE–, estos vínculos han tenido una naturaleza principalmente política y económica. Por su parte, Dinamarca y Noruega, países que forman parte de la OTAN, esperan también fortalecer su influencia militar en los estados bálticos, aprovechando la pertenencia común a la Alianza.
Por su parte, el ministro de Defensa de Lituania, Linas Linkevicius, desveló recientemente que aviones y tripulaciones de estos cuatro países de la Alianza serán desplegados de forma permanente en Lituania. También señaló que en Letonia y Estonia serán construidos aeropuertos de reserva, donde estos aviones podrían también situarse en caso necesario, aunque en principio el despliegue ocurrirá únicamente en el territorio lituano. Por otro lado, Noruega y Lituania van a firmar un acuerdo, según el cual los noruegos entregarán un sistema de defensa antiaérea de corto alcance RBS-70, destinado a reforzar el sistema de defensa aérea de ese último país. Se han ya producido conversaciones para la transferencia de plataformas de lanzamiento, misiles, talleres de reparación y radares.Avión AWACS norteamericano
El mismo día que era firmada la ampliación de la Alianza, cuatro aviones belgas F-16 aterrizaron en el aeropuerto lituano de Zokniai, con el fin de iniciar la misión de patrulla aérea por los cielos de Lituania. Asimismo, aviones espía AWACS de EEUU han sobrevolado el espacio aéreo del país báltico, con el objetivo claro de realizar misiones de espionaje dentro del territorio ruso. Cuando Moscú solicitó a Lituania el permiso para que especialistas rusos controlaran uno de estos vuelos desde su territorio, el gobierno lituano rechazó la petición.
La reacción rusa ante el despliegue de los aviones de la OTAN en los países bálticos ha sido de claro rechazo. Rusia es, de hecho, muy sensible ante cualquier aumento de la presencia militar extranjera en la zona. El propio ministro de Defensa ruso, Serguei Ivanov, advirtió en febrero a la Alianza en contra de la creación de nuevas instalaciones o sistemas militares en los estados bálticos. Ivanov manifestó también que el tema de la presencia de aviones de otros países de la OTAN en los estados bálticos sería tratado durante la visita del secretario general de la organización, Jaap de Hoop Scheffer, el 7 y 8 de abril a Moscú. Según la Radio Europa Libre/Radio Libertad, el analista ruso Boris Makarenko, del Centro de Técnicas Políticas de Moscú, considera que un despliegue de la OTAN en los países bálticos supondría una violación del compromiso no formal, adoptado por la Alianza en 1996, de no desplegar tropas en el territorio de aquellos después de que se hubieran adherido a la organización.
La agencia Itar-Tass Moscú ha manifestado que Lituania, Letonia y Estonia suscriban el Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa, que establece límites en el número de aviones de combate, tanques y otras armas pesadas no nucleares, que cada país puede desplegar. Entre las contramedidas que Rusia baraja, en caso de que la OTAN no escuchara sus demandas en este sentido, estaría el despliegue de un sistema antiaéreo sofisticado en Bielorrusia y un aumento de la presencia militar en el enclave de Kaliningrado. “Rusia vigilará lo que sucede cerca de sus fronteras y, si alguien nos amenaza, responderá adecuadamente”, señaló Konstantin Kosachiov, jefe del Comité de Relaciones Exteriores de la Duma rusa, en declaraciones efectuadas a la prensa rusa. Es también muy probable que Moscú decida reforzar su arsenal nuclear con el fin de fortalecer su capacidad de disuasión frente a EEUU y algunos otros países occidentales.

Lazos económicos

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la adhesión de las tres repúblicas bálticas a la OTAN no significa, de ningún modo, que Rusia haya perdido cualquier tipo de influencia en dichos estados. Para empezar, Letonia y Estonia poseen significativas minorías rusas, que se encuentran vinculadas por parentesco, lengua y cultura a Moscú. Los rusos de estas repúblicas se han opuesto a la entrada en la OTAN y prefieren el desarrollo de relaciones políticas y económicas más estrechas con Rusia.
Por otro lado, aunque Rusia no posee un nivel de relaciones económicas con los países bálticos comparable al que éstos mantienen con la Unión Europea, incluso antes de su prevista adhesión, lo cierto es que Moscú ha desarrollado en los últimos años sus vínculos con Lituania, Letonia y Estonia en el terreno de la energía. La compañía estatal de gas de Lituania, Lietuvos Dujos, ha vendido un tercio de su capital al gigante ruso de la energía, Gazprom. Asimismo, la compañía petrolífera Yukos, una de las más importantes de Rusia, adquirió el pasado año la refinería de Mazeikiai, también en Lituania.
Estos acuerdos han sido denunciados por los sectores nacionalistas lituanos como un intento de Moscú de ganar influencia en las repúblicas bálticas, a través de lo que el propio presidente ruso, Vladimir Putin, calificó en su día de “diplomacia de la energía”. No obstante, Lituania tiene, en realidad, pocas opciones en este terreno, puesto que Rusia continúa siendo el principal suministrador de gas y petróleo al país. Existe también un claro deseo de Moscú de ampliar sus lazos comerciales con las tres repúblicas bálticas, una vez que éstas hayan entrado en la Unión Europea. Numerosas empresas rusas han comenzado a establecerse en estos países, a los que consideran un buen trampolín para acceder a los mercados europeos.

Divisiones en la OTAN

Por otro lado, algunos analistas rusos sugieren que la ampliación de la OTAN no ha servido para ocultar ni solucionar el tema de la crisis interna que vive la organización, donde existen en la actualidad dos bloques de poder. El primero de estos bloques, formado por EEUU y sus aliados, ha quedado debilitado tras la victoria del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las elecciones del pasado 14 de marzo en España. El segundo, integrado por Francia, Alemania y Bélgica (y quizá ahora también España) mantiene una actitud más constructiva en las relaciones internacionales y se ha opuesto, tanto en el pasado año como el actual, a una implicación de la OTAN en el conflicto de Iraq. Kiril Koktish, un experto ruso del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú, ha declarado, en este sentido, a la Radio Europa Libre/Radio Libertad que aunque el despliegue de equipos militares de la OTAN en las repúblicas bálticas sea visto por Moscú como un “gesto inamistoso”, puesto que no existe ninguna razón militar que lo justifique, “no tiene sentido hablar de un peligro militar por parte de la OTAN hacia Rusia, ya que la Alianza Atlántica es hoy más un club político que militar”. Además, señala Koktish, “mientras que el principio de consenso exista será difícil para la OTAN el tomar la decisión referente al inicio de una operación militar”. Es, efectivamente, difícil imaginar, hoy por hoy, a los 26 miembros de la OTAN decidiendo por unanimidad un ataque contra Rusia.
Sin embargo, no cabe duda de que la mayor parte de la población rusa “ve la expansión de la OTAN como una amenaza directa para Rusia”, según manifestó el jefe del Comité de Seguridad de la Duma, Vladimir Vasiliev, a la agencia Interfax. Muchos rusos recuerdan que durante la invasión nazi contra la Unión Soviética en 1941, las tres repúblicas bálticas, que formaban parte en ese momento de la URSS, apoyaron a los invasores alemanes y enviaron a decenas de miles de soldados a luchar junto con la Wehrmacht de Hitler.