.REDACCIÓN
xisten ciudades que, a lo largo de la historia, han encarnado la
decisión de los pueblos de resistir ante los agresores. Durante
la Segunda Guerra Mundial, algunas ciudades como Varsovia, Stalingrado
o Leningrado se convirtieron en símbolos de la determinación
de sus habitantes de no capitular ante los invasores nazis. Más
recientemente, hay que señalar el caso de Sarajevo, que fue
el símbolo más notorio de la lucha del pueblo bosnio
en pro de su supervivencia.
En el actual conflicto de Iraq, existe también una ciudad
que se ha convertido en el símbolo de la voluntad de resistencia
de toda una nación frente a la ocupación. Esta ciudad
es Faluya. Pocos días después de la llegada de las
tropas norteamericanas a la ciudad, se produjo un incidente en el
que soldados estadounidenses abrieron fuego contra una manifestación
de iraquíes matando a decenas de éstos últimos.
Desde entonces Faluya, ciudad de 200.000 habitantes, pasó
a ser uno de los "puntos negros" del llamado "triángulo
sunní", es decir, uno de los feudos de la resistencia.
Decenas de soldados norteamericanos han muerto dentro o en los alrededores
de la ciudad desde entonces.
El pasado 31 de marzo cuatro mercenarios norteamericanos ("contratistas
civiles", según la terminología del Pentágono),
uno de los cuales fue en su día asesino a sueldo del régimen
racista del apartheid en Sudáfrica, murieron a manos de una
multitud en Faluya. Los cuatro trabajaban para Blackwater Security
Consulting, una empresa con sede en Carolina del Norte (EEUU), que
contrata a antiguos militares para que proporcionen entrenamiento
militar a soldados de otros países y para que realicen tareas
de vigilancia. Los empleados de esta empresa han estado escoltando
a convoyes militares en los alrededores de Faluya en los pasados
meses. Casi al mismo tiempo, se produjo otro incidente en el que
cinco marines norteamericanos fallecieron al ser alcanzado por una
bomba el convoy en el que viajaban.
Pocos días después, altos responsables norteamericanos
comenzaron a hablar de la necesidad de proporcionar un castigo a
la ciudad, no tanto por las muertes de los mercenarios norteamericanos,
sino por haberse convertido en uno de los símbolos de la
resistencia contra la ocupación: "Habrá que pagar
un precio y habrá una respuesta. Eso resulta obvio para todos",
manifestó el vicesecretario de Estado, Richard Armitage.
El secretario adjunto de Defensa, Paul Wolfowitz, y el vicepresidente
de la Junta de Jefes de Estado Mayor, Peter Pace, entregaron a los
miembros del Congreso a puerta cerrada un informe que establecía
cuáles podían ser las "reacciones potenciales
norteamericanas" a los incidentes de Faluya.
Por su parte, el neoconservador Wall Street Journal abogó
por la rápida creación de tribunales militares y por
la ejecución de los "irregulares". Aunque tales
recomendaciones no fueron inmediatamente aceptadas por los militares
en Iraq, su portavoz, Mark Kimmit, prometió, no obstante,
que sus tropas "cazarían" a los responsables de
las muertes de los norteamericanos y "pacificarían"
la ciudad.
El 5 de abril las fuerzas estadounidenses comenzaron a rodear Faluya
con barricadas y puntos de control en preparación de un gran
ataque contra la ciudad, operación ésta que iba a
llevar el nombre de "Vigilant Resolve". Sin embargo, al
intentar penetrar en la ciudad los marines estadounidenses fueron
rechazados por la feroz resistencia de los miembros de la resistencia
iraquí y de la población local. A partir de ese momento,
el pueblo de Faluya ha estado llevando a cabo una tenaz y valiente
resistencia contra unas fuerzas muy superiores en número
y capacidad de fuego. Las tropas norteamericanas lograron tomar
algunas partes de la ciudad, pero sólo después de
una feroz lucha casa por casa.
En los días que han transcurrido desde entonces, más
de 1.500 civiles iraquíes han sido asesinados por los norteamericanos,
que han utilizado aviones F-16 y helicópteros Apache para
atacar objetivos civiles en la ciudad. El 6 de abril, la agencia
AP informó de que 26 iraquíes, incluyendo varias mujeres
y niños, habían muerto y otros 30 resultado heridos
en un ataque aéreo. Asimismo, la planta eléctrica
que abastecía a la ciudad resultó destruida en las
primeras horas de la ofensiva. La única electricidad que
ha existido desde entonces en Faluya procede de algunos generadores
y se utiliza sólo en casos de extrema necesidad, como por
ejemplo en los hospitales. 
Un crimen particularmente odioso fue el ataque contra una mezquita
con tres bombas de media tonelada. Este bombardeo, que tuvo lugar
poco antes de la oración de la tarde, causó la muerte
a 46 personas. Asimismo, uno de los principales hospitales de la
ciudad de Faluya ha sido destruido por las bombas estadounidenses,
según relataron algunos voluntarios norteamericanos que trabajaban
para una organización de ayuda humanitaria. Estos mismos
voluntarios señalaron que entre los 700 iraquíes muertos
que había en ese momento, 157 eran mujeres y 146 niños.
También informaron de la existencia de unos 1.500 heridos.
Por su parte, los médicos de los hospitales han denunciado
que numerosas ambulancias que transportaban heridos o mujeres embarazadas
han sido tiroteadas por francotiradores estadounidenses en innumerables
ocasiones. Estos francotiradores se han cobrado la vida de gran
número de civiles, incluyendo mujeres y niños.
Por otro lado, diversas informaciones de Al Yazira y de otros medios
árabes y occidentales apuntan a que aviones estadounidenses
F-16 han estado bombardeando masivamente diversas zonas de Faluya
con bombas de fragmentación, que está expresamente
prohibidas por las Convenciones Internacionales de Guerra.
Solidaridad iraquí
El valor y sufrimiento de Faluya han inspirado y unido al pueblo
iraquí como nunca antes había sucedido. Organizaciones
sunníes y shiíes han redoblado sus esfuerzos para
enviar ayuda alimenticia y medicamentos a Faluya y para recoger
sangre para los sitiados en todos los rincones del país.
Asimismo, han tenido lugar manifestaciones en distintas partes de
Iraq para solidarizarse con el pueblo de Faluya. En una de estas
protestas, que tuvo lugar en la ciudad de Hawiya, al oeste de Kirkuk,
ocho iraquíes resultaron muertos y otros 12 heridos por disparos
de las tropas estadounidenses.
Asimismo, según indicó el pasado 13 de abril el diario
Washington Post, numerosos jóvenes de Bagdad, animados por
folletos, sermones en las mezquitas y graffiti pintado en los muros,
han abandonado la capital para dirigirse a Faluya con el fin de
unirse a la lucha. Por otro lado, un influyente líder islámico
de Bagdad, Sheij Ahmad Abdul Gafur Samarrai, manifestó en
un reciente sermón que tenía un "mensaje urgente"
para las tropas de EEUU: "Habéis cruzado la línea
roja. Aseguraos de que no atacáis Faluya otra vez. Si lo
hacéis, todo Iraq, desde el norte al sur y desde el este
al oeste, se convertirá entonces en una gran Faluya".
Lo que sin duda los norteamericanos no esperaban era la formación
de un gran convoy de miles de vehículos y personas a pie
que abandonaron Bagdad con un cargamento de ayuda médica
y alimenticia en dirección a Faluya. Cuando esta caravana
se acercó a la ciudad, soldados norteamericanos montados
en vehículos acorazados trataron de frenar la marcha. Sin
embargo, los militares estadounidenses se vieron desbordados cuando
los habitantes de las localidades situadas al oeste de la capital
vinieron en ayuda de los miembros del convoy, lanzando insultos
y piedras a los soldados norteamericanos. Más tarde, tropas
estadounidenses armadas con ametralladoras intentaron de nuevo detener
el convoy, pero tuvieron que desistir en su empeño cuando
sus advertencias fueron contestadas con una lluvia de piedras. Dos
vehículos militares Humvee, que bloqueaban la carretera,
tuvieron también que dar media vuelta.
Las imágenes de la destrucción de Faluya han dado
asimismo la vuelta al mundo, gracias al coraje de los reporteros
de cadenas árabes como Al Yazira y Al Arabiya, que se han
convertido en testigos incómodos de la barbarie y brutalidad
desplegadas por las tropas de EEUU en Faluya. El temor de los responsables
estadounidenses a que se divulgue lo que está pasando en
la ciudad explica su decisión de expulsar de ella al equipo
de reporteros de la cadena Al Yazira, medida ésta que se
llevó a efecto el pasado 9 de abril.
Durante la segunda semana de abril, las fuerzas estadounidenses
decretaron un cese el fuego unilateral, pero la lucha continuó,
aunque a una menor escala. La lucha en Faluya ha dejado, sin duda,
imágenes humillantes para los ocupantes norteamericanos,
que pese al poder de sus modernas armas y equipos, han sido detenidos
por combatientes irregulares armados con fusiles de asalto AK-47
Kalashnikov y lanzagranadas RPG-7. El Ejército norteamericano
tuvo que abandonar, por ejemplo, partes de la autopista Bagdad-Amán,
que pasa a través de Faluya, durante el transcurso de los
combates. Asimismo, la ciudad de Abu Graib, que se encuentra situada
entre Faluya y Bagdad, fue capturada por la resistencia en la segunda
semana de abril. Un helicóptero norteamericano Apache fue
derribado sobre la ciudad.
Las guerrillas que defienden Faluya aprovecharon la pausa en los
combates para evacuar de la ciudad a varias decenas de miles de
civiles que se encontraban en su interior y reforzar sus defensas.
Los habitantes civiles de la ciudad de Faluya hicieron entonces
un llamamiento a las tropas de ocupación estadounidenses
para que permitieran la entrada de ayuda humanitaria, pero éstas
se negaron a hacerlo. Los civiles que salieron de la ciudad hablaron
con orgullo de los "muyahidin" o la "resistencia",
que estaba formada por antiguos oficiales del Ejército iraquí,
estudiantes, empleados y trabajadores. Los refugiados hablaron también
de grandes fosas donde se enterraban los cadáveres, víctimas
de los bombardeos aéreos o los francotiradores. El estadio
de fútbol de la ciudad se ha convertido en un gigantesco
cementerio, con más de 200 cadáveres de hombres, mujeres
y niños enterrados en su interior. "Enterramos a muchos
en el estadio de fútbol hasta que se llenó. Cuando
estabas enterrando a alguien no podías permanecer mucho tiempo
allí porque ellos (los marines de EEUU) te disparaban. De
este modo, cavábamos una gran fosa en el suelo, depositábamos
allí a toda una familia y salíamos después
lo antes posible del lugar".
De momento, el temor a los efectos que una ofensiva total tendría
en la opinión pública internacional y en la propia
población iraquí han llevado a los responsables norteamericanos
a optar por una vía negociadora. Sin embargo, las posiciones
se muestran tan alejadas que parece difícil pensar en la
posibilidad de un acuerdo. Los norteamericanos exigen que los miembros
de la resistencia entreguen sus armas y el control de la ciudad
a la policía iraquí y entreguen también a los
responsables de las muertes de los cuatro mercenarios norteamericanos
fallecidos el 31 de marzo. Los miembros de la resistencia, por su
parte, insisten en que se les permita retirarse de la ciudad.
Un coronel de las Fuerzas Especiales de EEUU en Vietnam dijo en
una ocasión, refiriéndose a la ciudad de Ben Tre:
"Tuvimos que destruir la ciudad con el fin de salvarla".
Lo mismo sucede hoy en Iraq. Faluya no podrá ser salvada
de sus combatientes a menos que sea destruida. |