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Sumario 155

 
La epopeya de Faluya

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REDACCIÓN

E xisten ciudades que, a lo largo de la historia, han encarnado la decisión de los pueblos de resistir ante los agresores. Durante la Segunda Guerra Mundial, algunas ciudades como Varsovia, Stalingrado o Leningrado se convirtieron en símbolos de la determinación de sus habitantes de no capitular ante los invasores nazis. Más recientemente, hay que señalar el caso de Sarajevo, que fue el símbolo más notorio de la lucha del pueblo bosnio en pro de su supervivencia.
En el actual conflicto de Iraq, existe también una ciudad que se ha convertido en el símbolo de la voluntad de resistencia de toda una nación frente a la ocupación. Esta ciudad es Faluya. Pocos días después de la llegada de las tropas norteamericanas a la ciudad, se produjo un incidente en el que soldados estadounidenses abrieron fuego contra una manifestación de iraquíes matando a decenas de éstos últimos. Desde entonces Faluya, ciudad de 200.000 habitantes, pasó a ser uno de los "puntos negros" del llamado "triángulo sunní", es decir, uno de los feudos de la resistencia. Decenas de soldados norteamericanos han muerto dentro o en los alrededores de la ciudad desde entonces.
El pasado 31 de marzo cuatro mercenarios norteamericanos ("contratistas civiles", según la terminología del Pentágono), uno de los cuales fue en su día asesino a sueldo del régimen racista del apartheid en Sudáfrica, murieron a manos de una multitud en Faluya. Los cuatro trabajaban para Blackwater Security Consulting, una empresa con sede en Carolina del Norte (EEUU), que contrata a antiguos militares para que proporcionen entrenamiento militar a soldados de otros países y para que realicen tareas de vigilancia. Los empleados de esta empresa han estado escoltando a convoyes militares en los alrededores de Faluya en los pasados meses. Casi al mismo tiempo, se produjo otro incidente en el que cinco marines norteamericanos fallecieron al ser alcanzado por una bomba el convoy en el que viajaban.Soldados norteamericanos en las inmediaciones de la ciudad de Faluya
Pocos días después, altos responsables norteamericanos comenzaron a hablar de la necesidad de proporcionar un castigo a la ciudad, no tanto por las muertes de los mercenarios norteamericanos, sino por haberse convertido en uno de los símbolos de la resistencia contra la ocupación: "Habrá que pagar un precio y habrá una respuesta. Eso resulta obvio para todos", manifestó el vicesecretario de Estado, Richard Armitage. El secretario adjunto de Defensa, Paul Wolfowitz, y el vicepresidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, Peter Pace, entregaron a los miembros del Congreso a puerta cerrada un informe que establecía cuáles podían ser las "reacciones potenciales norteamericanas" a los incidentes de Faluya.
Por su parte, el neoconservador Wall Street Journal abogó por la rápida creación de tribunales militares y por la ejecución de los "irregulares". Aunque tales recomendaciones no fueron inmediatamente aceptadas por los militares en Iraq, su portavoz, Mark Kimmit, prometió, no obstante, que sus tropas "cazarían" a los responsables de las muertes de los norteamericanos y "pacificarían" la ciudad.
El 5 de abril las fuerzas estadounidenses comenzaron a rodear Faluya con barricadas y puntos de control en preparación de un gran ataque contra la ciudad, operación ésta que iba a llevar el nombre de "Vigilant Resolve". Sin embargo, al intentar penetrar en la ciudad los marines estadounidenses fueron rechazados por la feroz resistencia de los miembros de la resistencia iraquí y de la población local. A partir de ese momento, el pueblo de Faluya ha estado llevando a cabo una tenaz y valiente resistencia contra unas fuerzas muy superiores en número y capacidad de fuego. Las tropas norteamericanas lograron tomar algunas partes de la ciudad, pero sólo después de una feroz lucha casa por casa.
En los días que han transcurrido desde entonces, más de 1.500 civiles iraquíes han sido asesinados por los norteamericanos, que han utilizado aviones F-16 y helicópteros Apache para atacar objetivos civiles en la ciudad. El 6 de abril, la agencia AP informó de que 26 iraquíes, incluyendo varias mujeres y niños, habían muerto y otros 30 resultado heridos en un ataque aéreo. Asimismo, la planta eléctrica que abastecía a la ciudad resultó destruida en las primeras horas de la ofensiva. La única electricidad que ha existido desde entonces en Faluya procede de algunos generadores y se utiliza sólo en casos de extrema necesidad, como por ejemplo en los hospitales. Miembros de la resistencia iraquí
Un crimen particularmente odioso fue el ataque contra una mezquita con tres bombas de media tonelada. Este bombardeo, que tuvo lugar poco antes de la oración de la tarde, causó la muerte a 46 personas. Asimismo, uno de los principales hospitales de la ciudad de Faluya ha sido destruido por las bombas estadounidenses, según relataron algunos voluntarios norteamericanos que trabajaban para una organización de ayuda humanitaria. Estos mismos voluntarios señalaron que entre los 700 iraquíes muertos que había en ese momento, 157 eran mujeres y 146 niños. También informaron de la existencia de unos 1.500 heridos. Por su parte, los médicos de los hospitales han denunciado que numerosas ambulancias que transportaban heridos o mujeres embarazadas han sido tiroteadas por francotiradores estadounidenses en innumerables ocasiones. Estos francotiradores se han cobrado la vida de gran número de civiles, incluyendo mujeres y niños.
Por otro lado, diversas informaciones de Al Yazira y de otros medios árabes y occidentales apuntan a que aviones estadounidenses F-16 han estado bombardeando masivamente diversas zonas de Faluya con bombas de fragmentación, que está expresamente prohibidas por las Convenciones Internacionales de Guerra.

Solidaridad iraquí

El valor y sufrimiento de Faluya han inspirado y unido al pueblo iraquí como nunca antes había sucedido. Organizaciones sunníes y shiíes han redoblado sus esfuerzos para enviar ayuda alimenticia y medicamentos a Faluya y para recoger sangre para los sitiados en todos los rincones del país. Asimismo, han tenido lugar manifestaciones en distintas partes de Iraq para solidarizarse con el pueblo de Faluya. En una de estas protestas, que tuvo lugar en la ciudad de Hawiya, al oeste de Kirkuk, ocho iraquíes resultaron muertos y otros 12 heridos por disparos de las tropas estadounidenses.
Asimismo, según indicó el pasado 13 de abril el diario Washington Post, numerosos jóvenes de Bagdad, animados por folletos, sermones en las mezquitas y graffiti pintado en los muros, han abandonado la capital para dirigirse a Faluya con el fin de unirse a la lucha. Por otro lado, un influyente líder islámico de Bagdad, Sheij Ahmad Abdul Gafur Samarrai, manifestó en un reciente sermón que tenía un "mensaje urgente" para las tropas de EEUU: "Habéis cruzado la línea roja. Aseguraos de que no atacáis Faluya otra vez. Si lo hacéis, todo Iraq, desde el norte al sur y desde el este al oeste, se convertirá entonces en una gran Faluya".
Lo que sin duda los norteamericanos no esperaban era la formación de un gran convoy de miles de vehículos y personas a pie que abandonaron Bagdad con un cargamento de ayuda médica y alimenticia en dirección a Faluya. Cuando esta caravana se acercó a la ciudad, soldados norteamericanos montados en vehículos acorazados trataron de frenar la marcha. Sin embargo, los militares estadounidenses se vieron desbordados cuando los habitantes de las localidades situadas al oeste de la capital vinieron en ayuda de los miembros del convoy, lanzando insultos y piedras a los soldados norteamericanos. Más tarde, tropas estadounidenses armadas con ametralladoras intentaron de nuevo detener el convoy, pero tuvieron que desistir en su empeño cuando sus advertencias fueron contestadas con una lluvia de piedras. Dos vehículos militares Humvee, que bloqueaban la carretera, tuvieron también que dar media vuelta.
Las imágenes de la destrucción de Faluya han dado asimismo la vuelta al mundo, gracias al coraje de los reporteros de cadenas árabes como Al Yazira y Al Arabiya, que se han convertido en testigos incómodos de la barbarie y brutalidad desplegadas por las tropas de EEUU en Faluya. El temor de los responsables estadounidenses a que se divulgue lo que está pasando en la ciudad explica su decisión de expulsar de ella al equipo de reporteros de la cadena Al Yazira, medida ésta que se llevó a efecto el pasado 9 de abril.
Durante la segunda semana de abril, las fuerzas estadounidenses decretaron un cese el fuego unilateral, pero la lucha continuó, aunque a una menor escala. La lucha en Faluya ha dejado, sin duda, imágenes humillantes para los ocupantes norteamericanos, que pese al poder de sus modernas armas y equipos, han sido detenidos por combatientes irregulares armados con fusiles de asalto AK-47 Kalashnikov y lanzagranadas RPG-7. El Ejército norteamericano tuvo que abandonar, por ejemplo, partes de la autopista Bagdad-Amán, que pasa a través de Faluya, durante el transcurso de los combates. Asimismo, la ciudad de Abu Graib, que se encuentra situada entre Faluya y Bagdad, fue capturada por la resistencia en la segunda semana de abril. Un helicóptero norteamericano Apache fue derribado sobre la ciudad.Tumbas improvisadas de iraquíes muertos por bombardeos estadounidenses en Faluya
Las guerrillas que defienden Faluya aprovecharon la pausa en los combates para evacuar de la ciudad a varias decenas de miles de civiles que se encontraban en su interior y reforzar sus defensas. Los habitantes civiles de la ciudad de Faluya hicieron entonces un llamamiento a las tropas de ocupación estadounidenses para que permitieran la entrada de ayuda humanitaria, pero éstas se negaron a hacerlo. Los civiles que salieron de la ciudad hablaron con orgullo de los "muyahidin" o la "resistencia", que estaba formada por antiguos oficiales del Ejército iraquí, estudiantes, empleados y trabajadores. Los refugiados hablaron también de grandes fosas donde se enterraban los cadáveres, víctimas de los bombardeos aéreos o los francotiradores. El estadio de fútbol de la ciudad se ha convertido en un gigantesco cementerio, con más de 200 cadáveres de hombres, mujeres y niños enterrados en su interior. "Enterramos a muchos en el estadio de fútbol hasta que se llenó. Cuando estabas enterrando a alguien no podías permanecer mucho tiempo allí porque ellos (los marines de EEUU) te disparaban. De este modo, cavábamos una gran fosa en el suelo, depositábamos allí a toda una familia y salíamos después lo antes posible del lugar".
De momento, el temor a los efectos que una ofensiva total tendría en la opinión pública internacional y en la propia población iraquí han llevado a los responsables norteamericanos a optar por una vía negociadora. Sin embargo, las posiciones se muestran tan alejadas que parece difícil pensar en la posibilidad de un acuerdo. Los norteamericanos exigen que los miembros de la resistencia entreguen sus armas y el control de la ciudad a la policía iraquí y entreguen también a los responsables de las muertes de los cuatro mercenarios norteamericanos fallecidos el 31 de marzo. Los miembros de la resistencia, por su parte, insisten en que se les permita retirarse de la ciudad.
Un coronel de las Fuerzas Especiales de EEUU en Vietnam dijo en una ocasión, refiriéndose a la ciudad de Ben Tre: "Tuvimos que destruir la ciudad con el fin de salvarla". Lo mismo sucede hoy en Iraq. Faluya no podrá ser salvada de sus combatientes a menos que sea destruida.