.REDACCIÓN
l pasado 27 de abril se alcanzó, con la muerte de un soldado
estadounidense en el norte de Iraq, la cifra de 115 bajas mortales
estadounidenses durante el mes de abril. Esta cantidad era exactamente
la misma que la cifra de muertos norteamericanos producida durante
la invasión de Iraq en el período de marzo-abril de
2003. Este número de muertos da una idea de la intensidad
de los combates que se han librado en Iraq el pasado abril. En los
13 meses que van desde el 19 de marzo de 2003 al 27 de abril de
2004 fallecieron en Iraq 718 soldados norteamericanos, siendo éste
el mayor nivel de bajas sufridas por las tropas de EEUU desde el
fin de la guerra de Vietnam. La mayoría de los muertos norteamericanos
han perdido la vida por disparos de armas automáticas y una
cantidad ligeramente inferior por bombas que explotaron al paso
de sus convoyes.
Según el sitio www.lunaville.org, que efectúa un recuento
detallado de las bajas estadounidenses, otro punto a destacar es
que, al tratarse de una guerra de guerrillas, las bajas no se han
producido únicamente entre los combatientes de infantería
y otras especialidades directamente relacionadas con los combates,
sino también entre los conductores de camiones, encargados
de la logística etc. "En Iraq no hay líneas del
frente. La guerra está en todas partes", señala
Charles Moskos, un sociólogo de la Universidad del Noroeste
de EEUU que trabajó como corresponsal en Vietnam.
Existen muertos originarios de los 50 estados, más el Distrito
de Columbia, Puerto Rico, Samoa y las Marianas, un protectorado
norteamericano. California, Texas, Pennsylvania y Michigan son,
por ese orden, los estados más afectados.
La reacción de la opinión pública norteamericana
ante estas revelaciones ha sido de irritación. En una reciente
encuesta del Washington Post y el programa ABC News, el 65% de los
entrevistados afirmó que este nivel de bajas era "inaceptable",
frente a un 33% que lo consideraba "aceptable". Los analistas
sugieren que el creciente número de bajas norteamericanas
en Iraq amenaza con hacer caer en picado el nivel de apoyo a la
política de Bush en Iraq. En la opinión pública
norteamericana está creciendo la sensación de que
la insurgencia iraquí y su nivel de sofisticación
están creciendo y que las tropas estadounidenses se ven obligadas
ahora a combatir en numerosos frentes.
Las fotos que impactaron a EEUU
El impacto de las muertes de los soldados estadounidenses en Iraq
preocupa y mucho a la Administración Bush. Esta inquietud
se tradujo en una directiva del Pentágono de marzo de 2003,
el mes en que comenzó la guerra, que prohibía a la
prensa tomar fotos o filmaciones de los féretros que contienen
los cadáveres de soldados estadounidenses.
Consciente del poder que esas fotos pueden tener en la opinión
pública, el principal consejero de Bush, Karl Rove, ha tratado
desesperadamente de impedir su publicación y difusión.
Por su parte, el presidente Bush no ha acudido ni a uno solo de
los funerales de los militares caídos en Iraq, por miedo
sin duda a ser abucheado. Esta actitud de Bush ha irritado a muchas
familias de los militares muertos.
Sin embargo, a mediados de abril algunos sitios de Internet norteamericanos
publicaron 361 fotos de féretros que volvían desde
Iraq a la base de Dover, en el estado de Delaware. Esas fotos fueron
publicadas también en algunos periódicos -como el
Seattle Times, que las puso en su primera página-, que defendieron
su derecho de hacerlo en base al Acta de Libertad de Información.
Las fotos fueron mostradas también en todas las cadenas de
televisión, con la única excepción de Fox News,
una cadena conocida por sus puntos de vista ultras y su sensacionalismo.
Esta cobertura ha servido para hacer revivir el debate sobre la
guerra de Iraq en el interior de la sociedad norteamericana.
La autora de las fotos fue Tami Silicio, una empleada que trabajaba
para Maytag Aircraft Corp, una compañía aérea
con sede en Los Angeles, que actúa como contratista del Pentágono.
Como parte de su trabajo, ella ayudaba a cargar los féretros
a bordo de los aviones en un aeropuerto de Kuwait. A principios
de abril, que ha sido uno de los meses más letales para las
fuerzas estadounidenses, Silicio decidió fotografiar en secreto
los féretros. Más tarde, se puso en contacto con una
amiga, Amy Katz, para que entregara las fotos al periódico
Seattle Times. Katz se quedó "sorprendida" cuando
vio las fotos. "Inmediatamente cogí el teléfono
y llamé al Seattle Times", indicó.
Silicio fue despedida de la compañía para la que trabajaba
después de que militares estadounidenses transmitieran a
la dirección de aquélla su preocupación por
la actuación de la empleada. La empresa alegó para
justificar esta decisión que Silicio había violado
"las normas del gobierno de EEUU y de la propia compañía".
Su marido y compañero de trabajo, David Landry, fue igualmente
despedido.
El Pentágono, por su parte, reaccionó con una indisimulada
irritación a la publicación de las fotos de Silicio
y ha vuelto a reafirmar su prohibición a la prensa de tomar
fotos o imágenes de los féretros o de las ceremonias
de llegada de los mismos a EEUU. Responsables militares de la base
de Ramstein, en Alemania, una gran base aérea que ha venido
siendo utilizada como punto de enlace entre EEUU y Kuwait, han impedido
a fotógrafos y cámaras tomar imágenes de los
féretros. John Moline, vicesecretario adjunto de Defensa,
manifestó en este sentido: "No queremos que los restos
de los miembros del servicio que han realizado el supremo sacrificio
sean objeto de algún tipo de atención inconveniente
o indigna". Este cínico argumento de la "privacidad"
o la "dignidad" de los cuerpos no engaña, sin embargo,
a nadie. Los medios de prensa y la opinión pública
norteamericana son conscientes de que esta prohibición busca
únicamente impedir que la difusión de las fotos cree
un sentimiento de rechazo en la opinión pública a
la guerra de Iraq y perjudique, de paso, las expectativas de reelección
de Bush. En este mismo sentido, el candidato demócrata a
la Presidencia de EEUU, John Kerry, acusó recientemente a
Bush de tratar de ocultar las consecuencias de la guerra al prohibir
la difusión de las imágenes de los féretros.
Por su parte, la opinión pública norteamericana se
muestra mayoritariamente en contra de la prohibición. Una
reciente encuesta del New York Times y la cadena CBS News indicó
que el 62% de los norteamericanos creía que se debía
permitir a los medios sacar fotos a los féretros de los soldados
muertos, frente al 27% que consideraba que no se debía hacerlo.
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