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Levantamiento shií

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REDACCIÓN

U n año después de que las tropas de EEUU ocuparan Bagdad, una "intifada" iraquí en gran escala ha estallado tanto en el centro sunní como en el sur shií. Las fuerzas de ambas comunidades están coordinando su lucha contra la ocupación por primera vez desde la caída de Saddam Hussein. Ciudades como Bagdad, Nayaf, Faluya, Ramadi y Nasiriya han sido testigos de fuertes y heroicos combates entre resistentes iraquíes y tropas ocupantes norteamericanas.
La actual escalada de violencia en el sur shií dio comienzo el pasado 28 de marzo, cuando las tropas norteamericanas ordenaron el cierre de un periódico, Al Hauza, que era considerado el órgano de expresión del movimiento liderado por clérigo shií Muqtada al-Sadr. Este periódico había informado, entre otras cosas, de que misiles estadounidenses habían dado muerte recientemente a unos 50 policías iraquíes. Cinco días más tarde, los norteamericanos detuvieron al principal aliado de Al Sadr en la ciudad santa shií de Nayaf, Mustafa Yaqubi. Esta acción estadounidense coincidió en el tiempo con una acción de castigo colectivo contra la ciudad de Faluya por la muerte allí, a manos de sus habitantes, de cuatro mercenarios estadounidenses.
Al Sard vio en el cierre de su periódico y la detención de su colaborador una señal de que los norteamericanos preparaban una campaña de represión más amplia en contra de su movimiento y llamó entonces a su milicia, el Ejército del Mahdi, a llevar a cabo manifestaciones y marchas no violentas. El 4 de abril, sin embargo, estas manifestaciones se convirtieron en choques armados. Las milicias shiíes protagonizaron enfrentamientos con soldados españoles que estaban a cargo de un campamento militar cerca de Nayaf. En los días siguientes, los miembros del Ejército del Mahdi tomaron las comisarías y otros símbolos de poder de ciudades como Kufa, Amara, Kut, Nasseriya, Karbala, Nayaf y el distrito de la Ciudad Sadr, de Bagdad. El propio Al Sadr declaró entonces que "no tiene sentido llevar a cabo protestas pacíficas, ya que al enemigo le gusta aterrorizar y suprimir las opiniones que no le gustan, y desprecia además al pueblo iraquí". "Tenemos que intimidar al enemigo y no permanecer más tiempo callados en relación con las violaciones de los derechos humanos que comete", añadió el líder shií.El líder de la rebelión shií contra los ocupantes norteamericanos, Muqtada Al Sadr
El general estadounidense, Ricardo Sánchez, prometió, por su parte, que Muqtada al Sadr sería capturado "vivo o muerto". Tras el inicio de los combates, Al Sadr se retiró a una mezquita de la ciudad santa shií de Nayaf y ha permanecido allí dirigiendo la rebelión de su milicia.
Muqtada al Sard ha mantenido desde el principio de la ocupación una actitud más firme que la mayoría de los otros líderes shiíes en contra de la permanencia de las fuerzas extranjeras en el país. La base social de su movimiento está constituida por shiíes pobres, muchos de los cuales residen en la ya mencionada Ciudad Sadr. Su padre fue un respetado ayatollah, que fue asesinado durante el período del régimen de Saddam Hussein. Según algunas fuentes, Al Sadr ha recibido presiones de algunas influyentes personalidades shiíes para que evite una mayor escalada en la actual confrontación, e incluso para que disuelva el Ejército del Mahdi. Sin embargo, Al Sadr ya ha manifestado públicamente su rechazo a esta última posibilidad. En las últimas semanas, esta milicia shií, que contaba a principios de abril con unos 10.000 hombres -armados con armas automáticas, morteros y lanzagranadas- ha crecido significativamente al incorporarse a ella miles de iraquíes deseosos de enfrentarse a las fuerzas de ocupación estadounidenses.
En realidad, las tensiones entre la comunidad shií y las autoridades de ocupación estadounidenses habían estado creciendo desde que el gran ayatollah Ali al Sistani, líder de la comunidad shií, emitió una fatua que declaraba que la Constitución aprobada por el Consejo de Gobierno Iraquí, designado a dedo por los norteamericanos, era ilegítima. Poco antes, Sistani había pedido que el nuevo gobierno iraquí fuera elegido por medio de elecciones directas y no conforme al plan norteamericano, que preveía que tal elección se produjera mediante la convocatoria de una serie de asambleas provinciales, cuyos miembros serían elegidos, a su vez, por el citado Consejo.
Aunque ha pedido desde el inicio del levantamiento shií de abril una "actitud de calma" a los miembros de su comunidad, Sistani ha manifestado, sin embargo, que las demandas planteadas por Al Sadr eran "legítimas" y ha condenado también "los actos llevados a cabo por las tropas de ocupación" en diversas ciudades de Iraq. Sistani ha advertido asimismo a los norteamericanos de graves consecuencias si penetran por la fuerza en Nayaf o tratan de matar o capturar a Al Sadr. En este mismo sentido, un miembro del Consejo Interino Iraquí, Abdul Basit Turki, que estaba a cargo del Ministerio de Derechos Humanos, presentó a principios de abril su dimisión acusando a los norteamericanos de cometer serias violaciones de los derechos humanos en contra de la población iraquí. Según indica el periódico británico Daily Telegraph, la actitud de los norteamericanos ha recibido también las críticas de los oficiales británicos, que han venido denunciando lo contraproducente de las duras tácticas de represión militar que están poniendo en práctica sus aliados. Un oficial británico manifestó, en este sentido, al Telegraph que el problema radicaba en que las tropas estadounidenses veían a los iraquíes como "untermenschen" (infrahumanos), un término utilizado por Hitler para referirse a los miembros de las razas y pueblos a los que los nazis consideraban inferiores.
Durante el mes de abril, los muertos estadounidenses en Iraq superaron la simbólica cifra de 115, que hace referencia al número de soldados norteamericanos fallecidos durante la invasión de marzo-abril de 2003. El número de mercenarios caídos en los combates no ha sido dado a conocer. Este número de bajas y la extensión de la rebelión a todo el país han causado una profunda consternación dentro de las filas estadounidenses. Algunos altos responsables norteamericanos en Iraq han expresado su pesimismo acerca de la capacidad real que tiene EEUU para controlar la situación en Iraq. Otros, como el general Mark Kimmit, portavoz militar estadounidense en Bagdad, han restado importancia a la rebelión en Faluya y en las ciudades predominantemente shiíes, señalando que no se trataba de un levantamiento general de la población en contra de la ocupación, sino de "la acción de dos grupos distintos".Dos shiíes celebran la destrucción de un vehículo acorazado estadounidense
No obstante, la actual rebelión shií ha materializado la peor pesadilla a la que hacían frente los responsables norteamericanos en Iraq: la extensión de las actividades guerrilleras desde el llamado "triángulo sunní" a las zonas shiíes del centro y sur del país. Esto supone, por un lado, una extensión importante del área geográfica donde tienen lugar las operaciones de la resistencia y, por otro, que la comunidad shií, que constituye el 60% de la población de Iraq, está ya perdiendo la paciencia que mantuvo en los primeros meses de la ocupación, en espera de ver cuál iba a ser la actitud final de los norteamericanos. Es del todo probable que cuando los shiíes comprueben que la intención real del gobierno de EEUU no es otra que la de mantener el control de Iraq, mediante la presencia de un elevado número de tropas, incluso después de que se haya constituido un gobierno iraquí "soberano", acaben por unirse en gran número a las fuerzas de la resistencia. En este sentido, Anthony Cordesman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, de tendencia conservadora, ha advertido ya que una activa oposición de la población shií haría fracasar la misión de las tropas de ocupación y convertiría a Iraq en un país ingobernable.

Perpetuar la ocupación

Por su parte, el jefe de la Autoridad Interina de la Coalición, Paul Bremer, manifestó que la sublevación shií y los sucesos de Faluya subrayaban la "necesidad" de que "las tropas estadounidenses continúen haciéndose cargo de la seguridad en Iraq". Esta declaración de Bremer pone a las claras que los responsables norteamericanos están buscando una excusa para perpetuar su ocupación de Iraq. En este sentido, la mayoría del pueblo iraquí, incluyendo a algunos miembros del Consejo de Gobierno de Iraq, considera que la "transferencia de soberanía" que tendrá lugar el próximo 30 de junio carecerá de legitimidad alguna si las tropas estadounidenses continúan estacionadas en Iraq. El 25 de marzo, Bremer manifestó, sin embargo, explícitamente que EEUU iba a mantener una gran fuerza desplegada en Iraq con independencia de cuáles sean los deseos de la población iraquí o del gobierno que sea puesto a cargo de los asuntos del país el próximo 30 de junio. EEUU planea ya la construcción de 14 bases que serán utilizadas para alojar a una fuerza de unos 100.000 hombres de modo permanente.
La rebelión iraquí ha obligado también a los norteamericanos a suspender el retorno a EEUU de unos 20.000 soldados que iban a abandonar Iraq tras un largo período de estancia. El 15 de abril, el propio secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, manifestó que estas tropas permanecerían en el país durante "el tiempo que su presencia sea requerida". En la actualidad, el número de soldados norteamericanos estacionados en Iraq es de unos 130.000, pese a las promesas de la Administración Bush, realizadas a principios de año, de que este número sería reducido a 110.000. Si la rebelión actual continúa, el gobierno norteamericano no tendrá más opción que incrementar el número de soldados destinados en Iraq, lo cual servirá para presionar aún más al ya sobreextendido Ejército estadounidense.
Una muestra de la desesperación que embarga a la Administración Bush reside en el hecho de que haya pedido ayuda a Irán, miembro del "eje del mal" de Bush, y con el que el gobierno norteamericano ha estado mantenido un duro pulso, con amenazas incluidas por parte de EEUU, en lo que respecta a su programa nuclear. Washington desea concretamente que el gobierno iraní, que posee una notable influencia sobre los shiíes iraquíes, presione a Muqtada al Sadr para que detenga su actual levantamiento en contra de las fuerzas de ocupación.

Mentiras al descubierto

En realidad, la rebelión actual de la población shií ha servido para poner de relieve, una vez más, las mentiras utilizadas por los norteamericanos para proceder a la invasión de Iraq el pasado año. La propaganda del gobierno de EEUU manifestó entonces que sus tropas habían "liberado" a los shiíes de la opresión que sufrían a manos del régimen de Saddam Hussein. En la actualidad, sin embargo, ha quedado claro que los shiíes consideran a los norteamericanos como ocupantes y no "libertadores", y no están dispuestos a dejarse gobernar por más tiempo por una potencia imperialista extranjera, que busca mantener a Iraq en un estado de perpetuo postramiento y controlar sus recursos naturales.Milicianos del Ejército del Mahdi en la ciudad de Nayaf
La rebelión de Al Sadr ha servido también para disipar la esperanza de los norteamericanos de que podrían mantener indefinidamente su ocupación de Iraq a través del fomento de las disputas de tipo étnico o religioso, principalmente entre sunníes y shiíes y entre árabes y kurdos. En la actualidad, no existen dos frente activos de lucha contra la ocupación sino uno solo. Antes y durante la crisis, el propio Al Sadr ha subrayado que su objetivo es el de luchar a favor de la unidad entre los iraquíes y entre los árabes y musulmanes en general. Asimismo, el líder shií ha fortalecido en las últimas semanas sus relaciones con algunos movimientos sunníes, como la Unión de Sabios Musulmanes, grupo éste que, junto con el Partido Islámico Iraquí, ha estado adquiriendo un notable protagonismo político en los últimos meses. El pasado 5 de abril, representantes de la resistencia shií de Ciudad Sadr y la sunní de Faluya dieron a conocer comunicados en los que mostraban un apoyo mutuo a sus respectivas luchas.
Otro dato a destacar es el fracaso de los norteamericanos a la hora de implicar a la nueva policía iraquí en tareas de contrainsurgencia. Aunque el número de policías iraquíes ha crecido desde los 30.000 del pasado julio a los 78.000 de la actualidad, dicha fuerza no ha sido capaz o no ha querido enfrentarse a las milicias shiíes. En Bagdad, por ejemplo, los policías abandonaron las comisarías tras el inicio de la rebelión. Otros se unieron a las milicias. Este hecho llevó a que todo el peso de la lucha recayera sobre las espaldas de los propios norteamericanos. La retirada de las tropas de diversos países -como España, Honduras, la República Dominicana, Singapur y otros- debido, entre otros factores, al creciente clima de inseguridad en el país ha contribuido a poner de relieve aún más esta soledad norteamericana.
No cabe duda, sin embargo, de que EEUU no dudará en utilizar todos los medios a su alcance para intentar aplastar por la fuerza los intentos del pueblo de Iraq para conseguir su libertad. El propio presidente, George W. Bush, anunció poco después del inicio de la rebelión que había ordenado a sus jefes militares "realizar todos los preparativos necesarios para utilizar una fuerza decisiva donde sea necesario, con el fin de mantener el orden y proteger a nuestras tropas". Además de los terribles acontecimientos que tienen lugar en la ciudad de Faluya, los mandos estadounidenses han amenazado con asaltar la ciudad de Nayaf, donde se encuentra Al Sadr. Si los norteamericanos se han abstenido hasta el momento de hacerlo, ha sido únicamente por el temor a la reacción que un ataque contra Nayaf, considerada por los shiíes como una ciudad santa, por hallarse en ella la tumba de Ali, yerno del Profeta Muhammad y primer Imam, provocaría no sólo entre los miembros de esta comunidad en Iraq, sino en todo el mundo.
Esta situación pone de manifiesto el dilema al que debe hacer frente Bush. Si decide recurrir a una masiva demostración de fuerza para dejar clara "la resolución norteamericana", provocará un colapso aún mayor del Consejo de Gobierno Iraquí y de la policía iraquí, y generará un mayor odio y rechazo contra EEUU dentro de Iraq y del mundo árabe y musulmán. Si, por el contrario, opta por buscar una solución política, estará concediendo legitimidad a las fuerzas que han venido protagonizando una resistencia armada en contra de los ocupantes. Cualquiera de ambas soluciones conllevará a largo plazo una derrota de los objetivos políticos y estratégicos de EEUU en Iraq. La experiencia histórica demuestra que una milicia popular, altamente motivada, que disfruta del apoyo de la población y está familiarizada con el terreno, disfruta de una clara ventaja frente a una fuerza de ocupación extranjera, aunque ésta sea militarmente superior.
Muchos observadores han hecho notar el parecido de la actual situación que se vive en Iraq con la que existió en el Líbano durante la invasión israelí de principios de los ochenta. En unas recientes declaraciones, recogidas por el diario Christian Science Monitor, Timur Goksel, un profesor universitario de Beirut que sirvió en las fuerzas de paz de la ONU en el sur del Líbano durante varios años, hizo notar la "asombrosa similitud" de circunstancias que existe entre la actual ocupación estadounidense de Iraq y la vivida por los israelíes en el Líbano. "Incluso el lenguaje de los jefes militares estadounidenses es el mismo que el utilizado por los oficiales israelíes en los años ochenta, incluyendo las referencias a la eliminación del enemigo". La represión israelí contra la población libanesa consiguió, sin embargo, el efecto contrario al que pretendía e hizo aumentar el apoyo popular a la resistencia. De este modo, 18 años después de la invasión, Israel se vio obligado a retirar sus tropas del Líbano.
Al igual que sucede hoy con la rebelión de los shiíes de Iraq, la aparición de la guerrilla shií libanesa de Hezbollah pilló a los israelíes por sorpresa. Según el Christian Science Monitor, en diciembre de 1984 el entonces ministro de Defensa israelí, Yitzhak Rabin, manifestó a Augustus Richard Norton, observador de la ONU en el sur del Líbano, que los shiíes habían aparecido de pronto "como un genio que sale del fondo de una botella". Este mismo "genio" parece haber hecho ahora su aparición en Iraq.
En todo caso, la rebelión del pueblo iraquí no ha hecho más que comenzar. Pese a su despliegue de fuerza y a los crímenes de guerra que continúa cometiendo, el gobierno de EEUU no logrará nunca dominar al pueblo de Iraq. Aunque éste tenga que continuar soportando dolorosas pruebas durante un largo tiempo, no cabe duda de que, al final, logrará expulsar a los invasores de su país y construir un futuro de plena independencia y libertad.