.REDACCIÓN
ras la ampliación de la Unión Europea (UE), que tuvo
lugar el pasado 1 de mayo, todavía quedan algunos países
del Este de Europa -Croacia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia, Serbia,
Montenegro, Bulgaria, Rumania y Albania- pendientes de adherirse
a la Unión. Sin embargo, la mala situación económica
de estos países hace que su entrada en la UE antes del 2007
sea considerada imposible.
En realidad, el estado de la economía de estos países
es ahora mucho peor que el que existía en los años
noventa. Su PIB ha caído, como media, en un 20% debido, sobre
todo, a las guerras de Croacia, Bosnia-Herzegovina y Kosovo. El
desempleo continúa siendo muy alto y alcanza el 40% en Bosnia-Herzegovina
y Macedonia.
El Instituto de Estudios Económicos Internacionales de Viena
(WIIW) ha pedido a la Unión Europea que intensifique su compromiso
con esta región, que recibe ya más de 100 millones
de euros al año en ayudas financieras directas. Un informe
presentado por el WIIW el pasado año abogaba también
por limitar las ayudas a los gobiernos y suministrar, en su lugar,
más fondos a las pequeñas y medianas empresas, que
pueden proporcionar más empleo y generar un mayor crecimiento
económico que las grandes compañías o los propios
estados.
Otro problema es que los bancos de la Unión Europea son reticentes
a la hora de conceder préstamos a las pequeñas empresas
de los países de la región, porque el riesgo es demasiado
grande. Con el fin de resolver este problema, el WIIW sugiere que
la Unión Europea constituya un
consorcio de seguros que cubra estos riesgos y, al mismo tiempo,
contribuya a la creación de bancos locales, particularmente
en un régimen de cooperación o asociación con
bancos de la UE. El estudio considera que algunos de los países
que han accedido a la UE el pasado mes de mayo -como Hungría
o Eslovenia- podrían jugar un papel muy importante en este
tema, debido a su conocimiento de la situación en aquellas
otras naciones.
Existen, sin embargo, algunos problemas derivados de los viejos
rencores y enfrentamientos de tipo político que asolaron
la zona en la década de los noventa. Croacia, por ejemplo,
ha pedido a Eslovenia que entregue los fondos de las cuentas en
divisas pertenecientes a croatas que había en el mayor banco
de Eslovenia, el Ljubljanska Bank. Los eslovenos, sin embargo, han
rechazado este requerimiento señalando que todas las divisas
tuvieron que ser enviadas a Belgrado poco antes de la desintegración
de Yugoslavia.
Por otro lado, el hecho de que Bosnia-Herzegovina y Albania hayan
firmado un acuerdo especial con EEUU, por el que ambos países
se comprometen a que los ciudadanos estadounidenses queden exentos
de la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional por su
acción en sus respectivos territorios, ha irritado a los
demás países de la UE.
El caso de Rumania
Rumania es, con sus 17 millones de habitantes, el mayor país
que queda en la Europa del Este sin unirse a la UE. Tras la caída
del régimen de Ceacescu en 1989, el pueblo rumano esperó
con ilusión que se materializara su adhesión a la
UE, en la creencia que este paso significaría un aumento
del nivel de vida para la población.
Sin embargo, estas esperanzas se han ido poco a poco desvaneciendo.
Una muestra de ello ha sido la baja participación -un 54,4%-
en el referéndum sobre la reforma constitucional que tuvo
lugar el pasado mes de octubre. Esta consulta sirvió para
aprobar una nueva Constitución, que vendrá a sustituir
a la de 1991, la primera adoptada tras la caída de Ceaucescu.
La principal finalidad de la nueva norma es la de adaptar la legislación
rumana a los requisitos que exige la futura incorporación
del país a la UE. Entre otras cosas, la nueva Constitución
permite que los extranjeros puedan acceder a determinados cargos
y empleos dentro de la Administración, y también la
adquisición de tierras y propiedades en Rumania por parte
de ciudadanos de otros países.
En realidad, la falta actual de entusiasmo de los rumanos hacia
la entrada en la UE se debe a los problemas crónicos de tipo
económico y social que sufre el país. Un tercio de
la población vive bajo el umbral de la pobreza y las reformas
económicas han provocado un incremento del paro y un agravamiento
de las dificultades que sufre buena parte de la población.
Así por ejemplo, la disciplina fiscal exigida por la UE ha
llevado a un recorte de los subsidios a los productos básicos.
Las empresas estatales, en su mayoría deficitarias, han sido
cerradas, lo cual ha incrementado el problema del desempleo. Así
pues, no es de extrañar que la mayoría de la población
se muestre irritada con las autoridades y las reformas económicas.
Los trabajadores de los sectores minero, del transporte y del acero
han llevado a cabo diversas protestas en contra de los planes del
gobierno, que han sido negociados con el Fondo Monetario Internacional,
y que prevén el despido de 23.000 trabajadores del sector
público, incluyendo a 7.000 mineros y 6.000 empleados de
los ferrocarriles.
Los problemas del desempleo se han agravado por la escasez de inversiones
extranjeras en el país. El gobierno creyó en un principio
que la llegada de capital extranjero serviría para generar
nuevos puestos de trabajo, que compensarían a los destruidos
en las industrias y servicios estatales, pero esto nunca llegó
a suceder. Esta situación ha empujado a numerosos rumanos
a abandonar el país para buscar trabajo. En los últimos
años, casi dos millones de rumanos han emigrado, en su mayoría
de forma ilegal, a países como España, Italia o Alemania.
Este descontento ha sido aprovechado por los ultranacionalistas
del Partido de la Gran Rumania (PRM), liderado por Corneliu Vadim
Tudor, para incrementar su influencia. Esta fuerza política
consiguió el 21% de los votos en las elecciones generales
de 2000 y ha estado subiendo desde entonces en las encuestas. El
PRM realizó el pasado año una activa campaña
en contra de la reforma constitucional, en especial porque ésta
concedía a las minorías el derecho a utilizar su idioma
en los tribunales y las instituciones públicas -medida ésta
que beneficia, sobre todo, a la minoría húngara- y
a los extranjeros el derecho a adquirir tierras en el país.
Pese a todo, la UE continúa demandando más reformas
al gobierno rumano. Un reciente informe de la Comisión Europea
señala que Rumania es el único país de los
siete mencionados que todavía no ha logrado superar el test
de "una economía de mercado que funcione", aunque
reconoce que el gobierno rumano ha realizado grandes esfuerzos en
el terreno de la privatización de empresas y otras reformas
de mercado. Entre los aspectos positivos, el informe señala
también que Rumania alcanzó un crecimiento del 4,8%
en 2003, y que el gobierno planea situar la tasa de inflación
por debajo del 10% a finales del año actual.
Bruselas ha estado presionando también a Bucarest para que
apruebe una política presupuestaria más rígida,
recorte aún más los subsidios a las empresas estatales
deficitarias y privatice más industrias. Asimismo la UE quiere
que el gobierno rumano adopte una postura de mayor firmeza ante
la corrupción, que dificulta las operaciones de los inversores
extranjeros que trabajan en el país balcánico. La
ONG Transparency International ha señalado, por su parte,
que Rumania es el tercer país más corrupto de Europa,
y que este problema ha empeorado en los pasados seis años.
En este mismo sentido, un informe del Parlamento Europeo, presentado
el pasado mes de febrero, señalaba que Rumania había
hecho pocos progresos en la lucha contra la corrupción y
llamaba a suspender las negociaciones entre dicho país y
la UE. "La UE debería suspender sus negociaciones de
adhesión con Rumania, a menos que este país ponga
en marcha un programa creíble de reformas", indicaba
el informe. Por su parte, la eurodiputada Emma Nicholson declaró
recientemente a la publicación EU Business, que "Rumania
debe poner en práctica las reformas ya aprobadas y, en particular,
reforzar el Estado de Derecho... Asimismo, debe establecer un sistema
judicial verdaderamente independiente e imparcial". Nicholson
exigió además al gobierno rumano que "salvaguarde
los derechos de los niños". Algunos países comunitarios
han señalado, a este respecto, que Bucarest ha violado repetidamente
la normativa internacional en materia de adopciones, como demuestra
un reciente escándalo sobre la adopción de 105 niños
rumanos por parejas italianas.
Otra diferencia entre la UE y Rumania se refiere a la legislación
medioambiental. Rumania considera que necesita 30.000 millones de
euros para modernizar su infraestructura e industrias con el fin
de situarlas en un nivel comparable al de los países de la
Unión, en lo que se refiere a la contaminación del
medio ambiente. La UE ha anunciado ya que podría destinar
hasta 9.000 millones de euros a dicha modernización. Otros
10.500 millones serían suministrados por empresas privadas
y 5.500 millones más provendrían del propio gobierno
rumano, que sería también el encargado de buscar la
cantidad que faltara hasta alcanzar los 30.000 millones.
Al final, y dada la existencia de todos estos obstáculos,
la posibilidad de que Rumania se adhiera a la UE en 2007 parece
bastante lejana. Pese al reciente mejoramiento de la economía,
el país no cumple 10 de los 30 criterios formales que son
necesarios para la adhesión. En contraste, la vecina Bulgaria
cumple 26 de estos criterios y la propia UE ha alabado a este último
país señalando que cuenta con "una economía
de mercado que funciona". Los responsables europeos ven ahora
con preocupación como Rumania está en vías
de convertirse en un estado ligeramente autoritario, con una economía
de mercado embrionaria, que está todavía dominada
por individuos que mantienen importantes conexiones con el partido
gobernante.
|