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Los siglos oscuros de la
Historia de Oriente (I)

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RODRIGO MARTÍN GALÁN

D urante el I milenio a.C. el centro de gravedad político y cultural de Oriente se desplaza de Mesopotamia a Irán. Los medos y los persas además inaguran la era de los grandes imperios como nueva realidad política en la que se mezcla un vasto conglomerado de culturas, concepciones de la sociedad y de la política, así como una gran diversidad de relaciones económico-políticas entre las diversas entidades que forman estos imperios y el poder central. Antes de analizar este periodo histórico hay varios conceptos que debemos aclarar, estos son los de Irán (o Eirán), Aneirán y Persia. Iranios son todos los pueblos que hablan un dialecto iranio: medos, persas, partos, algunos pueblos escitas... Mientras que los persas son los originarios de la región de Persis, (al SO del Irán actual, al SE del Elam), que hablan persa, uno de los dialectos iranios, región que, por ser la tierra de origen de la dinastía Aqueménida, dio nombre al imperio que se llamó Imperio Persa.
Irán o Eirán fue el nombre que las dinastías iranias, persas y no persas, dieron al territorio habitado por los arios, de ahí "Eirán" o "Airán" por oposición a Aneirán, lo no Irán, es decir, el resto del mundo. (El rey sasánida llevaba el título de Rey de Irán y Aneirán.)

Un estudio difícil.

Del mundo aqueménida (h. 700-331 a.C.) sabemos más bien poco, y de los imperios Seleúcida (312-64 a.C.), Parto (h.247 a.C.-224 d.C.) y Sasánida (224-651 d.C.), nuestros conocimientos son mínimos.Si bien el mundo aqueménida ha sido tratado más benévolamente, los mundos seleúcida, parto y sasánida han sido despreciados a lo largo de los años por "arqueólogos" que buscaban los niveles más antiguos considerados como más prestigiosos y destruían sin ninguna consideración los niveles más tardíos, sin ninguna labor científica ni adecuada ni inadecuada, destruyendo así páginas del libro de la Historia precisamente en uno de los capítulos menos conocidos. Y aún hoy día, afinales del siglo XX, sigue habiendo excavadores sin escrúpulos que levantan sin miramientos los niveles más tardíos.
La investigación empieza ya en el siglo XVIII con visitas a yacimientos arqueológicos y obras históricas acompañadas de disquisiciones artísticas. En el siglo XIX comienza el desprecio por la época parto-sasánida, considerando muchos eruditos a estos pueblos, cuya cultura material chocaba con el gusto estético occidental de la época, como los protagonistas de un período de decadencia. Lugares que luego serían claves para la comprensión de esta parte de la Historia de Oriente no estaban todavía descubiertos, como Dura-Europos, que se descubre en los años 20 del siglo XX; Palmira, (para la cual la peligrosidad de las rutas del desierto, controladas por las tribus beduinas, hacía toda una aventura el intentar llegar a ella), aún no estaba explorada.
A éstas circunstancias se une el hecho de que, al encontrarnos ante imperios enormes, supranacionales, el vasto territorio a explorar hace muy difícil que podamos llegar a tener una visión de conjunto sobre el funcionamiento de estos estados y las partes que los integran. Estamos hablando de imperios que en algunos casos ocupan desde el Egeo hasta la India.
Existe además el problema de la falta de fuentes. Y en la mayoría de los casos las que tenemos son griegas o latinas, es decir escritas por los enemigos, y suelen limitarse a acontecimientos de tipo militar o eventos políticos importantes para Occidente.Para el estudio del período Aqueménida Herodoto es un tesoro de gran valor por la información que nos proporciona. (Siempre que sus datos sean sometidos a una seria crítica, por supuesto.) En cuanto al reino Seleúcida, estamos relativamente mejor informados sobre la parte occidental del imperio. Y respecto a las épocas parta y sasánida hay periodos de tiempo sobre los que no sabemos prácticamente nada.Otro problema añadido es la propia amplitud de estos imperios, lo cual hace que nuestro conocimiento sea desigual e irregular según las zonas geográficas.Estamos por ejemplo muy bien informados sobre la revuelta judía de los Macabeos, en el siglo II a.C., debido a las fuentes de que disponemos, como el Antiguo Testamento o la obra de Flavio Josefo, y sin embargo, estos acontecimientos no dejan de ser un episodio anecdótico dentro de la historia del reino Seleúcida. Por otra parte, de toda la evolución y las características del reino griego de Bactriana, con toda la importancia que tuvo como centro de irradiación de Helenismo en el Asia Central, sabemos poco más que los nombres de sus reyes.

El origen de los grandes imperios.

A pesar de que las obras de história general suelen focalizarse más en Mesopotamia para los períodos anteriores al I milenio a.C. en Irán había existido una civilización urbana desde la noche de los tiempos. Susa, la capital del Elam es contemporanea de los grandes centros de Mesopotamia y su desarrollo, con un idioma propio que se escribía también utilizando caracteres cuneiformes -el proto-elamita-, no tiene nada que envidiar altuvieron aquellos. Susa había creado toda una red de relaciones comerciales a lo largo de lo que fue la ruta del lapislázuli, antecesora de la posterior ruta de la seda y que llegaba hasta Afganistán. A lo largo de esta ruta, se han encontrado en los yacimientos arqueológicos restos de la actividad comercial de la ciudad de Susa, con tablillas escritas en proto-elamita.El Elam fue un centro de gran actividad económica, política y cultural ya desde el IV milenio a.C., hasta la época que nos ocupa.Dentro de la ola en la que llegaros pueblos indoeuropeos a estas tierras orientales había dos grandes grupos, uno de ellos lo constituía la rama que continuó hasta la India dando lugar durante el primer milenio a.C. a la cultura del valle del Ganges. Y la otra gran rama fue la de los pueblos iranios. Ambas están emparentadas, de ahí el desarrollo de los estudios de etnología comparada entre las dos, y sobre todo desde los puntos de vista lingüístico, mitológico, y social.
Respecto a la rama que aquí nos interesa, la de los iranios, tiene a su vez dos subgrupos, uno compuesto por los medos y los persas, que desarrollaron sus estructuras políticas sucesivamente durante el primer milenio a.C. ; y otro, el de los pueblos nómadas que se quedaron en las estepas del N y del NE. Estos últimos tendrían con el tiempo una gran importancia en la historia de los pueblos iranios sedentarios, pues fueron fuente constante de preocupación para los sucesivos gobiernos debido a sus continuas incursiones y razzias. Los mismos partos, eran uno de esos pueblos nómadas que en el siglo III a.C. se sedentarizaron en irán quitándoles terreno poco a poco a los Seléucidas hasta formar un gran imperio que acabaría poniendo límite en su día a la expansión romana por Oriente.
El primero de los estados propiamente iranios y sedentarios, que desarrolló una política imperialista fue el de los medos, que tras dar el golpe de gracia al Imperio Asirio, con la toma de Nínive en el 612 a.C. creó otro imperio asiático cuyos límites no conocemos bien y cuya capital era Ecbatana de Media. Este imperio duraría hasta mediados del siglo VI a.C. cuando Ciro depuso a Astiages, el último rey medo.Ciro (559-529 a.C.) estableció al frente del imperio la dinastía persa de los Aqueménidas originaria de la región de Parsuash, conocida por los griegos como Persis, el actual Fars, al SO del Irán (al SE del Elam). Esta dinastía recibe el nombre de Aqueménida debido a su fundador epónimo, Aquemenes, personaje semilegendario que debió de vivir en torno a los siglos VIII y VII a.C.
Así pues, el imperio y a partir de entonces todo el Irán sería conocido para muchos extranjeros como "Persia", debido a la hegemonía de la región de Parsuash o Persis de donde viene el nuevo grupo dominante, grupo que iba a desarrollar una profunda colaboración con los medos y por tanto en la administración del imperio vamos a encontrarnos tanto con medos como con persas, pueblos ambos iranios con un parentesco muy cercano.
Pero a partir de ahora a la hora de analizar las estructuras económicas, sociales y políticas tanto del Imperio Aqueménida, como de los que vendrán después, no debemos olvidar que aunque los que dominan sean primero persas Aqueménidas, luego griegos Seléucidas, más tarde iranios partos, para acabar con los persas Sasánidas, estos grupos étnicos no son sino los que detentan el poder. Y en los vastos territorios que controlan hay complejísimas estructuras socio-políticas que engloban a una gran cantidad de pueblos (pues en el imperio hay países en los que desde tiempo inmemorial se asentaban antiquísimas culturas). Así pues las lenguas habladas, las religiones y las culturas serán de lo más variopinto; igual que complejas son también las relaciones de dependencia políticas y económicas de cada uno de estos pueblos con el poder central que van desde la sumisión total hasta un vasallaje puramente nominal, desde fuertes cargas impositivas, como en el caso de Egipto o Babilonia, hasta una exención total de contribuciones como es el caso de Persis en la época Aqueménida. Por todo esto, la característica principal de estos imperios es la diversidad de situaciones en cuanto a la naturaleza de las relaciones entre cada uno de los pueblos sometidos o semisometidos y el poder central. Pero sin embargo, hay también elementos que son específicos de cada uno de los períodos que nos ayudarán a definirlos y a entenderlos.
En cuanto al Imperio Persa Aqueménida, que dura desde mediados del siglo VI a.C. hasta la conquista de los macedonios en la segunda mitad del siglo IV a.C., diremos que el hecho puramente persa se manifiesta en uno de los principales vestigios arqueológicos: las inscripciones oficiales, redactadas en persa antiguo utilizando la escritura cuneiforme. Pero es importante tener en cuenta que esto se ha constatado solamente en dichas inscripciones oficiales. Desde hacía mucho tiempo la lengua franca en Oriente era el arameo y así pues en un imperio tan multiétnico y multilingüístico como es el Aqueménida, este idioma sigue siendo el vehículo más importante de comunicación y tanto la correspondencia privada como la de la cancillería imperial se hará en arameo. Esto a su vez no es óbice para que cada región en la que haya un sistema de escritura antiguo y consolidado lo siga utilizando; en Babilonia se sigue escribiendo en acadio y en Egipto se continúan usando las antiguas escrituras milenarias.
El Imperio Aqueménida se organiza como un estado "feudal" (hagamos hincapié en las comillas) con diversos grados de dependencia de sus partes respecto al poder central. Las unidades político-administrativas reciben el nombre de satrapías, situadas bajo el mando de un sátrapa. Es la satrapía en su conjunto la que tiene obligación de prestar sus contribuciones fiscales. Las que más aportan a las arcas del Gran Rey son las más ricas y con una administración desarrollada desde antiguo: Egipto y Babilonia. La Satrapía de Parsuash o Persis está exenta de impuestos.
La capital del imperio es itinerante, la más antigua sin embargo, recubierta de un halo de sacralidad dinástica seguirá siempre siendo Pasagarda, pero además también funcionan como capitales Susa, Persépolis y Ecbatana.
Sin embargo, debido a las dificultades de las que ya hemos hablado, existen grandes lagunas en nuestro conocimiento sobre el funcionamiento administrativo y económico del imperio.
La zona oriental, y la gran región nororiental –muy importante desde el punto de vista político y cultural pues hay teorías que apuntan hacia ella como posible cuna del Avesta (conjunto de textos sagrados de la religión mazdeísta)-, nos son muy desconocidas. En cambio, la llamada Ruta Real de los Persas, que iba desde Sardes en Anatolia, hasta Susa en el Elam, nos es relativamente bien conocida, siendo una de nuestras principales fuentes sobre ésta, la información que nos da Herodoto.
La diversidad de situaciones se da en todos los ámbitos de la vida. En cuanto a la economía monetaria, el dárico, acuñación en oro oficial del Imperio, circula mucho más en las provincias occidentales, más en contacto con la economía monetarizada del Mediterráneo, que en las orientales. Durante el siglo V, la dracma ateniense, moneda más fuerte de la época, penetra con facilidad en el imperio persa; se han encontrado dracmas áticas incluso en excavaciones de la India y de Afganistán.
Cada satrapía tenía que satisfacer un tributo fijado de antemano, ya fuese en moneda o en especie, éste recibía el nombre de foros y se mantendría en la época Seléucida. El poder central hacía saber al Sátrapa el montante de el foros que de el requería, y éste se encargaba de su recaudación. Todo lo que recolectase además de lo exigido pasaba a engrosar su fortuna personal, lo cual a la larga acabó ahogando a las provincias a causa de la presión fiscal, muchas de ellas acabaron exhaustas con sus habitantes sumidos en la miseria.
Sin embargo, también podía darse el caso de unidades fiscales dentro de las satrapías que tuviesen un estatus especial y realizasen su contribución directamente al poder central sin pasar por la mediación del sátrapa. Estas podían ser ciudades con un alto grado de independencia, templos con privilegios especiales, o principados cuyos monarcas tuviesen algún pacto especial con el poder central (pues en el seno del imperio numerosos eran los príncipes y monarcas vasallos del Rey de Reyes que siguieron al frente de sus dominios unidos a él por vínculos de dependencia.)
Pero sobre todos estos aspectos que acabamos de tratar estamos, como para todo, mucho mejor informados respecto a la parte occidental que la parte oriental del Imperio, pudiendo poner muchos más ejemplos de lo que hemos venido tratando aquí que allí. Por eso, tal vez en oriente se dieran otras situaciones de todo tipo que no conocemos. Y una de las causas de nuestro mejor conocimiento del occidente que del oriente es la naturaleza de nuestras fuentes. No hay que olvidar que los persas al conquistar el Asia Menor pasan a tener bajo su control numerosas ciudades griegas (Herodoto era originario de Halicarnaso), así como pueblos que desde antiguo habían tenido relaciones con los griegos. Las relaciones de los griegos con Egipto datan de mucho tiempo atrás, en la costa Siro-palestina conocemos una factoría griega en Al-Mina. El poderoso reino de Lidia, con su famosa capital, Sardes, era vecino de las ciudades griegas de Asia. Así pues, los eventos del occidente del Imperio no pasan desapercibidos a los historiadores helenos. -¡Qué lastima que las obras geográficas fenicias y cartaginesas, guardadas por estos pueblos como guías de marinos bajo un altísimo secreto para evitar la competencia, no nos hayan llegado!
La Meseta Anatólica se nos presenta como un interesante laboratorio de experimentación en el que se mezclan íntimamente las culturas oriental y occidental. Se ha llegado a hablar de los "magos helenizados". (Los magos son los sacerdotes de Aura-Mazda, dios supremo del panteón persa.). Y este mestizaje cultural tendrá importantes consecuencias más tarde, como el reino de Comagene, en la ribera del Éufrates en el siglo I a.C., ejemplo máximo de cultura híbrida persa-helenística. O el hecho de que el primer lugar donde se represente con forma humana la imagen de la diosa persa Anahita, al modo griego, sea precisamente en el Asia Menor.
En el aspecto de la sucesión de eventos políticos conocemos también mucho mejor la parte occidental. En Herodoto, si bien su obra nos es útil en sobremanera, cuanto más se alejan sus relatos del mediterráneo más fantasiosos se vuelven, con historias como la de la mesa del sol en Etiopía, o la del país de los hiperbóreos donde reina la justicia por siempre, o la de las hormigas gigantes buscadoras de oro de la India.
Conocemos bastante bien el desarrollo de las guerras médicas en las que los persas intentaron conquistar Grecia, pero la unión insólita de todas las ciudades que por primera vez hacen causa común olvidando sus interminables disputas logró impedirlo. Sin embargo los persas, como también sabemos, iban a seguir interfiriendo en los asuntos internos de los griegos.
Sobre las relaciones de los persas con los pueblos de Oriente algún testimonio que otro tenemos, pero aislados y puntuales, como la muerte de Ciro luchando contra los escitas.
La Arqueología es nuestra mayor esperanza para llenar tantas lagunas en nuestros conocimientos. Algunos datos conseguidos a través de ésta, como la aparición de algunas sedes de comerciantes griegos en la costa noroccidental de la India, nos ayudan a ver el flujo de comercio en el interior del Imperio. Esperemos que futuras excavaciones metodológicamente bien hechas en que estos niveles no vuelvan a ser despreciados, puedan arrojar más luz sobre este período.
El agotamiento de las satrapías, que se exprimen de un modo tal que Alejandro y los macedonios se quedan sorprendidos con las toneladas de metales preciosos que encuentran en los palacios reales, va a ayudar en sobremanera a que cuando éstos penetran en territorio persa en el 2° cuarto del siglo III a.C., su marcha sea un paseo triunfal.