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El gobierno de Lula trata de preservar la integridad de la selva amazónica

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REDACCIÓN

L a selva del Amazonas, en Brasil, ha sido considerada históricamente como el pulmón del mundo. Su extensión, de 5 millones de kilómetros cuadrados, equivale a unas diez veces el tamaño de España y supone también un tercio de las selvas del planeta. Dentro de la selva se encuentran unas 90.000 especies, de las cuales unas 10.000 habitan exclusivamente en su interior.
Este espacio vital para la vida del hombre se halla, sin embargo, en peligro. Desde agosto de 2002 hasta agosto de 2003 fueron destruidos, según datos del propio gobierno brasileño, casi 24.000 kilómetros cuadrados de selva, el segundo peor record anual en la historia del Amazonas. Algunos, como el profesor James Alcock, de la Universidad del Estado de Pennsylvania, han manifestado ya que el ritmo de destrucción del Amazonas podría llevar a ser irreversible dentro de una década. "Si se mantiene el actual ritmo de deforestación", declaró Alcock a la emisora BBC, "la selva podría desaparecer virtualmente a mediados del siglo XXI, lo cual sería un desastre de incalculables consecuencias para la raza humana". Algunos observadores afirman que un 25% de la selva de la cuenca del Amazonas podría haber desaparecido ya, pero otros rebajan esta cifra hasta el 13%.
Un factor importante que daña la selva reside en los altos niveles de dióxido de carbono que se hallan presentes en la atmósfera. El incremento de un 30% en estos niveles en los últimos 200 años ha comenzado a provocar diversos efectos en la selva amazónica. Según Alexandro Oliveira, de la Universidad de Sao Paulo, la mayoría de las especies de árboles de rápido crecimiento están ganando terreno a expensas de los de crecimiento lento. Ésta es también la opinión de Jeffrey Chambers, de la Universidad de California, que señala que el abundante nivel de dióxido de carbono en la atmósfera ha llevado a una expansión del proceso de fotosíntesis y ha favorecido el desarrollo de las especies de árboles gigantes. Dichas especies acaparan la mayor parte del agua y de los nutrientes del suelo.Árboles gigantes en la selva amazónica.
La necesidad de conservar la selva amazónica resulta clara si atendemos precisamente a este tema del dióxido de carbono. Los árboles del Amazonas absorben gran parte del dióxido de carbono de la atmósfera, que en otro caso serviría para agravar aún más el problema del efecto invernadero y el calentamiento global del planeta. En este sentido, la conservación de la selva resulta tan importante como la reducción de los niveles de dióxido de carbono a través de la disminución de las emisiones contaminantes provocadas por la combustión de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón.
La selva no se halla amenaza únicamente por la contaminación sino también por factores económicos, como la actividad de constructores, empresas mineras, agricultores, ganaderos u otros sectores interesados en explotar su espacio o recursos. Durante los años setenta y ochenta, el gobierno brasileño inició una colonización del interior vacío del país y esto determinó que fueran concedidos subsidios a los colonos que se instalaban en zonas limítrofes con la selva del Amazonas. Esto condujo a una destrucción indiscriminada de los espacios selváticos, donde aparecieron nuevas localidades y carreteras. Hoy en día, el gobierno brasileño no está ya alentando esta colonización, pero la selva amazónica continúa en peligro debido al hecho de que muchas empresas e individuos sin escrúpulos intentan continuar aprovechando estos espacios con ánimo de lucro.
El peor enemigo de la selva es, en la actualidad, el sector del ganado bovino brasileño, que tiene ambiciosos planes dirigidos a incrementar de la exportación de carne a los mercados internacionales, en especial tras la crisis de las vacas locas en Europa y EEUU y la devaluación del real brasileño, que ha hecho que tales exportaciones sean hoy mucho más competitivas que hace unos años, como demuestra el que se hayan multiplicado por cinco desde el año 1997 hasta la actualidad. Brasil ha logrado también introducir su carne en mercados que hasta muy recientemente estaban cerrados para este tipo de exportaciones brasileñas, como son los de Rusia y Oriente Medio.
Todo esto explica que la cantidad de cabezas de ganado situadas en las regiones amazónicas llegue hoy a los 57 millones, cifra ésta que supone más del doble de cabezas de las que había en 1990. La necesidad de nuevos pastos para criar este ganado se ha satisfecho, en general, a costa de la selva amazónica. Muchos ganaderos ocupan simplemente terrenos de titularidad pública, sin tratar siquiera de adquirirlos, hecho éste que dificulta la existencia de un control estatal efectivo. En estas áreas selváticas ha comenzado también a cultivarse soja con este mismo propósito de exportación. A todo ello hay que añadir que la exportación de estos productos requiere, a su vez, la construcción de carreteras y otras infraestructuras, lo cual contribuye aún más al deterioro medioambiental en estas regiones.

El plan contra la deforestación

El gobierno de Lula parece consciente de los peligros que entraña la actual situación. El Ministerio de Medio Ambiente afirma que es posible lograr un equilibrio entre la necesidad de impulsar las exportaciones agrícolas y ganaderas y la de conservar la selva amazónica. El gobierno ha aprobado un plan de acción que ha sido recibido con optimismo por diversas organizaciones ecologistas a nivel internacional, por cuanto que contempla medidas importantes, como la creación de la figura del delito de deforestación de las tierras públicas y el impulso a la cooperación entre los distintos ministerios con el fin de crear controles efectivos que impidan la destrucción de los espacios amazónicos. Así por ejemplo, el Ministerio de Trabajo ha tomado la decisión de enviar inspectores a las áreas selváticas porque un estudio ha demostrado que gran parte de los trabajos de deforestación que tienen lugar allí son realizados por mano de obra forzada. También se han tomado medidas para clarificar el tema de los títulos legales de la tierra. La idea principal del plan es, en suma, la de establecer un claro límite fronterizo entre las tierras agrícolas y las selváticas.
Las medidas del actual gobierno brasileño han recibido, entre otros, el elogio del portavoz de Greenpeace a cargo de la campaña de defensa de la selva brasileña, Nilo D´Avila. Éste considera importante la decisión del ejecutivo de abrir 26 nuevas comisarías de policía en las regiones donde la deforestación ha alcanzado niveles más preocupantes.Una nutria gigante del Amazonas. La selva amazónica contiene muchos miles de especies autóctonas
Otras organizaciones ecologistas, como Amigos de la Tierra de Brasil, consideran, por su parte, que el gobierno ha de poner el énfasis en los incentivos económicos. Estas organizaciones consideran que el gobierno brasileño debería potenciar actividades rentables como el turismo ecológico o profesiones relacionadas con el medio forestal, con el fin de hacer que la selva amazónica se convierta en una fuente de ingresos para los habitantes de las zonas limítrofes con la selva y conseguir así que éstos tengan un interés personal directo en su preservación.
Los expertos brasileños señalan también que Europa puede hacer mucho para proteger el Amazonas, en especial mediante la exigencia de que los productos que se comercialicen en los mercados europeos lleven una garantía expresa de que no han sido cultivados o criados en los espacios selváticos.