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El cultivo de droga se extiende en Afganistán

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REDACCIÓN

E l pasado 6 de abril el presidente afgano, Hamid Karzai, llamó al pueblo de Afganistán a "emprender un yihad (esfuerzo) en contra del cultivo de drogas. "Las drogas amenazan la base de nuestra vida y nuestros principios. Debemos librar a este país de la adormidera", manifestó Karzai. El presidente afgano pidió también a sus ciudadanos que lucharan contra los cultivos de droga con "la misma pasión y entrega" con que combatieron en contra de la presencia de las tropas soviéticas en el país en los años ochenta. Este llamamiento ha servido para poner de relieve a nivel internacional la importancia que ha adquirido el problema del cultivo de drogas en Afganistán.
En los años noventa, Afganistán se convirtió en el mayor productor mundial de adormidera, la planta que se utiliza para fabricar opio, heroína y morfina. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización de las Drogas (PNUFID), la prohibición establecida por el régimen talibán en 2000 sobre el cultivo de la adormidera redujo drásticamente producción de la misma. La producción de esta planta fue en 2001de sólo 185 toneladas, y de ellas sólo 35 en el territorio bajo el control de los talibanes, una cifra impresionantemente baja si se tiene en cuenta que en 1999 la producción había alcanzado las 4.600 toneladas.
Esta tendencia se invirtió tras la invasión norteamericana a finales de 2001 y el cultivo de la adormidera volvió a expandirse. El gobierno de Karzai decretó en enero de 2002 una nueva prohibición pero, debido sobre todo a la falta de control real que dicho gobierno ejerce sobre el país, dicha prohibición tuvo pocos efectos. Otro de los factores que determinó el fracaso de esta política residió en la falta de alicientes que el gobierno ofrecía a los campesinos para dejar de cultivar la planta, ya que su oferta de pagar 1.250 dólares a los campesinos por cada hectárea donde se erradicara el cultivo de adormidera quedaba muy por debajo de los 8.500 a 28.000 dólares que aquellos podían obtener por este cultivo. La disputa entre el gobierno y los campesinos en este tema produjo incluso algunos choques armados como los ocurridos en abril de 2002 en la provincia de Helmand, que dejaron un balance de ocho campesinos muertos y otros 35 más heridos. Un campo cultivado con plantas de adormidera en Afganistán
En la actualidad, la PNUFID estima que unas 80.000 hectáreas en Afganistán son dedicadas al cultivo de la adormidera, lo que supone una superficie ocho veces y media mayor que la que existía en 2001. El cultivo se ha extendido hasta estar presente en 28 provincias, en contraste con las 18 de 1999. Los expertos de la PNUFID estiman que este año la cosecha podría alcanzar un nuevo record, lo cual significará un aumento en la cantidad de heroína que será refinada y exportada a los mercados occidentales. Los actuales planes del gobierno afgano tienen como objetivo la erradicación de un 25% de los cultivos, pero incluso en el improbable caso de que esto se lograra, Afganistán continuaría siendo aún el líder mundial en la producción de adormidera.
Se calcula que los campesinos y traficantes afganos obtendrán este año unas ganancias de 2.300 millones de dólares por el cultivo de la adormidera, suma ésta que equivale a la mitad del PIB de Afganistán. Mientras que el ingreso per cápita anual de un afgano medio el pasado año fue de unos 184 dólares, el de la población vinculada a la producción o tráfico de la droga fue de 594, una suma más de tres veces mayor. Todos estos datos vienen a poner de relieve las dificultades que existen a la hora de poner fin al cultivo de la adormidera en el país.
Otro problema es el de la implicación de varios señores de la guerra y gobernadores provinciales -que controlan gran parte de las provincias y ciudades de Afganistán- en el narcotráfico. El régimen de Karzai, que basa su poder en el apoyo de los países occidentales, en primer lugar de EEUU, controla sólo la capital, Kabul, y no tiene la capacidad suficiente para imponerse a las guerrillas que luchan contra la presencia norteamericana y mucho menos para acabar con el extendido cultivo de la adormidera o el poder del narcotráfico. La ONU ha denunciado que gran parte de las compensaciones ofrecidas a los campesinos para que abandonen el cultivo de la adormidera han acabado en los bolsillos de estos señores de la guerra y gobernadores.
Las redes del narcotráfico se extienden ahora más allá de Afganistán hasta el Asia Central, donde el tráfico de la droga procedente de Afganistán se ha convertido en una fuente de lucro para funcionarios corruptos y para los miles de personas implicadas en las mafias del narcotráfico. Desde Asia Central, la droga afgana llega a los mercados europeos y el estadounidense.
Por su parte, los campesinos afganos no parecen dispuestos a abandonar el lucrativo cultivo de la adormidera si no es a cambio de una ayuda económica suficiente y cultivos alternativos igualmente rentables, ya que los productos tradicionales no les dan para vivir. De hecho, el cultivo de la adormidera ha sido la única fuente de ingresos que permitió sobrevivir a centenares de miles de campesinos durante los turbulentos años de la pasada década y la actual, que fueron testigos del ascenso y desaparición de regímenes como el prosoviético de Nayibullah, el de los muyahidin, el de los talibanes y el actual de Hamid Karzai.
A esto hay que añadir que las características de la adormidera permiten obtener varias cosechas al año, lo cual permite aumentar los ingresos de estos campesinos. En contraste, el principal producto que se baraja para sustituir a los cultivos de adormidera, el azafrán, tarda dos años en crecer, hecho éste que lo convierte en un cultivo mucho menos rentable. Otro cultivo tradicional, el trigo, genera también ingresos mucho menores. De hecho, desde la caída del régimen talibán, a finales de 2001, la producción de este último producto ha caído en un 10%. En realidad, el número de productos disponibles para los campesinos afganos es bastante limitado debido a la falta de agua. Las redes y canales de irrigación resultaron destruidos en su mayor parte durante las sucesivas guerras habidas en Afganistán desde 1979 y la sequía de los últimos años ha hecho empeorar aún más este problema.El presidente afgano, Hamid Karzai
El gobierno británico, por su parte, ha anunciado que concederá ayuda técnica y financiera a algunas provincias productoras de droga del sur de Afganistán con el fin de promover un desarrollo económico alternativo, y ha criticado recientemente a EEUU por su falta de interés hacia este tipo de proyectos. El tema del cultivo de la adormidera fue uno de los asuntos que dominaron la conferencia sobre la reconstrucción de Afganistán, convocada en Berlín a principios del pasado mes de abril. En dicha conferencia varios donantes internacionales se comprometieron a suministrar una ayuda de 4.500 millones de dólares, que estará destinada a financiar la reconstrucción de Afganistán.
De momento, las tropas norteamericanas presentes en el país han comenzado a ser instruidas en operaciones de destrucción de los cultivos de adormidera y los laboratorios de fabricación de heroína para el caso de que los encuentren, pero esta estrategia no ha sido muy efectiva hasta ahora, en parte porque EEUU teme que los agricultores, en especial los de la etnia pashtun, comiencen a apoyar a la guerrilla talibán si ven sus fuentes de ingresos amenazadas.
Algunos expertos señalan que el gobierno y la comunidad internacional no deben imponer una erradicación forzosa del cultivo de la adormidera en las zonas de producción, sino poner en marcha un programa amplio de desarrollo alternativo integrado tanto en dichas zonas como en el resto del país. Este programa debería de ser aplicado de forma progresiva y cuando se den las condiciones políticas apropiadas. Sin una paz duradera y un desarrollo político y económico estable será imposible terminar con la economía de la droga que existe en la actualidad en el país y detener el flujo de esta última hacia los países desarrollados.