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El Congreso Nacional Africano consolida su poder en Sudáfrica

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REDACCIÓN

E l pasado 14 de abril, los electores sudafricanos eligieron un nuevo Parlamento nacional y nueve gobiernos provinciales en Sudáfrica, siendo éstas las terceras elecciones legislativas celebradas en el país tras el fin del régimen del apartheid en 1994. Nadie dudaba que el Congreso Nacional Africano (ACN) -el partido que llevó el peso principal de la lucha contra el apartheid y que ha sido tradicionalmente el representante de la mayoría negra- se alzaría de nuevo con la victoria, tal y como ha venido sucediendo en todos los anteriores comicios. Esto quedó confirmado tras el recuento, que mostró que el ACN había obtenido un 70% de los votos y el control de ocho de las nueve provincias. El líder del ACN, Thabo Mbeki, uno de los líderes históricos de la lucha contra el apartheid, junto al mítico líder Nelson Mandela, se ha asegurado así un segundo y último mandato como presidente. Mbeki nació en 1942 en el seno de una familia comunista y se convirtió posteriormente en uno de los principales dirigentes del ACN. Aunque no tiene el carisma de Mandela, Mbeki ha demostrado ser un líder hábil que se ha ganado la confianza de la población.
El segundo puesto fue para la Alianza Democrática (DA), que consiguió un 12% de los votos, dos puntos más en comparación con el 10% de las anteriores elecciones. Este partido, liderado por Tony Leon, ha recibido el grueso de los votos de la minoría blanca. Aunque satisfecho por su crecimiento electoral, Leon ha advertido que el indiscutido dominio de la política sudafricana por parte del ANC podría llevar al país a convertirse en un régimen de partido único. Leon recordó que, al lograr una mayoría de dos tercios en el Parlamento, el ANC puede ahora cambiar la Constitución cuando lo desee, posibilidad ésta, sin embargo, que ha sido rechazada por Mbeki.El presidente de Sudáfrica y líder del Congreso Nacional Africano, Thabo Mbeki
Leon parece haber comprendido que sin un apoyo de la mayoría negra a su partido, éste no tendrá ninguna oportunidad de convertirse en una alternativa creíble al ACN. Es por esto que durante la campaña el DA organizó numerosos mítines en las ciudades de los suburbios, habitadas por personas de raza negra. Allí, Leon prometió que crearía un millón de puestos de trabajo con el fin de hacer frente a la alta tasa de paro. También afirmó que combatiría con firmeza el crimen -Sudáfrica es uno de los países con un mayor nivel de inseguridad del mundo- mediante el despliegue de unos 150.000 policías en las calles de todas las ciudades del país. No obstante, el propio Leon reconoce que es todavía demasiado pronto para pensar en que pueda haber una desviación del voto negro desde el ANC a otros partidos.
El Nuevo Partido Nacional (NNP), heredero del Partido Nacional, la fuerza política dominante en la época del apartheid, cosechó un desastre al conseguir únicamente un 1,7% de los votos, frente al 7% de las elecciones de 1999. Pese a todo, su líder, Marthinus van Schalkwyk, dejó claro que no pensaba dimitir: "Nos gustaría haber obtenido mejores resultados, pero continuamos absolutamente comprometidos con nuestro mensaje y nuestro enfoque político", indicó. La influencia del NNP ha quedado reducida en la práctica a la provincia del Cabo Occidental, donde el propio Van Schalkwyk ha ocupado el puesto de primer ministro en los últimos años gracias a un acuerdo político con el ANC, que el NNP justificó apelando a la necesidad de consolidar la estabilidad del país. Este partido, que había representado tradicionalmente al voto de los afrikaner (los descendientes de los colonos holandeses), ha perdido apoyos dentro de esta comunidad, que se han ido al DA y a los Demócratas Independientes (2% de votos en las últimas elecciones), liderados por una parlamentaria, Patricia de Lille, que se ha ganado una notable reputación por su firme lucha contra la corrupción. De Lille achacó la derrota del NNP a la alianza de este partido con el ANC en la provincia del Cabo Occidental.
La única provincia que ha quedado fuera del control del ANC es la de KwaZulu-Natal, feudo del Partido de la Libertad Inkatha, representante de la etnia zulú, que consiguió un 7% de los votos a nivel nacional en los recientes comicios. En dicha provincia, el ANC obtuvo el 46% de los votos, seguido de Inkhata con el 38%. La DA, por su parte, consiguió el 11% de los sufragios, por lo que una posible alianza entre estos dos últimos partidos podría arrebatar al ANC el control del gobierno provincial.
La principal característica de estas elecciones fue que discurrieron en un ambiente de tranquilidad y normalidad, en contraste con las primeras elecciones de 1994, que dejaron un saldo de 20.000 muertos en diversos choques protagonizados entre seguidores del ANC y de Inkhata. La segura victoria del ACN restó interés a la campaña electoral, que fue calificada en general por los medios de "aburrida".
Cabría preguntarse acerca de las causas por las que el ACN continúa siendo tan popular. No cabe duda de que una parte de esta popularidad deriva de la gratitud de la mayoría de la población por el papel fundamental que el ANC jugó durante la lucha contra el apartheid. Otros analistas apuntan también a la debilidad de los partidos de la oposición.
El pueblo sudafricano no olvida que, gracias a la actuación de Mandela y Mbeki, el país pasó de un sistema opresivo a otro democrático, evitando una guerra civil, y consolidó el papel de Sudáfrica como país más rico e influyente de África. Sudáfrica es hoy una democracia estable, con una prensa libre, una constitución liberal y un poder judicial independiente. Sin embargo, no cabe duda de que la sudafricana es una democracia atípica, ya que, como ha declarado el antiguo presidente Frederik Willem de Klerk, "un sistema en que un partido tiene, más o menos, dos tercios del voto garantizados y cinco o seis partidos luchan por el resto del pastel no puede ser considerado como una democracia sana".
Los dos principales temas de la campaña han sido el desempleo, que afecta principalmente a la mayoría negra, y el SIDA. En esta última esfera, el gobierno sudafricano tomó pocas semanas antes de las elecciones la decisión de poner en circulación medicamentos baratos para luchar contra esta enfermedad, algo que no se había atrevido a hacer anteriormente por la oposición de las grandes compañías farmacéuticas estadounidenses, que han amenazado a Sudáfrica con acciones legales en defensa de sus respectivas patentes. El SIDA se ha convertido en un tema relevante a nivel político, debido a la enorme expansión de la enfermedad en Sudáfrica. Se calcula que más del 20% de los sudafricanos de edades comprendidas entre los 15 y los 49 años son portadores del virus.

Política neoliberal

El principal problema de Sudáfrica continúa siendo, sin embargo, la persistencia de profundas diferencias sociales entre una opulenta y rica minoría blanca y una mayoría negra que sufre serias dificultades económicas y que, con la excepción de un pequeño segmento de nuevos ricos, todavía no ha logrado ocupar el papel que le corresponde en el conjunto de la economía del país. Contrariamente a lo que sucede con la élite gobernante blanca, que espera simplemente que Mbeki continúe manteniendo los indicadores macroeconómicos en un buen nivel -como sucede, por ejemplo, con la tasa de inflación, que ha caído desde una cifra de dos dígitos a un 4% el pasado año-, la mayoría negra espera una ulterior mejora de la sanidad, la educación y los servicios sociales públicos, lo cual requeriría de un fuerte incremento en los gastos estatales.El líder de la Alianza Democrática, Tony Leon
En realidad, el ANC ha puesto en práctica en la última década una política económica neoliberal. En junio de 1996 el gobierno sudafricano adoptó una estrategia, diseñada por el Banco Mundial, que recibió el nombre de GEAR (Crecimiento, Empleo y Redistribución). El gobierno consideraba que esta estrategia permitiría un crecimiento de un 6% hacia el año 2000 y la creación de unos 400.000 puestos de trabajo anuales. Sin embargo, nada de esto sucedió. El desempleo creció desde una tasa oficial del 16% en 1995 a un 30% en 2003. Según los expertos, la tasa real de paro es, en la actualidad, del 43%, y supera el 80% en algunas áreas rurales. Este desempleo ha llevado también a un incremento de la pobreza. Entre 1995 y 2000 los ingresos medios de las familias negras cayeron en un 19%. En 2003 la tasa de pobreza absoluta era del 28% frente al 20% de 1995.
Por si esto no fuera bastante, esta política llevó también a un aumento de los precios de la energía eléctrica y el agua corriente. Se estima que unos 10 millones de personas han perdido su acceso a estos dos servicios en esta última década.
Como dato positivo hay que mencionar, no obstante, la aparición de una clase media negra. Según las encuestas, el 10% de los propietarios de empresas y el 15% de los trabajadores especializados son de raza negra en la actualidad. Los ingresos de los negros más ricos han crecido en un 30% en estos últimos años. Muchos de ellos se han ido a vivir a barrios residenciales que durante la época del apartheid estaban reservados a los blancos, lo cual ha hecho aparecer espacios multiétnicos y multiculturales en gran parte de las ciudades sudafricanas.
Hay que señalar, sin embargo, que la política económica neoliberal del gobierno sudafricano ha creado en los últimos años tensiones entre la dirección del partido y el ala izquierda del ACN, apoyada por el Partido Comunista y la federación sindical COSATU. El propio Nelson Mandela tuvo que intervenir en 2002 para impedir una ruptura entre el ANC y sus aliados de la izquierda.
Esta política ha provocado también el desencanto de buena parte de la población negra, lo cual se refleja en una caída en la participación electoral. Siete millones de potenciales electores -una cuarta parte del censo potencial-, en su mayoría jóvenes, no se registraron para tomar parte en los recientes comicios, lo cual es una muestra del desánimo de algunos sectores de la población, que no han visto materializadas sus esperanzas de una vida mejor bajo el gobierno del ANC.
Otro asunto espinoso continúa siendo el de la reforma agraria. Las expropiaciones de tierras pertenecientes a la minoría blanca llevadas a cabo en el vecino Zimbabwe -donde imperó hasta 1980 un régimen racista blanco similar al sudafricano- han tenido eco en Sudáfrica, pese a los esfuerzos del gobierno de Mbeki, que desea evitar que se produzca ese tipo de confrontaciones en el país. El gobierno ha optado por buscar una solución de consenso, que consiste en la adquisición de tierras a los miembros de la minoría blanca que deseen venderlas, y su posterior cesión a los solicitantes que presentan un proyecto para su explotación. Se calcula que, hasta el momento, unas 36.000 peticiones de tierra han sido satisfechas mediante este sistema.