.REDACCIÓN
l pasado 9 de mayo una bomba explotó en una tribuna del estado
Dinamo Grozni, desde la que un grupo de dirigentes políticos
y militares rusos y chechenos estaban presenciando el Desfile de
la Victoria, en honor al triunfo de las tropas soviéticas
en la Segunda Guerra Mundial. En dicha explosión murió
el presidente checheno, Ajmad Kadirov, considerado uno de los mayores
aliados políticos del presidente Putin en dicha república
y el encargado de llevar adelante el plan de estabilización
aprobado por Moscú. Otras 20 personas más fallecieron
igualmente en dicho atentado. Entre los heridos se encontraba el
general Valeri Baranov, la más alta figura militar rusa en
Chechenia, al que le fue amputada una piern. Al parecer, la explosión
fue causada por una bomba, que había sido colocada hacía
mucho tiempo en el lugar en previsión de que Kadirov u otro
alto dirigente apareciera por allí.
El fiscal general del distrito sur de Rusia, Serguei Fridinski,
sugirió que quien estuviera detrás del atentado habría
recibido ayuda de alguien que tuviera acceso al estadio. El gobierno
ruso está convencido de que el ataque fue obra de los rebeldes
separatistas chechenos, que han venido desarrollando una resistencia
armada contra las tropas rusas desde el inicio de la segunda guerra
de Chechenia, en 1999. Todavía hoy siguen produciéndose
combates en diversas partes de la república, en especial
por la noche. Moscú, por su parte, continúa manteniendo
a unos 70.000 soldados en Chechenia.
Kadirov nació en 1951 en el seno de una comunidad chechena
que residía en Kazajstán, debido a la orden de deportación
de Stalin de 1944 -que envió a centenares de miles de chechenos
desde el Cáucaso al Asia Central como castigo por su presunta
"simpatía" hacia los invasores alemanes durante
la Segunda Guerra Mundial-. Kadirov realizó estudios islámicos
en Uzbekistán en los años ochenta y posteriormente
fundó el primer instituto islámico en el Norte del
Cáucaso. Más tarde, se fue a estudiar a Omán,
donde permaneció hasta 1991, fecha en que regresó
a Chechenia. Durante la primera guerra de Chechenia (1994-96), Kadirov,
que entonces era el mufti (máximo líder religioso
islámico) de la república, se mostró partidario
de una resistencia armada contra las tropas rusas que habían
entrado en Chechenia para impedir la independencia de esta república.
Durante el período intermedio entre las dos guerras (1996-1999),
en que Chechenia funcionó de hecho como un estado independiente,
Kadirov comenzó a mostrar sus reservas hacia la actuación
del gobierno checheno separatista, en especial por su pasividad
ante el crecimiento de la influencia del radicalismo wahhabí
en Chechenia. En 1999, Kadirov condenó asimismo los intentos
del señor de la guerra checheno Shamil Basayev de invadir
Daguestán para establecer allí otra república
independiente de Rusia. Cuando, pocos meses después de aquella
fracasada invasión, comenzó la segunda guerra en Chechenia,
Kadirov se alineó con Moscú y manifestó que
sólo la reintegración de Chechenia en Rusia podía
traer la paz y estabilidad a la región.
Putin estableció entonces una relación personal estrecha
con Kadirov y, contando sin duda con algunos factores como su pasado
rebelde -que le daba una cierta credibilidad entre algunos sectores
nacionalistas chechenos-, sus credenciales islámicas moderadas
y sus simpatías pro rusas, le puso al frente de la nueva
Administración chechena. Esto convirtió a Kadirov
en el objeto de las iras de los rebeldes chechenos, que le calificaron
de "traidor". Desde entonces, Kadirov sobrevivió
a 13 intentos de asesinato realizados contra su persona.
Kadirov ganó las últimas elecciones presidenciales
en Chechenia, celebradas en octubre de 2003, con el 81% de los votos.
El líder checheno manifestó durante la campaña
que sus dos principales objetivos eran el promover el proceso de
reconstrucción y el garantizar la seguridad dentro de la
república. Para lograr este último fin, creó
una milicia chechena, compuesta por unos 3.000 hombres, que ha servido
como fuerza de choque del gobierno checheno en contra de los rebeldes
y ha permitido a Moscú reducir el número de tropas
rusas presentes en Chechenia.
El propio Putin ha reconocido que la muerte de Kadirov supone un
duro golpe para la estrategia rusa en Chechenia. Putin calificó
a Kadirov de "auténtico héroe", tras celebrar
un encuentro con su hijo Ramzan, el pasado 11 de mayo, durante su
inesperada visita a Grozni, la primera que el presidente ruso realizaba
a la capital chechena en cuatro años. "Nadie podrá
impedir la reconstrucción y el renacimiento de Chechenia",
manifestó Putin en una entrevista televisada posterior a
la visita. El líder ruso reconoció, sin embargo, que
la tarea será gigantesca. "He de afirmar que, aunque
se están haciendo cosas allí, Grozni tiene un aspecto
horrible cuando se ve desde un helicóptero".
En 2003, el gobierno federal ruso dedicó una partida de 22.000
millones de rublos (unos 700 millones de dólares) para la
reconstrucción de Chechenia. Una décima parte de esos
fondos, sin embargo, parecen haberse perdido debido a la corrupción
que impera en los distintos organismos administrativos de la república.
Una de las prioridades de este esfuerzo es, sin duda, la reconstrucción
de Grozni, ciudad que ha quedado arrasada a consecuencia de las
dos sucesivas guerras. Grozni, que contaba con unos 400.000 residentes
a principios de los noventa, ha perdido en estos años la
mitad de sus habitantes, que han huido o muerto a consecuencia de
los bombardeos y combates.
Éxitos de Kadirov
Cabe señalar que el período de Kadirov estuvo caracterizado
por una lenta pero progresiva normalización de la vida de
la población chechena. Algunas organizaciones de derechos
humanos han reconocido que, en los últimos años, la
situación ha experimentado una clara mejoría. Numerosos
cafés y tiendas han comenzado a aparecer en Grozni. Las escuelas
y universidades han reabierto sus puertas y algunos residentes han
logrado encontrar un empleo. Asimismo, muchos refugiados de guerra
han empezado a recibir las compensaciones económicas que
el gobierno les prometió por la destrucción de sus
bienes y hogares. Aparte de eso, Kadirov pudo convencer a algunos
de los comandantes del presidente rebelde checheno, Aslan Masjadov,
para que abandonaran las armas y se unieran al esfuerzo de reconstrucción.
La pérdida de Kadirov ha supuesto también un duro
golpe para las relaciones de Moscú con los países
islámicos. En los años noventa, muchas naciones musulmanas,
en especial Arabia Saudí y los países del Golfo Pérsico,
criticaron a Rusia por su actuación en Chechenia. Sin embargo,
después de que Kadirov fuera elegido presidente checheno
en octubre de 2003, estas críticas fueron desapareciendo.
El pasado enero, Kadirov visitó Arabia Saudí con el
fin de buscar inversiones y ayudas para Chechenia, en especial para
el sector petrolífero, y anunció que el gobierno checheno
abriría una oficina de representación en dicho país.
La misión de Kadirov a Arabia Saudí hizo así
posible que se ampliara la cooperación entre los dos mayores
productores y exportadores de petróleo del mundo.
Poco después de la mencionada visita de Kadirov, la principal
compañía petrolífera rusa, la LUKoil, firmó
un acuerdo con el gobierno de Arabia Saudí para la explotación
conjunta de unos campos de gas natural situados en este último
país. LUKoil planea invertir alrededor de 200 millones de
dólares en el proyecto. Habrá que ver ahora si el
sucesor de Kadirov es capaz de mantener los contactos iniciados
por éste con Arabia Saudí y otros países musulmanes
al mismo nivel que el que existía hasta ahora.
En busca de un sucesor
Tras la muerte de Kadirov, el gobierno checheno manifestó
en una declaración que la muerte de Kadirov "unirá
al pueblo de Chechenia en contra del terrorismo". Esta declaración
calificaba también a los responsables del ataque de "terroristas
y criminales". Los responsables del gobierno checheno han acusado
también a los líderes separatistas -en especial a
Aslan Masjadov y Shamil Basayev- de ser cómplices del asesinato.
Moscú ha nombrado presidente en funciones al primer ministro
Serguei Abramov, un político conocido en Chechenia, pero
al que le falta el carisma y la fuerza de Kadirov. Por su parte,
Ramzan Kadirov, hijo del fallecido presidente y jefe de la milicia
chechena pro rusa, ha pasado a convertirse en el viceprimer ministro,
es decir, el número dos del gobierno de Chechenia. Tras su
entrevista con Putin, Ramzan reiteró su lealtad a Moscú
y su convencimiento de que la pertenencia de Chechenia a Rusia es
"la opción que apoya el pueblo checheno". Sin embargo,
Ramzan, de 27 años de edad, no ha alcanzado todavía
la edad mínima legal para convertirse en presidente de Chechenia,
por lo que su candidatura a los próximos comicios presidenciales,
previstos en principio para septiembre, resulta imposible, a no
ser que la Constitución sea previamente reformada.
En la actualidad, los políticos y comentaristas rusos están
divididos en lo que se refiere a la estrategia que conviene poner
en práctica en Chechenia tras la muerte de Kadirov. Algunos
políticos abogan por ataques de represalia inmediatos y masivos
contra los rebeldes chechenos. Dimitri Rogozin, jefe de la facción
parlamentaria nacionalista Rodina, ha pedido también al Kremlin
que imponga un mandato presidencial directo sobre Chechenia y disuelva
el gobierno checheno.
Otros observadores defienden, sin embargo, la tesis contraria. Entre
ellos hay que mencionar a Boris Berezovski, antiguo oligarca y miembro
del círculo íntimo del ex presidente ruso, Boris Yeltsin.
Berezovski, que se haya en la actualidad exiliado en Londres, ha
calificado la muerte de Kadirov como "una absoluta derrota
para la estrategia de Putin en Chechenia" y ha pedido públicamente
a Moscú que busque una solución política al
conflicto. Otros analistas como Pavel Felgenhauer y Serguei Buntman
coinciden también con este punto de vista. Según Buntman,
la muerte de Kadirov ha destruido la estrategia del gobierno ruso
en Chechenia, que dependía en gran medida de la propia personalidad
de Kadirov.
Por su parte, Felgenhauer considera que, en una semana, Rusia ha
perdido a dos importantes aliados en la zona del Cáucaso.
Uno de ellos era el propio Kadirov y el otro Aslan Abashidze, líder
de la república georgiana de Ajaria, que fue tomada recientemente
por las tropas del gobierno central de Georgia con el fin de sofocar
un intento de Abashidze de afianzar la autonomía de la república,
y su propio poder, tras el derrocamiento del presidente georgiano
Eduard Shevardnadze y el establecimiento de un gobierno más
pro norteamericano en el país. Poco antes de la entrada de
las tropas georgianas en Ajaria, Abashidze partió hacia Moscú,
donde vivirá su exilio.
Lo que está claro es que una solución negociada entre
las autoridades rusas y los rebeldes chechenos parece hoy más
alejada que nunca. Tras haber prometido eliminar el terrorismo de
Chechenia, es difícil que Putin acceda a mantener conversaciones
con alguien que, como Masjadov, ha sido presentado por Moscú
como la personificación de dicho mal. Mucho menos probable
aún es que se ponga en práctica la propuesta de Andreas
Gross, relator del Consejo de Europa para Chechenia, que contempla
negociaciones entre Moscú y los rebeldes chechenos, así
como la creación de una administración de la ONU en
la república caucásica.
Lo más probable es que Moscú ordene a las fuerzas
rusas que intensifiquen sus operaciones militares y dé carta
blanca a la milicia de Ramzan Kadirov para actuar en contra de los
rebeldes de la forma que considere oportuna. El propio Putin ha
anunciado que aumentará la fuerza policial rusa en Chechenia
en 1.125 hombres, una cifra en realidad simbólica, teniendo
en cuenta el volumen de soldados y policías que se encuentran
ya estacionados en la república, pero significativa por cuanto
viene a poner de manifiesto que Moscú sigue apostando por
la destrucción de las fuerzas rebeldes como la mejor fórmula
para lograr sus objetivos en Chechenia. |