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RODRIGO MARTÍN GALÁN
a consolidación del cosmopolitismo.
La llegada de Alejandro el Macedonio y su ejército de griegos,
así como la creación de su imperio van a ser decisivos
para el futuro de los pueblos de Oriente y de Occidente. La mezcla
de culturas de la que hemos hablado más arriba va alcanzar
su máximo desarrollo. Los reinos helenísticos van
a tener una gran componente oriental y en el seno de los estados
griegos los dioses orientales, antiquísimos y rodeados de
gran prestigio van a triunfar. El sincretismo religioso va a llegar
a extremos inauditos, y toda esa mezcla de culturas y mestizaje
de personas va pasar a la época romana. De manera que el
Mediterráneo oriental en esa época va a ser una de
las regiones más cosmopolitas y con más interacción
cultural que la Historia haya conocido. Y Así, se puede explicar
bien el hecho de que en Asturias se haya encontrado una estela dedicada
al dios iranio Mitra de época romana, o en Taxila de la India,
se construyeran templos a la manera griega; o el interesantísimo
arte greco-búdico de la región de Gandara.
Desde que en el 334 a.C., Alejandro desembarca en Asia Menor cerca
de Troya, se sucede victoria tras victoria. En Egipto la aristocracia
indígena le recibe con los brazos abiertos, allí rinde
honores a los dioses locales y consulta el oráculo de Amón
en Siwa. Tras varias batallas el último Gran Rey Aqueménida
se va retirando cada vez más hacia el este. Babilonia abre
sus puertas a los macedonios. Las riquezas encontradas en los palacios
de Susa, y las demás capitales imperiales se cuentan por
toneladas, de ahí Alejandro saca recursos para pagar tropas
locales. Muchos sátrapas persas ven que cambiando de chaqueta
pueden mantener sus privilegios y sus riquezas y se adaptan a la
nueva situación. El ejército entonces va a ser cada
vez más multiétnico y la colaboración con los
cerebros indígenas cada vez mayor. Una vez conquistado todo
el Imperio Aqueménida y atravesado el valle del Indo, los
soldados se niegan a seguir avanzando, y el ejército, que
había fundado numerosas ciudades y colonias griegas a lo
largo de su recorrido, tiene que regresar. Una parte del ejército
regresará por mar, desde la desembocadura del Indo hasta
la de los ríos Tigris y Eúfrates con la misión
de tomar nota de las características de la costa y de todos
los puertos practicables, lo cual constituye un hecho de gran importancia
para el conocimiento de las rutas marinas hacia la India por parte
de los griegos.
El hecho de que haya colonias y ciudades griegas que se van fundando
por todo el territorio del antiguo Imperio Persa, tendrá
importantes repercusiones en la difusión del Helenismo por
Asia, como ya hemos señalado. (En Susa en el siglo II d.C.
aún va a haber una Bulé que grave sus edictos en inscripciones
en griego). Además todo este ejército de macedonios
paseándose por Asia va a dar lugar al nacimiento de gran
número de mestizos. El ejército de Alejandro es como
una ciudad itinerante pues va seguido de una tropa de mujeres y
de niños que los soldados han concebido en campaña,
además de comerciantes, usureros, prostitutas... El propio
Alejandro toma como esposa a Roxana, una princesa bactriana y anima
a sus generales a hacer lo mismo.
Pero al mismo tiempo, Alejandro empieza a observar una actitud que
si bien será muy criticada por sus generales, va a sentar
un precedente que luego seguirán todos los dinastas de las
diversas monarquías helenísticas, va a comportarse
en muchos aspectos como el Gran Rey, ciñéndose la
diadema y vistiendo de forma ostentosa, impropia de un macedonio,
y a adoptar algunos aspectos del protocolo oriental como la prosquinesis,
(genuflexión llevada a cabo por parte del súbdito
ante el rey). 
A la muerte de Alejandro interminables guerras estallan entre sus
generales que luchan por llevarse el mayor tajo en la repartición
del Imperio. Su mujer y su hijo son eliminados, y a finales del
siglo IV el tratado de Triparadisos en Siria, pondrá fin
al espíritu de Alejandro dividiendo el imperio y haciendo
imposible ese sueño de unión de su fundador. En Egipto,
Ptolomeo, hijo de Lago, iniciará la dinastía de los
Lágidas y en Asia, Seleúco fundará la de los
Seléucidas. Se origina así la época de las
dinastías helenísticas, en que las tradiciones políticas
y culturales de Oriente y Occidente van a imbricarse profundamente
dando lugar a ese período, época dorada del cosmopolitismo,
que es el Helenismo.
Los dos estados más poderosos de la primera mitad del período
helenístico son el de los Lágidas y el de los Seléucidas
que se van empeñar en interminables guerras por la posesión
de la costa siro-palestina, la cual será considerada como
zona de seguridad por las dos partes para repeler los ataques del
otro. Además, es el punto final de la ruta comercial que
viene de Arabia y del mar Rojo. Estas denominadas Guerras Sirias,
que se repiten sin cesar, van a dejar a los conrtendientes agotados
y van a ser la causa de no pocos problemas para ambos.
Los Seléucidas van a continuar la política de fundación
de ciudades comenzada por Alejandro, que van funcionar como centros
de irradiación del Helenismo, pero en ellas se dará
un interesante fenómeno de simbiosis cultural. Ejemplo paradigmático
de esto será Dura Europos sobre el Éufrates, fundación
macedonia con un alto porcentaje de población semita en la
que el cosmopolitismo irá en aumento hasta su destrucción
por los Sasánidas en el año 256 d.C.
La época Seléucida verá el lento declinar de
la ciudad de Babilonia. Al principio del período nos encontramos
en ella templos de estilo griego y hasta un teatro. Pero tras la
fundación de Seleucia del Tigris, una de las capitales del
Imperio, a pocos kilómetros, la antigua Babilonia, irá
poco a poco perdiendo su población hasta que en época
parta ya no tenemos noticias de ella como centro urbano. Babilonia
ha dejado su lugar a Seleucia, que a su vez se lo dejará
a Ctesifonte, y ésta, en época islámica le
pasará el testigo a Bagdad. A lo largo de los milenios cuatro
grandes capitales se han sucedido en la misma área geográfica,
allí donde el Tigris y el Éufrates pasan más
cerca el uno del otro.
Otras fundaciones Seléucidas sin embargo perdurarán
como grandes metrópolis hasta la época bizantina e
incluso más tarde. Con la pérdida paulatina de los
territorios más orientales del Imperio, y debido a las difíciles
relaciones con Egipto, así como a la orientación comercial
mediterránea, el centro neurálgico del Estado Seléucida
pasará a ser el cuadrilátero formado por las cuatro
grandes ciudades sirias Antioquia, Seleucia de Pieria, Laodicea
del Mar y Apamea. Hay también muchas otras ciudades que ya
tenían una larga historia y que serán refundadas en
esta época, Susa se llamará por un período
de tiempo Seleucia del Eulaios, Nísibis recibirá el
nombre de Antioquia Migdonia.
En sus inicios el Imperio Seléucida ocupará desde
el Asia Menor hasta el rió Indo, pero irá perdiendo
territorio poco a poco hasta que cuando los romanos entran en Oriente
a mediados del siglo I a.C. ya no es más que un pequeño
reino que solo controla una parte de Siria. Primero se independizan
los territorios de la India, Después el Sátrapa griego
de Bactriana declara su independencia, y al final los partos irán
comiendo cada vez más territorio hacia occidente.
El reino griego de Bactriana es interesantísimo por lo desconocido
que es y por lo que significa como estado helenístico en
medio del Asia central rodeado de pueblos orientales. Tras su independencia,
ya en el siglo III a.C., en un primer momento los Seléucidas
intentan recuperarlo, pero luego, después de darse cuenta
de la imposibilidad de esta empresa, del hecho de que bactrianos
y Seléucidas tienen que hacer frente al enemigo común,
el emergente reino de los partos, y de la ventaja que supone tener
un estado tapón que haga frente a los pueblos nómadas
del Asia Central, los reyes Seléucidas acaban reconociendo
al rey de Bactriana el título de basileos y tratándolo
como a un igual.
Con el avance de los partos, los griegos de Bactriana quedarán
aislados del resto del mundo helenístico, y subsisten como
una isla hasta que a mediados del siglo I a.C. no pueden resistir
las envestidas sucesivas de los distintos pueblos nómadas
del Asia Central que vienen a establecerse en su territorio y en
las fronteras de Irán y la India, sembrando el germen de
lo que luego va a ser el Imperio Kushán. Sin embargo la herencia
helenística que este reino va a dejar en Asia va perdurar
pasando a formar parte esencial de la historia de los pueblos afganos
e indios.
Los Partos desde alrededor del año 247 a.C. irán conquistando
cada vez más territorio hasta que a mediados del siglo I
a.C. fijan su frontera en el Éufrates.
Solamente Antíoco III tras su expedición irania 212
-205 a.C., -la llamada Anábasis de Antíoco III- restablecerá
efímeramente una gran parte del imperio de Alejandro. Sin
embargo los problemas no paran de multiplicarse para los Seléucidas.
Las guerras sirias con Egipto se suceden una tras otra y por otra
parte la sombra del imperialismo romano empieza a cernirse sobre
ellos. El Senado de aquella ciudad ha entrado en la partida diplomática
de Oriente y empieza a jugar sus cartas que son opuestas en el campo
de los intereses políticos a las de los Seléucidas.
El golpe que recibieron éstos a causa de las pesadas condiciones
de la paz de Apamea del 188 a.C. sería demasiado duro para
que la dinastía pudiese recuperarse y de aquí en adelante
su historia va a ser la de una lenta agonía, una hipoteca
económica y una pérdida paulatina de territorio hasta
que Pompeyo toma posesión de Siria, último reducto
del despojado reino Seléucida (64 a.C.).
El problema judío no hace sino añadir leña
a esta hoguera que consume el poder central durante el siglo II
a.C. Descrito por Flavio Josefo y por el Libro de los Macabeos,
lo percibimos como una lucha entre los sectores más ortodoxos
del pueblo judío y los componentes de esta etnia que se habían
helenizado. Esto lleva consigo una oposición violenta por
parte de los judíos al poder de los Seléucidas.
Los Seléucidas habían heredado el sistema administrativo
y económico de las satrapías aqueménidas, y
a éstos les sucederán los partos, pueblo iranio (que
no persa), bajo cuyo dominio, continuará el proceso de mezcla
de culturas en Oriente.
Los grandes desconocidos.
Los partos son uno de aquellos pueblos iranios nómadas que
se movían desde hacía mucho tiempo por las llanuras
del norte. La fecha 247 a.C. significa el inicio de la era parta,
que sería el año en el que llegaría al poder
el semilegendario Arsaces, primer rey de la nueva dinastía.
Originario de las tierras del este del mar Caspio, este pueblo,
que en sus orígenes recibía el nombre de "Parnes",
se sedentariza por primera vez en la antigua satrapía de
Partia, de ahí su denominación más habitual.
Después de esto su expansión es constante. A mediados
del siglo II a.C. tienen ya bajo su dominio la región de
Babilonia y Seleucia del Tigris, y a finales de dicho siglo, toda
Mesopotamia está en sus manos.
Tras una efímera hegemonía del reino de Armenia en
Siria y en la Alta Mesopotamia, los partos reconquistan el territorio,
llegan al Éufrates a mediados del siglo I a.C. e infringen
a los romanos la peor derrota que éstos habían conocido
desde los tiempos de Aníbal, en Carras; quedando dicho río
por muchos años en adelante como frontera, (si bien en muchos
aspectos, sobre todo culturales, muy diluida), entre el mundo oriental
y el mundo mediterráneo.
Es por entonces cuando emerge como potencia comercial la ciudad
de Palmira, que al imponerse a todas las tribus árabes que
merodean por el desierto sirio, hace de éste un lugar seguro,
y las caravanas provenientes del reino de los partos y de los lejanos
países orientales, que antes daban un largo rodeo remontando
el curso del Éufrates, ya pueden atravesarlo sin peligro
de ser atacadas por los nómadas. Palmira entonces se enriquece
con el nuevo flujo comercial, y se alza como capital económica
de Siria. En ella, la mezcla de culturas aramea, árabe, parta,
griega y romana cristaliza en una civilización que ha hecho
correr ríos de tinta en debates interminables sobre si se
trata de un híbrido o un ejemplo claro de esta cultura multiétnica
del Oriente de la época.
Los partos inician las relaciones diplomáticas y comerciales
con el otro gigante asiático, la China; El flujo comercial
hacia Roma, en esta época de tres potencias económicas
(China, Partia y Roma) dará lugar a una gran autopista por
la que circularán mercancías y cultura que, iniciándose
en esta época va a durar muchos siglos, la llamada ruta de
la seda, la cual hará la fortuna de grandes ciudades caravaneras
como Palmira, en primer lugar y asociadas a ella, Dura Europos,
Emesa, o Gerasa, entre muchas otras. En el Asia Central, un gran
número de culturas multiétnicas y muy brillantes,
nos ofrecen un gran campo de estudio casi virgen todavía.
La nueva capital será Ctesifonte, que tomará el relevo
a Seleucia del Tigris, y se mantendrá como capital de "Eirán"
hasta la venida de los árabes, que van a fundar Bagdad.
El estado parto es mucho más "feudal" y descentralizado
que los anteriores y por tanto cada una de las unidades que lo componen
tiene una gran Autonomía. Algunas ciudades como Seleucia,
Dura Europos o Susa, van a mantener hasta la venida de los Sasánidas
muchos elementos característicos de las polis griegas, heredados
del período anterior.
El helenismo de la corte parta es un tema que necesita aún
mucho estudio. Es un estado claramente iranio, pero con muchos elementos
heredados del mundo griego. Baste ver su arte, sus monedas, en algunas
de las cuales se coloca la inscripción "Gran Rey de
Reyes Arsaces, amigo de los griegos", entre otros títulos.
(Todos los reyes partos van a autodeterminarse "Arsaces",
tomando el nombre del primer rey de la dinastía, -igual que
los "Césares" de Roma; de ahí el nombre
de la dinastía: los Arsácidas).
Pero en la región de Persis, las antiguas tradiciones, como
es lógico, se habían conservado con más fuerza,
y cuando Ardashir, da el golpe de estado, deponiendo al último
rey parto en el 224 d.C., se alza como restaurador de los antiguos
valores iranios y se muestra a sí mismo como sucesor de Darío.
Es el fundador de la dinastía de los Sasánidas, que
establecerán un imperio mucho más centralizado, e
iranizado. Unificarán el territorio bajo un centralismo desconocido
hasta entonces, y perseguirán todas las desviaciones de la
religión mazdeísta, que en época parta, debido
a la fragilidad del control central había producido numerosas
escuelas teológicas. Los Sasánidas impondrán
como verdadera la suya propia, la que se había desarrollado
en la Persis.
En esta época se traducen al persa muchas obras científicas
y filosóficas de la India; y cuando el emperador bizantino
Justiniano cierra la Academia de Atenas en el siglo VI. d.C., muchos
filósofos que llevan a cabo sus actividades en ella, los
cuales eran los últimos representantes del pensamiento greco-latino,
van a encontrar refugio en Irán.
Será en el imperio Sasánida también donde Mani
intentará hacer una síntesis del cristianismo y el
mazdeísmo y cree el maniqueismo, que en algunos puntos de
Asia durará hasta bien entrada la Edad Media. El Imperio
Sasánida contó también con una iglesia cristiana
propia, que disfrutó de épocas de gran tolerancia
al ser considerada como hereje por los bizantinos, y cuya cabeza
será el patriarca de Ctesifonte.
La propia religión mazdeísta es tan compleja que necesitaría
un artículo para ella sola, y en el presente escrito hemos
querido resaltar sobre todo los aspectos relacionados con las numerosas
interacciones culturales que tuvieron lugar en esta época
tan rica e importante como ignorada y despreciada.
Al final, los numerosos enfrentamientos de los Sasánidas
con Bizancio para recuperar los antiguos territorios del Imperio
Aqueménida, hacen que sus fuerzas se debiliten y en el siglo
VII d.C. los árabes acaban sin dificultad con el último
gran imperio del Oriente Antiguo.
Los Sasánidas serán los transmisores de una gran parte
de la cultura irania al Islam medieval.
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