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a reciente propuesta de EEUU y el Reino Unido sobre el futuro mapa
político de Iraq, que ha sido ya presentada ante el Consejo
de Seguridad de la ONU, ha sido ha sido calificada por la mayoría
de medios de comunicación occidentales como un "significativo
paso adelante" en el camino hacia la transferencia de la soberanía
al gobierno iraquí, que tendrá lugar el próximo
30 de junio. Un estudio más atento de la propuesta desvela,
sin embargo, que su auténtica razón de ser es la de
perpetuar la ocupación norteamericana de Iraq.
En primer lugar, la propuesta contempla una revisión del
estatus de las tropas de ocupación al final de 12 meses o
"en cualquier momento" en el que lo decida el Consejo
de Seguridad, a petición del "gobierno de transición
de Iraq". Dado que EEUU tiene derecho a veto en el Consejo,
esto significa que la ocupación militar estadounidense en
Iraq sólo podrá terminar cuando Washington lo decida.
A esto hay que añadir la desconfianza que existe entre el
pueblo de Iraq hacia el Consejo de Gobierno Iraquí, que es
visto como un instrumento dócil al servicio de EEUU. En Iraq
no ha sentado bien tampoco la elección de Iyad Allawi como
nuevo primer ministro, debido a sus estrechas conexiones con el
gobierno de EEUU, la CIA norteamericana y el MI6 británico.
La nominación de Allawi ha sido vista como una derrota de
las Naciones Unidas en Iraq y, más concretamente, de su plan,
promovido por el enviado especial de Kofi Annan, Lajdar Brahimi,
que estaba destinado a elegir a un primer ministro interino que
contara con el apoyo del pueblo iraquí y, por supuesto, de
la comunidad internacional. Brahimi quería que en el proceso
de selección del candidato a primer ministro no fueran tenidas
únicamente en cuenta las organizaciones que pertenecen al
Consejo, sino que también fueran consultados los grupos que
no participan en él. Existen indicios de que Brahimi habría
preferido a un tecnócrata que no fuera miembro del Consejo,
donde 18 de los 25 miembros tienen pasaporte extranjero, incluyendo
el propio Allawi, que es ciudadano británico. Aunque EEUU
había manifestado su intención de quedarse al margen
en el proceso de selección del candidato, lo cierto es que,
según diversos medios de comunicación, Allawi fue
poco menos que impuesto a la ONU.
El método de elección de Allawi ha supuesto un duro
golpe para aquellos que pretendían dar un papel relevante
a la ONU y a la comunidad internacional en el futuro diseño
político de Iraq. Algunos países miembros del Consejo
de Seguridad propusieron en su día que la elección
del primer ministro fuera objeto de un consenso entre todos los
grupos políticos de Iraq y abogaron por la convocatoria de
una conferencia internacional, donde estuvieran representados los
países del Consejo, más una representación
política amplia del pueblo iraquí. Este hecho habría
dado, en su opinión, una legitimidad a cualquier elección
que hubiera sido realizada en ese contexto.
No obstante, EEUU ha preferido actuar de nuevo por su cuenta en
Iraq, dejando de lado a la ONU y a los demás miembros del
Consejo. Esta decisión es consecuente con la política
unilateralista adoptada por Washington en todas las fases del conflicto,
pero es dudoso que vaya a ser efectiva en un contexto como el actual,
donde existe una guerra de guerrillas en el país y una grave
deslegitimación de las actuales autoridades, que son vistas
como simples títeres al servicio del ocupante. En este sentido,
la decisión norteamericana de impedir que la ONU adopte un
papel efectivo en el proceso político que se abre en Iraq
sólo puede ser el germen de futuros conflictos.
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