.REDACCIÓN
ras los pasados meses de caos, bombas e insurrección generalizada
y la aparición de los informes sobre las torturas a presos
iraquíes en la prisión de Abu Graib y otras, la propia
definición de éxito o fracaso en Iraq parece haber
cambiado para los norteamericanos. Algunos analistas señalan
que, atendiendo a los objetivos iniciales, la misión de EEUU
ha fracasado ya. Dichos analistas afirman que la Administración
Bush no tiene ninguna estrategia en Iraq y se limita a dar respuestas
puntuales a las crisis que van surgiendo. Sin embargo, estas crisis
no dejan de aparecer. Lo peor de todo para EEUU es que el pueblo
iraquí, con independencia de su origen étnico o creencias,
está unido ahora en un solo objetivo: expulsar a las tropas
ocupantes de EEUU y el Reino Unido y liberar el país.
En este sentido, el director del Instituto de Oriente Medio de la
Universidad de Colombia, Rashid Khalidy, considera que EEUU ya no
será capaz de alcanzar sus metas originales. "Temo que
el fracaso de los objetivos iniciales (que Washignton tenía
al comenzar la guerra) sea ya inevitable", señala Khalidy.
"No creo que EEUU pueda mantener bases permanentes en Iraq.
No creo que vayamos a tener a un gobierno iraquí sumiso,
que vaya a hacer lo que queremos, y no creo tampoco que vayamos
a lograr una posición de privilegio con respecto al petróleo
iraquí".
Las revelaciones sobre las torturas y abusos cometidos por EEUU
y el Reino Unido en Iraq, que han venido a sumarse a la falta de
hallazgo de armas de destrucción masiva -el pretexto utilizado
por Washington y Londres para iniciar la guerra- han llevado a la
Administración Bush a una posición insostenible. Incluso
un periódico del propio Ejército de EEUU ha comenzado
a publicar artículos críticos hacia la forma en la
que el Departamento de Defensa está llevando a cabo la ocupación
de Iraq. La visión del presidente Bush y su secretario de
Defensa, Donald Rumsfeld, tratando de justificarse en un canal de
televisión en árabe ante el pueblo iraquí no
ha sido suficiente para hacer olvidar a los iraquíes los
graves crímenes cometidos durante el primer año de
ocupación norteamericana. Además del reciente escándalo
de las torturas hay que mencionar que el Ejército de EEUU
ha bombardeado áreas civiles con bombas de fragmentación
hiriendo o matando a miles de personas inocentes, incluyendo a unos
mil niños. Este hecho, que constituye una grave violación
de la Convención de Ginebra, ha robustecido aún más
el odio del pueblo iraquí hacia los ocupantes.
Horas después de que Bush apareciera en televisión,
un coche bomba explotaba frente al cuartel general de las tropas
de EEUU en Bagdad, matando a seis personas, entre ellas un soldado
estadounidense. El pasado mes de abril más de 130 soldados
estadounidenses murieron en Iraq, un número superior al de
los caídos en las seis semanas que duró la invasión,
y este mes ha sido además el peor, en lo referente a bajas
norteamericanas, desde la retirada de Vietnam en 1973. Los combates
en Iraq han obligado a la Administración Bush a prolongar
la estancia en el país de numerosas unidades militares, lo
cual ha hecho crecer el descontento en las filas del Ejército
de EEUU, y a considerar el envío de más fuerzas al
país.
Por otra parte, una encuesta realizada por la CNN y el diario USA
Today a principios de abril, antes del levantamiento shií,
mostraba que el 71% de los iraquíes ven ahora a los soldados
de EEUU como ocupantes y no como "libertadores". Según
USA Today, un 60% de los iraquíes desea también que
los militares norteamericanos abandonen inmediatamente el país.
Una proporción similar indicaba que el comportamiento de
las tropas estadounidenses era "malo" o "muy malo".
Los iraquíes no se han dejado engañar tampoco por
las declaraciones sobre la presunta "transferencia de la soberanía"
el próximo 30 de junio. EEUU está construyendo en
la actualidad cuatro grandes bases en Iraq, y aparentemente planea
llevar a ese país parte de las fuerzas norteamericanas que
ahora se encuentran estacionadas en Alemania. Según señala
la agencia United Press, no parece posible que el esquema de "soberanía
limitada" que la Administración Bush está ofreciendo
-que incluiría la imposición a los iraquíes
de una presencia permanente de fuerzas estadounidenses o el control
del presupuesto de Iraq por parte de EEUU- vaya a funcionar, sencillamente
porque es difícil pensar que cualquier futuro gobierno iraquí
vaya a aceptarlo, en especial si incluye a algunos de los actuales
líderes de las fuerzas políticas o milicias iraquíes
que han pedido públicamente la salida de las tropas de EEUU
del país.
A esto hay que añadir que Muqtada al Sadr, el clérigo
que encabeza el movimiento de insurgencia shií en contra
de la ocupación norteamericana, continúa creciendo
en popularidad. Al Sadr ha hecho un reciente llamamiento a todos
los iraquíes para que se unan frente a la ocupación
estadounidense. "¿Qué tipo de libertad y de democracia
podemos esperar de gente que disfruta de tal forma torturando a
prisioneros?", manifestó Al Sadr, refiriéndose
a las fotos de sonrientes soldados norteamericanos en la infame
prisión de Abu Graib.
Las fuerzas norteamericanas han ocupado las sedes del movimiento
de Al Sadr en Bagdad y en el sur del país. La milicia de
Sadr, por su parte, ha extendido su lucha a varias ciudades, incluyendo
Basora, la segunda ciudad de Iraq, que se halla bajo el control
de las tropas británicas. En la actualidad, los combates
entre milicianos shiíes y soldados norteamericanos se han
generalizado por todo el país.
EEUU está tratando de llevar a Al Sadr a la mesa de negociaciones,
utilizando para ello la mediación de otros líderes
religiosos shiíes. Sin embargo, hasta el momento Al Sadr
se ha negado a ceder. En un discurso pronunciado en una mezquita
de Nayaf en la tercera semana de mayo, el joven clérigo animó
a los iraquíes a seguir el ejemplo de los vietnamitas en
su lucha contra la ocupación estadounidense. Al Sadr puso
también como ejemplo la victoria de las fuerzas de la resistencia
en la ciudad de Faluya, que contuvieron con éxito los ataques
de las tropas de EEUU. El Ejército norteamericano se vio
obligado a retirarse de la ciudad de Faluya en la primera semana
de mayo tras tres semanas de fuertes combates y de asedio a la ciudad.
Poco antes, Bush había amenazado con utilizar toda la fuerza
que fuera necesaria para tomar la ciudad. Las fuerzas estadounidenses
intentaron doblegar a la resistencia mediante fuertes bombardeos
y la destrucción de mezquitas, hospitales y otras estructuras
civiles. Se dieron también varios ultimátums a los
resistentes para que se rindieran, pero, al final, la voluntad y
perseverancia de los combatientes de la resistencia acabó
por prevalecer.
Las bajas sufridas han llevado también a los frustrados soldados
norteamericanos a emplear su capacidad de fuego indiscriminadamente.
En las últimas semanas, más de 700 iraquíes,
en su mayoría civiles, han muerto como consecuencia de los
disparos o bombardeos de los estadounidenses. Este hecho, junto
con la publicación de las fotos de las torturas, ha logrado
reforzar a la resistencia iraquí.
Durante algún tiempo los norteamericanos intentaron autoconvencerse
de que la insurgencia que estaba apareciendo en Iraq estaba formada
por los "restos" del régimen baasista o por "combatientes
extranjeros". Los analistas europeos desplegados a la región
señalaron, por el contrario, que la resistencia poseía
sólidas raíces dentro del conjunto de la población
de Iraq. Otro autoengaño del gobierno de EEUU fue el de creer
que los sunníes y shiíes mantendrían una enfrentamiento
intercomunitario y no lograrían impulsar una cooperación
entre sí, o con los sectores laicos nacionalistas, en lo
que se refiere a la construcción de un movimiento de oposición
a la ocupación estadounidense.
Los recientes acontecimientos han alejado también cualquier
posible tentación de los países europeos de implicarse
en el avispero iraquí. Esto ha hecho que, pese a toda la
retórica acerca de la "coalición de la voluntad"
el Ejército norteamericano esté llevando prácticamente
en solitario -si exceptuamos el contingente británico- todo
el peso de la guerra.
Para algunos analistas, el problema reside en los errores de cálculo
de Rumsfeld. Poco antes de la guerra, el secretario de Defensa afirmó
que unos 160.000 hombres serían suficientes para invadir
y ocupar Iraq. El fracaso de estos cálculos, señala
James Fallows en un reciente número de la revista The Atlantic,
ha llevado a que "resulte sólo una ligera exageración
el afirmar que todo el Ejército de EEUU está en la
actualidad en Iraq, volviendo de Iraq o preparándose para
ir a Iraq". El 40% de las tropas desplegadas en Iraq este año
no serán soldados profesionales, sino miembros de la Guardia
Nacional o reservistas, muchos de los cuales eran, hasta ahora,
soldados de fines de semana, que se alistaron únicamente
para conseguir dinero con el que pagarse los estudios. Pese a todo,
los 130.000 soldados actualmente desplegados quedan lejos de la
cifra expuesta por el general Anthony Zinni, quien afirmó
que serían necesarios unos 500.000 soldados para llevar a
cabo una ocupación efectiva de Iraq. No cabe duda de que
la actual cifra de militares de EEUU que participan en la ocupación
de Iraq es completamente insuficiente, pese a los previstos envíos
de más tropas, para hacer frente a la creciente actividad
guerrillera en el norte, centro y sur del país. Pese a ello,
un estudio publicado en diciembre de 2003 por el Army War College
advertía ya que la guerra en Iraq ha sobreextendido al Ejército
hasta "un punto límite". Los problemas logísticos,
la escasez de suministros y el agotamiento de las municiones han
debilitado al Ejército de EEUU hasta el extremo de que éste
necesitará varios años para recuperarse.
En el terreno logístico, es necesario realizar un esfuerzo
masivo permanente para mantener equipadas a las tropas de EEUU que
se encuentran dispersas en una multitud de localizaciones dentro
de Iraq. Más del 95% de los suministros norteamericanos llegan
a Iraq a través de Kuwait. Esto significa que deben atravesar
centenares de kilómetros por carretera, a diferencia de lo
que sucedía en el caso de Vietnam, que dispone de una larga
costa. Un reciente artículo de Tom Ricks en el Washington
Post señalaba que la mayoría de los convoys son atacados
por la resistencia y que los soldados se ven obligados a inspeccionar
cada puente por miedo a que haya sido minado, ya que no existen
efectivos necesarios para custodiar estas instalaciones. Otros informes
señalan que la resistencia ha destruido gran número
de puentes, lo que obliga a los convoys a circular por rutas secundarias
que les obligan a emplear el doble del tiempo. Además, muchos
conductores civiles, tanto norteamericanos como extranjeros, se
niegan a trabajar en Iraq. Muchas empresas privadas que habían
obtenido contratos con el Pentágono para el abastecimiento
a las tropas norteamericanas han abandonado también el país.
A esto hay que sumar que las instalaciones petrolíferas,
en especial los oleoductos, continúan siendo objeto de ataques
y sabotajes.
Divisiones en EEUU
Dentro de EEUU, la actual situación en Iraq ha llevado a
una importante división dentro del Partido Republicano entre
los conservadores tradicionales y neoconservadores sionistas y entre
los republicanos radicales de la Cámara de Representantes
y los más moderados del Senado.
Los parlamentarios de los dos grandes partidos se hallan consternados
por la ambigüedad de los planes del presidente para la entrega
de la soberanía a un gobierno iraquí todavía
sin determinar. Sin embargo, lo que más ha irritado a los
congresistas es la aparente incapacidad del Ejército de EEUU
para dominar la insurrección en Iraq. El famoso senador Edward
Kennedy llegó a manifestar en un discurso pronunciado en
la Brooking Institution que Iraq se ha convertido ahora en el Vietnam
de George W. Bush.
La opinión pública norteamericana muestra, por su
parte, una clara tendencia hacia un aumento del rechazo hacia el
conflicto de Iraq. Una reciente encuesta del New York Times señalaba
a este respecto que el apoyo a la guerra ha estado cayendo hasta
alcanzar en abril un 47%, frente al 58% del mes anterior y el 63%
de diciembre.
Según otro informe del Centro para los Estudios Estratégicos
e Internacionales de Washington, EEUU no puede ganar ya la guerra
de guerrillas a la que hace frente en Iraq. En el informe, escrito
por el experto Anthony Cordesman, se afirma que si EEUU intenta
buscar una solución militar a este conflicto tendría
que hacer frente a bajas prohibitivas, así como causar un
gran número de muertes civiles, que servirían para
crear un resentimiento aún mayor hacia los norteamericanos
dentro de Iraq y fortalecer la resistencia.
En este mismo sentido, el general de marines retirado, Joseph Hoar,
antiguo jefe de las fuerzas de EEUU en Oriente Medio, declaró
en una reciente comparecencia ante el Comité de Relaciones
Exteriores del Senado que "estamos contemplando el abismo".
"Si la actual situación persiste, continuaremos luchando
contra una forma de insurgencia iraquí detrás de otra,
con poca legitimidad, con una débil voluntad y con escasos
recursos", ha advertido, por su parte, Larry Diamond, antiguo
consejero de la Autoridad de ocupación estadounidense en
Iraq.
Algunos otros prominentes analistas como Michael O´Hanlon,
de la Brookings Institution, y el general retirado William Odom
están pidiendo también al gobierno norteamericano
que fije una fecha para la retirada de las tropas. Odom, antiguo
jefe de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) durante el mandato
de Ronald Reagan (1981-1989) y miembro en la actualidad del Instituto
Hudson, de orientación conservadora, declaró, en un
reciente artículo publicado en el Wall Street Journal: "Hemos
fracasado en Iraq". Odom señalaba que incluso si tienen
lugar en efecto unas elecciones generales el próximo mes
de enero, tal y como está estipulado, "ninguna opción
que sea pro norteamericana podrá ganarlas". Tras pedir
la salida de las tropas estadounidenses de Iraq, Odom manifestó
que la presencia de estas últimas está radicalizando
a los iraquíes y al conjunto de los árabes, con el
consiguiente riesgo de desestabilización de la región.
Otros observadores culpan de la actual crisis a la ineptitud de
Paul Bremer, el procónsul estadounidense en Iraq. Las autoridades
norteamericanas de ocupación en Iraq adoptaron desde el principio
una actitud arrogante y manifestaron que las tropas de EEUU se quedarían
en Iraq, con independencia de lo que decidiesen los iraquíes.
Bremer intentó asimismo poner en marcha un sistema de elección
de un nuevo gobierno a través de asambleas locales, un método
que facilitaba la creación de un ejecutivo marioneta, al
servicio de los ocupantes. Los norteamericanos han cerrado varios
medios de comunicación iraquíes, incluyendo Al Hauza,
un periódico shií que era el órgano del movimiento
de Muqtada al Sadr. Este hecho fue el detonante de la actual rebelión
shií en el centro y sur de Iraq.
Los designios de la Administración Bush hacia la población
de Iraq se pusieron de manifiesto también con el nombramiento
de John Negroponte, hasta hace poco representante de EEUU en la
ONU, como nuevo embajador estadounidense en Iraq. Existen evidencias
detalladas de que Negroponte ocultó los casos de torturas
y asesinatos de militantes de izquierda y guerrilleros en Honduras
cuando fue embajador en dicho país (1981-85). Los métodos
brutales utilizados por la dictadura militar hondureña, apoyada
por EEUU, fueron, no obstante, condenados por el Tribunal de Justicia
de La Haya. Como muestra de que nada ha cambiado baste decir que
Negroponte ha afirmado recientemente que "los militares norteamericanos
van a ser libres para actuar en Iraq como mejor les plazca".
Fracaso de los neoconservadores
Muchos analistas señalan también que los fracasos
militares y políticos de EEUU en Iraq son una consecuencia
del engaño que Bush y otros responsables de su Administración
sufrieron de parte de los neoconservadores, el grupo sionista pro
Likud que domina la Oficina del vicepresidente Dick Cheney y el
liderazgo civil del Pentágono. Este grupo afirmó que
los iraquíes odiaban a Saddam Hussein de tal manera que aceptarían
una ocupación militar y política indefinida por parte
de EEUU y un saqueo de sus recursos económicos, y en primer
lugar del petróleo, sin protestar.
En la actualidad, el declive de los neoconservadores parece evidente
si se tiene en cuenta que el gobierno de EEUU ha accedido a que
sea el enviado especial de la ONU, Lakhdar Brahimi, el que seleccione
en principio al nuevo gobierno iraquí que recibirá
la "soberanía limitada" el 30 de junio. El hecho
de que la ONU juegue este papel en Iraq echa por tierra los objetivos
maximalistas de los neoconservadores y otros sectores ultraderechistas,
que pretendieron demostrar, con el lanzamiento ilegal de la guerra
de Iraq, que Washington no necesitaba a Naciones Unidas para legitimar
su papel como garante de la seguridad global.
Por otro lado, la aparente decisión de Brahimi de excluir
a Chalabi, el protegido de los neoconservadores del Pentágono
y de fuera de la Administración Bush, ha irritado a este
sector. Otro hecho que ha enojado a los neoconservadores ha sido
la declaración de Brahimi de que las actuales políticas
de Israel, que aquellos apoyan, están "envenenando la
región".
Pese a estos reveses, los neoconservadores continúan con
sus llamamientos en favor de una solución militar a la actual
crisis en Iraq. En un reciente artículo aparecido en el Washington
Post bajo el título de "Crush the Insurgents in Iraq"
(Aplastar a los Insurgentes en Iraq) dos de los más importantes
miembros de este grupo, el político banquero Lewis Lehrman
y Bill Kristol, director del Weekly Standard -el órgano de
expresión de los neoconservadores, junto con el Wall Street
Journal- señalaban que "la tarea inmediata ahora es
la destrucción de los ejércitos y milicias de la insurgencia,
no el conservar territorio, ni ganar los corazones y las mentes
de los iraquíes, ni mantener una postura de conciliación
hacia los adversarios y críticos, ni conseguir la aprobación
de otras naciones". Otra representante de este sector, Mona
Charen, señaló, por su parte, en otro artículo
que "la cuestión ahora no es saber si hemos sido bastante
benignos, sino si hemos sido lo suficientemente duros".
En realidad, el problema de estos sueños delirantes de los
neoconservadores, un grupo integrado casi exclusivamente por judíos
pro Likud, es que Washington ya no tiene la capacidad para alcanzar
los objetivos de dominio global que ellos preconizan. EEUU cuenta
en la actualidad sólo con el 5% de la población del
mundo, y pese a los grandes recursos económicos y militares
que posee, esta realidad impide que EEUU pueda a largo plazo sostener
una política tendente a lograr una hegemonía mundial,
máxime en un momento de ascenso de grandes potencias como
China, India, la Unión Europea etc. Así pues, cualquier
intento de materializar estos planes terminará en fracaso
y llevará además a un empobrecimiento de la población
norteamericana.
La realidad, pues, es que el cuento de hadas que los neoconservadores
se encargaron de vender al gobierno y la prensa de EEUU: el de una
rápida invasión, una pacificación del país
basada en el reparto de fondos y chocolates entre la población,
la creación de una "democracia" marioneta encabezada
por los protegidos de Washington y la posterior retirada de las
tropas estadounidenses a bases seguras y permanentes, dejando el
tema de seguridad en manos de un nuevo Ejército y de una
policía iraquíes, entrenados por EEUU con la misión
la de reprimir cualquier movimiento de contestación de la
población, se ha hundido sin remedio.
Los iraquíes han mostrado en estos últimos meses su
compromiso firme con el Islam y con el nacionalismo y su rechazo
a la creación de un régimen neocolonial. El pueblo
de Iraq contempla la llegada de las tropas de EEUU como la última
de una serie de invasiones que Iraq ha venido sufriendo en los pasados
4.000 años, y confía en que, al igual que sucedió
con todas las anteriores, termine en un completo fracaso.
Otro de los mitos que los neoconservadores difundieron fue que la
invasión de Iraq llevaría a la "postración"
del mundo árabe e islámico ante EEUU e Israel. Sin
embargo, la realidad ha sido la contraria. La invasión de
Iraq ha servido para concienciar al pueblo árabe del peligro
que supone para su propia existencia la hegemonía norteamericana.
Miles de combatientes del mundo árabe e islámico están
acudiendo a Iraq para ayudar al pueblo iraquí en su batalla
contra los invasores. Este flujo continuará en el futuro
y podría convertirse en un hecho tan relevante como fue la
creación de un ejército internacional destinado a
expulsar a los invasores soviéticos de Afganistán
en los años ochenta.
Por otro lado, los ataques estadounidenses contra las ciudades Nayaf
y Kerbala -las ciudades santas shiíes- han tenido un amplio
eco. Decenas de miles de shiíes se han manifestado en el
propio Iraq y también en Irán, Líbano y Bahrein
en contra de estos ataques. Washington se ha ganado así el
rechazo unánime de esta comunidad a nivel internacional.
Por otro lado, el empantanamiento de EEUU en Iraq ha tenido también
consecuencias en otros planos de la actualidad internacional. Este
fracaso estadounidense en Iraq ha frenado cualquier tentación
de intentar promover otros "cambios de régimen"
en países como Siria, Irán o Corea del Norte. Estos
países, especialmente Irán, que cuenta con una población
tres veces mayor que la de Iraq, saben perfectamente que EEUU no
tiene capacidad militar para invadirles mientras tenga que hacer
frente a la actual crisis política y militar en Iraq, y parece
bastante dudoso que pudiera tenerla incluso aunque sus tropas abandonaran
este último país. Además de ser un país
con una importante población, los iraníes están
mucho más concienciados políticamente que estuvieron
los iraquíes durante el régimen de Saddam, y son mucho
más homogéneos desde el punto de vista social y religioso.
Corea del Norte, por su parte, se ha convertido en un estado difícil
de amenazar desde el momento que cuenta con armas nucleares. La
imposibilidad de chantajear a Corea del Norte es el factor que explica
el giro experimentado por la diplomacia de EEUU en los pasados meses,
que ha cristalizado en una actitud más conciliadora de Washington
hacia el régimen de Pyongyang.
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