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Los Hermanos Musulmanes piden reformas democráticas
en Egipto

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YUSUF FERNANDEZ

E l pasado 16 de mayo al alba la policía egipcia arrestó a 54 miembros de los Hermanos Musulmanes, una organización prohibida pero tolerada en la práctica por las autoridades egipcias. Esta ola de detenciones constituyó la peor campaña en contra de la organización llevada a cabo por el Estado egipcio en los últimos años.
Según la cadena de televisión árabe Al Yazira, unos 12 líderes de la organización fueron detenidos en Alejandría, 9 en Tanta, 9 en Kfir al Shaij y uno en El Cairo. Entre los arrestados se encontraban el editor Yamal Saadi Mahdi y el empresario Midhat Ahmad al-Haddad, que ya pasaron tres años en prisión entre los años 1995 y 1999, y Al-Muhammadi Said Ahmad, que fuera candidato en las elecciones parlamentarias de 2000. El gobierno también procedió al cierre del sitio de Internet de la organización, aunque éste pudo reaparecer al día siguiente.
No cabe duda de que el pueblo de Egipto se ha sentido frustrado por esta nueva acción represiva del régimen de Hosni Mubarak en un momento en que la mayoría de la población de la región está haciendo sentir su clamor en favor de la democracia y las reformas políticas. Por su parte, los Hermanos Musulmanes dieron a conocer un comunicado el 16 de mayo en el que manifestaban que continuarían sus actividades a pesar de las detenciones. También señalaron que las detenciones contra miembros de su organización desmentían las afirmaciones del gobierno de que estaba dispuesto a realizar "reformas".
Los Hermanos Musulmanes han sido tradicionalmente el principal punto de referencia del islamismo en Egipto y todo el mundo árabe. La organización fue fundada en 1927 por el profesor Hassan al Banna en la ciudad de Ismailiyah, junto al Canal de Suez. En un principio, el grupo tuvo un carácter únicamente religioso. En 1932 el movimiento comenzó a extenderse a otras zonas del país y Al Banna se mudó a la capital, El Cairo. Poco después, los Hermanos Musulmanes ampliaron su campo al terreno político y en los años cuarenta ganaron una notable influencia en el país.El guía general de los Hermanos Musulmanes, Mohammad Mahdi Akif
Tras la Revolución de 1952, liderada por Yamal Abdel Nasser, el padre del panarabismo, comenzó un período negro para los Hermanos Musulmanes. En 1954 la organización fue prohibida y muchos de sus dirigentes fueron ejecutados o encarcelados.
Los años setenta supusieron un breve respiro. El presidente Anuar el Sadat liberó a miles de miembros de los Hermanos Musulmanes de la cárcel (aunque no levantó la prohibición que pesaba sobre la organización). En 1977, Sadat introdujo un sistema multipartidista limitado y los Hermanos Musulmanes consiguieron así un reducido espacio político. La organización comenzó entonces a concurrir en las elecciones de los consejos estudiantiles y de las organizaciones profesionales, donde cosecharon notables éxitos.
Tras la asunción del poder por parte de Mubarak se produjo un nuevo endurecimiento de la actitud del poder hacia los Hermanos Musulmanes y, desde entonces, la represión estatal se ha venido alternando con períodos de una cierta tolerancia. Los Hermanos Musulmanes se han beneficiado también del hundimiento de las tradicionales ideologías de oposición al régimen, tales como el nasserismo, el nacionalismo árabe o el comunismo. En la actualidad, el islamismo se ha convertido en el único movimiento ideológico pujante en el seno de la sociedad egipcia y tanto el régimen como la oposición buscan señas de identidad islámicas para fortalecer su posición dentro de la sociedad.
Los islamistas poseen una imagen de honestidad dentro de la sociedad egipcia y su efectiva organización les permite prestar de forma gratuita todo tipo de servicios a la población, incluyendo los educativos y sanitarios, y de una forma mucho más eficaz además que los propios poderes públicos. Estos factores, unidos a la estructura de la organización, que opera en células separadas, y a la capacidad de sus líderes de adaptarse a las diferentes condiciones políticas explican la longevidad de los Hermanos Musulmanes y su creciente influencia en el seno de la sociedad egipcia. En este sentido, la represión no ha afectado a la capacidad de crecimiento de un movimiento habituado a moverse con holgura dentro de la clandestinidad.
En los meses de marzo y abril los Hermanos Musulmanes organizaron multitudinarias manifestaciones, principalmente en universidades, como protesta al asesinato por parte de Israel de los líderes de Hamas, Sheij Ahmad Yassin y Abdul Aziz Rantisi. El grupo organizó asimismo una ceremonia de condolencias por la muerte de Yassin en la mezquita de Al Adawiya, en la que participaron más de 15.000 personas. La mayoría de estas últimas eran miembros o simpatizantes de la organización, pero había también líderes de la oposición legal. En este acto se recordó que Yassin había sido miembro de los Hermanos Musulmanes y estuvo detenido por este motivo en 1965. Más tarde, creó Hamas siguiendo la metodología de esta organización.
Las autoridades egipcias vieron también con aprensión la reunión que altos responsables de los Hermanos Musulmanes -incluyendo el diputado Mohammed Muri, el periodista Abdul Qudus y el secretario general de la Asociación de Médicos, Issam al Arian- mantuvieron con diplomáticos del Reino Unido, Canadá, Suecia y Suiza a mediados de marzo. Medios gubernamentales señalaron que este hecho demostraba que el grupo quería presentarse ante el mundo como una alternativa al actual gobierno del Partido Nacional Democrático (NDP) del presidente Mubarak -cosa por lo demás que no sería ningún delito en un estado democrático-.

Legalizar los partidos islamistas

Por otro lado, el pasado 20 de abril el Grupo de Crisis Internacional (ICG), con sede en Bruselas, pidió al gobierno egipcio que permitiera a los partidos islamistas participar en política, como paso necesario para proceder a una democratización efectiva del país y evitar una futura ola de desestabilización. "A menos que el gobierno egipcio cambie su enfoque, abra la esfera política a todas las fuerzas presentes en la sociedad y lleve a cabo una reforma política seria, la frustración que sienten muchos egipcios podría llevar a un resurgimiento del activismo violento en el futuro", advierte el ICG. En este mismo sentido, Amnistía Internacional ha denunciado el reciente procesamiento de varios líderes de los Hermanos Musulmanes ante un tribunal militar y las condenas a penas de entre 3 y 5 años de prisión que les fueron impuestas. Amnistía Internacional ha declarado a estos últimos presos de conciencia.Egipcios encarcelados por motivos políticos durante el transcurso de un proceso ante un tribunal militar
Los obstáculos que sufren los Hermanos Musulmanes y otros sectores de la sociedad egipcia para llevar a cabo una actividad política legal quedaron de manifiesto en una reciente entrevista de la agencia Reuters con Abu Al Alaa Madi, un activista que intentó, junto con algunos compañeros musulmanes y cristianos, registrar el Partido del Centro, de orientación islamista. en 1998, pero vio su demanda rechazada. Madi manifestó a la agencia que esperaba que el gobierno egipcio siguiera las recomendaciones del informe del ICG.
En realidad, es prácticamente imposible legalizar hoy un partido político en Egipto, en especial si es islamista. Según la ley de partidos de 1977, cualquier nuevo partido que solicite su legalización ha de recibir el visto bueno de un Comité nombrado por el gobierno. Sin embargo, la Organización Egipcia de Derechos Humanos ha denunciado que sólo cuatro de las 60 solicitudes recibidas por el Comité en los últimos años han sido aprobadas. La ironía del caso es que los Hermanos Musulmanes constituyen la principal fuerza de oposición en el Parlamento egipcio, pero todos sus parlamentarios han sido elegidos como independientes debido a la prohibición.
Egipto está gobernado en la práctica por un régimen de partido único y el NPD de Mubarak detenta así todo el poder. Este partido sabe, sin embargo, que no tendría ninguna oportunidad real de ganar unas elecciones libres. La clase dirigente egipcia -temerosa de perder sus privilegios y su monopolio de las fuentes de riqueza- sabe perfectamente que en unas elecciones auténticamente democráticas los Hermanos Musulmanes obtendrían probablemente alrededor de un 60% de los votos, por lo que no está dispuesta a permitir reformas democráticas reales en el país.
Los Hermanos Musulmanes sí han logrado controlar la mayoría de las asociaciones profesionales, donde las juntas directivas son elegidas habitualmente por votación libre. La organización detenta en la actualidad el control de la Asociación de Médicos, el Sindicato de Ingenieros y la Asociación de Periodistas. A falta de unos comicios libres, las elecciones en las asociaciones profesionales han sido vistas tradicionalmente como el mejor barómetro para conocer la influencia real de las distintas corrientes políticas en el país. El régimen ha reaccionado a estos éxitos de los Hermanos Musulmanes disolviendo, en muchos casos, las juntas directivas democráticamente elegidas y anulando las elecciones.

Propuestas de reforma

El pasado 14 de enero, Mohammad Mahdi Akif, fue elegido nuevo guía general (murshid) de los Hermanos Musulmanes, mediante una votación secreta acaecida tras la muerte de su predecesor, el carismático Manun al Hudaibi, que falleció el 9 de enero a los 83 años. Akif fue uno de los líderes de la organización que fueron encarcelados en 1954, tras la primera ola de represión de Nasser. Tras pasar 20 años en prisión, fue liberado en 1974 y se exilió en Arabia Saudí. Más tarde, en 1980, se fue a Alemania, donde pasó a dirigir el centro que la organización posee en dicho país. Durante los años 1987-1990, Akif desempeñó el cargo de parlamentario.
La elección de Akif por parte de las distintas ramas internacionales de los Hermanos Musulmanes no constituyó ninguna sorpresa. Akif ha jugado un papel importante en el establecimiento de centros de la organización en distintas partes del mundo y mantiene una estrecha relación de amistad con numerosas personalidades influyentes de la familia real saudí, incluyendo el ministro del Interior, príncipe Nayef bin Abdul Aziz.
Cabe añadir que han sido también elegidos dos adjuntos al guía general: Mohammed Habib, un profesor de geología, y Jairat al Shatir, un ingeniero informático. Según diversas fuentes, ambos dirigentes tienen un talante reformista y podrían realizar cambios importantes en la estructura e ideología de la organización.
Bajo el nuevo liderazgo de Akif, los Hermanos Musulmanes presentaron el pasado 3 de marzo en El Cairo un plan de reformas políticas democráticas, que incluye la liberación de los presos políticos, la derogación de las leyes de emergencia -que han venido rigiendo en el país desde 1981, fecha del asesinato del presidente Anuar el Sadat- y la reforma de la ley de partidos y otras normas que mantienen bloqueada la situación política en Egipto. Los Hermanos Musulmanes han propuesto también que se limiten las competencias del presidente y que éste sea elegido en unas elecciones libres y por un período máximo de dos mandatos.
Los Hermanos Musulmanes han propuesto también que sea garantizada la libertad de religión, se ponga fin al abuso de los medios de comunicación por parte del gobierno y se permita la creación de medios independientes. El plan también incluye reformas constitucionales que garanticen el derecho a la libre reunión y asociación.
En el terreno económico, el programa de los Hermanos Musulmanes podría ser calificado de liberal, ya que aboga por la liberalización de la economía, la privatización de empresas públicas, la creación de un sistema fiscal transparente y la entrada de Egipto en la Organización Mundial del Comercio. La organización propone asimismo duras medidas en contra de la corrupción administrativa. También defiende la puesta en marcha de iniciativas que potencien el papel de la mujer en todas las esferas de la sociedad. El plan indica, en suma, que el extremismo se alimenta de dos males: la pobreza y la injusticia, y es necesario hacer frente a ambos problemas con el fin de erradicarlo.
La reacción del régimen egipcio ante la propuesta de los Hermanos Musulmanes fue de irritación. El ministro del Interior, Habib al Adli, condenó no sólo la iniciativa, sino también a la Asociación de Periodistas por haber dejado su sede a disposición de la organización para que pudieran realizar allí el acto de presentación del plan. Al Adli describió además a los Hermanos Musulmanes como una "organización ilegal", que carecía de "autorización" para presentar cualquier tipo de propuesta de reforma. Por su parte, Rifaat al Said, presidente del partido Tagammu, de izquierda, criticó también la iniciativa de los Hermanos Musulmanes señalando que se parecía demasiado a la Iniciativa para un Gran Oriente Medio, promovida por la Administración Bush.
Los Hermanos Musulmanes han mantenido también en los últimos meses conversaciones con los principales partidos de la oposición con el fin de buscar aliados y elaborar listas conjuntas para los próximos comicios de 2005, tal y como ya hicieran en los años ochenta. Muchos partidos de la oposición desean también establecer este tipo de alianza por cuanto que el apoyo de los Hermanos Musulmanes a sus formaciones les sería sumamente beneficioso desde el punto de vista electoral. Para los Hermanos Musulmanes una alianza de este tipo sería también útil, pues les permitiría burlar la prohibición que pesa sobre la organización e introducir a sus miembros en el Parlamento.
Hay que señalar, pues, que el reconocimiento de los Hermanos Musulmanes como un partido político legal se ha convertido en el principal criterio para valorar si el régimen de Mubarak tiene una intención real o no de democratizarse. Mientras los Hermanos Musulmanes no reciban un estatus legal, cualquier reforma carecerá de credibilidad y la estabilidad de Egipto estará amenazada.