.¿Qué ha significado para Vd. Recibir
el premio de la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes
de Madrid?
Una satisfacción y un honor, me he llevado una gran
alegría. Por varios motivos, pero principalmente por los siguientes:
por proceder de una institución que defiende el pensamiento
crítico y la libertad de expresión, fomentando el diálogo
y los caminos de entendimiento; por el reconocimiento que supone también
de la labor del arabismo español y los esfuerzos que muchos
de nosotros -y muchas- venimos realizando para plantear las relaciones
hispano-árabes sobre bases más sólidas, reales
y equitativas. ¿Qué proyectos está
llevando a cabo en la actualidad?
Tengo a punto de entregar a la editorial un libro que se
titulará “Mundo árabe y cambio de siglo”.
Bastante adelantada también la redacción de otro cuyo
título será probablemente “El mundo árabe
durante el siglo XX: líneas abiertas y círculo cerrado.
¿Cree que la actual situación a nivel internacional,
con los conflictos de Iraq y Palestina, influye en el interés
de la sociedad española hacia la cultura árabe?
Está influyendo, al menos, para que esté
cada vez más interesada en conocer la realidad de ese mundo,
para estar más informada sobre él. Ocurre sin embargo
que, con frecuencia, esto no significa estar mejor informada. La
cultura es otra cosa distinta, porque su conocimiento, garantizado
y objetivo, exige mucho más tiempo, sensibilidad y medios.
Hay que seguir luchando para conseguirlo. No puedo ocultar que me
asombra y me asusta la poca solidaridad pública que, en estos
momentos, se demuestra con el pueblo palestino y con el pueblo iraquí,
especialmente con el primero. Y resulta sorprendente, porque este
pueblo sufre actualmente aún más que en muchas épocas
anteriores.
En este mismo sentido, ¿cómo cree que afectará
el 11-M a la percepción de lo árabe y los islámicos
en la sociedad española?
Hay que reconocer que la reacción muy mayoritaria
del “ciudadano de a pie” ha sido absolutamente positiva,
demostrando una capacidad de contención seguramente sorprendente,
inesperada; la sociedad española, y específicamente
la madrileña, ha dado una lección, demostrando una
gran madurez. Esto no quiere decir que no haya habido brotes muy
esporádicos de racismo y xenofobia, que los ha habido, ni
tampoco que no aumenten quizá en el futuro. Tampoco puede
negarse que hemos entrado en un resurgimiento de la arabofobia y
de la islamofobia, de manera especial en determinados círculos
intelectuales y mediáticos. Esto sí que es enormemente
grave, alarmante y lamentable. Hay que estar muy atentos.
¿Cómo valora que España esté
saliendo o haya salido de la foto de las Azores?
En realidad en esa foto salió solamente un señor
-que el creía representaba a España- cuando tal representatividad
era totalmente minoritaria. España no se merecía eso.
Afortunadamente, parece cosa pasada.
La inmigración está contribuyendo a la creación
de una sociedad multicultural. ¿Considera que los españoles
estamos mentalizados para este cambio?
Yo preferiría que se tratara de una sociedad intercultural,
pero me conformaría con que se consiguiera una sociedad multicultural
auténticamente justa, equivalente y armónica. Por
razones obvias y naturales la inmigración, en este asunto,
no puede contribuir de manera activa y directa; al menos hasta ahora,
esperemos que sí lo haga de inmediato. Los españoles
no estamos plenamente mentalizados para este cambio, pero lo vamos
consiguiendo poco a poco y con esfuerzo.
¿Cree que la guerra de Iraq ha tenido una influencia
sobre los intelectuales árabes y la forma en que perciben
el sistema occidental?
Esta es una pregunta para responder con una tesis doctoral
o con un tratado. En fin, resumiré. La guerra de Iraq ha
influido sobre todos los árabes y todas las árabes.
Naturalmente, sobre los intelectuales también, pero la inmensa
mayoría de los intelectuales ahora -y no sólo en el
mundo árabe, aunque quizá aún más en
éste- se quedan en la expresión formal y retórica.
Los mecanismos políticos y de poder siguen siendo implacables.
Ha sido un árabe precisamente el que ha afirmado que “las
sociedades árabes están hechas de políticos
sordos, ciudadanos ciegos e intelectuales mudos”: es algo
exagerado, pero refleja bastante bien la situación general.
Yo no creo que haya un “sistema occidental”, aunque
es verdad que en ocasiones los distintos sistemas se comparten como
tal. Tampoco hay un “sistema árabe”, y si existe,
es sólo en los aspectos negativos y en las incapacidades.
Esto sí que tiene que preocupar, a los intelectuales árabes
y a los ciudadanos. Y de hecho preocupa, aunque mucho menos de lo
que tendría que ser.
Hoy se habla de que EEUU se haya empantanado en Iraq y
sus planes originales para el dominio del país están
fracasando a nivel político y militar. ¿Cuál
cree que puede ser el futuro de Iraq en estas circunstancias?
Creo más bien que se “hallan empantanados”.
No en la devastación del país, evidentemente, porque
siguen adelante. Están empantanados porque han fallado seguramente
los cálculos que se habían hecho, o quizá no
habían calculado tanto. El plan, en su finalidad principal,
está muy claro: es un proyecto neocolonial, neoimperialista,
y creo que será muy difícil que renuncien a él.
Por eso precisamente hay que seguir oponiéndose a él,
cada vez con mayor firmeza. A mí me asusta no sólo
el futuro de Iraq, sino de toda la región, pues corre el
riesgo seguro de “desarabizarse”. ¿Seguirá
existiendo un Estado iraquí vertebrado, en lo político,
en lo económico, en lo cultural, en lo social? Y adviértase
que digo, sencillamente, vertebrado. Este es el riesgo y el peligro.
En la actualidad se habla también mucho de reformas
democratizadoras en el mundo árabe. ¿Considera que
este mundo debe llevar a cabo reformas conformes a su propia idiosincrasia
o se trataría sin más de copiar a Occidente?
Cada vez creo con mayor firmeza en lo siguiente: el mundo
árabe tiene que dotarse urgentemente de mecanismos, de organismos,
que reflejen adecuadamente su indudable diversidad y pluralidad
naturales, estructurales. Oponerse a ello es suicidarse, cerrarse
el futuro, renunciar al progreso. Las propuestas democratizadoras
son tan legítimas como las que tienen ese calificativo. Es
cuestión de justicia, de ejercicio de las libertades y de
los derechos públicos y civiles. Me parece un enorme error
seguir planteando esto en términos radicalmente exclusivistas
o antagónicos: o nuestra idiosincrasia o copiar a Occidente,
por emplear su terminología. ¿La presunta idiosincrasia,
es única, inmutable, totalmente definida? ¿Son únicas
también las propuestas occidentales? Es seguir moviéndose
en círculos viciosos, renunciar de antemano al necesario
diálogo, al esfuerzo mutuo de aproximación y comprensión,
a la búsqueda de caminos integradores auténticos.
¿Qué obras sobre el tema cultural
árabe aparecidas en lengua española recientemente
recomendaría?
Prefiero no dar nombres ni títulos. Que cada cual
elija en conciencia y saber propio.
*Pedro Martínez Montávez es arabista y
catedrático emérito de la UAM
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