.REDACCIÓN
l pasado mes de abril, el mundo entero fijó su atención
en Faluya, la mayor ciudad de la provincia iraquí de Anbar,
situada al oeste de Bagdad. Faluya se había convertido en
un símbolo de la oposición a la ocupación norteamericana
en los meses anteriores, debido a las acciones de la resistencia
que habían tenido lugar en sus cercanías.
El 5 de abril, los norteamericanos pusieron sitio a la ciudad y
exigieron que les fueran entregados los responsables de la ejecución
de cuatro mercenarios, que había tenido lugar en la ciudad
el pasado 31 de marzo. Sin embargo, los habitantes de Faluya rechazaron
las condiciones estadounidenses y optaron por resistir. Los militares
de EEUU respondieron con fuertes bombardeos, que dejaron un balance
de unos 1.000 muertos y varios miles de heridos. Estos bombardeos
provocaron la huída de 60.000 de los 300.000 habitantes de
la ciudad.
Los militares estadounidenses lanzaron al mismo tiempo la llamada
Operación "Vigilant Resolve", dirigida a la toma
de la ciudad. Sin embargo, los marines norteamericanos que participaban
en el ataque encontraron una resistencia mucho mayor que la que
habían previsto. Los marines se vieron obligados luchar casa
por casa y calle por calle contra unos combatientes mucho más
motivados y bien equipados. Pese al uso extenso de aviones, helicópteros,
tanques y vehículos acorazados el avance de los norteamericanos
dentro de la ciudad fue muy lento. De hecho, las tropas estadounidenses
sólo pudieron penetrar unos pocos kilómetros en los
suburbios industriales. Sin embargo, un gran número de edificios
-incluyendo escuelas, viviendas, mezquitas y hospitales- resultaron
dañados por los bombardeos.
Desalentado por la resistencia encontrada, el mando militar norteamericano
decretó un cese el fuego unilateral el 9 de abril, supuestamente
para explorar la vía de un posible acuerdo con los rebeldes
que evitara la continuación del asalto. Sin embargo, los
términos expuestos por el mando estadounidense para el logro
del acuerdo eran poco menos que la exigencia de una rendición
incondicional de los miembros de la resistencia. Como era de esperar,
estos últimos rechazaron tales condiciones.
Los observadores señalan ahora que este cese del fuego fue,
en realidad, una estratagema para dar a las fuerzas norteamericanas
tiempo para reagruparse y dar inicio a un nuevo asalto. Sin embargo,
se estaba levantando ya entonces un fuerte clamor dentro de Iraq
y a nivel internacional en contra de la brutal estrategia que las
tropas norteamericanas estaban poniendo en práctica en Faluya.
Además, éstas comenzaban ya entonces a hacer frente
a un levantamiento shií en el sur del país, liderado
por Muqtada al Sadr.
Estos dos factores fueron determinantes para que EEUU comenzara
a realizar esfuerzos destinados a lograr una resolución negociada
del conflicto de Faluya. Sin embargo, aunque las conversaciones,
con la mediación de líderes locales y del Partido
Islámico de Iraq, continuaron y dieron como resultado un
primer borrador de acuerdo el 19 de abril, los informes de la Media
Luna Roja filtrados a la prensa sugieren que las fuerzas norteamericanas
estaban preparándose entonces para llevar a cabo otro asalto.
El general James Conway, el jefe de los marines que se hallaban
dentro de la ciudad, manifestó el 22 de abril que se estaba
planeando un ataque "en cuestión de días, no
de semanas". Otro oficial de los marines declaró a un
medio de comunicación estadounidense que Faluya iba a "convertirse
en un campo de muerte dentro de un par de días". Mientras
tanto, los combates entre soldados estadounidenses y miembros de
la resistencia continuaban.
Sin embargo, si EEUU esperaba lograr una victoria militar en Faluya
y poner fin a la resistencia en la ciudad de una vez y por todas,
este objetivo resultó un completo fracaso. En primer lugar,
ha habido un completo y creciente apoyo de todos los sectores de
la resistencia y del pueblo iraquí en general a los combatientes
y habitantes de la ciudad. De hecho, el ejemplo de Faluya ha contribuido
a consolidar un clima de unidad nacional frente al enemigo común.
Los norteamericanos quedaron también sorprendidos cuando
las unidades del nuevo Ejército iraquí, que ellos
habían entrenado, se negaron a combatir contra los miembros
de la resistencia en Faluya. El 23 de abril, un portavoz estadounidense
confirmó también que la mitad de los policías
iraquíes habían desertado y muchos de ellos se habían
pasado incluso a las filas de la resistencia.
Otro factor decisivo que influyó en la mente de los mandos
militares norteamericanos a la hora de aceptar un acuerdo que evitara
una escalada en los ataques contra Faluya fue la dificultad inherente
al combate urbano o lo que el Pentágono denomina MOUT (Military
Operations on Urbanized Terrain). Este tipo de combate constituye
la peor pesadilla de un soldado. En él, la superioridad de
la potencia de fuego se diluye y el enemigo autóctono posee
una clara ventaja. El reconocimiento por satélite o avión
no es tampoco muy efectivo en estas áreas. Los tanques y
vehículos blindados se vuelven muy vulnerables a los ataques
desde arriba o los que tienen lugar a corta distancia, en especial
en las calles estrechas. Asimismo, las comunicaciones se ven gravemente
alteradas en estos espacios urbanos. Por otro lado, los defensores
pueden minar edificios y esperar que los soldados enemigos penetren
en ellos para hacerlos volar.
En este sentido, Faluya es un terreno ideal para los insurgentes.
Sus estrechas calles, callejones sin salida y plazas son lugares
perfectos para el desarrollo de las tácticas de guerrilla
urbana. Los edificios de apartamentos, de dos, tres y cuatro plantas,
son también adecuados para su uso por parte de francotiradores,
que pueden batir desde ellos grandes distancias.
Baste decir que algunos ejércitos que, como el alemán
en la Segunda Guerra Mundial, habían logrado grandes victorias
en campo abierto, perdieron batallas decisivas en ciudades como
Stalingrado, además de sufrir un gran número de bajas.
Más recientemente, en Sarajevo, Grozni y Mogadiscio, los
ejércitos serbio, ruso y norteamericano tuvieron que hacer
frente igualmente a numerosas bajas, e incluso a notables fracasos
militares cuando pretendieron tomar estas ciudades.
Desde el punto de vista político, el combate urbano es muy
problemático, debido sobre todo al importante número
de bajas que causa en las filas del atacante y a la imposibilidad
de evitar la muerte de un gran número de civiles. Esto en
el caso de Faluya resultaba aún más complicado, porque
el pueblo de EEUU no desea ver aumentar el número de bajas
de sus soldados en una guerra que fue notoriamente ilegal y que
además oficialmente ni existe.
Los norteamericanos renuncian al asalto
Ante la perspectiva de una batalla larga y sangrienta, que podrá
tener graves repercusiones a lo largo y ancho de Iraq, el mando
militar estadounidense prefirió rendirse a la evidencia y
cambiar de táctica. Los norteamericanos aceptaron un acuerdo,
que fue suscrito por el general James Conway, para entregar, de
común acuerdo con la resistencia iraquí, el control
de la ciudad al general Jasim Mohammed Saleh, un antiguo miembro
de la Guardia Republicana de Saddam, que pasaría a liderar
una fuerza de unos 1.100 hombres, denominada "Ejército
de Protección de Faluya". Los combatientes de la resistencia
iraquí, por su parte, recibieron garantías de que
no serían objeto de ningún ataque ni hostigamiento
y podrían conservar sus armas.
Poco después, los marines estadounidenses comenzaron a abandonar
los barrios de los suburbios de Faluya que habían conseguido
tomar, en dirección a una localización situada a varios
kilómetros al sur de la ciudad. Las autoridades norteamericanas
pusieron también en libertad al imam de la principal mezquita
de Faluya, Sheij Yamal Shakir Nazzal, un público opositor
a la ocupación estadounidense, que había sido arrestado
el pasado mes de octubre.
En EEUU, el nombramiento de un antiguo general de la Guardia Republicana
de Saddam para gobernar levantó un escándalo porque
venía a poner en entredicho la propia guerra de Iraq. "Si
al final un hombre vinculado a Saddam viene a hacerse cargo de los
problemas, ¿no hubiera sido mejor entonces dejar a Saddam
en el poder?" se preguntaron entonces algunos norteamericanos.
Estas protestas hicieron que el mando estadounidense optara finalmente
por destituir a Saleh y nombrara para sucederle a Mohammad Latif,
un antiguo oficial de la Inteligencia iraquí.
Algunos mandos militares temen también que el acuerdo fortalezca
a la guerrilla. Un alto oficial de marines declaró a un diario
norteamericano: "Esto (el acuerdo de Faluya) va a ser visto
por la resistencia como una señal alentadora. La guerrilla
podría decir: "Hemos luchado contra la máquina
militar norteamericana y la hemos frenado. Ven y únete a
nosotros, el equipo ganador".
Otros expertos estadounidenses no han dudado, por el contrario,
en elogiar el acuerdo. "Al fin los responsables norteamericanos
parecen haber comprendido que tienen entre manos un problema político,
que no puede ser resuelto por medios militares", manifestó
Luis Cantori, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad
de Baltimore. Cantori manifestó que, en su opinión,
se necesitaba una solución dialogada con los insurgentes,
porque nadie podía pensar que la fuerza iraquí que
había tomado a su cargo Faluya fuera a intentar siquiera
oponerse a éstos. "Si los insurgentes han podido enfrentarse
con tal éxito a los marines norteamericanos ¿puede
alguien imaginarse lo que podrían hacer contra esa fuerza?",
señaló Cantori. Él manifestó que, en
el mejor de los casos, la fuerza iraquí se limitará
a recorrer algunas calles y a no molestar a los combatientes armados
de la resistencia que continúan viviendo en la ciudad.
Los norteamericanos habían demandado también a la
población de Faluya que entregara a los combatientes extranjeros
que había en la ciudad. Sin embargo, la respuesta del general
Saleh a esta demanda fue que "no hay combatientes extranjeros
en Faluya". Esta evidencia echó por tierra las afirmaciones
del mando estadounidense de que no era la población local,
sino "activistas extranjeros" los que se habían
enfrentado a sus tropas.
La decisión estadounidense de aceptar un acuerdo fue considerada
por los habitantes de Faluya, y por todos los iraquíes en
general, como una victoria de su determinación de no capitular
ni entregar la ciudad o sus armas a los norteamericanos. Los habitantes
de Faluya celebraron la victoria sobre los norteamericanos en las
calles con disparos al aire y el flamear de banderas verdes del
Islam y banderas iraquíes. Miles de refugiados comenzaron
asimismo a regresar a sus viviendas.
Los responsables militares estadounidenses han admitido que entre
las fuerzas iraquíes enviadas a Faluya hay numerosos miembros
de la resistencia infiltrados. Muchos de estos policías iraquíes
han afirmado sentirse tan felices por la victoria de los resistentes
de Faluya como el resto de los iraquíes. "No puedo describir
la alegría que siento. Ésta es una gran victoria para
el Islam", manifestó uno de estos policías, de
nombre Ahmad Sadun Yassin. Según fuentes norteamericanas,
los policías se fundieron, de hecho, con los combatientes
de la resistencia al entrar en la ciudad y compartieron su celebración.
Pocas horas después de la llegada de los policías
iraquíes a la ciudad, un pequeño grupo de marines
entró en ella en algunos vehículos Humvee, que iban
protegidos por policías iraquíes. Estos marines fueron
objeto de las burlas de los combatientes iraquíes que les
saludaban con la V de la victoria. "La gente de la ciudad se
reía de ellos. Han recibido una lección, pero podrían
volver porque nunca respetan su palabra", manifestó
un miembro de la resistencia a un medio norteamericano.
Hay que decir, sin embargo, que pese al acuerdo, los norteamericanos
no podrán evitar ya la condena y rechazo de la opinión
pública iraquí e internacional hacia los crímenes
de guerra que cometieron en la ciudad durante el asedio a la misma,
en las dos primeras semanas de abril. Unos 1.000 iraquíes
habrían muerto a consecuencia de los bombardeos y de los
disparos de los marines, entre ellos 450 ancianos, mujeres y niños.
Las imágenes de niños decapitados, de mujeres muertas
tendidas en la calle y del estadio de fútbol convertido en
un gigantesco cementerio han sido difundidas a todo el mundo gracias,
una vez más, a la cadena Al Yazira, que fue más tarde
expulsada por los norteamericanos de la ciudad, y se convertirán
probablemente en uno de los principales símbolos de esta
guerra, junto con las torturas de Abu Graib. Estas muertes de civiles
inocentes supondrán también una eterna mancha en la
historia de EEUU y una deshonra perpetua para el Ejército
norteamericano. |