.REDACCIÓN
l pasado 6 de abril, la Asamblea Popular Nacional de China -el órgano
legislativo de ese país- advirtió, en un gesto poco
usual, que cualquier medida destinada a reformar el sistema de elección
del órgano legislativo de Hong Kong necesitaría contar
previamente con la aprobación del gobierno chino. La Asamblea
manifestó que esta declaración intentaba poner fin
a la confusión existente y a las discusiones acerca de la
interpretación de varios artículos de la Ley Básica
de Hong Kong, al reservar la última palabra sobre los mismos
a China, que también mantiene un derecho de veto sobre las
leyes aprobadas en la ex colonia. La Ley Básica pone claro
que es necesaria la aprobación de China a cualquier cambio
en el método de elección del jefe del Ejecutivo, pero
declara igualmente que Hong Kong tiene una mayor autonomía
en lo que se refiere al sistema de elección del Consejo Legislativo.
En la actualidad, el jefe del Ejecutivo es elegido por un grupo
de notables de Hong Kong, que son designados directamente por Pekín.
En lo que se refiere al Consejo Legislativo, cabe decir que sólo
24 de sus 60 miembros son elegidos en elecciones directas (un número
que será elevado hasta los 30 en septiembre, según
viene contemplado en la propia Ley Básica).
Hace diez años, un portavoz del Ministerio chino de Exteriores
manifestó la posibilidad de que todos los escaños
del Consejo pudieran ser elegidos mediante elecciones directas,
sin que esta reforma precisara de una aprobación previa por
parte del gobierno chino. Sin embargo, la reciente declaración
de la Asamblea Popular Nacional ha decidido ahora en sentido contrario.
El anuncio la Asamblea ha recibido una amplia cobertura internacional,
ya que era la primera vez desde la reintegración de Hong
Kong en China, ocurrida en 1997, que las autoridades chinas se arrogaban
de forma unilateral el derecho a "interpretar" la Ley
Básica. Anteriormente sólo lo habían hecho
una vez, en 1999, tras un requerimiento del Ejecutivo de Hong Kong
para que se pronunciaran acerca de los derechos de residencia en
la ex colonia.
Entre los factores que pueden haber obligado a Pekín a adoptar
esta postura puede estar su preocupación ante las protestas
que la oposición democrática ha organizado para este
año el 4 de junio (15 aniversario de la represión
del movimiento estudiantil en la Plaza de Tien Anmen) y el 1 de
julio (primer aniversario de una masiva protesta contra una ley
antisubversiva, que el gobierno de Hong Kong iba a aprobar debido
a las presiones de Pekín). China teme que estas protestas
acaben convirtiéndose en una muestra abierta de descontento
en contra de su control político en Hong Kong.
Las protestas del pasado año parecen haber mermado también
la confianza de los líderes chinos en el liderazgo de Tung.
La declaración de la Asamblea Popular Nacional sería,
en este sentido, una señal de que Pekín quiere tomar
las riendas del control de Hong Kong en sus propias manos.
Apoyo de los partidos pro chinos
Como era de esperar, la decisión de la Asamblea Popular
Nacional ha recibido el respaldo de los partidos pro chinos representados
en el Consejo Legislativo. Ma Lik, presidente de la Alianza Democrática
para la Mejora de Hong Kong, el mayor partido pro Pekín de
la ciudad, se apresuró a declarar que el anuncio chino no
suponía necesariamente que el Consejo no vaya a poder ser
elegido íntegramente mediante un sistema de sufragio universal
en un futuro. Lik manifestó además que la decisión
de Pekín tenía sentido ya que "la estabilidad
es más importante para la ciudad que los cambios radicales".
Los sectores demócratas, por su parte, han recibido mal el
anuncio chino, porque viene a suponer un importante bloqueo a los
planes de reforma que han venido defendiendo, y que contemplan la
elección del Ejecutivo y del Consejo Legislativo mediante
la fórmula del sufragio universal. De momento, sin embargo,
la declaración china no ha producido graves protestas en
Hong Kong, tal y como esperaba la oposición democrática.
Las manifestaciones convocadas por esta última en contra
de la postura manifestada por China han reunido únicamente
a algunos centenares de personas, una cifra que contrasta agudamente
con el medio millón de manifestantes que recorrió
las calles de la ciudad el pasado año para protestar contra
el proyecto de ley antisubversiva, que pretendía, sobre todo,
cortar los vínculos entre las organizaciones de Hong Kong
y las entidades políticas extranjeras.
El diario The New York Times atribuyó esta falta de respuesta
popular al miedo de los ciudadanos de Hong Kong a destacarse en
su oposición a China, teniendo en cuenta la incertidumbre
que existe sobre el futuro. Según el diario norteamericano,
el gobierno y la prensa chinos han llevado a cabo en los pasados
meses duros ataques verbales contra los líderes de la oposición
democrática de Hong Kong a los que calificaron de "payasos"
o "traidores". Este tema del "patriotismo" ha
sido utilizado extensamente por las autoridades chinas como arma
ideológica en contra de la oposición de Hong Kong
y sus reivindicaciones democráticas.
Según señala el Times, en su campaña en contra
de la oposición democrática, Pekín se ha ganado
el apoyo de los grandes magnates de Hong Kong, que paradójicamente
poseen en su mayor parte pasaportes extranjeros adquiridos en los
años ochenta y noventa con el fin de poder abandonar la ex
colonia si Pekín no respetaba sus promesas y trataba finalmente
de expropiar sus bienes y activos.
Estos magnates han defendido públicamente la postura de China
advirtiendo que un mayor nivel de democracia podría dar lugar
a un fuerte incremento de los gastos sociales y a una subida de
impuestos, que dañaría la competitividad de Hong Kong
dentro del con texto
del sistema financiero internacional.
Cabe decir, no obstante, que es difícil pensar que China
vaya a ir más allá de la mera afirmación de
su poder de control sobre las instituciones de Hong Kong. El gobierno
chino sabe que cualquier recorte de los derechos de Hong Kong sería
utilizado por los sectores independentistas de la isla de Taiwán
para afirmar que no existe una esperanza real de que Pekín
vaya a respetar la fórmula de "un país, dos sistemas",
como marco que permita la reunificación entre China y Taiwán.
A nivel internacional, un recorte de la autonomía de Hong
Kong tendría también un alto coste político
para China.
La principal incógnita reside ahora en ver cómo va
a afectar la declaración china a las elecciones al Consejo
Legislativo, que están previstas en principio para septiembre.
La oposición democrática confía en que la advertencia
de China acabe irritando al electorado de Hong Kong y esto se traduzca
en un aumento importante del apoyo electoral a sus candidaturas.
Protestas norteamericanas
En el plano internacional, el anuncio de la Asamblea Popular Nacional
ha provocado una reacción en contra de EEUU y el Reino Unido,
que han acusado a China de intentar erosionar la autonomía
de Hong Kong. El Foreign Office convocó al embajador chino
en Londres para expresarle la queja formal del gobierno británico
por la declaración de la Asamblea que era "inconsistente
con el alto grado de autonomía que la Declaración
Conjunta de 1984 (suscrita entre Londres y Pekín) concede
a Hong Kong".
La postura de EEUU, que necesita a China como mediador frente a
Corea del Norte -con el fin de convencer a este país de que
renuncie a su programa de armas nucleares-, ha sido más cauta.
"Estamos del lado de las reformas democráticas, tal
y como vienen especificadas en la Ley Básica", indicó
el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan. Más duro
ha sido el cónsul general de EEUU en Hong Kong, James R.
Keith, que afirmó que "la imposición de la autoridad
central en un debate que todavía no ha tenido lugar es una
erosión del alto grado de autonomía que la Ley Básica
y la Declaración Conjunta de 1984 garantizan". Por su
parte, Colin Powell, secretario de Estado de EEUU, criticó
recientemente el "pobre historial en materia de derechos humanos"
de China y elogió, al mismo tiempo, al "millón
de valientes que marcharon por las calles de Hong Kong para oponerse
pacíficamente a una legislación que habría
socavado sus libertades civiles".
En este mismo sentido se pronunció también, Randall
Schriver, vicesecretario de Estado adjunto para los asuntos del
Extremo Oriente y el Pacífico. Schriver advirtió a
China, durante una comparecencia en el Senado de EEUU, que las relaciones
entre Washington y Pekín se resentirían si "la
causa de la libertad y la democracia sufre un golpe en Hong Kong".
Esta declaración fue rechazada por las autoridades chinas
que acusaron a Schriver de realizar una abierta injerencia en los
asuntos internos de China y de hacer declaraciones "irresponsables".
Los chinos se irritaron especialmente por la presencia de dos líderes
de la oposición democrática de Hong Kong -Martin Lee,
miembro del Consejo Legislativo, y Li Cheuk-yan, uno de los organizadores
de las protestas del pasado año contra la ley antisubversiva-
al lado de Schriver en la citada sesión del Senado norteamericano.
Un portavoz del Ministerio de Exteriores de China advirtió,
en una declaración sobre la visita de los parlamentarios
de Hong Kong a Washington, a EEUU en contra de cualquier intento
de implicarse en los asuntos de Hong Kong. "Nos oponemos resueltamente
a todos los intentos de interferirse en los asuntos internos de
China. El pueblo chino tiene la suficiente sabiduría como
para abordar los asuntos de Hong Kong en base a la ley y no necesita
los comentarios irresponsables de fuerzas extranjeras", indicaba
la declaración. |