|
a verdad es que no éramos terroristas. No éramos insurgentes.
Éramos gente corriente. Y los agentes de Inteligencia americana
lo sabían”, declaró Hayder Sabbar Abd, al denunciar
que había sido violado en la prisión de Abu Ghraib
por soldados norteamericanos. Y que se suicidaría si tuviera
que volver allí.
Todos hemos contemplado con horror el reportaje de la CBS con fotografías
de prisioneros iraquíes torturados por oficiales y soldados
del Ejército USA y de Gran Bretaña. Así como
los reportajes que se suceden en otras publicaciones como The Washington
Post y en The New Yorker que dan cuenta del Informe confidencial
del General Antonio Taguba. Este Informe estaba en poder del Pentágono
y de la Casa Blanca desde hacía meses y en él denunciaba
“los abusos criminales sádicos, descarados e innecesarios”
en la prisión de Abu Ghraith desde octubre y noviembre de
2003.
Ya no cabe decir que los culpables fueron una docena de incontrolados.
Al frente, había generales y oficiales que tenían
la obligación de velar por el cumplimiento de lo establecido
en la Convención de Ginebra sobre el trato a prisioneros
de guerra y por el resto de las disposiciones internacionales de
obligado cumplimiento. Los militares acusados de estos crímenes
pertenecían a la Compañía de Policía
Militar 372, así como al servicio de inteligencia, y todos
ellos bajo el mando de la General Karpinski.
La prensa británica exige investigación, juicios y
sanciones para los culpables. The Washington Post anuncia que dispone
de más de mil fotografías espantosas. Senadores y
congresistas de EEUU asistieron a proyecciones privadas en las que
les presentaron muchas fotos que tiene en su poder el Pentágono
y que motivaron las náuseas, el desprecio y manifestaciones
de horror de muchos de ellos.
No han sido los servicios del Ejército de EEUU o de las Agencias
de Inteligencia quienes han denunciado el caso, a pesar de disponer
de evidencias por denuncias de soldados impresionados por lo que
sucedía. Algunos tuvieron que ser dados de baja por shock
emocional al haber tenido que contemplar cómo obligaban a
desnudarse a los prisioneros, a amontonarse en pirámides
de cuerpos, a masturbarse y a sodomizarse unos a otros y a beber
el semen de soldados que permanecían desnudos y de rodillas.
La CBS tuvo que retrasar la publicación de su reportaje a
petición del ministerio de Defensa, dirigido por Rumsfeld,
para que no repercutiera en el asedio a la ciudad de Faluya. ¿Quién
sabe si esas fotos no influyeron para la incomprensible retirada
de los marines y el novedoso traspaso del mando a un antiguo general
de Sadam?
Estas fotos provocan espanto en centenares de millones de musulmanes
en cuya cultura es inadmisible ver a hombres desnudos obligados
a prácticas homosexuales y a estar amarrados a las verjas
de las celdas desnudos y con bragas de mujer sobre sus cabezas.
Esto es un cataclismo comparable al caso My Lai, sucedido en Vietnam
en los años setenta, cuando el mundo entero pudo contemplar
la foto de un oficial americano volando la tapa de los sesos de
un prisionero vietnamita esposado y sin posibilidad de amenaza alguna.
Fue este acto gratuito y sádico lo que descubrió una
montaña de torturas acompañadas de asesinatos a sangre
fría, o durante interrogatorios dignos de las checas o de
los campos de concentración más espantosos. Entonces,
la sociedad civil norteamericana se conmovió y expresó
su rechazo y su rebeldía comenzando por destrozar sus cartillas
militares y con las famosas marchas sobre Washington que obligaron
a la retirada del Ejército de EEUU en su primera derrota
militar.
Se trataba de reservistas que fueron reclutados para la guerra en
Iraq. Uno de ellos, Frederic, de 37 años, fue traído
del Departamento de Correccionales de Virgina, que trabajaba en
una prisión de máxima seguridad en EEUU y que estaba
acostumbrado a tratar con criminales convictos y condenados a largas
penas. ¿Sería así como trataba a los condenados
por tribunales de EEUU y que cumplen sentencias en sus prisiones?
El torturador declaró que los servicios de inteligencia le
habían exigido que “preparase” a los prisioneros
durante algunos días “para que estuvieran suaves”
a la hora de los interrogatorios que ellos harían junto con
los militares.
Dicen que nadie les informó de lo establecido en la Convención
de Ginebra y que ellos hacían “lo normal” en
estos casos.
Contra confesión de parte no hay prueba en contrario. No
es admisible la declaración del Bush a una cadena de televisión
en árabe, montada por el Pentágono y “que emite
desde el estado de Virginia”. Bush ha declarado que para Oriente
Medio conocer las imágenes debió ser “terrible”.
Y tan terrible como para señalar el comienzo de la retirada
de las tropas invasoras decidida por el trío de las Azores,
Bush, Blair y Aznar. La historia y los tribunales Internacionales
les exigirán responsabilidades cuando se pueda demostrar
toda la horrible verdad.
Si el fin de la Guerra Santa de Bush fue la implantación
de la democracia en Irak, no puede olvidar que la resolución
3059 de la ONU declaró tortura todo trato cruel, inhumano
o degradante inferido a prisioneros, y que en democracia combatir
la tortura es el primer deber de un estadista.
Por eso, causan pasmo y sorpresa las declaraciones del Fundador
de una conocida y prestigiosa ONG católica, muy vinculada
al Gobierno de Aznar.
El P. Ángel acaba de regresar de Iraq y vuelve escandalizado
por “los horrores que allí están cometiendo
los americanos”. El fundador de Mensajeros de la Paz-Edad
Dorada asegura también que “los soldados españoles
lo sabían, como también lo sabían los periodistas,
pero hizo falta la chispa de las fotos para que todo saltase por
los aires. He visto a un Imam al que los americanos le arrancaron
los ojos”, explica el padre Ángel, todavía horrorizado,
en un encuentro con la Asociación de Periodistas de Información
Religiosa (APIR).
¿Lo dice ahora, mientras ha estado viajando a Iraq cada quince
días financiado por la Agencia Española de Cooperación
Internacional?
También cree que “Aznar se equivocó apostando
por la guerra, porque no escuchó todo lo que debería
escuchar y creyó estar en posesión de la verdad”.
Lo cual no le ha impedido mantener a la esposa de Aznar, Ana Botella,
como presidenta de honor de su ONG, casar a su hija en El Escorial
y aprovechar todas las financiaciones posibles de la Administración
anterior.
Dice el periodista J.M.Vidal, en El MUNDO, que el P. Ángel
echa chispas contra los americanos, de los que dice clara y abiertamente
que “han ido allí a matar y a robar”. No era
lo que decía cuando paseó por media España
al Obispo católico de Bagdad para recaudar fondos para la
evangelización de los iraquíes, que “estaban
siendo liberados de la tiranía de Sadam”.
“Entran en las casas y requisan todo el dinero, los objetos
de valor y las joyas, dice ahora. Allí a los únicos
que les tienen miedo es a los americanos”, dice. Por eso,
a su juicio, “los americanos tienen que irse y se van a ir
o los vamos a echar”. Porque, sólo “siembran
muerte y terror”. “No hay un crío iraquí
sano por culpa de la guerra y todavía son más graves
las torturas que la propia guerra”, dice, estremecido.
Pero, a su juicio, “lo más doloroso es la humillación
a la que el ejército americano está sometiendo al
pueblo iraquí y, después de humillarlos y destruirlo
todo, se irán sin haber hecho nada de lo que habían
prometido. Porque lo de la reconstrucción es un cuento”.
Vivir para ver. Es increíble que, a estas alturas, el hombre
que utilizó los fondos de la AECI para ayudar en la “reconstrucción
de Iraq”, cuando ninguna otra ONG española de prestigio
quiso prestarse a ese pasteleo, se aproveche de los periodistas
de la Asociación Católica para dar su versión
antes de acometer la conquista de la nueva Princesa de Asturias,
“cuya abuela, Menchu, es mi madrina de amor”, dijo a
los periodistas al anunciarles que asistirá a la boda. Increíble.
José Carlos Gª Fajardo
Profesor de Historia del Pensamiento Político
|