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El Envés
Terrorismo en las prisiones de Iraq
por José Carlos García Fajardo*


L a verdad es que no éramos terroristas. No éramos insurgentes. Éramos gente corriente. Y los agentes de Inteligencia americana lo sabían”, declaró Hayder Sabbar Abd, al denunciar que había sido violado en la prisión de Abu Ghraib por soldados norteamericanos. Y que se suicidaría si tuviera que volver allí.
Todos hemos contemplado con horror el reportaje de la CBS con fotografías de prisioneros iraquíes torturados por oficiales y soldados del Ejército USA y de Gran Bretaña. Así como los reportajes que se suceden en otras publicaciones como The Washington Post y en The New Yorker que dan cuenta del Informe confidencial del General Antonio Taguba. Este Informe estaba en poder del Pentágono y de la Casa Blanca desde hacía meses y en él denunciaba “los abusos criminales sádicos, descarados e innecesarios” en la prisión de Abu Ghraith desde octubre y noviembre de 2003.
Ya no cabe decir que los culpables fueron una docena de incontrolados. Al frente, había generales y oficiales que tenían la obligación de velar por el cumplimiento de lo establecido en la Convención de Ginebra sobre el trato a prisioneros de guerra y por el resto de las disposiciones internacionales de obligado cumplimiento. Los militares acusados de estos crímenes pertenecían a la Compañía de Policía Militar 372, así como al servicio de inteligencia, y todos ellos bajo el mando de la General Karpinski.
La prensa británica exige investigación, juicios y sanciones para los culpables. The Washington Post anuncia que dispone de más de mil fotografías espantosas. Senadores y congresistas de EEUU asistieron a proyecciones privadas en las que les presentaron muchas fotos que tiene en su poder el Pentágono y que motivaron las náuseas, el desprecio y manifestaciones de horror de muchos de ellos.
No han sido los servicios del Ejército de EEUU o de las Agencias de Inteligencia quienes han denunciado el caso, a pesar de disponer de evidencias por denuncias de soldados impresionados por lo que sucedía. Algunos tuvieron que ser dados de baja por shock emocional al haber tenido que contemplar cómo obligaban a desnudarse a los prisioneros, a amontonarse en pirámides de cuerpos, a masturbarse y a sodomizarse unos a otros y a beber el semen de soldados que permanecían desnudos y de rodillas.
La CBS tuvo que retrasar la publicación de su reportaje a petición del ministerio de Defensa, dirigido por Rumsfeld, para que no repercutiera en el asedio a la ciudad de Faluya. ¿Quién sabe si esas fotos no influyeron para la incomprensible retirada de los marines y el novedoso traspaso del mando a un antiguo general de Sadam?
Estas fotos provocan espanto en centenares de millones de musulmanes en cuya cultura es inadmisible ver a hombres desnudos obligados a prácticas homosexuales y a estar amarrados a las verjas de las celdas desnudos y con bragas de mujer sobre sus cabezas.
Esto es un cataclismo comparable al caso My Lai, sucedido en Vietnam en los años setenta, cuando el mundo entero pudo contemplar la foto de un oficial americano volando la tapa de los sesos de un prisionero vietnamita esposado y sin posibilidad de amenaza alguna. Fue este acto gratuito y sádico lo que descubrió una montaña de torturas acompañadas de asesinatos a sangre fría, o durante interrogatorios dignos de las checas o de los campos de concentración más espantosos. Entonces, la sociedad civil norteamericana se conmovió y expresó su rechazo y su rebeldía comenzando por destrozar sus cartillas militares y con las famosas marchas sobre Washington que obligaron a la retirada del Ejército de EEUU en su primera derrota militar.
Se trataba de reservistas que fueron reclutados para la guerra en Iraq. Uno de ellos, Frederic, de 37 años, fue traído del Departamento de Correccionales de Virgina, que trabajaba en una prisión de máxima seguridad en EEUU y que estaba acostumbrado a tratar con criminales convictos y condenados a largas penas. ¿Sería así como trataba a los condenados por tribunales de EEUU y que cumplen sentencias en sus prisiones?
El torturador declaró que los servicios de inteligencia le habían exigido que “preparase” a los prisioneros durante algunos días “para que estuvieran suaves” a la hora de los interrogatorios que ellos harían junto con los militares.
Dicen que nadie les informó de lo establecido en la Convención de Ginebra y que ellos hacían “lo normal” en estos casos.
Contra confesión de parte no hay prueba en contrario. No es admisible la declaración del Bush a una cadena de televisión en árabe, montada por el Pentágono y “que emite desde el estado de Virginia”. Bush ha declarado que para Oriente Medio conocer las imágenes debió ser “terrible”. Y tan terrible como para señalar el comienzo de la retirada de las tropas invasoras decidida por el trío de las Azores, Bush, Blair y Aznar. La historia y los tribunales Internacionales les exigirán responsabilidades cuando se pueda demostrar toda la horrible verdad.
Si el fin de la Guerra Santa de Bush fue la implantación de la democracia en Irak, no puede olvidar que la resolución 3059 de la ONU declaró tortura todo trato cruel, inhumano o degradante inferido a prisioneros, y que en democracia combatir la tortura es el primer deber de un estadista.
Por eso, causan pasmo y sorpresa las declaraciones del Fundador de una conocida y prestigiosa ONG católica, muy vinculada al Gobierno de Aznar.
El P. Ángel acaba de regresar de Iraq y vuelve escandalizado por “los horrores que allí están cometiendo los americanos”. El fundador de Mensajeros de la Paz-Edad Dorada asegura también que “los soldados españoles lo sabían, como también lo sabían los periodistas, pero hizo falta la chispa de las fotos para que todo saltase por los aires. He visto a un Imam al que los americanos le arrancaron los ojos”, explica el padre Ángel, todavía horrorizado, en un encuentro con la Asociación de Periodistas de Información Religiosa (APIR).
¿Lo dice ahora, mientras ha estado viajando a Iraq cada quince días financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional?
También cree que “Aznar se equivocó apostando por la guerra, porque no escuchó todo lo que debería escuchar y creyó estar en posesión de la verdad”. Lo cual no le ha impedido mantener a la esposa de Aznar, Ana Botella, como presidenta de honor de su ONG, casar a su hija en El Escorial y aprovechar todas las financiaciones posibles de la Administración anterior.
Dice el periodista J.M.Vidal, en El MUNDO, que el P. Ángel echa chispas contra los americanos, de los que dice clara y abiertamente que “han ido allí a matar y a robar”. No era lo que decía cuando paseó por media España al Obispo católico de Bagdad para recaudar fondos para la evangelización de los iraquíes, que “estaban siendo liberados de la tiranía de Sadam”.
“Entran en las casas y requisan todo el dinero, los objetos de valor y las joyas, dice ahora. Allí a los únicos que les tienen miedo es a los americanos”, dice. Por eso, a su juicio, “los americanos tienen que irse y se van a ir o los vamos a echar”. Porque, sólo “siembran muerte y terror”. “No hay un crío iraquí sano por culpa de la guerra y todavía son más graves las torturas que la propia guerra”, dice, estremecido.
Pero, a su juicio, “lo más doloroso es la humillación a la que el ejército americano está sometiendo al pueblo iraquí y, después de humillarlos y destruirlo todo, se irán sin haber hecho nada de lo que habían prometido. Porque lo de la reconstrucción es un cuento”.
Vivir para ver. Es increíble que, a estas alturas, el hombre que utilizó los fondos de la AECI para ayudar en la “reconstrucción de Iraq”, cuando ninguna otra ONG española de prestigio quiso prestarse a ese pasteleo, se aproveche de los periodistas de la Asociación Católica para dar su versión antes de acometer la conquista de la nueva Princesa de Asturias, “cuya abuela, Menchu, es mi madrina de amor”, dijo a los periodistas al anunciarles que asistirá a la boda. Increíble.

José Carlos Gª Fajardo
Profesor de Historia del Pensamiento Político