.REDACCIÓN
l pasado 2 de abril, siete antiguos países del Este -Rumania,
Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Lituania, Estonia y Letonia- se
adhirieron a la OTAN, en lo que constituyó la más
importante ampliación de la Alianza en su historia, en lo
que se refiere al número de países. Aunque estos estados
pueden aportar muy poco en el terreno militar, su entrada en la
Alianza Atlántica resultó significativa por cuanto
que todos estos países, excepto Eslovenia, formaron parte
en su día del antiguo Pacto de Varsovia, y tres de ellos
-Lituania, Letonia y Estonia- de la propia Unión Soviética.
Con el desmantelamiento del bloque del Este y el fin de la Guerra
Fría, algunos observadores creyeron que la OTAN seguiría
el mismo destino. Si esto no ha ocurrido así se debe simplemente
a que esta organización continúa siendo un instrumento
útil para Washington, pues le permite mantener su control
sobre el Centro y Este de Europa, especialmente en un momento en
el que la Unión Europea está tratando de afirmarse
en el mundo como una superpotencia económica. Algunos países
de la Europa Occidental, como Francia y Alemania, ven también
esta ampliación con desconfianza, dado que algunos de los
nuevos países del Este que han entrado en la OTAN mantienen
una política sumisa a los dictados de Washington y formarían
así parte de esa "nueva Europa", a la que se refirió
en su día el secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld.
No cabe duda de que, mediante la adhesión de estos países
del Este de Europa, Washington espera debilitar la posición
del eje f ranco-alemán
dentro de la Alianza y afianzar su propio control sobre ella. Hay
que añadir aquí que la ampliación viene a sumarse
a la creación de bases estadounidenses en algunos países
del Este de Europa, donde se instalarán efectivos y equipos
militares norteamericanos que en la actualidad se encuentran radicados
en Alemania.
Según algunas publicaciones norteamericanas y británicas,
la ampliación de la OTAN hacia el Este muestra un cambio
a largo plazo en la estrategia de EEUU hacia Rusia. Diversos responsables
de la Administración Bush han estado mostrando su "preocupación"
por la actual política de Rusia en diversos temas: las elecciones
legislativas "no justas", el "autoritarismo"
de Putin, el arresto del magnate Mijail Jodorkovski -vinculado estrechamente
con algunos círculos de poder de EEUU, que esperaban convertirle
en una alternativa política a Putin-, las relaciones entre
Rusia e Irán etc. Dichos responsables abogan ahora abiertamente
por un endurecimiento de la política hacia Rusia y el aislamiento
de este país por medio de la inclusión de algunos
de los nuevos estados resultantes de la desaparición de la
URSS en la Alianza Atlántica.
Consecuencias para Rusia
Para Moscú los efectos de la ampliación de la OTAN
son muy negativos desde el punto de vista estratégico. En
primer lugar, la ampliación supone otro paso más en
la estrategia de EEUU de ir rodeando a Rusia con fuerzas militares
-es un esfuerzo paralelo al que Washington realiza en Asia con respecto
a China-. EEUU posee ya fuerzas en Georgia (región del Cáucaso)
y dos bases aéreas en Uzbekistán y Kirguizistán
(Asia Central) respectivamente. También se ha hablado recientemente
del posible establecimiento de instalaciones militares estadounidenses
en Azerbaiyán, posibilidad ésta que fue planteada
durante el reciente viaje de Rumsfeld a Bakú.
La adhesión de los países bálticos a la OTAN
supone que Rusia tiene ahora una nueva frontera común con
la Alianza, y que los aviones espía norteamericanos pueden
realizar, desde el espacio aéreo de aquellos países,
tareas de vigilancia en profundidad dentro del territorio ruso.
También conlleva el aislamiento del territorio ruso de Kaliningrado,
que está situado entre Polonia y Lituania, con respecto al
resto de Rusia. La ampliación significa asimismo que todos
los países situados en la frontera occidental de Bielorrusia
-uno de los principales aliados de Rusia en la zona- y de Ucrania
serán ahora miembros de la OTAN. Por otro lado, la entrada
de Bulgaria y Rumania en la OTAN, unida a la pertenencia de Turquía
a la misma, ha permitido también fortalecer la influencia
de la Alianza Atlántica en el Mar Negro y reforzar su control
sobre el Estrecho del Bósforo, la única salida marítima
que tiene este mar. Todo esto hace que las declaraciones de algunos
responsables de la OTAN, que afirman que Rusia es un socio y no
un rival, no puedan ser tomadas en serio.
El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, declaró poco
después de la adhesión formal de los siete nuevos
estados miembros a la OTAN que "no queríamos esta ampliación
y continuaremos manteniendo una actitud negativa hacia ella. Es
un error". "La ampliación al Este de la OTAN es
un gesto inamistoso hacia Rusia", manifestó, por su
parte, Konstantin Kosachiov, jefe del Comité de Asuntos Internacionales
de la Duma o Cámara Baja del Parlamento ruso. "Si se
establecen nuevas bases militares cerca de las fronteras de Rusia
y esto altera el equilibrio de fuerzas en la región, no podemos
excluir que Rusia tome entonces las medidas que sean necesarias
para la preservación de dicho equilibrio", manifestó
Kosachiov a la agencia Interfax. Por su parte, en un reciente artículo
publicado en la prensa rusa, el ministro ruso de Defensa, Serguei
Ivanov, señaló que Rusia tiene razones de peso para
estar preocupada por la expansión al Este de la OTAN. Ivanov
señaló que "la Alianza está consiguiendo
una capacidad cada vez mayor para espiar el territorio ruso. No
podemos ignorar que las bases aéreas y militares de la OTAN
están ahora mucho más cerca de las ciudades y complejos
militares de la Rusia Europea". Hay que tener en cuenta también
que en la cumbre de Praga de 2002, la Alianza Atlántica aprobó
la realización de operaciones más allá del
territorio de los estados miembros cuando lo considere necesario,
incluso sin un mandato de la ONU, lo cual es un reflejo de la doctrina
de "ataques preventivos" de la Administración Bush.
"Cualquier acción de la OTAN que no sea aprobada por
la ONU será considerada ilegal, incluyendo "guerras
preventivas" como la de Iraq", manifestó Ivanov.
Moscú ha advertido también que podría fortalecer
sus propias defensas a lo largo de la frontera con los tres países
bálticos debido a la presencia de aviones militares de la
Alianza Atlántica en dichas repúblicas. Rusia reforzará
también con toda probabilidad sus vínculos militares
con Bielorrusia, mediante la modernización de su sistema
antiaéreo y de alerta temprana. Asimismo, es previsible que
amplíe sus vínculos con Ucrania, en especial los económicos,
a través del llamado Espacio Económico Unido (UES),
una organización que está en vías de creación
y que englobará a los cuatro países más fuertes
económicamente de los que formaron parte en su día
de la URSS, es decir, Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Kazajstán.
Moscú ha pedido además que Lituania, Letonia, Estonia
y Eslovenia se unan al Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa,
que fue firmado en 1989, cuando ninguno de esos estados existía.
Dicho Tratado regula el número de aviones de combate, tanques
y otras armas pesadas que cada país europeo puede tener.
Aparte de esto, Moscú espera también reforzar sus
lazos con China, India, Irán y los oponentes europeos a la
política de EEUU, en especial Francia y Alemania.
Así pues, Rusia se ha visto obligada a tomar seria nota de
la ampliación de la OTAN, que conllevará unos efectos
indudables de tipo político, económico y militar.
En este sentido, es más que probable que dicha ampliación
sirva para reforzar los sentimientos anti norteamericanos en el
seno de la población rusa.
Músculo nuclear
La principal baza defensiva de Rusia frente a la ampliación
de la OTAN continúa siendo, como en el pasado, su poderío
nuclear, capaz de destruir varias veces a todos sus oponentes. El
pasado mes de febrero, Rusia realizó su mayor ejercicio militar
desde 1982, que recibió la denominación de Bezopastnost-2004.
Este ejercicio fue supervisado por el propio Putin desde el submarino
Arjangelsk de la Flota del Norte, armado con 20 misiles nucleares
balísticos con base en el mar (SLBM). Las maniobras estaban
dirigidas a disuadir a posibles agresores no especificados -sin
duda alguna, EEUU- de un futuro ataque contra Rusia.
Los ejercicios incluyeron también la prueba de un sistema
de defensa antimisil, que protege la ciudad de Moscú y lanzamientos
de misiles intercontinentales con base en tierra (ICBM) y de satélites
militares, con el fin de reemplazar a los perdidos en una guerra
simulada. Unidades de tropas aerotransportadas fueron enviadas también
a diversos objetivos por aire y ferrocarril.
Las maniobras incluyeron asimismo el lanzamiento de misiles de crucero
por parte de bombarderos supersónicos Tupolev-160 Blackjack
sobre la isla de Novaya Zemlya, en el Ártico. El Blackjack
está diseñado para atacar objetivos a gran distancia
y puede llevar hasta 12 misiles.
Estas maniobras han venido a sumarse a las que tuvieron lugar el
pasado mes de diciembre. En aquel entonces, el cuarto regimiento
de los misiles intercontinentales RS-12M (Topol-M) (SS-X-27, en
denominación OTAN), que han sido descritos como el pilar
de las fuerzas nucleares de Rusia, realizó maniobras en Tatischevo,
en el centro del país.
Rusia también trabaja para poner a punto docenas de misiles
UR-100N UTTH (SS-19 Stilleto, en denominación OTAN), que
se hallaban anteriormente almacenados. Estos misiles, capaces de
llevar múltiples cabezas nucleares, nunca habían sido
previamente desplegados. Según fuentes rusas, los SS-19 podrían
continuar operativos durante al menos otros 25 años más.
Por otro lado, Rusia cuenta también con los misiles RT-23UTTH
(SS-24, en denominación OTAN), con base en plataformas ferroviarias.
Estos misiles iban a ser desmantelados, según lo previsto
en el START-II. Sin embargo, después de que EEUU se echara
atrás en lo referente a su disposición a respetar
el contenido del Tratado, Rusia ha indicado que tiene planes para
conservar una división de estos misiles. El SS-24 puede llevar
hasta 10 cabezas nucleares. En total, según los expertos
nucleares norteamericanos, Rusia tiene en la actualidad tres ejércitos
de misiles y 16 divisiones, con un total de 735 ICBM y unas 3.159
cabezas nucleares.
Otro de los desafíos de Rusia es hacer frente a los planes
estadounidenses para el despliegue de un sistema de defensa antimisiles.
Hay que señalar a este respecto que el pasado 19 de febrero,
Moscú declaró también que había "probado
con éxito" un vehículo espacial, que podría
ser "el antecedente de una serie de armas destinadas a penetrar
cualquier sistema antimisiles". El coronel Yuri Baluyevski,
primer jefe adjunto del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Rusia,
manifestó, sin dar muchos detalles, que se trataba de un
vehículo que "alcanzaba unas cinco veces la velocidad
del sonido y que podía maniobrar en órbita".
Otros observadores militares hablaron de un "vehículo
de reentrada maniobrable".
Ésta fue, sin duda, la respuesta rusa a la decisión
unilateral de la Administración Bush de abandonar en diciembre
de 2001 el Tratado de Misiles Antibalísticos de 1972, con
el fin de llevar adelante su proyecto de sistema de defensa antimisiles.
Moscú vio en esta acción norteamericana un intento
de acabar con la doctrina de Destrucción Mutua Asegurada
(MAD), que había servido como pilar de la disuasión
durante la Guerra Fría. Se esperaba desde entonces que Rusia
pusiera en práctica contramedidas destinadas a garantizar
que el posible despliegue de un sistema de estas características
no supusiera en modo alguno un menoscabo de su poderío nuclear.
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