.REDACCIÓN
ecientemente, el Senado norteamericano se negó a debatir
una resolución de su Comité de Relaciones Exteriores,
respaldada por el gobierno de Washington, que recomendaba que EEUU
ratifique la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar,
un mecanismo que permite resolver de forma efectiva las disputas
sobre las aguas marítimas y sus recursos en el mundo entero.
En las últimas semanas se ha debatido extensamente en EEUU
acerca de si el país debe ratificar o no el tratado. La mayor
parte de la prensa estadounidense -incluyendo algunos grandes medios
como Los Angeles Times, The Boston Globe, The Philadelphia Inquirer
y otros- han publicado editoriales, en los que se subraya la necesidad
de proceder a tal ratificación.
Hasta el momento este tratado, que data de 1982, ha sido ratificado
por 145 países, pero no por EEUU. Los presidentes conservadores
Ronald Reagan y George Bush padre se mostraron hostiles en su día
a la Convención y boicotearon su ratificación, asegurándose
de que la tramitación quedara bloqueada en el Comité
de Relaciones Exteriores del Senado. Por su parte, la Administración
Clinton sacó de nuevo a relucir el tema en 1994 y obtuvo,
tras una negociación, importantes concesiones de la ONU,
que recortaban en gran medida las facultades de la AIFM. Sin embargo,
el mandato de esta Administración concluyó antes de
que la tramitación del tratado pudiera llegar al Senado.
La causa de este rechazo a la ratificación de la Convención
hay que situarla en la oposición de varios influyentes grupos
conservadores -como la Heritage Foundation, el American Policy Center
y la Free Congress Foundation- a dicho tratado, que podría
limitar, según ellos, la capacidad que tiene EEUU para controlar
sus propios recursos naturales.
Estos grupos, que poseen una notoria influencia sobre la actual
Administración republicana, sienten una profunda hostilidad
en especial hacia la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos
(AIFM), que regula todo lo referente al medio marino costero y suele
remitir las disputas sobre la soberanía a un tribunal internacional.
La AIFM tiene competencias para aprobar tasas, expedir permisos
de pesca y actividades de prospección, imponer cuotas para
la explotación de las reservas de gas y petróleo,
fijar los precios de los productos marinos etc. Los mencionados
sectores conservadores de EEUU consideran que la AIFM, que opera
fuera de la supervisión del Consejo de Seguridad de la ONU,
podría ser influenciada por los países del Tercer
Mundo, en contra de los intereses estadounidenses.
El presidente de la Free Congress Foundation, Paul M. Weyrich, ha
manifestado, en una reciente entrevista publicada en el sitio web
de su organización, su satisfacción por el hecho de
que los conservadores hayan podido hasta el momento impedir que
la Administración Bush ratifique el tratado, que ya no será
previsiblemente debatido en el Senado este año.
Los responsables de estos grupos ultraconservadores, enemigos de
la ONU y los Tratados internacionales en general, han hablado también
del "aprovechamiento" que algunos países rivales
de EEUU podrían sacar de una ratificación de la Convención
sobre el Derecho del Mar por parte de Washington. Ellos argumentan,
por ejemplo, que China está utilizando diversas normas internacionales
para promover sus intereses económicos y objetivos de seguridad.
Entre ellas estarían algunas que se refieren a la necesidad
de compartir información concerniente a la exploración
y explotación de los recursos mineros costeros, lo cual ha
llevado en la práctica a transferencias de tecnología
no deseadas. En este sentido, el analista de Defensa, Peter Leitner,
que se muestra contrario a la ratificación del tratado, prestó
testimonio el pasado mes de marzo ante un Comité del Congreso,
donde manifestó que Pekín ha podido adquirir "información
tecnológica vital para nuestra seguridad nacional" mediante
la transferencia de una tecnología destinada en principio
a permitir la explotación de los recursos mineros de su costa.
Pese a las protestas del Pentágono, que alegó que
esta transferencia podría incrementar la capacidad de China
en el campo de la guerra submarina, esta tecnología le fue
entregada a Pekín por algunas agencias del gobierno norteamericano,
en cumplimiento de las mencionadas normas.
Llamamientos en favor de la ratificación
Pese a haber logrado una vez más bloquear la ratificación
del tratado, los sectores ultraconservadores no parecen tenerlas
todas consigo. El pasado mes de febrero, estos círculos sufrieron
un fuerte revés cuando el Comité de Relaciones Exteriores
del Senado aprobó por unanimidad la ratificación.
Curiosamente, ésta cuenta también con el apoyo de
la Marina de EEUU. El Almirante James Watkins ha calificado recientemente
el tratado como "el fundamento del orden público en
nuestros océanos".
Los argumentos de los partidarios de la ratificación están
basados en tres puntos, que fueron recogidos en un reciente artículo
del periódico Washington Times. En primer lugar, el diario
apuntaba a que la Convención sobre el Derecho del Mar protege,
en realidad, la seguridad nacional de EEUU, ya que mejora los derechos
de tránsito de las fuerzas navales de EEUU en todo el mundo.
El general Richard Myers, presidente de la Junta de Jefes de Estado
Mayor, manifestó en abril pasado, en este sentido, que el
tratado era "una prioridad de la seguridad nacional de EEUU".
Por otro lado, Washington Times señalaba que el tratado protegía
los intereses comerciales estadounidenses al garantizar a cada estado
el control de su plataforma continental, lo cual eliminaba la incertidumbre
de los inversores a la hora de financiar proyectos en las aguas
o el lecho de la plataforma continental norteamericana. En tercer
lugar, la Convención ayuda a luchar contra la contaminación
en el mar y promueve la conservación de los escasos recursos
marinos, hecho éste que resulta importante para algunos estados,
como el de Florida, que dependen económicamente -en sectores
como el turismo, la pesca y otros- de la existencia de unas aguas
limpias y no contaminadas. |