.REDACCIÓN
as recientes revelaciones acerca de la comisión de graves
torturas y abusos contra los derechos humanos por parte de las tropas
norteamericanas y británicas en Iraq son un reflejo más
de la bancarrota de la política de la Administración
Bush hacia Iraq. El mundo entero ha visto con horror y estupefacción
unas imágenes que muestran a las claras la cara más
oculta, terrible y degenerada de la ocupación militar estadounidense.
Desde que a principios de mayo la cadena norteamericana CBS comenzara
a mostrar las primeras imágenes de torturas y abusos en Iraq,
han ido apareciendo nuevas fotos en las diferentes cadenas de televisión
y en los principales diarios de EEUU y el mundo entero.
Las primeras fotos, que fueron tomadas al parecer por miembros de
la 800ª Brigada de la Policía Militar, mostraban a militares
norteamericanos sonrientes, tanto hombres como mujeres, al lado
de prisioneros iraquíes desnudos que eran obligados a simular
actos sexuales. En una foto que se hizo célebre aparecía
un aterrorizado iraquí, que estaba de pie sobre una caja
y tenía la cabeza cubierta con una capucha y cables atados
a sus manos y genitales. Según el relato de la cadena, a
este preso se le había dicho que si se caía de la
caja moriría electrocutado.
El 21 de mayo el Washington Post publicó otras seis fotos.
En una de ellas aparecía un prisionero desnudo y cubierto
de excrementos, que era obligado a caminar en línea recta
ante un guardia que le amenazaba con un gran bastón. En otra,
se veía a un prisionero agachado, con la espalda apoyada
contra la pared y sus manos atadas a la espalda. A un metro poco
más o menos de su cara se hallaban las fauces de un gran
perro negro que parecía estar sujeto a duras penas por las
dos manos de un guardia.
Insultos al Islam
El Post recogió también los testimonios de 13 antiguos
presos iraquíes, que habían sido recopilados a mediados
de enero. Estos presos manifestaron que durante el mes de Ramadan,
sagrado para los musulmanes, habían sido obligados a pronunciar
insultos contra el Islam y a comer carne de cerdo y beber alcohol,
productos que se encuentran ambos prohibidos por la religión
islámica.
Otras fotos, que no han podido ser publicadas, muestran a un prisionero
que es mordido en una pierna que sangra por un perro, que es azuzado
por los guardias. En otra, se ve la violación de un joven
preso.
Por su parte, la cadena qatarí Al Yazira entrevistó
el 3 de mayo a algunos presos que habían estado detenidos
en Abu Graib. Uno de ellos, de nombre Hashim, declaró que
los guardias "nos cubrieron la cabeza con bolsas y nos golpearon
con las culatas de sus pistolas sin temor a matarnos por los golpes...
También nos obligaron a desnudarnos y nos hicieron cosas
de las que soy incapaz de hablar".
Asimismo, la revista New Yorker reprodujo a principios de mayo partes
de un informe confidencial del Ejército norteamericano, elaborado
unas semanas antes, en el que se manifestaba que los prisioneros
de la cárcel de Abu Graib estaban siendo sometidos a "abusos
sádicos y criminales", tales como palizas, privación
de sueño y comida y muchos otros. Según el testimonio
del sargento Samuel Provance, recogido por Associated Press, la
privación de sueño, las amenazas con perros y los
maltratos eran algo "normal" en la prisión. Provence
manifestó también que la instalación ha estado
en estos últimos meses bajo el control de la Inteligencia
Militar del Ejército de EEUU y que la Policía Militar
se limitaba a vigilar a los presos.
Estas afirmaciones son compartidas por la general de brigada Janis
Karpinski, que comandaba las unidades de reservistas que custodian
la prisión de Abu Graib. Karpinski sugirió que oficiales
de inteligencia habían animado a los reservistas para que
torturaran y abusaran de los prisioneros, lo cual viene a demostrar
que, lejos de ser incidentes aislados y protagonizados por unos
soldados pervertidos e indisciplinados, los casos de tortura estaban
muy extendidos y formaban parte de un programa concreto, dirigido
a humillar y destruir la resistencia de los presos.
Hasta el momento, según señaló la cadena británica
BBC el pasado 22 de mayo, se sabe que han muerto 37 prisioneros
mientras se hallaban bajo la custodia de las tropas norteamericanas
en Iraq y Afganistán. Varios de estos prisioneros murieron
antes o durante los interrogatorios. Al menos dos de ellos fallecieron
en Abu Graib.
La muerte de uno de estos detenidos, que apareció en una
foto en la que se veía su cuerpo envuelto en plástico,
fue narrada por The Age Online el pasado 21 de mayo. Según
esta publicación, el prisionero fue llevado a la prisión
de Abu Graib, con su cabeza cubierta por una bolsa, por agentes
de la CIA. Éstos ordenaron a los guardias llevar al preso
a una sala de duchas, que era utilizada como centro de interrogatorio.
Una hora más tarde y en medio de un interrogatorio "intensivo"
por parte de los oficiales de inteligencia, el preso falleció.
Sólo entonces los interrogadores le quitaron la capucha y
pudieron ver que en su cabeza había graves heridas que no
habían sido tratadas.
Según el diario Seattle Post-Intelligencer, los primeros
casos de muertes de prisioneros se remontan al 15 de abril de 2003,
pocos días después de la toma de Bagdad por los soldados
de EEUU, y el último se produjo en el mes de abril de este
año, cuando un prisionero detenido por comandos de la Marina
murió "en un presunto caso de homicidio, debido a un
trauma en el torso y a la asfixia". Se sabe ahora que una unidad
de la Guardia Nacional, vinculada a la 3ª División de
Infantería de EEUU, practicó una tortura de asfixia
a varios presos la pasada primavera "en un intento de extraerles
información", según indicó el New York
Times. Se desconoce cuantos de ellos murieron a consecuencia de
estas prácticas.
El Departamento de Defensa de EEUU ha admitido que la mayoría
de los iraquíes que sufrieron los abusos y torturas eran
civiles inocentes, detenidos durante alguno de los registros u operaciones
de caza y captura de opositores llevadas a cabo rutinariamente por
los soldados estadounidenses en diversas partes de Iraq. Por su
parte, Abdul Bari Atwan, director del diario Al Quds al Arabi, de
Londres, resumió el sentir del mundo árabe ante las
revelaciones sobre las torturas a presos iraquíes con la
siguiente declaración: "Estoy profundamente consternado.
Creo que éste es el fin de la política norteamericana
en Iraq".
Cabe señalar también que estas torturas constituyen
un crimen de guerra, según las normas y tratados que forman
la base del Derecho Internacional. Así por ejemplo, el art.
7 del Convenio Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos
de la ONU, que EEUU ha ratificado, señala que "nadie
deberá ser sometido a tortura o a un trato o castigo inhumano
o degradante".
Advertencias desoídas
Cabe señalar que el Comité Internacional de la Cruz
Roja (CICR) había advertido ya hace varios meses al gobierno
norteamericano acerca de las atrocidades que se estaban cometiendo
por parte de las fuerzas de ocupación en Iraq. El presidente
del CICR, Jakob Kellenberger, había entregado información
sobre las violaciones de los derechos humanos de los presos iraquíes
al secretario de Defensa, el secretario de Estado y la consejera
de Seguridad Nacional durante su visita a Washington del pasado
mes de enero. Un alto responsable de la Cruz Roja manifestó
en la primera semana de mayo que el CICR sabía ya desde hacía
mucho tiempo que "cosas peores que las que se muestran en las
fotos" estaban ocurriendo en la prisión de Abu Graib
y otras de Iraq. "Las fotos son sobrecogedoras, pero los informes
de que disponemos son peores", indicó. Este responsable
señaló que estos informes fueron enviados hace meses
a los gobiernos de EEUU y el Reino Unido.
Así por ejemplo, un informe de la Cruz Roja aparecido en
la tercera semana de mayo manifestaba, en relación con la
prisión de Abu Graib, que "los prisioneros se hallan
completamente desnudos en las celdas y sumergidos en una total oscuridad".
El informe añadía que varios oficiales de la Inteligencia
norteamericana habían admitido haber empleado métodos
de "coacción física y psicológica"
para "obtener confesiones y extraer información".
El CICR denunció también que la Policía Militar
norteamericana había estado ocultando a prisioneros iraquíes
no registrados, denominados "detenidos fantasma", durante
las visitas de la Cruz Roja a la prisión con el fin de evitar
que fuera conocida su existencia. El Comité indicó
que esta práctica era "contraria a la Convención
de Ginebra" y suponía así una "violación
de la ley internacional".
Amnistía Internacional ha venido recogiendo asimismo durante
el último año gran número de testimonios que
hablaban de la existencia de torturas en los campos de detenciones
y prisiones estadounidenses de Iraq. "Hemos estado documentando
las alegaciones de tortura durante todo un año", manifestó
la portavoz de Amnistía, Nicole Choueiry, al diario canadiense
Globe and Mail. El 7 de mayo pasado Amnistía Internacional
señaló también que sus responsables habían
alertado a las autoridades norteamericanas y británicas de
las torturas y abusos que se estaban produciendo en una fecha tan
temprana como mayo de 2003. Al mes siguiente, Amnistía, tras
recoger los testimonios de varios antiguos presos iraquíes,
escribió una carta al administrador civil norteamericano
en Iraq, Paul Bremer, en la que criticaba el "tratamiento cruel,
inhumano y degradante" al que estaban siendo sometidos los
presos.
Otra evidencia de que las autoridades norteamericanas estaban informadas
de lo que sucedía en Abu Graib la proporcionó el antiguo
ministro iraquí de derechos humanos, Abdul Bassit Turki.
Éste manifestó en una entrevista publicada el día
9 de mayo en el semanario francés Le Journal du Dimanche,
que había advertido ya el pasado mes de noviembre a Bremer,
acerca de las torturas y abusos que estaban sufriendo los prisioneros
iraquíes en las prisiones y centros de detención estadounidenses.
Sin embargo, no hubo ninguna respuesta ni reacción por parte
de Bremer o de otros responsables norteamericanos. "Le pasé
la información que tenía, pero él no pareció
darle importancia... Les pedí también que me dejaran
visitar a los prisioneros, pero no me lo permitieron", declaró
Turki a la agencia France Presse.
Por su parte, el presidente Bush afirmó sentirse "asqueado"
por las revelaciones sobre las torturas y llevó a cabo una
aparición en la cadena árabe Al Arabiya para manifestar
su rechazo a estas prácticas. Hay que decir, sin embargo,
que su gobierno se ha negado a permitir cualquier investigación
independiente de estos hechos.
Cabe recordar también que Washington se ha negado a reconocer
la jurisdicción del Tribunal Internacional de Crímenes
de Guerra. Además, los norteamericanos han presionado con
fuerza a Bélgica, que estaba a punto de permitir que se celebraran
en su territorio juicios relativos a las violaciones de los derechos
humanos y los crímenes de guerra y genocidio cometidos por
EEUU e Israel. La Administración Bush amenazó incluso
con mover la sede de la OTAN fuera de Bruselas si los tribunales
belgas iniciaban procesos contra militares estadounidenses por la
presunta comisión de crímenes de guerra.
El archipiélago gulag norteamericano
Otra organización pro derechos humanos, Human Rights Watch,
ha intentado repetidamente obtener el permiso para visitar las prisiones
norteamericanas en Iraq, pero los responsables militares de EEUU
han rechazado repetidamente esta petición. Según la
información de que dispone la organización, los norteamericanos
tenían en enero de este año 10 grandes centros de
detención en Iraq, a los que hay que hay que sumar los que
existen en Afganistán y Guantánamo. La mayor de estas
instalaciones es la ya mencionada prisión de Abu Graib, también
conocida con el nombre de Instalación Correcional Central
de Bagdad. Las otras dos grandes prisiones son la de Camp Bucca,
en Umm Qasr, y la Base Aérea de Talil, situada al sur de
Bagdad (también conocida como Camp Whitford). Las otras siete
prisiones se encuentran situadas en diversas ciudades. Las de Al
Rusafa, Al Jadhimiya (para mujeres) y Al Karj (para menores) se
hallan en Bagdad. A estas hay que sumar los centros de detención
de Al Diwaniyya, Mosul y Tikrit y el campo de Ashraf, cerca de Ramadi.
En enero de este año el número global de iraquíes
detenidos en todas estas prisiones ascendía a un total de
10.000.
Existen también otros centros de detención en los
campamentos militares norteamericanos, donde se practican los primeros
interrogatorios a los prisioneros. Entre ellos está Camp
Falcon, en los alrededores de Bagdad, y Camp Cropper, localizado
cerca del aeropuerto de la capital iraquí.
En muchas de estas prisiones se han producido casos de maltratos
o torturas. Según declararon algunos medios norteamericanos
el pasado 7 de mayo, han existido casos de torturas, en los que
habrían estado implicados ocho marines, en un centro de detención
situado en los alrededores de Nasiriya. Por otro lado, el pasado
mes de enero, el Ejército absolvió a tres soldados
de los cargos de maltrato a prisioneros en el centro de Camp Bucca.
La Administración Bush ha admitido que muchas de las torturas
fueron llevadas a cabo bajo la supervisión de mercenarios
-"contratistas" en la terminología del Pentágono-.
Un informe del general norteamericano Antonio Taguba, fechado el
9 de marzo de este año, iba más allá y acusaba
a estos mercenarios -que no están sometidos a las leyes iraquíes
ni al código militar estadounidense- de dar órdenes
a los soldados norteamericanos para que torturaran a los prisioneros.
Las compañías que operan con mercenarios han estado
expandiéndose desde que Bush asumió la Presidencia
de EEUU en 2001. Así por ejemplo, los beneficios de la Blackwater
Security Consulting, una de las empresas norteamericanas líderes
en el campo de la seguridad privada, se han incrementado en más
de un 300% en este período. El Ejército norteamericano
mira a otro lado cuando los mercenarios estadounidenses violan de
forma rutinaria la ley internacional. Los mercenarios utilizan,
por ejemplo, munición prohibida por las normas internacionales,
que provoca graves daños a los órganos internos de
las personas. Rumsfeld y su camarilla de neoconservadores lograron
convencer en su día a Bush de que unos 20.000 mercenarios
armados y desplegados en algunas zonas clave, serían suficientes
para derrotar a la resistencia iraquí.
Poco antes de que se hiciera público el escándalo
de las torturas, el gobierno de EEUU anunció el nombramiento
como nuevo embajador en Iraq de John Negroponte. Existe una abundante
documentación que prueba que Negroponte ocultó los
casos de tortura y asesinatos cometidos contra activistas de izquierda
y guerrilleros en Honduras cuando fue embajador en ese país
en los años ochenta. Los métodos de tortura utilizados
en Iraq son similares a los utilizados por la CIA en América
Central en los años ochenta y anteriormente en Vietnam. Un
manual de la CIA de 1983 aconsejaba a los interrogadores que manipularan
el ambiente en el que se desenvolvía el sujeto, con el fin
de "crear situaciones desagradables o intolerables para éste".
El manual recomendaba asimismo que los prisioneros fueran privados
de comida y sueño, y mantenidos en posturas rígidas
durante períodos prolongados. También que se les amenazara
con la muerte o con violaciones, tanto para ellos mismos como para
sus familias. El régimen de terror desencadenado por la dictadura
hondureña desde 1981 a 1985 fue condenado, entre otros, por
el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. Sin embargo, Negroponte,
en línea con lo que supuso su actuación en América
Central, manifestó recientemente que los militares norteamericanos
en Iraq iban a "tener libertad para actuar como lo consideren
oportuno". |