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Arabia Saudí busca fórmulas para acabar con el terrorismo

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REDACCIÓN

E l pasado 8 de junio un norteamericano que trabajaba para una compañía de seguridad estadounidense, la Vinnell -una filial de la Northrop Grumman Corporation-, que se encarga del entrenamiento y formación de la Guardia Nacional saudí, la fuerza de élite encargada de la protección de la familia real, falleció a consecuencia de varios disparos efectuados por un grupo de desconocidos en Riad, la capital de Arabia Saudí. Éste fue el quinto atentado relacionado con intereses o ciudadanos extranjeros que fue cometido en el país en un período de sólo cinco semanas.
Pocos días antes, el 29 de mayo, tuvo lugar una de las peores acciones terroristas ocurridas en el Reino en los últimos años. Un grupo de hombres armados abatió a varios guardias de seguridad y penetró en un complejo de viviendas de la ciudad de Jubar, situada en el este del país, donde se alojaban extranjeros que trabajan en la industria del petróleo, matando a 22 de ellos -incluyendo un norteamericano y un británico- e hiriendo a otros 25.
Al día siguiente, fuerzas de seguridad saudíes entraron en el complejo, pero tres de los cuatro asaltantes habían huido y la policía saudí logró únicamente herir y capturar a uno de ellos. El ataque de Jubar fue reivindicado posteriormente por un grupo denominado "Organización de Al Qaida en la Península Arábiga".
La ciudad de Jubar fue escenario en 1996 de otro ataque contra militares norteamericanos, que dejó un balance de 19 soldados estadounidenses muertos. En el pasado año, un total de 12 policías saudíes y 39 presuntos terroristas han fallecido en diversos incidentes armados ocurridos en diversas partes del país.
Resulta difícil saber si esta violencia terrorista está dirigida únicamente a lograr la expulsión de los norteamericanos y británicos de Arabia Saudí o busca también el derrocamiento del régimen de la familia Al Saud. Esto último parece improbable, como también lo es el que estos grupos violentos se atrevan a lanzar un ataque o sabotaje contra la industria petrolífera, tal y como han especulado algunos medios occidentales, puesto que son conscientes de que la respuesta del Estado saudí sería entonces extremadamente dura.
Algunos observadores señalan que los grupos que realizan este tipo de actos terroristas no forman, en realidad, un movimiento estructurado y con una base social, sino que estarían integrados principalmente por jóvenes desempleados y formados en una subcultura basada en la frustración por la falta de oportunidades laborales y un deseo de venganza irracional contra los norteamericanos y otros occidentales por las fechorías y crímenes cometidos por el gobierno estadounidense en Iraq y otros lugares. Según los analistas saudíes, estos jóvenes carecen, sin embargo, de la formación religiosa que les permita comprender que el Islam rechaza este tipo de acciones o del suficiente conocimiento político como para diferenciar entre los ciudadanos de países como EEUU o el Reino Unido y las acciones de sus gobiernos.Coches destruidos en Jubar a consecuencia de un atentado
La mayoría de los observadores señala que el número de activistas violentos en Arabia Saudí es relativamente pequeño -de unos 500 a 2.000 individuos en un país de 25 millones de habitantes-, pero dichas acciones permiten a estos grupos lograr una amplia publicidad a nivel nacional e internacional y ofrecer una imagen de desestabilización. Los ataques en Arabia Saudí podrían llevar también a un aumento del precio del petróleo, que ha alcanzado ya récords históricos en este año, aunque el propio gobierno saudí y otros de la OPEP han intentado tranquilizar a los mercados mostrando su disposición a aumentar la producción de crudo para bajar los precios si fuera necesario.
Así pues, aunque resulta inimaginable que este reducido número de violentos represente una amenaza real para el Estado saudí, sí pueden, sin embargo, conseguir que muchos de los 100.000 occidentales, principalmente norteamericanos, que trabajan en la industria del petróleo decidan irse o exijan salarios más altos para permanecer en el país. Cabe recordar que, si bien el 85% del personal de la Aramco -la compañía nacional saudí del petróleo- es ya saudí, los extranjeros continúan desempeñando tareas de gran importancia en algunas esferas técnicas. La preocupación por la seguridad de sus ciudadanos llevó al Departamento de Estado de EEUU a pedir el pasado 15 de abril a sus ciudadanos que abandonaran el país. En mayo, Washington ordenó también a los diplomáticos no imprescindibles que regresaran durante un tiempo no determinado a EEUU.
Según el diario Gulf News, algunos extranjeros que trabajan en Arabia Saudí han comenzado ya a mudarse a Bahrein, país que se halla unido al primero por una autopista. Tras realizar su trabajo en las instalaciones petrolíferas saudíes, estos técnicos regresan cada día a Bahrein, una nación a la que consideran más segura y menos rígida en sus costumbres que Arabia Saudí.
Las autoridades saudíes han tratado de incrementar su lucha contra el terrorismo en el Reino desde septiembre de 2001. De una forma más silenciosa, Arabia Saudí ha promovido la lenta salida de la mayor parte de tropas norteamericanas que se habían instalado en el país durante y después de la Guerra del Golfo de 1991, lo cual era una de las principales reivindicaciones de los grupos violentos. Esta retirada fue saludada también por la gran mayoría de la población saudí, que se mostraba contraria a la permanencia de estas tropas.

Intentos de desestabilización

Algunos observadores saudíes consideran, sin embargo, que este nuevo terrorismo no ha aparecido de forma casual, sino que ha sido creado por los enemigos del Islam, principalmente por Israel, con fin de desestabilizar Arabia Saudí y suministrar al mundo la imagen de que el gobierno saudí no puede controlar sus propias instalaciones petrolíferas. Cabe recordar que en un discurso pronunciado en el Defense Policy Board (Junta de Política de Defensa) -un organismo asesor del Pentágono- el 10 de julio de 2002, un analista político ultra, Laurente Murawiec, abogó en favor de la ocupación de los campos de petróleo saudíes, situados en el este del país, por tropas de EEUU si Arabia Saudí se negaba a colaborar en los planes hegemónicos de Washington para la zona o si se producía una grave desestabilización política en dicho país. Murawiec fue invitado a pronunciar esta conferencia en el Defense Policy Board por el entonces su presidente, Richard Perle, que está considerado el líder del grupo de los neoconservadores pro sionistas instalados en el Pentágono y la Oficina del vicepresidente Dick Cheney.
Los sectores ultras sionistas ven a Arabia Saudí como un enemigo al que es preciso neutralizar. En este sentido, una campaña terrorista lanzada por radicales manipulados constituye una forma eficaz de desestabilizar el Reino. Estos ataques también sirven para ahuyentar las inversiones extranjeras que Arabia Saudí necesita para desarrollar otros sectores de su economía distintos al del petróleo.
El propio príncipe heredero Abdullah ibn Abdul Aziz, ha culpado a Israel de los últimos ataques habidos en el Reino. En una reunión con varios profesores de universidad, que tuvo lugar el 2 de mayo pasado en el palacio de Al Salaam, en Yeddah, Abdullah indicó que "está muy claro para nosotros que el sionismo está detrás de estos actos terroristas que han tenido lugar en el Reino. Puedo decir que estoy seguro de ello en un 95%".

Reformas políticas y económicas

Por su parte, la oposición liberal y reformista ha señalado que la lucha contra el terrorismo no podrá tener éxito en el país sin la puesta en práctica de cambios políticos y económicos que conlleven una reforma del régimen absolutista que ha venido rigiendo el país en las pasadas décadas. Algunos hombres de negocios e intelectuales han venido reclamando reformas democráticas que promuevan, aunque sea en un grado limitado, la participación de la población saudí en el gobierno del país.
La necesidad de reformas es un hecho que ha sido admitido incluso por miembros de la familia real. En realidad, el gobierno ha puesto en práctica ya algunos cambios y se habla ahora de la realización de unas elecciones locales, que permitirían cubrir la mitad de los escaños de los consejos locales, el próximo mes de octubre. Asimismo, se ha creado una mesa de "diálogo nacional", en la que se encuentran representados diversos sectores profesionales y religiosos.Miembros de las fuerzas especiales de Arabia Saudí durante un entrenamiento
Los sectores liberales del Reino creen, sin embargo, que estos cambios son sólo cosméticos y hablan incluso de un retroceso grave en el camino de las reformas. Así por ejemplo, señalan, que, poco después de que el gobierno autorizara la creación de un organismo de vigilancia de los derechos humanos el pasado mes de marzo, la policía arrestó a 13 activistas pro democracia, de los cuales tres permanecen aún en prisión sin cargos. Estos sectores consideran también que la violencia terrorista podría tener nefastas consecuencias para las reformas políticas, ya que será probablemente utilizada por los círculos más conservadores de la familia real para alertar acerca de los peligros que pueden entrañar los cambios y poner fin así a cualquier tipo de iniciativa democratizadora por limitada que sea. Hay que decir, sin embargo, que los liberales poseen una influencia muy reducida en el Reino, donde la oposición política está formada casi exclusivamente por islamistas wahhabíes, más interesados en pactar con el poder que en promover una verdadera reforma.
Numerosos expertos señalan también que la lucha contra el terrorismo tiene una vertiente económica y social. El nepotismo y corrupción existente en el país han llevado a que el rico estado saudí se halle ahora fuertemente endeudado. Esto ha provocado un crecimiento del desempleo y la reducción de la renta per cápita a un quinto de la que existía hace 25 años. También ha llevado a la aparición de bolsas de pobreza en algunas grandes ciudades, que son también un caldo de cultivo de fenómenos como el extremismo. Recientemente, un analista saudí, citado por Islamonline.net, señalaba a este respecto: "Si el gobierno comienza a tomar medidas para luchar contra la pobreza y el desempleo, cosa que no debe ser demasiado difícil en un país tan rico (con las mayores reservas mundiales de petróleo), y vuelve a desempeñar un papel relevante en la defensa de las causas islámicas, la situación podría volver a la normalidad".
De momento, las autoridades saudíes han lanzado un plan de seis puntos destinado a luchar contra el terrorismo en las esferas intelectual y de la seguridad. Este plan contempla una vigilancia más estrecha de las fronteras para evitar la entrada de armas procedentes del extranjero y el control de fondos, en especial los procedentes de algunas organizaciones caritativas. También se contempla ofrecer garantías procesales a aquellos que abandonen las armas y aumentar la colaboración con países extranjeros que poseen una amplia experiencia en la lucha antiterrorista, como es Egipto.
En el plano ideológico, el gobierno saudí pretende utilizar Internet para difundir su discurso antiterrorista. Las autoridades saudíes han comenzado también a reclutar a sabios religiosos e imames con el fin de dar una legitimación religiosa a la lucha contra el terrorismo y desacreditar a aquellos que intenten utilizar la religión como justificación para sus actos. El gobierno ha pedido a los imames, en este sentido, que condenen a Al Qaida en los sermones religiosos de los viernes en las mezquitas. El pasado 4 de junio, el mufti de Arabia Saudí, Sheij Abdul Aziz al Sheij, tomó ya la iniciativa al pedir a los musulmanes que colaboraran con las autoridades en su lucha contra los grupos violentos y extremistas.