.REDACCIÓN
l pasado 16 de junio se produjeron diversos choques entre soldados
israelíes y manifestantes palestinos, que protestaban en
contra de la extensión del Muro del Apartheid israelí
hasta el asentamiento judío de Ariel, situado en mitad de
Cisjordania. Si los planes del gobierno israelí se cumplen,
esto llevará a que dicho asentamiento quede situado en la
parte occidental del Muro, lo cual significa que casi la mitad de
la Cisjordania palestina quedará entonces anexionada de facto
a Israel. Esto dejará en manos de los palestinos poco más
de un 10% de la Palestina histórica, situación ésta
que es absolutamente inaceptable no sólo desde un punto de
vista político, sino también humanitario, porque supone,
de hecho, encerrar a más de dos millones de personas dentro
un puñado de guettos o grandes campos de concentración
rodeados por fuerzas israelíes. La ampliación del
Muro impedirá asimismo a los palestinos poder desplazarse
libremente por su propio territorio, lo cual supone una grave violación
del Derecho Internacional.
Hay que recordar también que, según la ley internacional,
todos los asentamientos judíos en los Territorios Ocupados
son ilegales, por lo que no cabe otra solución que su desmantelamiento.
Estos asentamientos violan la Cuarta Convención de Ginebra,
que prohíbe a los estados transferir cualquier parte de su
población civil a territorios conquistados por medio de la
fuerza militar. Por su parte, las resoluciones 446, 452, 465 y 471
del Consejo de Seguridad llaman explícitamente a Israel a
eliminar sus asentamientos en los territorios ocupados en la guerra
de junio de 1967, es decir, Cisjordania, Gaza y Jerusalén
Este. Las resoluciones 242 y 338 piden además a Israel que
se retire de dichos territorios.
En este sentido, el anuncio del primer ministro israelí,
Ariel Sharon, de que Israel planea conservar en el futuro algunos
de los asentamientos construidos en Cisjordania, entre ellos el
de Ariel, supone un abierto desafío a la comunidad internacional
y al Derecho Internacional. Pese a ello y a las condenas procedentes
de todo el mundo, Israel continúa adelante con sus planes
para ampliar estos asentamientos. El pasado 15 de junio, la cadena
norteamericana ABC News reveló que Israel "está
considerando el construir miles de nuevas viviendas para los colonos
en Cisjordania, siguiendo el plan de Sharon para anexionar grandes
partes de ese territorio". Por su parte, el diario israelí
Maariv ha indicado que el ministro de Defensa, Shaul Mofaz, habría
pedido a los militares israelíes que elaboren, en los próximos
tres meses, planes para la construcción de miles de viviendas
en los asentamientos de Gush Etzion, Maale Adumin y Ariel. Mofaz
se reunió el 14 de junio con los líderes de los colonos
del asentamiento de Gush Etzion y les prometió que consideraría
su propuesta para construir 5.300 nuevas viviendas en una primera
ronda y 7.500 más posteriormente. Shaul Goldstein, vicepresidente
del Consejo Yesha, que agrupa a los colonos de los Territorios Ocupados,
confirmó también que había tratado con Mofaz
el tema de la construcción de más viviendas en los
asentamientos. Cabe señalar que otros responsables israelíes
han ido más lejos y han declarado que podrían ser
situadas más viviendas dentro de los "límites
municipales" trazados cuando se construyeron los asentamientos,
lo cual permitiría construir tales viviendas a cierta distancia
del propio asentamiento y no necesariamente en su interior. Esto
llevaría a una apropiación de tierras palestinas mucho
mayor.
En realidad, la extensión del Muro hasta el asentamiento
de Ariel supondría un fuerte incremento en las confiscaciones
de tierras palestinas, un robo que también está condenado
por el Derecho Internacional. A principios de junio, funcionarios
del Ministerio de Defensa israelí entregaron a los palestinos
residentes en la ciudad de Salfit, al sur del asentamiento de Ariel,
órdenes de expropiación de sus tierras, que se hallan
en la ruta que seguirá el Muro.
Por todo lo anterior, no es exagerado decir que la ampliación
del Muro hasta el asentamiento de Ariel y otros situados en el interior
de Cisjordania constituye una de las más graves violaciones
de la ley internacional de las últimas décadas, y
no hay duda de que, si la decisión israelí se acaba
materializando, esto provocará la muerte segura del proceso
de paz y la desaparición de la posibilidad de alcanzar una
solución basada en la creación de dos estados. Los
palestinos tendrán que pasar entonces a reivindicar la fórmula
de "un solo estado con un voto por habitante".
El asentamiento de Ariel no es, como ya se ha indicado, el único
situado profundamente en el interior de Cisjordania que quedará
localizado dentro del lado israelí del Muro. Existen también
planes para que otros dos asentamientos situados en el norte de
Cisjordania, el de Emmanuel y Kedumin, queden también rodeados
por el este por esta barrera. Todo ello revela a las claras que
Sharon considera, en efecto, el Muro como una futura frontera entre
el Estado de Israel y un conjunto de guettos sitiados que constituirían
el futuro "estado" palestino.
Por su parte, los palestinos han reiterado que no aceptarán
una solución del conflicto que no respete la legalidad internacional
y que no conlleve la retirada israelí de todos los territorios
ocupados en 1967, es decir, Cisjordania, Gaza y Jerusalén
Oriental. Desde el principio, los palestinos rechazaron el plan
de Sharon para abandonar Gaza de forma unilateral, al comprender
que este plan era una simple maniobra de diversión destinada
a engañar a la opinión pública internacional
haciéndola creer que Israel estaba devolviendo parte de los
Territorios Ocupados, cuando, en realidad, se estaba preparando
para anexionar grandes partes de Cisjordania. Resulta también
probable que, a pesar de las promesas israelíes en otro sentido,
los colonos de Gaza sean recolocados en las nuevas viviendas que
van a ser construidas en los asentamientos de Cisjordania.
Complicidad norteamericana
Por su parte, Richard Boucher, portavoz del Departamento de Estado
de EEUU, manifestó que la decisión israelí
de ampliar el Muro hasta rodear el asentamiento de Ariel era "problemática".
"Esta decisión supone un problema, puesto que prejuzga
las fronteras finales, lleva a la confiscación de tierras
palestinas e impone mayores sufrimientos al pueblo palestino",
señaló Boucher. Estas palabras son, en realidad, un
ejemplo más del cinismo con que Washington ha venido actuando
en el conflicto palestino-israelí durante los pasados meses
y años. Baste recordar al respecto que el propio Bush aprobó
la demanda de Sharon para anexionar a Israel varios de los mayores
asentamientos judíos en Cisjordania. Según algunos
informes de la prensa israelí, Sharon llevó a Washington
cuatro planes diferentes que contemplaban también distintos
niveles de retirada israelí. Al final, Bush aprobó
el que permitía a Israel anexionar la mayor cantidad de territorio
palestino.
Esta complicidad norteamericana con la colonización israelí
en los Territorios Ocupados tuvo su máxima expresión
en la aprobación por parte de la Cámara de Representantes
de EEUU, el pasado 23 de junio, de una resolución que respaldaba
públicamente el contenido de una carta de Bush, en la que
el presidente estadounidense aprobaba el plan unilateral de Sharon,
que incluye, como se ha mencionado, la colonización y anexión
de grandes partes de Cisjordania. La resolución -que fue
presentada por el congresista ultra Tom DeLay, y apoyada por el
grupo fundamentalista evangélico Coalición Cristiana
y el Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí
(AIPAC), la organización más importante del lobby
proisraelí en EEUU- fue aprobada por 407 votos a favor y
sólo 9 en contra. Esta aprobación supone que, por
primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, EEUU acepta de forma
oficial la anexión de territorios por medio de la fuerza.
Significativamente, la resolución señala que "EEUU
hará todo lo posible para impedir cualquier intento de cualquier
parte para imponer otro plan distinto". Esta cláusula
está dirigida, sin duda, a sabotear el Plan de Paz de Ginebra
-aprobado por un grupo de políticos moderados israelíes
y otro de responsables palestinos-, que cuenta con un notable respaldo
internacional. Este plan es también apoyado por la mayoría
de los ciudadanos estadounidenses y de los judíos norteamericanos,
según señalan diversas encuestas.
La resolución de la Cámara de Representantes ni siquiera
menciona el Plan de la Hoja de Ruta, que los propios EEUU patrocinaron,
junto con los demás miembros del Cuarteto (la ONU, la Unión
Europea y Rusia). Este plan incluye, entre sus puntos básicos,
la congelación de los asentamientos, y estipula que el resto
de los asuntos, incluyendo el de las futuras fronteras, será
objeto de negociaciones entre ambas partes.
La mayoría de los observadores, incluyendo altos responsables
militares y de inteligencia de Israel, creen que si se destruye
la esperanza de los palestinos de poder conseguir un estado viable
a través de unas negociaciones, esto llevará a un
fortalecimiento de los grupos radicales y a un incremento del terrorismo.
Sin embargo, el Congreso de EEUU rechaza este punto de vista insistiendo
en que la anexión de tierras palestinas "reforzará
la seguridad de Israel y hará avanzar la causa de la paz
en Oriente Medio".
La resolución exige también que el "estado"
palestino que pueda surgir eventualmente de este proceso esté
"sea un Estado de Derecho que respete los derechos humanos".
Sin embargo, nada se dice en la resolución con respecto a
las fuerzas de ocupación y los colonos israelíes,
pese a que son éstos los que violan de forma continua y espantosa
la ley internacional y los derechos humanos del pueblo palestino.
Según la resolución, el gran obstáculo para
la paz y la seguridad en Oriente Medio es el "terrorismo"
palestino, y no la ocupación israelí y la cruel represión
que la acompaña. Además, la resolución llama
a EEUU a reforzar el poder militar israelí y defiende el
"derecho" de Israel a lanzar ataques preventivos contra
los grupos palestinos que "amenacen a ciudadanos israelíes",
categoría ésta que presumiblemente incluye a los militares
ocupantes israelíes y a los colonos, que son responsables
de la muerte de decenas de miles de civiles palestinos, incluyendo
gran número de niños.
La resolución del Congreso viola también las resoluciones
242 y 338 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que exigen
a Israel, como ya se ha dicho, la retirada de los territorios ocupados
en 1967. Todas las anteriores administraciones estadounidenses,
ya fueran demócratas o republicanas, habían aceptado
el principio de que estas resoluciones constituían la base
para la futura solución del conflicto árabe-israelí.
En un increíble acto de cinismo, la resolución de
la Cámara de Representantes afirma que nadie debería
esperar que Israel desmantele sus asentamientos "en vista de
las nuevas realidades existentes sobre el terreno". En este
sentido, la Cámara de Representantes parece olvidar que tales
realidades han sido creadas en base en base a un proceso de colonización
que viola las antedichas resoluciones del Consejo de Seguridad.
Más significativamente aún, la resolución sitúa
explícitamente dichos asentamientos "en Israel",
reconociendo así la anexión israelí de estos
territorios, incluso antes de que ésta se produzca de manera
formal. Así pues, y a diferencia de lo que ocurrió
en el caso del Iraq de Saddam, Israel se sitúa por encima
de las resoluciones de Naciones Unidas y el Derecho Internacional
en general y puede violar e ignorar su contenido siempre que lo
desee. Todo esto supone una quiebra irreparable de la ley y de las
instituciones internacionales, que habían venido constituyendo
hasta la fecha el pilar sobre el que se asentaba todo el sistema
de estabilidad global. |