.REDACCIÓN
l pasado 7 de junio, diversos responsables norteamericanos y surcoreanos
anunciaron que EEUU iba a retirar 12.500 de sus 37.000 soldados
estacionados en Corea del Sur durante el transcurso del año
actual y el próximo. Hasta el momento, han sido retirados
ya 3.600 militares estadounidenses, que serán desplegados
en Iraq este verano. La planeada reducción de tropas norteamericanas
en Corea forma parte del esfuerzo global de Washington para realinear
sus fuerzas en todo el mundo, conforme a los nuevos objetivos de
su política hegemónica.
La retirada de las tropas norteamericanas de Corea del Sur fue discutida
en el marco de unas jornadas tituladas "EEUU y Corea del Sur:
el Futuro de la Alianza", a las que acudió el secretario
de Defensa adjunto de EEUU, Richard Lawless, según indicó
una fuente del mando militar norteamericano en Corea. La medida
fue confirmada asimismo por Kim Sook, jefe de la Oficina para Norteamérica
del Ministerio de Exteriores de Corea del Sur, que manifestó
que el gobierno de Seúl había sido informado de la
decisión norteamericana el 6 de junio.
Según Kim, el lado norteamericano ha manifestado a los surcoreanos
que la reducción de tropas no afectará a la capacidad
de defensa de Corea del Sur, porque EEUU planea llevar nuevos sistemas
de armamento más modernos a este país. Washington
ha prometido, de hecho, gastar unos 11.000 millones de dólares
en los próximos cinco años con el fin de modernizar
sus fuerzas militares en Corea, en especial con el despliegue de
nuevos tipos de misiles y armas guiadas por láser. Corea
del Sur ha señalado, por su parte, que reforzará su
Ejército, considerado uno de los más modernos y eficientes
de la región, para compensar la reducción de tropas
estadounidenses. La mayoría de las fuerzas surcoreanas se
hallan desplegadas, en la actualidad, en la frontera o en las inmediaciones
de la capital, Seúl.
Algunos de los detalles de esta retirada norteamericana, que constituye
la primera gran reducción de tropas estadounidenses ocurrida
en la Península Coreana desde su partición tras la
Segunda Guerra Mundial, fueron acordados en 1992, cuando los dos
países aliados anunciaron que iban a recortar la presencia
militar estadounidense en 7.000 hombres y a trasladar el cuartel
general de las tropas norteamericanas fuera de la base de Yongsan,
en el centro de Seúl.
EEUU tiene la intención de recolocar los equipos militares
y las tropas que se retiren de Yongsan y de las bases situadas a
lo largo de la Línea Desmilitarizada, que divide ambas Coreas,
en dos nuevas instalaciones situadas al sur de Seúl. Una
de ellas es la base aérea de Osan, situada en Pyongteak;
y la otra, la de Camp Humphries, en Daegu. Estas bases albergarán
una fuerza más ligera y móvil que podrá ser
utilizada dentro y fuera de la Península de Corea en diferentes
escenarios de crisis. Se calcula que este redespliegue norteamericano
podría quedar completado hacia el año 2008.
El envío de tropas de EEUU desde Corea del Sur a Iraq es
una prueba más de que el Ejército norteamericano se
encuentra sobreextendido hasta el límite y que Washington
necesita sacar tropas de otras áreas, a las que considera
menos importantes, para apuntalar su ocupación en Iraq, en
un contexto en el que la actividad de la resistencia iraquí
no deja de crecer. Los sectores neoconservadores pro Likud, que
dominan la Oficina del Vicepresidente Dick Cheney y la dirección
civil del Pentágono, están interesados principalmente
en apuntalar la hegemonía israelí en Oriente Medio,
utilizando para ello tropas norteamericanas, lo cual explica que
la presencia estadounidense en Corea sea un asunto totalmente secundario
para ellos.
El gobierno de Seúl ha accedido también a enviar tropas
a Iraq, bajo presión de EEUU. En la actualidad, el contingente
surcoreano en Iraq, formado por 3.000 hombres, es el tercero en
importancia, tras el norteamericano y el británico. Sin embargo,
según todas las encuestas, la mayoría de la población
de Corea del Sur se muestra contraria al envío de sus tropas
a Iraq y reclama su vuelta a casa.
Realineamiento de fuerzas en el Pacífico
La decisión del Pentágono de reducir sus efectivos
en Corea forma parte, en realidad, de un plan más amplio
que busca un redespliegue de las tropas estadounidenses situadas
en la región del Pacífico. Existen múltiples
evidencias de que este plan está ya siendo puesto en marcha.
Así por ejemplo, el pasado 7 de junio el periódico
japonés Asahi Shimbun señaló que EEUU estaba
planeando mover a parte de los 14.000 marines estacionados en Okinawa
a una base situada en Hokkaido, la isla situada más al norte
de las cuatro principales que componen el archipiélago japonés.
Paralelamente, fuentes australianas informaron el pasado 7 de junio
que Rumsfeld y su homólogo australiano, el ministro de Defensa,
Robert Hill, podrían firmar en julio un acuerdo en la ciudad
de Washington para establecer un gran centro de entrenamiento y
formación militar en el norte de Australia, ya sea en la
provincia de Queensland o en los Territorios del Norte. La creación
de este centro de entrenamiento conjunto fue discutida en un encuentro
celebrado en Singapur a principios de junio entre los dos responsables
de Defensa. En dicho centro tendrán lugar también
ejercicios conjuntos de tierra, mar y aire. Asimismo, EEUU va a
invertir unos 10 millones de dólares este año para
ampliar sus instalaciones navales y aéreas en la isla de
Guam. Los objetivos que EEUU persigue con estas medidas son los
de reforzar su control sobre los estrechos internacionales de la
zona del Pacífico, en especial el Estrecho de Malaca, y vigilar
estrechamente el aumento de la presencia naval china en los Océanos
Pacífico e Índico.
Algunos analistas norteamericanos temen, sin embargo, que la reducción
de la presencia militar estadounidense en Corea sea vista por el
régimen de Pyongyang como una señal de debilidad y
que este país presione para obtener más concesiones
en la disputa con EEUU y Corea del Sur acerca de su programa nuclear.
Por su parte, China, el otro gran poder regional -que mantiene una
alianza militar y política con Corea del Norte, al mismo
tiempo que desarrolla sus vínculos económicos con
el Sur- podría ver también en dicha reducción
una oportunidad para expandir su influencia en la Península.
La "ingratitud" surcoreana
Muchos miembros del establishment político y militar norteamericano
se hallan molestos, sin embargo, por la actitud de los surcoreanos
de pedir una reducción del número de efectivos norteamericanos
presentes en su territorio, y consideran que Corea del Sur, que
es en la actualidad la duodécima potencia económica
mundial, debería de intentar defenderse sola frente a su
empobrecido vecino del Norte, que cuenta con un armamento obsoleto,
salvo algunas excepciones, y sufre también una importante
escasez de combustible. Muchos responsables norteamericanos recuerdan
además que la presencia militar estadounidense en Corea del
Sur ha permitido a este país destinar gran cantidad de dinero,
que en condiciones normales habrían ido a sufragar los gastos
de defensa, al desarrollo de una industria muy eficiente y al establecimiento
de una economía muy sólida.
Estos sectores señalan también que, en comparación
con los 1.100.000 soldados de Corea del Norte y los 690.000 del
Sur, el contingente estadounidense, formado por 37.000 hombres,
tiene un carácter meramente simbólico. Su presencia
serviría así meramente como una muestra de la determinación
norteamericana de acudir masivamente en ayuda de Corea del Sur si
este país fuera objeto de una invasión procedente
del Norte.
No obstante, el punto de vista de una gran parte de la población
surcoreana acerca de la presencia de tropas de EEUU en el país
es bastante diferente. En los pasados dos años se han multiplicado
las manifestaciones en contra de la permanencia de dichas tropas
en Corea y en favor de la reunificación, en especial tras
la muerte en junio de 2002 de dos adolescentes surcoreanas, que
murieron atropelladas por un vehículo militar norteamericano.
Según las últimas encuestas, un 52% de los surcoreanos
considera que EEUU es el principal obstáculo que se interpone
en el camino hacia la reunificación del país. La mayor
parte de la población surcoreana rechaza también la
política de dureza hacia el Norte puesta en práctica
por la Administración Bush.
Las promesas de Roh
Pese a la influencia que hayan podido tener los planes estratégicos
estadounidenses o la guerra de Iraq en la decisión del Pentágono
de reducir el tamaño de su contingente en Corea del Sur,
no cabe duda de que dicha decisión ha sido, sobre todo, una
consecuencia de la nueva política del presidente Roh Moo-hyun,
que acaba de ser reintegrado a su cargo por el Tribunal Constitucional
de su país, después de que el Parlamento le destituyera
a principios de este año. Roh fue elegido en diciembre de
2002 con la ayuda de muchos jóvenes votantes que se mostraban
irritados con la política norteamericana de confrontación
y dureza hacia Corea del Norte. Roh abogó en su campaña
por una política exterior y de defensa menos dependiente
de EEUU, aunque prometió mantener la alianza que une a ambos
países. Al mismo tiempo, Roh manifestó su firme disposición
a continuar la política de "sunshine" (apertura)
hacia el Norte, que fuera iniciada durante el período de
su antecesor, Kim Dae-jung.
Esta política chocaba de frente, sin embargo, con la actitud
agresiva -aunque suavizada en los últimos meses- de la Administración
Bush hacia Corea del Norte. Esta postura estadounidense coincidía
en gran medida con la de la principal fuerza de la oposición
conservadora surcoreana, el Gran Partido Nacional, que ha venido
realizando fuertes críticas a la política de Roh.
Este partido apoya la presencia militar norteamericana en Corea
en los actuales niveles y calificó de "sorprendente
y preocupante" el plan para el recorte de efectivos estadounidenses
en el país.
Por su parte, los sectores liberales y de izquierda han valorado
positivamente el anuncio de la reducción de la presencia
militar de EEUU y señalan que tal medida no conllevará
ningún peligro, ya el régimen de Pyongyang está
interesado en promover una política de diálogo y cooperación
con Corea del Sur, y no en invadirla. Estos sectores consideran
que la mejor forma de garantizar la estabilidad en la Península
es el reforzamiento de la colaboración entre las dos partes
y señalan, como ejemplo notable de esta cooperación,
la reciente firma de un acuerdo bilateral para la construcción
de un ferrocarril que unirá los territorios de ambas Coreas
por vez primera desde la división del país en 1945.
Estos sectores señalan también que la presencia de
misiles nucleares norteamericanos en Corea del Sur y la existencia
de bombas atómicas en Corea del Norte han llevado a una situación,
en la que el estallido de un posible conflicto armado en la Península
resulta una posibilidad muy remota, ya que nadie duda hoy en día
que un enfrentamiento de este tipo acabaría degenerando en
una guerra nuclear, que tendría efectos desastrosos para
ambas Coreas y los demás países de la región.
Muchos surcoreanos consideran, sin embargo, que la decisión
del Pentágono de reducir el número de sus tropas en
Corea es, en realidad, un regalo envenenado, y recuerdan que la
presencia de estas tropas ha servido, en realidad, como una garantía
de que EEUU no adoptaría una actitud demasiado provocadora
hacia el Norte, por temor de poner en peligro la vida de sus propios
militares. El actual plan para la reducción de la presencia
militar norteamericana y el desplazamiento de los soldados estadounidenses
a bases más seguras al sur de Seúl podrían
ampliar, así pues, el margen de maniobra del gobierno de
EEUU y animarle a emprender acciones que entrañarían
gravísimos riesgos para la paz y estabilidad internacionales,
como podría ser un ataque contra las instalaciones nucleares
de Corea del Norte. |