.REDACCIÓN
lorida podría convertirse de nuevo este año en el
estado decisivo que decida el resultado de las elecciones del próximo
mes de noviembre. Florida forma parte del reducido número
de estados -junto con Nueva York, California, Illinois, Michigan
y otros- que inclinarán por sí solos la balanza entre
Bush y Kerry.
Dentro de Florida, el lobby más importante es el formado
por los residentes cubano-americanos, es decir, aquellos cubanos
que abandonaron Cuba por razones ideológicas en el transcurso
de las pasadas décadas. Estos residentes han recreado un
núcleo urbano cubano en Miami, denominado La Pequeña
Habana. Conocedores de la influencia de la comunidad cubano-americana,
casi todos los presidentes han visitado este lugar durante el transcurso
de sus respectivas campañas electorales. Aunque se calcula
que los cubano-americanos representan un 9% de la población
de Florida, su influencia política es mucho mayor de lo que
esta cifra podría hacer pensar. Además, este voto
ha resultado decisivo en todas las elecciones habidas en el Estado
de Florida en las últimas décadas.
Según datos de la Universidad Internacional de Florida, en
el estado viven en la actualidad 800.000 cubanos, de los cuales
453.000 son ciudadanos estadounidenses y están registrados
para votar. Se calcula que un 68,5% de ellos se inclinan en la actualidad
por el Partido Republicano y un 17,6% lo hacen por el Demócrata.
Se espera, pues, que en estas elecciones el exilio cubano vuelva
a votar mayoritariamente en favor del actual presidente George W.
Bush, dado que Kerry y los demócratas en general mantienen,
a juicio de muchos sectores del exilio, una actitud "demasiado
suave o transigente" hacia el régimen de Castro.
La preferencia de esta comunidad por el Partido Republicano se remonta
a 1961, cuando el presidente Kennedy, del Partido Demócrata,
se negó a respaldar con la intervención de tropas
estadounidenses la invasión de Cuba lanzada por un grupo
de contrarrevolucionarios cubanos. Esta operación, que consistió
en un desembarco en las playas de Bahía Cochinos, terminó
con un rotundo fracaso y la captura o muerte de todos los que en
ella intervinieron.
Más recientemente, el affaire de Elian González provocó
un abierto enfrentamiento entre los sectores más derechistas
del exilio y la Administración Clinton. Los tribunales norteamericanos
habían dictado que Elian -que había sido sacado de
Cuba por su madre, fallecida posteriormente, en una balsa- debía
ser devuelto a la custodia de su padre, que residía en la
isla. Sin embargo, la Fundación Cubano-Americana y otros
sectores ultras lanzaron una feroz campaña en contra de la
devolución de Elian. Se grabó incluso un video en
el que el niño decía, en términos amenazadores,
a su padre que no quería volver a Cuba.
Al final, la policía norteamericana asaltó, por orden
de la Fiscal General de EEUU, Janet Reno, la residencia de los parientes
de Elian en Miami, donde el niño residía, con el fin
de proceder a la entrega de éste a su padre. Esta acción
levantó una ola de disturbios en la ciudad.
Sin embargo, la actitud de estos sectores ultras del exilio en el
caso de Elián les llevó a protagonizar un enfrentamiento
con la comunidad anglosajona de Miami, que organizó contramanifestaciones
en favor del gobierno de Clinton y en contra de las organizaciones
cubano-americanas. A nivel internacional, el caso de Elián
reforzó la imagen ultraderechista y reaccionaria del exilio
cubano.
Los grupos ultras del exilio lograrían, sin embargo, poco
después satisfacer sus ansias de venganza contra la Administración
Clinton. Estos grupos lograron una movilización sin precedentes
de la comunidad cubano-americana en favor de Bush en los comicios
de 2000. Se calcula que el 82% de los cubano-americanos votaron
a Bush en aquellas elecciones, lo cual permitió a éste,
junto con una serie de irregularidades, alzarse con la victoria
en Florida -por un margen de 537 votos- y convertirse así
en presidente de EEUU. Su hermano, Jeb Bush, actual gobernador de
Florida, es conocido también por sus diatribas anticubanas
y sus estrechos vínculos con las organizaciones más
extremistas del exilio, entre ellas la ya mencionada Fundación
Cubano-Americana.
Cabe señalar que esta preferencia del exilio cubano por los
republicanos contrasta con la actitud de la comunidad latina de
EEUU en su conjunto, que se inclina mayoritariamente en favor de
los candidatos demócratas, a los que ve como más proclives
a la defensa de los derechos de las minorías o la adopción
de posturas menos restrictivas en el área de la inmigración.
Bush ha sabido agradecer, por su parte, el apoyo mayoritario del
exilio cubano. Hace varios meses, se opuso firmemente a los intentos
de las dos Cámaras del Congreso de EEUU, que contaban con
el apoyo de muchos congresistas republicanos de los estados del
Medio Oeste -espoleados por la industria farmacéutica y los
agricultores de esos estados-, para suavizar el embargo, lo cual
posibilitaría la firma de acuerdos comerciales entre compañías
estadounidenses y el Estado cubano, y la eliminación de las
restricciones que pesan sobre los ciudadanos norteamericanos que
desean visitar la isla.
División de opiniones en el exilio cubano
Como prueba de que piensa seguir endureciendo su política
hacia Cuba, Bush anunció a principios de mayo una serie de
medidas en contra del régimen de La Habana, incluyendo restricciones
al envío de divisas a Cuba por parte de los cubano-americanos
y la limitación de los viajes de estos últimos a la
isla a sólo una vez cada tres años. Bush anunció
también más ayudas a las organizaciones cubanas anticastristas
y el reforzamiento de las emisiones de radio y televisión
a la isla.
Estas medidas han sido saludadas por la Fundación Cubano-Americana
y otros grupos ultras, siempre dispuestos a apoyar un endurecimiento
de la postura de Washington hacia La Habana. Otros sectores más
moderados, como el Arco Progresista -que agrupa a un conjunto de
grupos socialdemócratas-, mantienen, sin embargo, una postura
contraria a las nuevas sanciones anunciadas por Bush. "Si el
propósito (de estas medidas) es democratizar Cuba, el efecto
será justo el contrario", señala Manuel Cuesta,
portavoz de la organización. Por su parte, Andrés
Gómez, líder de otro grupo moderado, la Brigada Antonio
Maceo, declaró recientemente al diario Miami Herald que "unos
140.000 cubanos exiliados visitaron la isla el pasado año.
De ellos, unos 100.000 vivían en el sur de Florida. Esto
significa que muchos de aquellos que no podrán regresar ahora
a la isla hasta dentro de tres años votarán contra
Bush y en favor de un candidato que permita los viajes a Cuba".
Cabe recordar aquí que la mayoría de los 800.000 de
cubanos que residen en Florida poseen lazos de parentesco con muchos
de los 11.200.000 de compatriotas que viven en la isla. Esto convierte,
en realidad, a los cubano-americanos y sus parientes dentro de la
isla en las principales víctimas de las nuevas sanciones
promovidas por Bush.
Otro crítico con el plan de Bush es Eloy Gutiérrez
Menoyo, líder del Cambio Cubano, un grupo de tendencia moderada,
que aboga por una transición política pactada en Cuba.
Menoyo fue miembro de la antigua guerrilla de Castro, pero pasó
posteriormente 22 años en prisión por sus enfrentamientos
con el régimen. Más tarde, se fue al exilio a Miami,
donde tuvo también problemas con los sectores más
ultras del exilio. El pasado año, regresó a Cuba para
una visita familiar y decidió quedarse en la isla. Menoyo
ha señalado que su grupo no está pidiendo en la actualidad
un cambio radical en Cuba, sino reclamando reformas más limitadas,
pero efectivas a largo plazo, como, por ejemplo, medidas que garanticen
la libertad de expresión y asociación y la creación
de, al menos, otro partido político, que pueda competir con
el actual Partido Comunista de Cuba.
En realidad, estos sectores moderados del exilio no se hacen ilusiones
de que la situación en la isla vaya a cambiar mucho tras
la muerte de Fidel Castro. De momento, el régimen cubano
ha situado al hermano menor de Fidel, Raúl, como el siguiente
en el orden sucesorio, y no faltan cuadros en las estructuras de
poder de Cuba que puedan garantizar una continuidad del régimen.
Dichos sectores consideran también poco probable la posibilidad
de que se produzca un golpe militar o una rebelión en la
isla tras la muerte de Fidel, como auguran los grupos ultras del
exilio, y creen que la única posibilidad real de cambio pasa
por un diálogo entre los sectores más moderados del
exilio cubano y las autoridades de La Habana.
Por su parte y en respuesta a las medidas adoptadas por la Administración
estadounidense, el gobierno cubano anunció que desde el 1
de junio eliminaría los requisitos de visado para todos los
cubanos que residan en el extranjero y que quieran visitar la isla.
El gobierno cubano ha anunciado también la concesión
de becas universitarias y la organización de cursos sobre
historia y cultura cubana y de idioma español para los hijos
de cubanos que vivan fuera de Cuba. Asimismo, un nuevo departamento
gubernamental se encargará a partir de ahora de desarrollar
las relaciones con la diáspora cubana. Con todas estas medidas,
el gobierno cubano confía en contrarrestar el efecto de las
nuevas medidas aprobadas por Bush y lograr que se mantenga el flujo
de visitantes cubanos residentes en el extranjero a la isla en los
próximos años.
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