.REDACCIÓN
n un momento en el que la mayoría de los países más
desarrollados están haciendo frente a una fase de ralentización
de su crecimiento económico, la República Popular
China está afrontando un desafío opuesto, es decir,
el de enfriar una economía que crece a un ritmo demasiado
fuerte para ser controlada. Los expertos económicos hablan
aquí de recalentamiento, es decir, el fenómeno que
se produce cuando los precios de los bienes y servicios aumentan
en un contexto en el que la demanda de los mismos supera a la oferta.
En el caso del actual recalentamiento de la economía china,
este fenómeno se produce, sin embargo, como consecuencia
del exceso de inversiones en algunos sectores de la economía
(acero, aluminio, automóviles, cemento, vivienda etc), mientras
que en otros (infraestructuras o energía) se necesitan, de
hecho, inversiones mucho más elevadas.
La subida de precios preocupa especialmente a las autoridades chinas.
En la ciudad de Shanghai, por ejemplo, los precios de las viviendas
han subido un 20% cada año desde 2001, según cifras
del New York Times. Los precios de otros artículos han experimentado
también subidas, en especial los de los alimentos.
Según el Diario del Pueblo (Remin Ribao), el principal periódico
de China, durante los pasados tres años, el gobierno chino
adoptó diversas medidas como respuesta a la ralentización
económica global producida tras los ataques del 11 de septiembre
de 2001. Entre estas medidas se incluían las de continuar
aplicando una política fiscal activa, estimular el consumo,
favorecer las exportaciones e incrementar aún más
los ingresos de la población urbana y rural, así como
otras destinadas a reducir las diferencias existentes entre Pekín
y las prósperas ciudades costeras del Este de China, por
un lado, y las subdesarrolladas provincias del Oeste y Norte del
país, por otro.
Como consecuencia de tales medidas, el crecimiento de China se disparó
y el país registró un tercio de la totalidad del crecimiento
económico mundial en los últimos tres años.
En ese período, la tasa de crecimiento chino ha sido el doble
que la de EEUU. En el 2003, por ejemplo, el PIB chino creció
en un 9,1%, aunque algunos economistas elevan esta cifra hasta el
13%. Del mismo modo, la producción industrial de China en
los pasados tres años se ha incrementado en un 50%, mientras
que la de EEUU se ha reducido. En mayo, la producción industrial
china creció en un 17,5% con respecto al mismo mes del año
anterior y en abril lo hizo en un 19,1%.
Asimismo, el pasado año China exportó bienes por valor
de 438.000 millones de dólares. La decisión de las
autoridades chinas de mantener en vigor la paridad del yuan frente
al dólar, pese a la caída de este último en
los mercados internacionales en los pasados meses, ha servido para
mantener la competitividad de los productos chinos y robustecer
las exportaciones. Cabe señalar que estas exportaciones chinas
han provocado el cierre de fábricas en todo el mundo, debido
a su incapacidad para competir con los bajos precios de los productos
"Made in China".
Medidas para enfriar la economía
Sin embargo, este recalentamiento de la economía china ha
disparado algunas alarmas y, así, el primer ministro, Wen
Jiabao, anunció el pasado 4 de junio algunas medidas destinadas
a disminuir el crecimiento hasta unos niveles en los que éste
no entrañe peligros. "Tan pronto como estas medidas
sean correctamente aplicadas, la economía crecerá
a un ritmo estable y relativamente rápido", declaró
Wen a la Agencia Xinhua.
Entre las medidas anunciadas se encuentran las de restringir las
inversiones y los préstamos bancarios y un control más
rígido de los precios. También se ha hablado de que
los tipos de interés podrían subir por primera vez
en nueve años.
Por otro lado, el gobierno chino ha incrementado por ley el volumen
de las reservas obligatorias de dinero que los bancos han de mantener.
También se ha prohibido la concesión de préstamos
a empresas que trabajan en diferentes sectores de la economía
que se hallan particularmente "recalentados". A esto hay
que añadir que las autoridades tomarán fuertes medidas
disciplinarias contra aquellos funcionarios y dirigentes locales
que traten de sabotear la aplicación de estas medidas por
temor a que provoquen reacciones negativas en sus respectivas ciudades
o provincias.
Algunas de estas medidas parecen difíciles de aplicar también
debido al carácter mixto de la economía china: un
híbrido entre socialismo y capitalismo. Este carácter
mixto ha llevado a una cierta confusión, ya que las medidas
adoptadas para forzar una ralentización de la economía
han sido tomadas tanto por las autoridades políticas, en
un diseño típico de una economía socialista,
como por las monetarias, lo que correspondería a una economía
capitalista.
Las autoridades chinas buscan en realidad un objetivo difícil:
el frenar su economía para que no se recaliente, pero evitando
al mismo tiempo que las medidas tomadas con este fin puedan impedir
un crecimiento económico alto, pero estable. Cabe señalar
que este objetivo ya fue conseguido en otra ocasión anterior.
En los años 1992-94 la economía china sufrió
otro recalentamiento aún más grave que el actual.
El crecimiento del PIB alcanzó entonces la extraordinaria
cifra del 14% y la inflación se disparó hasta el 28%.
Las autoridades chinas tomaron entonces diversas medidas para enfriar
la economía y consiguieron reducir el crecimiento en los
años 1997-98 hasta el 7%.
En la actualidad, existe además un escenario incluso más
favorable que el que se dio en aquel tiempo. En primer lugar, China
posee un enorme superávit comercial y una deuda externa muy
reducida. El país ha acumulado una reserva de divisas de
unos 440.000 millones de dólares, la segunda mayor del mundo
después de la de Japón. Por otro lado, el incremento
de los precios se ha dado únicamente en algunos sectores
concretos como el de los alimentos.
Por su parte, el Banco del Desarrollo Asiático (ADB) considera
que China continuará creciendo en los próximos dos
años a una tasa del 8%, una cifra muy superior a la del conjunto
de los países desarrollados
Repercusiones a nivel global
Según los expertos económicos, una desaceleración
de la economía china podría llevar también
a un menor crecimiento de las economías asiáticas,
en especial las de los estados miembros de la Asociación
de Países del Sudeste Asiático (ASEAN), que exportan
a China grandes cantidades de materias primas como acero, aluminio,
cobre, cinc, caucho etc. Se calcula que China consume ahora entre
el 20% y el 50% de la producción mundial de estos minerales.
Según datos del Ministerio de Comercio de China, las importaciones
chinas de los países de la ASEAN crecieron en un 51,7% en
2003, alcanzando la cifra de 47.300 millones de dólares.
El resultado de ello es que dichos países soportan en la
actualidad un elevado déficit comercial con China, cifrado
en unos 16.400 millones de dólares, que sólo pueden
reducir mediante un aumento de sus exportaciones a dicho país.
Sin embargo, esto parece difícil de conseguir en la actualidad
si China decide frenar el crecimiento de los sectores que consumen
precisamente estas materias primas. Cabe recordar que China desea
firmar próximamente un tratado con los países de la
ASEAN para crear la mayor zona de libre comercio del mundo, que
estará integrada por más de 2.000 millones de personas
(un tercio de los habitantes del planeta).
Corea del Sur y Japón exportan también capitales y
maquinaria a China. Este país ha pasado a convertirse en
el principal mercado para los productos japoneses, desplazando de
este modo a EEUU, que había mantenido esta posición
desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Todo esto permite afirmar
que las economías de muchos países asiáticos
se hallan en la actualidad vinculadas a la de China hasta el extremo
de que cualquier cambio que experimente la economía de este
último país afectará también a las de
aquellos.
Este enfriamiento de la economía china también podría
tener consecuencias para EEUU y a Europa. Se calcula que en la actualidad
un 20% de las exportaciones estadounidenses y europeas van dirigidas
a China. Este país posee asimismo una notable influencia
en los mercados de valores norteamericanos. De hecho, EEUU depende
en la actualidad, en lo que se refiere a la financiación
de su déficit, de las inversiones chinas y japonesas en bonos
y otros valores. Aparte de esto, un gran número de compañías
multinacionales norteamericanas y europeas se han instalado en China,
debido a la existencia de una mano de obra abundante, barata, formada
y disciplinada, así como a los bajos costes de producción,
las favorables condiciones de tipo legal y fiscal, la estabilidad
política y la nula conflictividad laboral. |