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Washington establece un régimen neocolonial en Iraq

U na pieza básica del plan norteamericano para el control de Iraq es la llamada "transferencia de soberanía" a los iraquíes. Ésta tuvo lugar el pasado 28 de junio, dos días antes de lo previsto, en una ceremonia oficial celebrada en Bagdad. En principio, el nuevo gobierno interino iraquí que se ha creado tendrá como principal misión el preparar unas elecciones generales, que tendrán lugar el próximo año.
Sin embargo, todo el proceso no es más que una gigantesca pantomima destinada a engañar a la opinión pública internacional. El propio lenguaje empleado por los ocupantes norteamericanos es equívoco. EEUU no puede, desde un punto de vista legal, transferir ninguna soberanía a los iraquíes, por el hecho de que nunca la ha tenido. La soberanía siempre ha estado en manos del pueblo iraquí, aunque el poder de la fuerza estuviera en otra parte. Éste es otro ejemplo más de cómo el gobierno de EEUU manipula la verdad en interés de sus objetivos políticos y de cómo la gran mayoría de comentaristas y medios de comunicación internacionales no pueden o no quieren profundizar en los temas y presentar las cosas como son en realidad.
Si algunos de estos medios se hubieran ocupado de comprobar cuáles son las competencias de que el gobierno iraquí dispondrá a partir de ahora habría descubierto que la situación ha variado poco o nada con respecto al período anterior. Washington mantendrá un control sobre las fuerzas armadas y la policía de Iraq, sobre sus fronteras y sobre su política exterior. Los norteamericanos ejercerán también un control sobre los procedimientos e instituciones judiciales y tendrán el poder de cambiar la Constitución.
El primer ministro británico, Tony Blair, que hace frente a un creciente descontento del pueblo británico con respecto a su política hacia Iraq -que ha llevado al Partido Laborista a perder dos elecciones hasta el momento- afirmó que el gobierno iraquí tendría el poder de vetar las operaciones militares de las fuerzas de la coalición en Iraq. Sin embargo, los responsables norteamericanos, nerviosos ante la posibilidad de que sus tropas quedaran bajo el control del nuevo ejecutivo iraquí, inmediatamente desmintieron a Blair.
Algunos miembros de la Administración Bush han reconocido las limitaciones y carencias de esta "transferencia de soberanía". Marc Grossman, secretario de Estado adjunto, declaró el 13 de mayo ante un Comité del Congreso: "Yo diría que estamos hablando de una autoridad limitada". El secretario de Estado, Colin Powell, y el administrador civil norteamericano en Bagdad, Paul Bremer, se apresuraron entonces a puntualizar que se trataba de una "plena soberanía", pero todas las evidencias apuntan a que el análisis de Grossman está más cerca de la verdad.
Una pieza básica de la política norteamericana en Iraq va a ser a partir de ahora el embajador John Negroponte, que fuera también embajador de EEUU en Honduras y en la ONU. Negroponte, que ha recibido duras críticas por su actuación de encubrimiento de las torturas y crímenes perpetrados por la dictadura hondureña en los años ochenta, dirigirá la Embajada de EEUU en Bagdad, que va a ser, por su tamaño, la mayor sede diplomática de EEUU en el extranjero. Esta Embajada estará situada en uno de los palacios de Saddam y comprenderá también un edificio adjunto, que servirá para la realización de ceremonias y otros actos protocolarios. Muchos de los recursos y el personal de la antigua Autoridad Provisional de la Coalición (APC), el gobierno norteamericano de ocupación en Iraq, pasarán a pertenecer a la Embajada. En total, se espera que dicha representación diplomática emplee a 1.300 norteamericanos y a 2.000 iraquíes, en comparación con las 1.500 personas que actualmente trabajan para la APC.
No cabe duda de que este personal diplomático norteamericano se va a convertir en el poder real en Iraq, ya que supervisará el trabajo del gobierno iraquí y le presionará para que haga lo que EEUU desea, tal y como Washington ha venido haciendo con otros gobiernos árabes en estos años. Aparte de esto, EEUU está creando una serie de instituciones menores, que según afirmó el Wall Street Journal el pasado 13 de mayo, "serán un poderoso instrumento de EEUU para influenciar casi todas las decisiones que el gobierno iraquí vaya a tomar". El periódico norteamericano cita, como ejemplo, la comisión de comunicaciones, que va a tener competencias para supervisar todos los aspectos de las telecomunicaciones en el país. Esta comisión fue creada sin que el entonces titular del Ministerio iraquí de comunicaciones lo supiera siquiera. Los miembros de las comisiones han sido escogidos, por un período de cinco años, por EEUU y son principalmente "consejeros" norteamericanos. Similares comisiones han sido creadas para controlar la Policía, la Justicia, la reconstrucción económica y las relaciones exteriores. El propio gobierno interino, que estará sólo en el poder durante 18 meses, no tiene autoridad alguna sobre estas comisiones.
Cabe mencionar también aquí la elección como primer ministro de Iyad Allawi, un antiguo miembro del Partido Baaz de Saddam Hussein que mantuvo posteriormente una estrecha vinculación con la CIA, como un ejemplo más del tipo de gobierno que EEUU desea crear en Iraq. Allawi ya ha manifestado que reprimirá con mano de hierro a la insurgencia iraquí, que lucha contra la presencia de las tropas ocupantes extranjeras, y ha llegado a declarar incluso, en línea con las afirmaciones de la Administración Bush, que Saddam había mantenido vínculos con Al Qaida, una mentira cuya falsedad ha sido reconocida recientemente por la Comisión norteamericana que estudió los atentados del 11-S. Por lo tanto, es fácil de ver que Allawi es un simple títere que buscará agradar a sus amos y no defender los intereses del pueblo iraquí.
Algunos líderes de la ultraderecha norteamericana admiten ya abiertamente que EEUU está construyendo un imperio en Oriente Medio. En realidad, la naturaleza de las estructuras de poder que Washington está creando en Iraq recuerdan a las que existían en la India colonial y otras partes del Imperio británico. Los británicos establecieron allí "tratados" con gobernantes "soberanos", que mantenían la ficción de que estos últimos detentaban el poder y la soberanía, cuando ésta estaba en realidad en manos de los diplomáticos o consejeros británicos. De esta forma, estos gobernantes nativos no eran más que vasallos al servicio de la Corona británica. Éste es precisamente el tipo de estado "independiente y soberano" que EEUU está intentando crear en Iraq. La cuestión es saber cuánto tiempo soportarán los iraquíes este tipo de régimen neocolonial sobre sus espaldas.