.REDACCIÓN
a victoria del Partido del Congreso y de su líder, Sonia
Gandhi, en las elecciones del pasado mes de mayo en la India ha
causado una profunda sorpresa, por cuanto que todas las encuestas
mostraban una clara ventaja del hasta entonces gobernante Partido
Bharatiya Janata (BJP), un híbrido ideológico entre
chovinismo hindú y neoliberalismo. Este triunfo del Partido
del Congreso significa la vuelta al poder de esta fuerza política,
que gobernó la India ininterrumpidamente en los cincuenta
años que siguieron a la independencia del país, en
1947. En las elecciones de 1996, el Congreso fue derrotado por la
Alianza Nacional Democrática (NDA), una coalición
de partidos liderada por el BJP.
Un factor importante que ha influido en la victoria del Partido
del Congreso fue su aceptación, por primera vez en la historia
del partido, de una política de alianzas. Este paso le permitió
formar una coalición con un grupo de partidos pequeños
de carácter estatal o local. En total, el Congreso y sus
aliados obtuvieron 217 de los 539 asientos del Lok Sabha, el Parlamento
indio (frente a los 154 de que disponían anteriormente).
Sin embargo, al quedarse lejos de la mayoría absoluta, el
Congreso necesitará una alianza con el Frente de Izquierda
(62 escaños), liderado por el Partido Comunista de la India-Marxista
(PCI-M), para poder formar un gobierno. El Frente de Izquierda barrió
literalmente en los estados de Kerala, Tripura y Bengala Occidental
con su eslogan "Hacer avanzar la economía, pero en beneficio
de todos".
El hecho de que el Congreso tenga que depender del Frente de Izquierdas
ha generado una preocupación entre los círculos empresariales
indios y los inversores ex tranjeros,
aunque fuentes del PCI-M ya han anunciado que su partido no entrará
a formar parte del gobierno y continuará prestando su apoyo
al Congreso desde fuera de aquél. En un reciente encuentro
del Comité Central del PCI-M, celebrado los días 16
y 17 de mayo, este partido pidió, sin embargo, al Congreso
que se pronunciara con una mayor claridad en relación a varios
aspectos de la política económica y exterior. Entre
las demandas de la izquierda figuran el fin del proceso de privatizaciones,
la reforma de la legislación laboral para hacer más
difícil el despido y la puesta en práctica de iniciativas
económicas desde los poderes públicos. En el terreno
de la política exterior la izquierda quiere que la India
adopte una posición más independiente de EEUU e Israel.
Estos comentarios del PCI-M sobre política económica
llevaron a una caída en los índices de las bolsas
indias, la peor de los últimos diez años. El nuevo
primer ministro, Manmohan Singh, se apresuró a puntualizar
que el Congreso proseguiría con las reformas económicas
del gobierno anterior, aunque de una forma más moderada.
"Quiero asegurar al pueblo de la India y a los inversores extranjeros
que no tomaremos ninguna medida que cree un ambiente adverso al
crecimiento de la economía", indicó Singh.
Derrota del extremismo hindú
Por su parte, el BJP sufrió una fuerte derrota al pasar
de 280 a 185 escaños, perdiendo así casi un centenar
de ellos. Esta derrota supone también un fracaso personal
para el primer ministro, Atal Behari Vajpayee, considerado como
"la cara amable" del BJP. Cuando el gobierno de Vajpayee
convocó las elecciones el pasado mes de febrero no parecía
que el Congreso tuviera ninguna oportunidad de ganar. Animados por
la buena actuación del partido en las elecciones estatales
del pasado mes de diciembre, los estrategas del BJP convencieron
a Vajpayee para que adelantara las elecciones generales algunos
meses con el fin de capitalizar lo que consideraban un boom económico
(un 8% de crecimiento del PIB este año) y el prestigio del
primer ministro, que seguía siendo el político indio
mejor valorado, según todas las encuestas.
El BJP puso así en marcha una campaña electoral triunfalista,
basada en un eslogan: "La India que Brilla". Vajpayee
utilizó como argumentos básicos de su campaña
los éxitos macroeconómicos conseguidos por su gobierno
y la mejora de relaciones con el vecino Pakistán. Este mensaje
resultaba, sin embargo, insultante para los centenares de millones
de indios pobres, que no han visto ninguna mejora en sus vidas en
estos últimos años. Un tercio de los más de
1.000 millones de indios viven en la actualidad con menos de un
dólar diario y el 47% de los niños menores de tres
años sufren problemas de malnutrición. Rajdeep Sardesay,
analista de la televisión india NDTV, ha señalado
a este respecto: "Vajpayee puede decir con orgullo que ha logrado
convertir a la India en un poder económico global y que ha
hecho disminuir las tensiones con Pakistán. Sin embargo,
el votante del Estado de Uttar Pradesh o el de Bihar desean saber
por qué las instalaciones sanitarias de su área continúan
siendo tan primitivas".
Un caso especialmente relevante, en este sentido, es el del estado
de Andhra Pradesh -uno de los mayores de la India, con 80 millones
de habitantes-, que fue convertido por el gobierno de Vajpayee en
un escaparate de sus reformas económicas y en el que el Partido
del Congreso y sus aliados cosecharon un gran triunfo en estas elecciones.
De hecho, la política del gobierno del estado se ganó,
entre otras, las alabanzas del Fondo Monetario Internacional (FMI)
y atrajo a multinacionales como Microsoft.
Sin embargo, estas reformas, que consistieron principalmente en
privatizaciones y en el desarrollo de la industria de tecnología
informática, no supusieron ninguna mejora de vida para la
gran masa de la población. De hecho, según señala
la agencia Inter Press News, de los 4.000 suicidios de campesinos
agobiados por deudas que han tenido lugar en la India en los últimos
años, 3.000 ocurrieron en dicho estado. Muchos de estos campesinos
eran cultivadores de algodón que experimentaron, con resultados
desastrosos, con semillas genéticamente modificadas proporcionadas
por algunas multinacionales.
El Partido del Congreso, por su parte, puso en práctica una
hábil campaña en las zonas rurales, donde vive el
80% de la población de la India. Esto, unido a sus promesas
sociales, le hizo aparecer como un partido preocupado por los intereses
de los pobres, mientras que el BJP aparecía a los ojos de
la opinión pública india como el partido de las clases
más opulentas, que se han beneficiado de las privatizaciones
y la apertura económica.
Hay que señalar también, como detalle significativo,
que en la capital Nueva Delhi y en Mumbai, las dos ciudades donde
se ha producido el desarrollo económico más acelerado
en estos últimos años, el BJP ha quedado prácticamente
sin representación. En Nueva Delhi, el Congreso obtuvo seis
de los siete escaños en disputa.
El otro gran factor que ha llevado a la derrota del BJP es el rechazo
de la mayoría de la población de la India al programa
de la Hindutva (ideología fundamentalista hindú) que
este partido trató de poner en práctica durante su
mandato. La Hindutva busca crear una India puramente hindú
mediante la negación y represión de las otras religiones
y culturas diferentes al hinduismo. Esta ideología es activamente
difundida por dos organizaciones: la Rashtriya Swayamsewak Sangh
(RSS), de la que han salido muchos cuadros del BJP, y el Vishwa
Hindu Parishad (VHP o Congreso Mundial Hindú). La RSS es
un grupo social-religioso integrado por extremistas hindúes.
Su fundador, el gurú M.S. Golwalkar, era un confeso admirador
de la Alemania de Hitler, que, a su juicio, había tratado
de establecer una nación "pura" desde el punto
de vista racial y cultural. En los estados que gobiernan, estos
sectores hinduistas han falsificado la historia de la India en los
libros de texto para tratar de eliminar de ellos todas las influencias
históricas distintas al hinduismo, entre ellas la musulmana.
El rechazo a la Hindutva explica el apoyo electoral masivo que el
Partido del Congreso recibió de las minorías del país,
en especial de los musulmanes, que representan un 15% de la población.
Cabe recordar que el BJP mantiene en sus filas a Narendra Modri,
el primer ministro del Estado de Gujarat, uno de los feudos de los
fundamentalistas hindúes. En 2002 tuvo lugar en Gujarat un
pogrom en el que fueron asesinados 2.000 musulmanes a manos de turbas
de hindúes fanatizados. Poco después de estos disturbios,
Modri, uno de los políticos más extremistas del panorama
político indio, fue acusado públicamente de haber
sido el promotor de estos incidentes, lo cual llevó a que
muchos aliados del BJP en la NDA pidieran públicamente su
dimisión y expulsión del partido. En estas últimas
elecciones, el Partido del Congreso cosechó un buen resultado
en Gujarat al quedar a muy poca distancia en votos del BJP, que
perdió la mitad de los 26 escaños con los que contaba
anteriormente. Este hecho ha sido interpretado por los analistas
indios como una derrota personal para Modri.
En el Estado sureño de Tamil Nadu, que está también
gobernado por una primera ministra extremista hindú, Jayalalitha,
el BJP experimentó también fuertes caídas.
Tanto Jayalalitha como Narendra Modri llevaron una campaña
extremadamente xenófoba en contra de Sonia Gandhi, haciendo
hincapié en su origen italiano y su fe católica. Jayalalitha,
que está implicada en diversas causas penales, ha aprobado
incluso una legislación que prohíbe la conversión
de los miembros de las castas inferiores (dalits o intocables) al
Islam o al Cristianismo. Este racismo antimusulmán ha sido,
sin duda, la base común que ha permitido el estrechamiento
de relaciones entre la India gobernada por el BJP y el Estado sionista
de Israel.
A todo esto hay que añadir que el BJP, en vísperas
de las elecciones, no sólo renovó su promesa de permitir
la construcción de un templo en honor al dios hindú
Rama sobre los restos de la Mezquita de Babri, en Ayodhya, sino
que obligó al NDA a incluir este punto en su programa. La
Mezquita de Babri, que databa del s. XVI, fue destruida en 1991
por una muchedumbre de fanáticos hindúes, alentados
por líderes prominentes del BJP y de la RSS. Ese hecho dio
lugar a numerosos disturbios en toda la India, que se cobraron miles
de vidas. Desde entonces, los fundamentalistas hindúes han
tratado de realizar su objetivo de construir el templo en el lugar
donde estuvo situada la mezquita, pero el gobierno del BJP no se
atrevió a dar luz verde a estos planes por temor al estallido
de nuevos y graves disturbios de violencia intercomunitaria y por
las repercusiones que esto podría tener en las relaciones
entre India y el mundo islámico.
Este rechazo a la ideología chovinista hindú fue también
la causa de la derrota de varios partidos aliados al BJP en los
estados de Andhra Pradesh, Bihar y Bengala Occidental. En el primero
de ellos, el primer ministro, Chandra Babu Naidu, mostró
hace dos años su rechazo al pogrom contra los musulmanes
en Gujarat y amenazó a Vajpayee con sacar a su partido de
la NDA si no provocaba la salida del poder de Narendra Modi en dicho
estado. Sin embargo, después de que Vajpayee hiciera caso
omiso a este requerimiento Naidu no cumplió su amenaza, lo
cual causó consternación entre el electorado y llevó
a la derrota del partido de Naidu, el Telugu Desam (TDP), en las
pasadas elecciones.
Sonia renuncia a ser primera ministra
No cabe duda también de que el papel de Sonia Gandhi ha
sido crucial para el logro de la victoria por parte del Partido
del Congreso. Sonia, de apellido de nacimiento Maino, nació
cerca de Turín, Italia, en el seno de una familia de trabajadores
italianos. En 1968 conoció a Rajiv Gandhi en Cambridge, Inglaterra,
y se casó con él, entrando a formar parte así
de la familia Gandhi. En 1983 se convirtió en ciudadana india.
Durante la campaña, Sonia participó en gran número
de mítines en todo el país, apoyándose en la
popularidad que le daba el ser el cuarto eslabón de la dinastía
Nehru-Gandhi, detrás del propio Jawaharlal Nehru, Indira
Gandhi y Rajiv. Nehru fue el primer ministro de la India independiente
y gobernó el país desde 1947 hasta su muerte, en 1964.
Su hija, Indira, tomó el relevo y rigió los destinos
de la India hasta ser asesinada por uno de sus guardaespaldas en
1984. El hijo de Indira, Rajiv, logró también convertirse
en primer ministro y ejerció el cargo hasta 1989, en que
fue igualmente asesinado.
En este contexto, muchos seguidores del Congreso no entendieron
la decisión de Sonia de no aceptar el cargo de primera ministra.
En una caótica reunión de líderes del partido
que tuvo lugar el pasado 18 de mayo, Sonia declaró que "el
convertirme en primera ministra nunca fue mi sueño"
y que "una voz interior" le había dicho que "debo
rechazar el puesto". En medio de las protestas de los diputados,
Sonia manifestó que su responsabilidad era la de "proporcionar
a la India un gobierno no confesional que fuera fuerte y estable",
pero no la de encabezarlo.
No cabe duda de que en la decisión de Sonia ha pesado mucho
la campaña xenófoba realizada por el BJP contra ella,
debido a su origen italiano. Los hinduistas intentaron aprovechar,
de hecho, los pobres conocimientos del idioma hindi de Sonia y su
acento italiano para crear dudas entre la opinión pública
acerca de su capacidad real para gobernar. Muchos diputados del
BJP y de sus partidos aliados en la NDA afirmaron también
que boicotearían el juramento de Sonia como primera ministra
y un líder del BJP llegó a decir que dimitiría
de su escaño en la Cámara Alta en protesta por la
"vergüenza nacional" que suponía el tener
a una primera ministra nacida fuera de la India.
Sin embargo, al renunciar a su cargo, Sonia le ha ganado definitivamente
la batalla al BJP y ha adquirido un enorme peso moral entre la población
india, hasta un extremo que ningún otro líder político
puede hoy igualar. Los textos religiosos hindúes, como el
Gita o el Ramayan, elogian el espíritu de sacrificio como
la mayor virtud que una persona puede llegar a tener. En este sentido,
Sonia ha logrado consolidarse como la fuerza guía del Partido
del Congreso y del gobierno, incluso aunque no forme parte de él.
Por otro lado, la renuncia de Sonia ha provocado una oleada de ira
en contra de los dirigentes del BJP, que han guardado un vergonzoso
e incómodo silencio desde que ella hiciera pública
su renuncia.
La decisión de Sonia podría estar dirigida también
a despejar el camino para su hijo Rahul. Los dos hijos de Sonia,
Rahul y Priyanka, han participado, de hecho, activamente en esta
última campaña, y Rahul, de 34 años, ha obtenido
un escaño parlamentario. Desde su condición de diputado
y heredero de la dinastía Gandhi, Rahul tiene muchas posibilidades
de convertirse en el líder del Partido del Congreso dentro
de algunos años, en especial si cuenta con el apoyo de Sonia.
Esto le permitiría más tarde convertirse también
en primer ministro.
Muchos líderes y seguidores del Congreso mostraron su estupefacción
y rechazo a la decisión de Sonia y la visitaron en su domicilio
para pedirle que reconsiderara su postura. Miles de militantes del
partido se manifestaron igualmente delante de la sede del partido
para protestar en contra de la posición adoptada por su líder,
que consideraban como una capitulación ante la campaña
de odio y xenofobia del BJP.
Tras conocer, sin embargo, que la decisión de Sonia era firme,
el Congreso eligió para el cargo de primer ministro a Manmohan
Singh, de 71 años, que fuera antiguo ministro de finanzas
en el gobierno de Narasimha Rao, a principios de los años
noventa. Singh fue, de hecho, responsable de la puesta en marcha
de las primeras medidas de liberalización y apertura de la
hasta entonces rígida y centralizada economía india.
Entre ellas, cabe mencionar la aprobación de reformas legislativas
destinadas a favorecer las inversiones extranjeras y la devaluación
de la rupia con el fin de impulsar las exportaciones. No cabe duda,
en este sentido, de que la elección de Singh estuvo motivada
por el deseo del Partido de Congreso de tranquilizar a los mercados
en relación a sus intenciones en el terreno económico.
El Congreso deberá tener en cuenta, sin embargo, el mensaje
expresado en estas últimas elecciones por los electores indios,
que castigaron la política del BJP en diversas esferas, incluida
también la económica. El partido está tratando
en la actualidad de establecer un plan que permita mantener el crecimiento
económico, pero sin olvidar, al mismo tiempo, las necesidades
de la gran masa de la población del país. |