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Israel se infiltra en
el Kurdistán iraquí

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REDACCIÓN

E l pasado 21 de junio, el periodista Seymour Hersh, ganador de un premio Pulitzer, publicó un extenso relato en la revista New Yorker, en el que hacía referencia a la presencia de agentes de la inteligencia y militares israelíes, camuflados como hombres de negocios u otras ocupaciones legales, en las zonas kurdas de Iraq, Irán y Siria. Las actividades de los israelíes en el Kurdistán iraquí consistirían en proporcionar entrenamiento a comandos kurdos para dotarles de un grado de instrucción similar a las fuerzas de operaciones especiales más secretas de Israel, los Mistaravim, y utilizarles más tarde para la realización de operaciones encubiertas contra los países de la región.
Israel ha mantenido históricamente una importante presencia en el Kurdistán iraquí. En los años sesenta y setenta, agentes israelíes promovieron las rebeliones separatistas kurdas en contra del gobierno de Bagdad, como parte de su estrategia de buscar alianzas con fuerzas no árabes en Oriente Medio.
Según Hersh, Israel decidió ampliar sus actividades en el Kurdistán iraquí en el verano de 2003, después de que quedara claro que la ocupación estadounidense estaba resultando ser un fracaso. El pasado otoño, el antiguo primer ministro israelí, Ehud Barak, dijo al vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, que EEUU había perdido ya la guerra en Iraq. "Israel ha aprendido que no existe ninguna forma de ganar cuando se trata de mantener una ocupación", dijo Barak. "El tema ahora es escoger hasta donde llegará vuestra humillación". Cheney, por su parte, no dio respuesta a estas palabras de Barak.
Hersh señala que el portavoz de la Embajada israelí en Washington, Mark Regev, negó la veracidad de estas informaciones. Sin embargo, un alto responsable de la CIA confirmó al periodista norteamericano que la agencia sabía desde hace mucho tiempo que los israelíes estaban operando en las áreas kurdas del norte de Iraq. Esto demostraría la existencia de una cierta complicidad estadounidense en la actuación israelí, habida cuenta de que las fuerzas militares norteamericanas controlan esta parte de Iraq y les sería relativamente sencillo poner fin a estas actividades israelíes si realmente lo desearan.
En realidad, los israelíes parecen estar colaborando en la ocupación estadounidense de Iraq, ya que uno del objetivo de sus operaciones sería la infiltración de mercenarios kurdos entrenados por ellos en las organizaciones de la resistencia sunní y las milicias shiíes con el fin de recopilar datos sobre ellas y proceder posteriormente al asesinato de sus líderes. Sin embargo, estos planes han alarmado a los turcos, que temen que estos comandos entrenados por Israel puedan también infiltrarse en Turquía con el fin de realizar actos terroristas allí.

Una base contra Irán

Los israelíes están intentando también robustecer a las organizaciones armadas nacionalistas kurdas, con el fin de neutralizar en lo posible la fuerza de las milicias shiíes en el centro y sur del país. Los israelíes temen concretamente que la inestabilidad en Iraq y el crecimiento de la influencia y poder de los shiíes lleve a un fortalecimiento de la influencia de Irán en su vecino y en toda la región. El periódico turco Zaman señaló el pasado 22 de junio que Israel había pedido a la Administración Bush en el verano de 2003 que sellara la frontera entre Irán e Iraq para impedir el paso de iraníes a este último país y frenar así la influencia iraní entre los shiíes de Iraq. EEUU ha tratado, en efecto, de ejercer un mayor control en la frontera iraquí con Irán y Siria, pero esto es algo muy difícil de llevar a la práctica, dada la extensión de la misma y los enormes costos que conlleva. A todo esto hay que añadir que miles de peregrinos shiíes visitan las ciudades de Kerbala y Nayaf cada año y cualquier medida tendente a impedir este flujo provocaría una crisis con los iraníes y también con los shiíes iraquíes.
Otro de los objetivos prioritarios de los israelíes es el de convertir el Kurdistán iraquí en una base, desde la que puedan lanzarse operaciones de espionaje contra las instalaciones militares y nucleares de Irán. De hecho, algunos de estos comandos kurdos habrían cruzado ya la frontera iraní con el fin de colocar sensores y otros aparatos de espionaje cerca de tales instalaciones.
En este sentido, no es difícil suponer que Israel estará planeando en la actualidad una serie de provocaciones en contra de Irán consistentes en la difusión de informaciones falsas y alarmistas, basadas supuestamente en los datos obtenidos por sus comandos kurdos a través del espionaje, con fin el de presentar a Irán como una amenaza para la seguridad internacional.
Este esquema fue ya, de hecho, utilizado contra Iraq antes de la guerra. Hoy se sabe que muchas de las informaciones que el gobierno norteamericano difundió acerca de las supuestas armas de destrucción masiva iraquíes, que fueron recogidas entre otros por medios tan influyentes como el New York Times, estaban basadas en informes falsos suministrados a la CIA por un desertor iraquí vinculado a la organización de Ahmad Chalabi, un personaje condenado por estafa y malversación de fondos en Jordania, que ha venido recibiendo hasta hace poco una elevada financiación de la propia agencia y una protección de parte de los neoconservadores norteamericanos, que una vez vieron en él a un posible presidente de Iraq. Cabe recordar que Chalabi posee también vínculos con Israel.
Es probable que estas informaciones sobre las armas de Iraq fueran fabricadas por algunos servicios de inteligencia, interesados en ofrecer un pretexto, por poco creíble que éste fuera, para el lanzamiento de la guerra. Estos mismos planes podrían ser ahora de nuevo puestos en práctica con respecto a Irán, utilizando esta vez como pretexto, como ya se ha indicado, algunas informaciones manipuladas, que procedan de estos mercenarios a sueldo de Israel.
Hay que señalar que la utilización de los mercenarios kurdos en tareas de espionaje ha sido reconocida por los propios israelíes. "Israel apoyó siempre a los kurdos de una manera maquiavélica, con el fin de equilibrar la fuerza que tenía Saddam", declaró un antiguo responsable de la Inteligencia israelí al New Yorker. "Al apoyar a los kurdos ahora, Israel consigue tener ojos y orejas en Irán, Iraq y Siria".
Por su parte, responsables sirios y libaneses han expresado recientemente su convencimiento de que el Mossad jugó un papel fundamental en el estallido de las protestas violentas que tuvieron lugar a mediados del pasado mes de marzo en algunas ciudades mayoritariamente kurdas de Siria, situadas precisamente junto a la frontera con el Kurdistán iraquí, y costaron la vida a unas 30 personas. Estas protestas tuvieron un amplio eco en muchos medios occidentales, que las presentaron como un ejemplo del descontento de la comunidad kurda siria con el gobierno de Damasco. Milicias kurdas en el norte de Iraq
Aunque Seymour no lo dice expresamente, lo cierto es que otra de las posibles razones de la presencia israelí en Iraq sería la de fomentar el independentismo kurdo con el fin de dividir Iraq, un intento éste que difícilmente podrá prosperar, sin embargo, debido a la oposición unánime de los países de la región. La ruptura de la unidad territorial de Iraq sería un triunfo para Israel, puesto que le permitiría debilitar a uno de los estados árabes más grandes y ricos de la zona de Oriente Medio.
La creación de un estado kurdo independiente o semiindependiente en Iraq tendría también beneficios de tipo económico para Israel, que podría así llevar a cabo su proyecto para la construcción de un oleoducto entre la ciudad iraquí de Mosul y la israelí de Haifa. Este proyecto fue mencionado el pasado mes de marzo por el ministro israelí de Infraestructura Nacional, Joseph Paritzky, que manifestó que este oleoducto serviría para diversificar las fuentes de energía de Israel y reducir su independencia del petróleo ruso. El único problema sería el de convencer a Jordania de que permitiera el paso del oleoducto por su territorio, pero no es probable que el débil y dócil Reino jordano plantee excesivos problemas en ese sentido, aunque, dado el precedente iraquí, es probable que tal oleoducto fuera objeto de continuos sabotajes.

Rechazo turco

Las acciones israelíes en el Kurdistán iraquí han sido vistas con una profunda aprensión por parte de las autoridades turcas, que rechazan sin paliativos cualquier fortalecimiento de las milicias kurdas o la elevación del grado de autonomía de los kurdos de Iraq. En este sentido, una mayor presencia israelí en la zona podría convertirse en un elemento más de tensión entre Tel Aviv y Ankara, en un momento en el que las relaciones de ambos países pasan por su momento más delicado debido a las críticas de los líderes turcos hacia la represión israelí contra el pueblo palestino.
El artículo de Hersh cita un extracto de un artículo publicado recientemente por "Intel Brief" -una publicación elaborada por Vincent Cannistraro, un antiguo jefe de la sección antiterrorista de la CIA, y Philip Girladi, que sirvió como segundo jefe de la CIA en la estación de Estambul a finales de los ochenta- en el que se señala: "Fuentes turcas han revelado confidencialmente que las autoridades de Turquía están cada vez más preocupadas por la creciente presencia israelí en el Kurdistán iraquí y sus intentos de fomentar las ambiciones kurdas en pro de la creación de un estado independiente... Los turcos señalan además que las operaciones de inteligencia israelíes en el norte de Iraq incluyen un apoyo a las organizaciones kurdas de Siria e Irán que se muestran hostiles hacia sus respectivos gobiernos".
El líder de la Unión Patriótica del Kurdistán Iraquí (UPK), Celal Talabani, se entrevistó con el ministro de Exteriores de Turquía, Abdullah Gul, en Ankara recientemente y allí este último le dejó claro cuál era la sensibilidad de Turquía. Asimismo, según manifestó el diario Zaman el 27 de diciembre pasado, Turquía ha pedido oficialmente explicaciones al embajador israelí en Ankara, Pinhas Avivi, acerca de las actividades de los agentes del Mossad en el norte de Iraq.
Por su parte, el diario israelí Haaretz se hizo eco el 25 de junio de una noticia aparecida en el periódico turco Cumhuriyet, que indicaba que Gul había sido la fuente que proporcionó a Hersh el material utilizado para la redacción del artículo aparecido en New Yorker. Cumhuriyet desveló que, el 27 de mayo pasado, Gul, junto con dos asesores y su portavoz, desayunó con Hersh, al que habría transmitido la información acerca de las actividades de varias docenas de agentes israelíes en el norte de Iraq. Estas afirmaciones fueron desmentidas, sin embargo, por un portavoz oficial turco.
Los turcos temen también que los neoconservadores sionistas de la Administración Bush puedan persuadir a Bush de que acepte la existencia de un estado kurdo independiente, que conllevaría gravísimas consecuencias para toda la región, ya que se convertiría, de hecho, en una base destinada a desestabilizar Siria, Irán y Turquía, en beneficio de Israel. Dada la gravedad de este asunto, el gobierno turco ha dejado claro en varias ocasiones que su respuesta ante cualquier posible intento de crear un estado kurdo en Iraq sería la de intervenir militarmente para impedirlo. Los turcos cuentan, además, con otra importante baza para frustrar estos planes: la presencia en el norte de Iraq de miles de turcomanos, una minoría que mantiene fuertes vínculos con Ankara y que ha estado históricamente enfrentada a las organizaciones nacionalistas kurdas. A esto habría que añadir también la oposición de la población árabe de esta región.
Un posible resultado de todas estas revelaciones sobre la actuación de espías israelíes en el Kurdistán iraquí podría ser un mayor grado de acercamiento y colaboración entre Turquía, Siria e Irán, con el fin de defenderse de esta agresión. El propio Gul manifestó en una declaración que las actividades israelíes en pro de un Kurdistán independiente "nos sitúan ante una elección que no es realmente tal: o la alianza (con Israel) o la supervivencia".