.REDACCIÓN
os orígenes de la Organización de la Conferencia Islámica
(OCI) se remontan a 1969, cuando un grupo de países musulmanes
creó la organización con el fin de defender con una
sola voz las causas de interés común para el mundo
islámico, en especial el tema de Palestina. Desde entonces,
la OCI ha crecido hasta agrupar a 57 estados de mayoría musulmana
de regiones tan dispares como los Balcanes, Asia Central, África,
Oriente Medio y el Sudeste Asiático. A esto hay que sumar
que Rusia y Filipinas, países que cuentan con una gran población
musulmana, han solicitado ya el estatus de observador. La Unión
Europea, la Liga Árabe, la Unión Africana y la ONU
han mantenido también un estrecho diálogo con la organización
en los últimos años.
Aunque las cumbres de ministros de Exteriores de la OCI se han venido
realizando con una periodicidad anual desde la creación de
la organización, la cumbre de este año, que tuvo lugar
en los días 14 al 16 de junio, despertó un inusitado
interés, debido al nuevo papel desempeñado por Turquía
dentro de la organización. Esta importancia quedó
reflejada de diversas formas. Por un lado, la cumbre fue celebrada
en esta ocasión en Estambul. Por otra parte, los países
de la OCI reconocieron este nuevo rol dinamizador de Turquía
eligiendo como nuevo secretario general de la organización
al turco Ekmeleddin Ihsanoglu, un historiador de 61 años,
en sustitución del marroquí Abdul Wahid Belkeziz.
Ésta fue la primera vez que el secretario general era elegido
en votación secreta, lo cual viene a representar un cambio
importante en la estructura y funcionamiento de la organización.
En su discurso de apertura, el primer ministro turco, Abdullah Gul,
enfatizó que Turquía otorga una gran importancia al
incremento de su cooperación con los países musulmanes
y desea también "transformar la OCI en una estructura
más efectiva y dinámica para que pueda ocupar el lugar
que merece dentro del contexto internacional". Gul manifestó
asimismo que el mundo islámico ha de trabajar unido y de
forma activa en favor de la paz y del bienestar y el progreso de
toda la humanidad en su conjunto.
La nueva importancia que Turquía concede en la actualidad
a la OCI viene reflejada también en el gradual pero evidente
giro que Ankara está dando a su política hacia Oriente
Medio. Durante muchos años, el mundo árabe mantuvo
una actitud recelosa hacia Turquía debido a los estrechos
vínculos que este país poseía con Israel. Sin
embargo, la llegada al poder del Partido de la Justicia y el Desarrollo
(AKP), de tendencia islamista moderada, ha supuesto un cambio importante
en esta política. En la actualidad, Ankara ha estrechado
sus vínculos con los países musulmanes de la región,
al mismo tiempo que ha comenzado a denunciar la masacre de palestinos
cometida por Israel. Esta actitud turca está teniendo, sin
duda, amplias repercusiones en toda zona de Oriente Medio.
En realidad, los dirigentes del AKP han mantenido tradicionalmente
una actitud crítica hacia la política israelí
de ocupación de los territorios palestinos, aunque no habían
expresado tales opiniones en público con el fin de no enfrentarse
abiertamente a EEUU. Sin embargo, tras el asesinato del Sheij Ahmad
Yassin, líder de Hamas, por parte de los israelíes,
y las matanzas cometidas el pasado mes de mayo por el Ejército
israelí contra la población de Rafah, ciudad situada
al sur de la Franja de Gaza, la situación cambió y
el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, empleó por
primera vez el término "terrorismo" para referirse
a las acciones israelíes. Ankara llamó también
a consultas a principios de junio a su embajador y a su cónsul
general en Israel. Altos responsables turcos admitieron posteriormente
que esta retirada de diplomáticos estaba destinada a enviar
al gobierno de Ariel Sharon el mensaje de que sus políticas
eran inaceptables.
Este giro en la política turca se produce en un momento importante
para la región, debido sobre todo a la ocupación de
Iraq por parte de EEUU y otro grupo reducido de países. Los
ministros de Exteriores de los gobiernos que participaron en la
cumbre ofrecieron su reconocimiento el nuevo y frágil gobierno
interino de Iraq, pero reafirmaron, de forma significativa, su postura
de que la soberanía que se transfiera a los iraquíes
debe ser completa y no vacía de contenido. La declaración
aprobada por la OCI pide, además, el fin de la ocupación
extranjera de Iraq. Por otro lado, los países fronterizos
con Iraq -Irán, Turquía, Kuwait, Arabia Saudí,
Jordania y Siria- manifestaron, junto con Egipto, su apoyo a los
iraquíes "en su camino hacia la construcción
de instituciones plenamente legítimas y representativas".
Cabe decir también que los países de la OCI acogieron
con frialdad la petición de EEUU para que envíen tropas
a Iraq. La declaración final condena también las "prácticas
inhumanas" realizadas por militares estadounidenses contra
los presos iraquíes de la cárcel de Abu Graib.
En realidad, la percepción común entre los países
miembros de la OCI, que se puso de manifiesto durante las sucesivas
intervenciones, es que el mundo islámico está siendo
agredido por poderes foráneos. La mayoría de los intervinientes
citaron, en prueba de esta realidad, la continuación de la
ocupación de Palestina por parte de Israel y la invasión
norteamericana de Iraq.
Apoyo a la causa palestina
La declaración de la conferencia contiene también
un mensaje de solidaridad con la causa palestina, que incluye la
exigencia del fin de la ocupación israelí y el establecimiento
de un estado palestino independiente. Los participantes en la reunión
hicieron además un llamamiento para que Naciones Unidas cumpla
con su responsabilidad de detener la agresión israelí
contra el pueblo palestino y de mantener la paz y seguridad internacionales.
Los ministros alabaron asimismo la entereza mostrada por el pueblo
palestino frente a la ofensiva israelí y pidieron el levantamiento
del sitio de las ciudades y campos de refugiados de los Territorios
Ocupados. La OCI pidió también la liberación
de todos los presos palestinos que se encuentran detenidos en las
cárceles y campos de concentración israelíes.
La declaración muestra además su oposición
a las declaraciones efectuadas por el presidente de EEUU, George
W. Bush, el 14 de abril de este año, en las que éste
dio su visto bueno a la conservación por parte de Israel
de algunos asentamientos en Cisjordania. En este sentido, la declaración
exige la aplicación de la resolución 465 del Consejo
de Seguridad de la ONU, que ordena el desmantelamiento de todos
los asentamientos israelíes, cuya existencia constituye,
además de un robo flagrante de tierra palestina, una violación
abierta de la ley internacional. Asimismo, la declaración
rechaza categóricamente el plan unilateral israelí
de retirada de Gaza y advierte que ningún organismo o estado
tiene el derecho a aprobar una renuncia de los derechos del pueblo
palestino o a negociar en su nombre.
En lo que respecta al Muro del Apartheid, la declaración
condena su construcción y le califica como una "grave
amenaza al futuro establecimiento de un estado palestino independiente".
Por último, la OCI pide el despliegue de observadores internacionales
en los Territorios Ocupados con el fin de proteger a la población
palestina frente a futuras agresiones israelíes.
Como era de esperar, Turquía aprovechó su papel de
anfitrión de la cumbre para hacer avanzar la causa de sus
aliados turcochipriotas, que el pasado 24 de abril aprobaron en
un referéndum una propuesta de la ONU para la reunificación
de Chipre en base a un modelo federal. Sin embargo este plan ha
sido derrotado debido al rechazo de los grecochipriotas al mismo
en la mencionada consulta. Este resultado ha supuesto, sin embargo,
una victoria política para la República Turca del
Norte de Chipre (RTNCh), que en la actualidad empieza ya a contemplar
la ruptura del aislamiento internacional que ha padecido en los
últimos treinta años. En su discurso Gul pidió
el fin de las sanciones internacionales contra la RTNCh y el establecimiento
de vínculos políticos, económicos y culturales
entre los países islámicos y el estado turcochipriota.
La OCI ha sido, en realidad, el único foro internacional
en el que la RTNCh, reconocida sólo por Turquía, ha
podido participar de forma plenamente legal como un estado más,
aunque con el estatus de observador. Esta participación de
la RTNCh en las instituciones de la OCI ha sido interpretada como
un reconocimiento diplomático implícito por parte
de los 57 países islámicos. Sin embargo, hubo que
esperar a los resultados del referéndum sobre el plan de
Annan para que el secretario general de la OCI, Abdul Wahid Belkeziz,
realizara una visita oficial al estado turcochipriota. Entre los
acuerdos alcanzados en aquella visita estuvo el de elevar el nivel
de la participación de la RTNCh dentro de la OCI, desde el
estatus de observador al de miembro de pleno derecho.
Llamamientos a favor de la democratización
Durante la cumbre de la OCI se pronunciaron también críticas
a la situación interna de muchos países musulmanes,
en especial por la falta de democracia y la ausencia de reformas
políticas. Asimismo, se trató acerca de la globalización
y sus repercusiones en el mundo islámico.
En lo que respecta a la democracia, el primer ministro turco, Recep
Tayyip Erdogan, señaló que los países musulmanes
necesitan abrazar la democracia y aceptar el consejo y asistencia
de otros países y de las organizaciones internacionales para
hacerla funcionar.
Muchos países miembros buscan ahora las fórmulas para
recuperar el esplendor y desarrollo vivido por el mundo islámico
en los primeros siglos de su existencia. El mundo musulmán
es hoy rico en recursos naturales y dispone también de amplios
y capacitados recursos humanos. Sin embargo, muchos países
islámicos carecen todavía de una administración
efectiva, transparente y justa y necesitan también mejorar
sus estándares educativos y dedicar más recursos al
desarrollo científico y tecnológico. El desafío
que estos países han de afrontar en nuestros días
es el de ser capaces de mantener sus valores e identidad tradicional
al mismo tiempo que promueven una modernización efectiva
de su economía e instituciones.
Muchos países árabes han objetado que es imposible
realizar reformas democráticas en Oriente Medio mientras
siga vigente la ocupación de Palestina por parte de Israel.
El ministro de Exteriores turco, Abdullah Gul, se manifestó,
sin embargo, contrario a esta idea y señaló que las
reformas democráticas deben discurrir a la par que se producen
progresos en la resolución del conflicto palestino-israelí.
Muchos analistas árabes han criticado, por su parte, los
intentos de Washington de convertir a Turquía en una especie
de modelo o referente democrático para el mundo musulmán.
En realidad, el extremismo laicista de una buena parte de la élite
turca y los ataques que se producen a los derechos de los musulmanes
en dicho país convierten a Turquía en un modelo rechazable
y nada atractivo para la gran mayoría de los países
islámicos. En realidad, uno de los principales motivos por
los que el AKP está promoviendo con tal fuerza la adhesión
de Turquía a la Unión Europea es precisamente el de
provocar de forma indirecta, al quedar homologada la legislación
turca a la de los países de la UE, la reforma de este modelo
con el fin de eliminar gran parte de las restricciones a las libertades
que existen en la actualidad, así como el poder político
que los militares continúan detentando en el país. |