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Progresos en las relaciones entre India y Pakistán

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REDACCIÓN

L as relaciones entre India y Pakistán se convirtieron en la pasada campaña electoral india en uno de los puntos principales del programa de ambos candidatos. El entonces primer ministro y líder del Partido Bharatiya Janata (BJP), Atal Behari Vajpayee, presentó la mejora de los vínculos con el país vecino como uno de los principales logros de su mandato. Por su parte, la líder del Partido del Congreso, Sonia Gandhi, manifestó que los primeros pasos en pro de un acercamiento con Pakistán habían sido dados durante el período de gobierno de su fallecido esposo, el ex primer ministro Rajiv Gandhi.
En realidad, las relaciones entre India y Pakistán atravesaron una etapa de altibajos durante los años de gobierno del BJP. En la primavera de 1998, por ejemplo, Vajpayee y el entonces primer ministro pakistaní Nawaz Sharif celebraron una cumbre en la ciudad pakistaní de Lahore, que supuso el primer paso en el desbloqueo de las relaciones entre ambos países. En 1999, sin embargo, las dos naciones llevaron a cabo intercambios de fuego de artillería durante la crisis de Kargil, durante la cual decenas de miles de soldados indios trataron de expulsar a unos centenares de guerrilleros cachemires que se habían hecho fuertes en varias cumbres y pasos de montaña situados en la frontera entre Pakistán y la Cachemira india.
La cumbre de Agra de julio de 2001 abrió una nueva etapa en las relaciones entre los dos países, aunque posteriormente las tensiones volvieron a hacer su aparición e India puso sus tropas situadas en la frontera con Pakistán en estado de alerta. Más tarde, se volvió a producir otro nuevo deshielo, que condujo a un acuerdo, suscrito durante la cumbre bilateral celebrada en Islamabad el pasado 6 de enero, para buscar una solución definitiva y pacífica al problema de Cachemira.Cambio de guardia en la frontera indio-pakistaní
La victoria del Partido del Congreso cogió desprevenidos a los líderes pakistaníes, que temieron una nueva etapa de incertidumbre en las relaciones bilaterales. Consciente de ello, el nuevo primer ministro indio, Manmohan Singh, se apresuró a declarar que la normalización de las relaciones con Pakistán se ha convertido en uno de los principales objetivos de su mandato. "Deseamos establecer las relaciones más amistosas posibles con nuestros vecinos, y con Pakistán más que con ningún otro", señaló. Singh, que nació en un pueblo de la India colonial británica que hoy pertenece a Pakistán, abogó, en este sentido, por un cambio en la "desafortunada historia de nuestras relaciones con Pakistán" y precisó que la caída del Muro de Berlín era un ejemplo de cómo las barreras históricas podían derrumbarse. "¿Quién podía hace 15 años imaginarse siquiera que el Muro de Berlín llegaría a caer?. Si estas cosas imposibles pueden ocurrir, ¿por qué no también en nuestro caso?", indicó Singh.
Las declaraciones del primer ministro indio fueron rápidamente contestadas por el presidente pakistaní, Pervez Musharraf, que nació en la capital de la India, Nueva Delhi, antes de la partición. Musharraf manifestó que su país era "sincero en su esfuerzo" de mejorar las relaciones con la India y enfatizó que si las relaciones entre ambos países se fortalecían, ello permitiría un desarrollo económico que beneficiaría a ambas partes y a toda la región. Por su parte, el primer ministro pakistaní, Zafarullah Khan Jamali, señaló que no creía que el cambio de gobierno en Nueva Delhi fuera a afectar al proceso de paz.
En su declaración referida a las relaciones con Pakistán, Singh mostró su disposición a dar pasos firmes en la resolución del conflicto de Cachemira, que continúa siendo el principal escollo para la normalización de relaciones entre ambos países. La región de Cachemira permaneció en la India tras la participación de 1947, debido al deseo del marajá hindú que la gobernaba. Éste ignoró así el sentir de la población cachemira, mayoritariamente musulmana, de unirse a Pakistán. La ONU, por su parte, aprobó una resolución que estipulaba la celebración de un referéndum para que los cachemires pudieran decidir libremente a cuál de los dos países quería unirse. Sin embargo, el gobierno de Nueva Delhi se ha negado hasta hoy a permitir la celebración de esta consulta en Cachemira y las tropas indias han llevado a cabo allí una fuerte represión, que ha dejado un balance de más de 100.000 muertos. En 1993, inició sus actividades, con el apoyo de Pakistán, la guerrilla cachemira, que en la actualidad está liderada por Hizbul Muyahidin, una organización muy activa que ha mantenido en los últimos meses diversos enfrentamientos con las fuerzas militares indias.
Durante el período final de su mandato, Vajpayee promovió un plan que contemplaba la concesión de un alto grado de autonomía a Cachemira con respecto al gobierno central de Nueva Delhi y el estrechamiento de relaciones entre la región y Pakistán. Este programa, sin embargo, no ha recibido el apoyo del Partido del Congreso.
El tema de Cachemira continúa siendo, sin duda, muy importante para Pakistán. "Cachemira es el tema central (en las relaciones indo-pakistaníes), y necesita un arreglo justo y duradero", manifestó Musharraf en un seminario sobre Proyectos de Paz, Estabilidad y Prosperidad en el Sur de Asia, que tuvo lugar el pasado 9 de junio en Islamabad.

Doctrina nuclear común

Otro de los asuntos que más interesa a ambos países es el tema de las armas nucleares. En mayo de 1998, India realizó las primeras pruebas nucleares, que fueron seguidas inmediatamente por otras de Pakistán. Desde entonces, ambos países han avanzado en sus respectivos programas nucleares y misilísticos, como demuestran las dos pruebas de misiles Haft-V Gauri -capaces de portar armas nucleares a una distancia de 1.500 kilómetros- llevadas a cabo por Pakistán el 29 de mayo y 4 de junio de este año.
Aunque la India, por su mayor entidad, posee una fuerza nuclear mucho más extensa que Pakistán, para este último país la posesión de armas nucleares es más importante, pues éstas cumplen la función de elemento de disuasión frente la superioridad convencional de la India. Esto explica también por qué Islamabad no se ha sumado al compromiso de la India de no ser la primera en emplear armas nucleares en caso de un conflicto armado.
El gobierno pakistaní ha intentado tranquilizar a su opinión pública, que teme que su gobierno vaya a realizar a cabo demasiadas concesiones en el terreno nuclear en el marco de unas futuras negociaciones con la India. El propio primer ministro Jamali ha señalado a este respecto que el programa nuclear de Pakistán no será desmantelado ni congelado. "Somos una potencia nuclear. Los temores acerca de un posible desmantelamiento de este programa, que existen en algunos sectores de nuestra nación, llegan dos décadas tarde. Hoy hay sólo una dirección y es hacia un mayor dinamismo en el desarrollo del programa, que será mantenido a toda costa". Jamali precisó, sin embargo, que Pakistán ha adquirido su tecnología nuclear exclusivamente con fines de autodefensa frente a una posible agresión exterior.
Cabe señalar, no obstante, que las negociaciones entre ambos países en la esfera de las armas nucleares han comenzado ya a producir algunos resultados muy notables. En una reunión celebrada el pasado 21 de junio en Pekín, Natwar Singh y su homólogo pakistaní, Jurshid Mahmud Kasuri, acordaron la suspensión indefinida de las pruebas nucleares de ambos países y la creación de un "teléfono rojo", que unirá a las dos capitales y permitirá a los líderes indios y pakistaníes mantener contactos fluidos en caso de grave crisis internacional.Prueba del misil pakistaní Haft-V Gauri
Por su parte, el nuevo ministro de Asuntos Exteriores de la India, Natwar Singh (no confundir con el primer ministro), ha propuesto que India, Pakistán y China adopten una doctrina nuclear común, aunque no dio más detalles sobre esta propuesta. Esta nueva doctrina incluiría, con toda probabilidad, la creación de mecanismos que permitieran la reducción de tensiones entre estas potencias nucleares. Cabe señalar, sin embargo, que esta propuesta está basada en otra anterior, formulada en los años ochenta por el entonces primer ministro Rajiv Gandhi e incluida posteriormente en el programa político del Partido del Congreso.
Hasta el momento, la reacción de China a las declaraciones de Singh ha sido de silencio, aunque se sabe que el embajador chino en Nueva Delhi, Hua Junduo, llamó a Natwar para pedirle más detalles sobre su propuesta. Es muy dudoso, sin embargo, que una superpotencia como China, que se considera al mismo nivel que EEUU o Rusia en el terreno nuclear, vaya a aceptar el sometimiento de su doctrina nuclear a los parámetros o límites propuestos por India o Pakistán.