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Los refugiados palestinos y el derecho al retorno

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REDACCIÓN

E n los últimos años, Israel y sus aliados han hecho grandes esfuerzos para intentar hacer olvidar al mundo la tragedia de los seis millones de refugiados palestinos, que constituyen un tercio del total de la población de refugiados del mundo. El problema de los refugiados palestinos es el más antiguo que la ONU tiene hoy entre manos, ya que dio comienzo en 1948, año de la Catástrofe (An Nakba), en que fue fundado el Estado de Israel, que pasó a controlar el 80% de la Palestina histórica. En aquel año, cientos de miles de palestinos fueron expulsados de sus tierras durante el transcurso de la primera guerra árabe-israelí, y posteriormente se les impidió regresar a ellas. Muchos de estos refugiados pasaron posteriormente a nutrir las filas del Movimiento Nacional de Liberación de Palestina (Al Fatah), liderado por Yasser Arafat.
La situación de estos millones de refugiados palestinos es muy precaria. Muchos de ellos viven en campos situados en los países vecinos de Israel, donde carecen de numerosos derechos civiles, como el de libre movimiento o el acceso al trabajo. Gran parte de estos refugiados sobrevive gracias a las ayudas de la Agencia de la ONU encargada de los refugiados palestinos, la UNRWA. Por su parte, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) ha venido concediendo también pequeñas ayudas a las familias de los palestinos que han muerto a manos de los israelíes. Niños palestinos en un campo de refugiados del Líbano
La mayoría de los refugiados palestinos viven en los países vecinos de Palestina, como Jordania, donde constituyen la mayoría de la población, o Siria y el Líbano, que albergan en su conjunto a un total de 800.000. En Jordania, existen 13 campos de refugiados palestinos, el mayor de los cuales es el de Baqaa, que tiene unos 84.000 habitantes. En general, la situación de los palestinos en Jordania es mejor que la de otros países de la zona, ya que muchos de ellos han podido conseguir diversos derechos, entre ellos el de la nacionalidad. En lo que se refiere a los refugiados palestinos en el Líbano, cabe decir que éstos residen en 12 campos, de los cuales el mayor es el de Ain al Hilwa, situado en la ciudad de Sidon, a 48 kmts. al sur de Beirut. En él, viven, unos 45.000 refugiados. El segundo en importancia es el de Nahr al Barid, en el norte del Líbano, que posee una población de 29.000 residentes. El campo de Shatila, situado cerca de Beirut y célebre por haber sido escenario de una masacre de unos 2.000 civiles palestinos durante la invasión israelí de 1982, alberga a unos 12.000 refugiados.
Washington desea en la actualidad que Damasco presione al Líbano para que conceda la nacionalidad libanesa a los 400.000 palestinos que viven en su territorio o busque su realojamiento en otros estados de la región. Es difícil pensar, sin embargo, que Siria vaya a colaborar en estos planes norteamericanos, que tienen como claro objetivo el hacer que estos palestinos se integren en los países donde residen en la actualidad y dejen de reclamar el retorno a sus hogares en Israel o Palestina.
La guerra de Iraq ha supuesto también un duro golpe para los palestinos que vivían en este país. Muchos de ellos residen ahora en el campo de refugiados en Ruwaishid, situado cerca de la frontera con Jordania. Allí llevan viviendo un año a la espera de que el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados sea capaz de encontrarles un nuevo país de acogida.
Dentro de los Territorios Ocupados existen también campos de refugiados, en los que habitan principalmente palestinos expulsados de sus hogares en 1948. Estos campos han vivido situaciones de emergencia extremas en los últimos tres años debido a los ataques del Ejército israelí, que ha masacrado a centenares de personas en ellos. Así por ejemplo, en abril de 2002 las tropas israelíes lanzaron un masivo ataque contra el campo de Yenín, en Cisjordania, que duró dos semanas, dejando tras de sí un balance de 45 muertos.
Asimismo, el pasado mes de mayo, las tropas israelíes lanzaron un ataque de 72 horas contra el campo de refugiados de Rafah, en la Franja de Gaza, matando a 55 refugiados y demoliendo miles de viviendas palestinas.

Un derecho legalmente reconocido

En la actualidad, los planes de paz que se han venido planteando no contemplan el reconocimiento del derecho al retorno de estos refugiados. En todas las conferencias de paz habidas desde la celebración de la Conferencia de Madrid de 1991, la parte palestina siempre ha mantenido como punto del orden del día el logro de una solución justa que respete los derechos de los refugiados. En el Plan de paz de Ginebra, suscrito por sectores moderados israelíes y representantes políticos palestinos el pasado año, se contenía, sin embargo, una renuncia al derecho del retorno de los refugiados a lo que en la actualidad constituye el territorio del Estado de Israel. El pasado mes de abril, el presidente de EEUU, George W. Bush, manifestó también que los refugiados palestinos debían olvidar su sueño de volver a Israel.
Los palestinos han advertido, por su parte, que una amplia e insatisfecha comunidad de varios millones de refugiados que vea como su principal demanda no es atendida y como sus derechos son ignorados, se podría convertir en una fuerza capaz de socavar cualquier acuerdo de paz. Cabe recordar aquí que los seis millones de refugiados componen, en la actualidad, los dos tercios de la totalidad del pueblo palestino.
Hay que señalar, sin embargo, que el derecho al retorno está basado en una amplia y sólida base legal. Así por ejemplo, la Resolución 3236 de la Asamblea General de la ONU, aprobada el 22 de noviembre de 1974, reafirma "el inalienable derecho de los palestinos a retornar a sus hogares de los que fueron desplazados y a recuperar sus propiedades que les fueron arrebatadas".
La negativa de Israel a discutir cualquier fórmula que permita el retorno de los palestinos expulsados del territorio de lo que hoy constituye el Estado de Israel está basada en el deseo israelí de preservar el carácter judío del Estado en consonancia con los planteamientos racistas de la ideología sionista, que aboga por un estado religioso y étnicamente "puro". Según recientes estudios demográficos, alrededor del 80% de la actual población israelí (4,7 millones) son judíos. El otro 20% (1,2 millones) son árabe-israelíes, principalmente de religión musulmana. Durante los años noventa, la población árabe-israelí creció en un 4%, mientras que la judía lo hizo sólo en un 2%. Sin una masiva llegada de inmigrantes judíos o la perpetración de una gran limpieza étnica de la población palestina en los Territorios Ocupados, se espera que se alcance un equilibrio demográfico entre árabes y judíos hacia el año 2010 en el conjunto formado por Israel y los Territorios Ocupados.
Algunos políticos israelíes presentan este hecho como una grave amenaza para Israel. En una conferencia pronunciada en abril de 2001 en el Consejo Sionista de la Agencia Judía, en Herzliya, un antiguo dirigente de la Inteligencia militar israelí, el general Shlomo Gazait, advirtió: "El peligro demográfico supone la más seria amenaza a la que Israel hace frente hoy en día. Si no tomamos medidas apropiadas inmediatamente, entonces, Israel dejará de existir dentro de una generación como estado judío".Una familia palestina es expulsada de su casa por los israelíes durante la guerra de 1948
La mejor forma de impedir este desarrollo, señalaba Gazait, era el abandonar toda pretensión de democracia e implantar una dictadura "durante un par de años". Estas declaraciones de Gazait debieron sonar como música celestial en los oídos del Ejército israelí y los líderes del Partido Likud. Muchos de los miembros del gobierno israelí han abogado por la expulsión de los palestinos de los Territorios y de los árabe-israelíes, que son ciudadanos israelíes, del propio Israel.
Estos planes son vistos con simpatía por la mayoría de la población de Israel, que está profundamente impregnada del mensaje racista del sionismo. Según una reciente encuesta, un 64% de la población judía de Israel considera que el gobierno debería tomar medidas que "alentaran" la marcha de los árabe-israelíes de Israel. Un 55% ve a éstos como una amenaza y un 46% considera que se les debería privar del derecho de voto y a ser elegidos parlamentarios.
Así pues, si los judíos israelíes están pensando en qué medidas tomar para realizar una limpieza étnica de palestinos en los Territorios Ocupados y de árabe-israelíes en Israel, menos dispuestos aún estarán a reconocer el derecho de los refugiados palestinos a retornar a su tierra. De hecho, entre las 100 enmiendas presentadas por el gobierno de Sharon al Plan de la Hoja de Ruta estaba el reconocimiento por parte de los palestinos del "carácter judío" del Estado de Israel y su renuncia al derecho de retorno. Durante los pasados cincuenta años los sucesivos gobiernos israelíes han insistido en una "solución regional" al problema de los refugiados, un eufemismo que viene a significar que los palestinos que viven en los países de la zona pasen a integrarse definitivamente en ellos mediante la adquisición de la nacionalidad.
Cabe señalar aquí el carácter abiertamente discriminatorio de la legislación israelí, que permite que un judío nacido en cualquier parte del mundo pueda convertirse automáticamente en ciudadano israelí y residir en el territorio de Israel, aunque no tenga ninguna vinculación con él, mientras que personas que han nacido allí o son hijos de refugiados no pueden volver, simplemente porque no son judíos. Si cualquier otro estado en el mundo se atreviera a establecer semejantes medidas de discriminación religiosa y étnica, no cabe duda de que sería objeto de sanciones y de un boicot a gran escala a nivel internacional.
Por su parte, Abu Sitta, coordinador general del Congreso para el Derecho al Retorno, una organización formada por refugiados palestinos, ha señalado que los hechos que están sucediendo en la actualidad en Palestina, tales como la construcción del Muro del Apartheid, que pretende anexionar a Israel un 50% de Cisjordania, no cambian para nada la situación. "Estos hechos no hacen que la implementación del derecho al retorno sea más posible o imposible que antes. La construcción del Muro no es más que otro de los ciclos de limpieza étnica que los sionistas han venido poniendo en práctica desde 1948, con el fin de apropiarse de toda Palestina".
Abu Sitta señala que el derecho al retorno es un derecho inalienable y, por tanto, no admite limitaciones, con independencia de que se implemente o no. También considera que es factible su puesta en práctica, aunque falta la voluntad política internacional para hacerlo. "El retorno de los refugiados se ha producido en Bosnia, Serbia, Kosovo, Guatemala, Iraq y muchos otros lugares, donde los refugiados han tenido más problemas de documentación que nosotros", señala Abu Sitta. "Todas las armas, todo el dinero y todos los helicópteros Apaches del mundo nunca destruirán la voluntad de un pueblo determinado a recobrar sus derechos. Los últimos 50 años han sido testigos de ello".

La UNRWA busca apoyo para los refugiados

Por su parte, la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA) organizó el pasado 7 de junio en Ginebra un encuentro de dos días para conseguir apoyo para los 4,1 millones de palestinos que viven en diversos puntos de Oriente Medio. En las pasadas dos décadas, las donaciones internacionales a estos refugiados han experimentado una fuerte caída, pasando de 200 dólares por refugiado al año a sólo 70. El portavoz de la UNRWA, Paul McCaan, manifestó, en este sentido, a la cadena Al Yazira: "El problema es que existe mucha competencia. Hay una emergencia en Iraq, crisis alimenticias en diversos países de África etc. Los refugiados palestinos tienen que competir con otros por los fondos en un mundo cada vez más inestable".
La conferencia estuvo dirigida no tanto a conseguir un incremento de las donaciones, sino a la puesta en marcha de proyectos de desarrollo a largo plazo en las áreas donde viven estos refugiados, incluyendo proyectos de infraestructuras, construcción de escuelas, clínicas y talleres para jóvenes etc.
Sin embargo, la UNRWA ha manifestado que le gustaría que los países donantes se comprometieran más en el tema de Palestina. Hasta ahora, la mayor donación que la UNRWA ha recibido son los 27 millones de dólares aportados por los Emiratos Árabes Unidos (EAU) para la reconstrucción del campo de Yenín. La UNRWA ha pedido también 193 millones de dólares de ayuda extra para los Territorios Ocupados y una partida especial de 16 millones para la reconstrucción de Rafah.