.REDACCIÓN
n los últimos años se ha venido hablando mucho acerca
del cambio climático global y sus efectos para el planeta
y la humanidad. Algunos expertos auguran que el calentamiento de
la Tierra aumentará el número y la intensidad de sucesos
catastróficos, tales como inundaciones, tornados, huracanes
y otros fenómenos similares.
Dichos expertos señalan con preocupación que el calentamiento
global ha llevado a que la extensión del hielo existente
en ambos Polos y en Groenlandia haya comenzado a reducirse de manera
alarmante, lo cual va a producir, a su vez, una importante subida
en el nivel de los mares en diferentes partes del mundo. Esto último
podría provocar en el futuro la desaparición de ciudades
costeras, islas e incluso países que se encuentran por debajo,
o en el límite, del actual nivel del mar.
Algunos expertos no son tan pesimistas con respecto a los efectos
que pueda conllevar el cambio climático, pero sí reconocen
que dicho cambio está teniendo ya lugar. Estos especialistas
señalan que el calentamiento de la Tierra dio comienzo hacia
el año 1850. En el siglo XX, la temperatura del planeta subió
casi un grado. Los niveles del mar crecieron en este período
en unos 20 cmts debido al crecimiento de la masa de agua, como consecuencia
del calentamiento de los océanos.
Entre las causas de este calentamiento hay que mencionar, en primer
lugar, la contaminación atmosférica, que ha llevado
a la aparición del llamado "efecto invernadero".
El consumo de combustibles fósiles, como el carbón
y el petróleo -que ha provocado el incremento de la cantidad
de dióxido de carbono que es expulsado a la atmósfera-,
y la tala masiva de árboles en diferentes partes del mundo
son hechos que han tenido una fundamental importancia en la aparición
de este fenómeno. Algunos científicos apuntan también
a las manchas solares o las erupciones volcánicas como responsables,
aunque en menor medida que los anteriores, del actual cambio climático.
Younger Dryas
Algunas investigaciones sugieren que los cambios climáticos
no precisan necesariamente períodos de tiempo muy extensos
para tener lugar. Las investigaciones desarrolladas en los hielos
del Ártico y de Groenlandia sugieren, en efecto, que los
tiempos de transición entre los períodos de glaciación
y otros más cálidos fueron tan sólo de dos
o tres años, y no de siglos como anteriormente se pensaba,
según Raymon Schmitt, un científico de la Woods Hole
Oceanographic Institution de Massachusetts.
En este sentido, las investigaciones sugieren que poco antes del
inicio de la Edad del Hielo, hace ahora 13.000 años, varios
glaciares de América del Norte se derritieron añadiendo
grandes cantidades de agua dulce al Océano Atlántico,
lo cual dio origen a un fenómeno que se conoce hoy con el
nombre de Younger Dryas y que se prolongó de 1.100 a 1.300
años. La llegada de toda aquella masa de agua dulce al Atlántico
alteró la circulación y composición de algunas
grandes corrientes oceánicas, que estaban formadas por densa
agua salada. Esto provocó un desastroso enfriamiento del
clima en diferentes lugares del mundo.
Entre los efectos del Younger Dryas hay que citar la sustitución
de los bosques de Escandinavia por un paisaje de tundra ártica;
el aumento de la cantidad de nieve en diferentes zonas del mundo;
el incremento del polvo suspendido en la atmósfera, que procedía
de los desiertos de Asia; y la aparición de sequías
en la zona de Oriente Medio. Según algunos analistas, algunos
de dichos cambios podrían haber motivado la invención
de la agricultura por parte de la cultura natufia en esta última
zona.
Los científicos citan también un segundo cambio dramático
ocurrido entre 1.300 y 1850, un período que es conocido como
"la Pequeña Edad del Hielo" y que estuvo caracterizado
por duros inviernos, violentas tormentas y sequías.
Este fenómeno se está repitiendo en la actualidad
debido al aumento de agua dulce, procedente de los hielos derretidos
de los Polos y Groenlandia, que está llegando al Océano
Atlántico. Cabe recordar, que las corrientes marinas juegan
un papel esencial en la distribución latitudinal del calor.
Gran parte del calor excedentario que se recibe en el Trópico
—radiación solar entrante menos radiación infrarroja
saliente — es transportado por mar hacia otras latitudes situadas
más al norte, lo cual contribuye a templar sus climas. Asimismo,
existen también corrientes profundas que se mueven hacia
el sur desde el extremo norte del Atlántico, con lo que se
forma una especie de Cinta Transportadora (conveyor belt) de corrientes
superficiales cálidas hacia el norte y de corrientes profundas
más frías hacia el sur. Así pues, esta Cinta
Transportadora lleva aguas cálidas al este de EEUU y el norte
de Europa, lo cual explica que Gran Bretaña, que está
situada en la misma latitud que la Península de Labrador,
en Canadá, o que Siberia tenga, al contrario que estas últimas,
un clima relativamente templado.
Se han detectado ya, sin embargo, algunos cambios en las características
de las antedichas corrientes del Océano Atlántico,
y en especial en sus niveles de salinidad. Esto podría hacer,
según Schmitt, que la Cinta Transportadora se ralentice,
lo cual llevaría a un importante enfriamiento de las regiones
del norte de Europa, tal y como ocurrió durante la "Pequeña
Edad del Hielo".
"Paradójicamente, las temperaturas globales más
altas podrían llevar a un fuerte enfriamiento en el norte
de Europa", señala Schmitt. De momento, se calcula que
en la próxima década las temperaturas podrían
descender por término medio unos 3,5 grados en Europa y 2,8
grados en el este de EEUU. La media anual de pluviosidad en el norte
de Europa se reduciría en un 30% y su clima pasaría
a ser parecido al de la Siberia actual.
Este cambio climático podría dar lugar también
a grandes sequías, que afectarían a regiones agrícolas
clave. Según Lester Brown del Instituto de Política
de la Tierra de EEUU, "el clima templado de Francia y sus buenos
suelos permiten a este país producir más grano que
la totalidad de Canadá". Las reservas de grano mundiales
se hallan en la actualidad en un nivel bajo, por lo que cabe temer
que un cambio abrupto en el clima conllevaría efectos desastrosos.
"Desestabilizaría a los países y a la economía
mundial", señala Brown.
Si la Cinta Transportadora se detuviera por completo, el resultado
sería aún más dramático. Un invierno
casi perpetuo asolaría entonces la parte oriental de EEUU
y toda Europa. Al cabo de tres años, muchas regiones europeas
podrían convertirse en inhabitables. Se produciría
entonces una nueva Edad de Hielo, que podría durar entre
700 y 100.000 años. El impacto sería catastrófico
para la humanidad.
Sin embargo, el período de tiempo transcurrido es todavía
muy corto para determinar si los actuales cambios climáticos
suponen sólo una variación de corta duración
o pueden ser considerados como duraderos. Algunos científicos
han intentado enviar un mensaje tranquilizador haciendo notar que
los glaciares que hubo hace 13.000 años ya no existen, con
lo cual la cantidad de agua dulce que podría llegar al Océano
Atlántico en la actualidad, como consecuencia de la fusión
de grandes extensiones de hielo en los Polos y Groelandia, sería
mucho menor que la que liberaron en aquel período los glaciares
de América del Norte al derretirse.
Cabe señalar que Europa y América del Norte no serían
las únicas víctimas de un posible cambio climático.
Un reciente informe del Pentágono, publicado por la revista
Fortune el pasado mes de enero, desvela que EEUU ha comenzado a
elaborar planes de contingencia para el caso de que oleadas de refugiados
de toda América Latina intenten llegar a EEUU, debido al
estallido de una posible hambruna en sus países.
El informe señala que el calentamiento global podría
provocar más inundaciones, un mayor ascenso de los mares
y sequías más prolongadas en América Latina,
África y Asia. Estos cataclismos darían lugar, a su
vez, a guerras o conflictos por el control de recursos vitales -tales
como el agua, los alimentos y los suministros de energía-,
señala el informe, que añade que hasta 400 millones
de personas podrían verse obligadas a emigrar debido a esta
situación. |