.REDACCIÓN
ntre los ríos del mundo, el Nilo destaca por su elevada importancia
económica y estratégica para todos los estados por
los que discurre y, muy especialmente, para los situados en su curso
bajo, es decir, Egipto y Sudán.
El tema del reparto de las aguas del Nilo entre los países
ribereños ha sido siempre problemático. Sin embargo,
en la actualidad, los 10 países de la Cuenca del Nilo -Burundi,
República Democrática del Congo, Egipto, Eritrea,
Kenia, Ruanda, Sudán, Tanzania y Uganda- están dando
pasos importantes para lograr una cooperación efectiva en
el reparto y aprovechamiento de las aguas del Nilo. Éstas
pueden ser utilizadas para la irrigación o la creación
de pesquerías, así como para el desarrollo de proyectos
energéticos. No hace falta decir que todos estos proyectos
pueden servir para dar un fuerte impulso a las depauperadas economías
de la región.
Los dos principales tratados de Derecho Internacional que regulan
el uso de las aguas del Nilo en la actualidad son los firmados en
los años 1929 y 1959. El primero de ellos fue suscrito entre
el Imperio Británico y Egipto y reconocía el derecho
de este último país a realizar los proyectos que precisara
en el río y a vetar cualquier tipo de plan que pudiera afectar
adversamente a sus intereses. Los británicos, que entonces
controlaban Egipto, estaban interesados en asegurarse la mayor parte
de los recursos acuíferos del río y en utilizar esta
agua para desarrollar sus plantaciones de algodón. Por su
parte, el Tratado de 1959, firmado entre Egipto y Sudán,
concedía a Egipto unos 55.000 millones de metros cúbicos
de agua del Nilo cada año. 
En realidad, para Egipto, del que el viajero griego Herodoto dijo
que era una "creación del Nilo", el control del
río Nilo es un asunto de vital importancia. El 95% del agua
que consumen los egipcios procede de este río y la mayoría
de la población vive también en la franja que bordea
el río, que representa el 4% de la superficie total del país.
En la actualidad, Egipto cuenta con unos 70 millones de habitantes,
pero dentro de 25 años este número crecerá
previsiblemente hasta los 86 millones, con lo cual la demanda de
agua se incrementará de forma notable. Así pues, Egipto
posee una dependencia con respecto al Nilo muy superior a la del
resto de países ribereños, que tienen una mayor cantidad
de agua potable a su disposición y un nivel de pluviosidad
también superior.
El gobierno egipcio comenzó a construir en los años
cincuenta, con la asistencia soviética, la Presa de Asuán.
Esta obra tenía como fin principal el controlar la subida
de las aguas del Nilo. Anteriormente a su construcción, Egipto
dependía de que el río se desbordara y depositara
cada año cuatro millones de toneladas de sustancias nutrientes
en el Valle del Nilo, lo que hacía que sus tierras fueran
productivas y fértiles. Sin embargo, existían también
años en los que el río no experimentaba dichas subidas
y esto provocaba sequías y hambre. Este problema quedó,
sin embargo, resuelto con la construcción de la Presa, que
creó el tercer embalse más grande del mundo: el Lago
Nasser.
Dada su extrema dependencia del Nilo, Egipto se ha visto obligado
a realizar una advertencia a los otros países ribereños
en el sentido de que cualquier acto que amenace la supervivencia
económica e incluso física de Egipto, mediante la
interrupción o grave reducción del caudal del Nilo,
será considerado por las autoridades egipcias como un acto
de guerra y será respondido con medidas militares.
Hasta el momento, Egipto ha logrado el apoyo del Banco Mundial para
sus pretensiones de mantener, con pocos cambios, el actual marco
legal. El Banco Mundial anunció recientemente que sólo
financiará proyectos hidroeléctricos o de regadío
en los países del curso alto del Nilo, si los países
del curso bajo, principalmente Egipto, dan su conformidad a tales
proyectos.
La mayoría de países ribereños rechaza, sin
embargo, la aplicación del Tratado de 1929, que fue negociado
a sus espaldas y cuando la mayoría de ellos, con la excepción
de Etiopía, eran colonias de las potencias europeas. Estos
países consideran que este tratado y el de 1959 deben ser
derogados en favor de un nuevo acuerdo que respete los intereses
de todas las partes implicadas.
Egipto, por su parte, ha procedido a invitar a multitud de ministros
de los países ribereños del Nilo, a los que ha llevado
a conocer la Presa de Asuán y el Lago Nasser. Así
por ejemplo, el pasado mes de abril la ministra de Aguas de Uganda,
Mary Mutagamba, visitó Egipto y manifestó allí
que su país había llegado a un "completo entendimiento"
con el gobierno egipcio en el tema del reparto de aguas del Nilo.
Uganda está interesada, en la actualidad, en la realización
de varios proyectos de tipo hidroeléctrico.
Por su parte, Tanzania se ha embarcado también en un proyecto,
por valor de unos 27,6 millones de dólares, para la extracción
de agua del Lago Victoria, una de las principales fuentes del Nilo.
Sin embargo, las autoridades tanzanas se han apresurado a afirmar
que la cantidad de agua tomada sería pequeña y no
afectaría al caudal del río.
Más problemáticas han sido las relaciones de Egipto
con Kenia. Ambos países protagonizaron, de hecho, un enfrentamiento
el pasado diciembre, cuando el viceministro de Asuntos Exteriores
keniata, Moses Wetangula, dijo que su gobierno consideraba inválido
el Tratado de 1929. Wetangula manifestó también que
su país no aceptaría restricciones en su uso de las
aguas del Lago Victoria o del Nilo, aunque matizó posteriormente
que buscaría un acuerdo con el resto de países ribereños
en este tema.
Las declaraciones de Wetangula provocaron una fuerte reacción
en Egipto. Su ministro de Aguas, Mahmud Abu Zaid, señaló
que tales manifestaciones eran "una declaración de guerra"
y amenazó con sanciones políticas y económicas
contra Kenia. También advirtió que Egipto podría
tomar otras acciones de represalia y no admitiría que Kenya
utilizara sus derechos de soberanía como excusa para violar
el Tratado.
Otro país con el que Egipto ha tenido roces es Etiopía.
Éste es, en realidad un país muy importante para los
egipcios, puesto que el 85% del agua que llega a Egipto procede
de las fuentes del Nilo Azul, que se hallan en territorio etíope.
En agosto de 2003, el ministro de Comercio e Industria etíope,
Ato Girma Birru, acusó a Egipto de utilizar tácticas
dudosas parar impedir que Etiopía pusiera en práctica
proyectos de aprovechamiento de las aguas del Nilo. "Egipto
ha estado presionando a las entidades financieras internacionales
para que congelen las ayudas a Etiopía que estaban destinadas
a financiar proyectos vinculados con las aguas del Nilo. Egipto
ha utilizado también su influencia para convencer a los países
árabes de que no suministren a Etiopía préstamos
o ayudas dirigidos a este mismo fin", indicó Birru.
Las relaciones entre ambos países han experimentado, sin
embargo, una mejora recientemente tras la visita de Abu Zaid a Etiopía.
El ministro egipcio comunicó entonces a los etíopes
la disposición de Egipto para ayudar a Etiopía con
asistencia técnica, con el fin de que este país pueda
lograr un aprovechamiento mejor y más eficiente de sus recursos
acuíferos, destinados a la irrigación o la producción
de energía hidroeléctrica. Esta cooperación
satisface por supuesto a los etíopes, pero también
a los egipcios que poseen, de este modo, un cierto control sobre
estos proyectos y pueden obtener garantías así de
que éstos no van a ser lesivos para su propio país.
En la actualidad, ambos países están estudiando también
la posibilidad de establecer empresas mixtas. Las compañías
egipcias estarían, de hecho, interesadas en implantarse en
la región del Cuerno de África, si las naciones de
esta región logran finalmente poner fin a los conflictos
existentes en la zona y comienzan a desarrollar su economía.
La Iniciativa de la Cuenca del Nilo
No cabe duda de que los diez países ribereños del
Nilo, o al menos una mayoría de ellos, parecen haberse convencido
de la necesidad de promover la cooperación en este tema del
aprovechamiento de las aguas del Nilo. En los años noventa,
fueron iniciadas ya conversaciones con vistas a lograr acuerdos.
En febrero de 1999, una cumbre de los ministros del Agua de los
estados ribereños celebrada en Dar es Salaam dio un paso
decisivo en el camino de la cooperación multilateral al aprobar
la creación de una nueva organización, que pasó
a ser conocida internacionalmente con el nombre de Iniciativa de
la Cuenca del Nilo (ICN). En noviembre de 2002, fue establecido
un Secretariado permanente de la ICN con sede en Entebbe, Uganda.
En mayo de este año la ICN promovió la reanudación
de las negociaciones entre los 10 países ribereños,
con el fin de buscar un nuevo marco legal que satisfaga las aspiraciones
de todos ellos, incluyendo naturalmente a Egipto.
Cabe recordar también que la aprobación de la Convención
sobre los Usos No Navegables de los Cursos de Agua Internacionales
en mayo de 1997 por la Asamblea General de la ONU establece un marco
jurídico para las negociaciones y la conclusión de
acuerdos entre los estados ribereños de un río de
carácter internacional, es decir, que discurra a través
del territorio de diferentes estados. Esta Convención recoge
dos principios básicos que deben presidir este tipo de negociación.
En primer lugar, una distribución equitativa, que no igual,
de los recursos acuíferos entre todos los estados ribereños.
En segundo lugar, este uso no debe suponer, en ningún caso,
un daño o menoscabo de los citados recursos.
En todo caso, la colaboración entre los estados ribereños
del Nilo parece imprescindible hoy en día, porque, en otro
caso, sería más que probable que se iniciara una feroz
competición por los recursos acuíferos del río,
que podría provocar un derroche y mal aprovechamiento de
tales recursos y un deterioro del medio ambiente, por no hablar
de los choques armados o crisis políticas que podrían
producirse. Por otro lado, la cooperación en la esfera del
agua puede abrir el paso a otro tipo de colaboración más
extensa en los campos científico, técnico y económico,
que sirva para estrechar los lazos entre todos los estados de la
zona.
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