.REDACCIÓN
a repentina dimisión del director de la CIA, George Tenet,
de 51 años, el pasado 3 de junio ha disparado de nuevo los
rumores acerca de la existencia de graves disputas en el seno de
la Administración Bush. La dimisión de Tenet se produce
en un contexto de crisis para la CIA, motivada por la difusión
de una serie de revelaciones que han mermado gravemente su credibilidad.
De hecho, en el momento de la dimisión de Tenet estaban a
punto de salir a la luz dos informes muy negativos para la Agencia.
Uno de ellos procedía del Comité de Inteligencia del
Senado e incluía, según fuentes del Congreso de EEUU
consultadas por el New York Times, un "veredicto devastador"
acerca del papel jugado por la CIA en los meses previos a la guerra
de Iraq. El informe criticaba también duramente el hecho
de que la CIA hubiera sido incapaz de reunir una información
fidedigna sobre las armas de destrucción masiva de Iraq y
que hubiera apoyado la veracidad de las informaciones procedentes
de fuentes dudosas, que afirmaban la existencia de aquéllas.
Esto último ha sido, sin embargo, negado por Tenet.
En realidad, estas acusaciones contra la CIA, contenidas en el informe
del Senado, contienen una enorme dosis de cinismo. Hoy se sabe ya,
gracias a las filtraciones aparecidas en diversos medios, que el
lanzamiento de la guerra de Iraq fue decidido por el gobierno de
EEUU en la primavera de 2002 y que todas las alegaciones e informes
relativos a las armas de destrucción masiva -incluyendo los
discursos de algunos representantes de la Administración
Bush en el Consejo de Seguridad de la ONU- no fueron más
que un simple pretexto para justificar a nivel internacional esta
agresión contra un país soberano, que estuvo motivada,
en realidad, por intereses de tipo económico y estratégico.
La única misión que la Administración Bush
quería encargar, en este sentido, a la CIA no era la de realizar
una investigación honesta acerca de la realidad o falsedad
de las alegaciones sobre tales armas (Cabe recordar aquí
el rechazo de EEUU a que los inspectores de la ONU tuvieran un margen
de tiempo suficiente para completar su investigación), sino
el de buscar indicios que avalaran la ridícula tesis del
gobierno norteamericano de que Iraq, un país empobrecido
y debilitado por más de una década de un cruel embargo,
constituía una amenaza militar para EEUU.
Otro informe de la comisión del Congreso que ha investigado
los atentados del 11-S, criticaba también el fracaso de la
CIA al no "descubrir el complot" de los terroristas, pese
a los datos que existían sobre ellos, entre los que cabe
incluir diversas informaciones existentes en sus archivos sobre,
al menos, dos de ellos.
La dimisión de Tenet fue bien recibida por los elementos
más conservadores de la derecha republicana, que siempre
habían desconfiado de él por haber sido nombrado para
el cargo por el antiguo presidente, Bill Clinton. El congresista
republicano por Connecticut, Rob Simmons, manifestó a este
respecto: "Creo que debemos dar la bienvenida a este cambio
en la dirección de la Agencia". Por su parte, el antiguo
líder de la mayoría republicana en el Senado, Trent
Lott, del estado de Mississippi, se expresó en parecidos
términos: "Pienso que ha sido un paso positivo, para
él personalmente y también para la Agencia".
Tenet ha sido el segundo director más longevo dentro de la
CIA al haber servido en el cargo durante siete años. Debido
a su condición de director de la Agencia, Tenet pasó
a ocupar también otro puesto de responsabilidad que está
vinculado al anterior: el de Director de la Inteligencia Central
(DCI), un cargo que teóricamente conlleva el control y la
supervisión de las 16 agencias de inteligencia que existen
en EEUU.
El 11 de julio, John McLaughlin, hasta entonces vicedirector de
la Agencia, fue nombrado director en funciones de la Agencia. Hubo
rumores de que el secretario adjunto de Defensa, Paul Wolfowitz,
el neoconservador mejor situado dentro de la Administración
Bush y uno de los artífices de la guerra de Iraq, podría
ser nombrado director de la CIA, pero, según los analistas
norteamericanos, es muy improbable que el Senado aprobara su ratificación
para el cargo.
En un emotivo discurso de despedida pronunciado ante varios empleados
de la Agencia en el cuartel general de la CIA en Langley (Virginia),
Tenet insistió en que su decisión había estado
basada únicamente en razones personales, justificación
ésta que fue también empleada por el propio Bush para
explicar la dimisión de su jefe de inteligencia.
Algunos observadores consideran, sin embargo, que la dimisión
de Tenet puede no haber sido todo lo voluntaria que intenta parecer
y creen que supondrá la primera de una serie de salidas de
importantes cargos de la Administración en las próximas
semanas, coincidiendo con los esfuerzos del equipo de reelección
de Bush para hacer olvidar a los votantes los fracasos en Iraq.
En este sentido, el antiguo director de la CIA en la época
de Jimmy Carter, Stansfield Turner, manifestó en una entrevista
concedida a la CNN que, en su opinión, Tenet había
sido presionado para dimitir. "Creo que el presidente piensa
que necesita a alguien a quien culpar por los errores de Iraq",
señaló Turner. En este mismo sentido, un congresista
demócrata manifestó a la agencia IPS: "Ellos
(la Administración Bush) quieren a un cabeza de turco para
echarle la culpa de todo lo que va mal... Sin embargo, no creo eso
que vaya a funcionar. Aunque la CIA ha fallado de muchas maneras
en este período, todos saben ahora que fue el Pentágono
el que ha estado metido en el corazón de este embrollo en
el que nos encontramos".
En realidad, Tenet ya tuvo que actuar como cabeza de turco para
salvar a Bush en una ocasión anterior, hace varios meses,
en que aceptó una "completa responsabilidad" por
las falsedades contenidas en el discurso del presidente sobre el
Estado de la Nación de enero de 2003 y también por
las incluidas en la alocución de Powell en el Consejo de
Seguridad de la ONU el 14 de febrero de 2003, que sirvió
para intentar justificar ante el mundo el lanzamiento de la entonces
ya próxima guerra contra Iraq. Más tarde, sin embargo,
Tenet manifestó que se había opuesto a los informes
elaborados por la OSP, la Oficina constituida en el Pentágono
para buscar informaciones y datos, ya fueran ciertos o no, que pudieran
servir a la Casa Blanca para respaldar sus acusaciones contra Iraq.
Víctima de los neoconservadores
Poco después de la dimisión de Tenet, la senadora
Hillary Clinton, esposa del ex presidente Bill Clinton, declaró
que sospechaba que ya ex director de la CIA había sido víctima
de un complot de los neoconservadores situados en altos cargos de
la Administración Bush. Tenet protagonizó ya un enfrentamiento
con estos sectores -fuertemente vinculados con la derecha israelí-
cuando advirtió en 1998 que dimitiría si el presidente
Clinton perdonaba a Jonathan Pollard, un antiguo oficial de la Inteligencia
Naval de EEUU que había pasado información clasificada
estadounidense a Israel.
El último pulso en esta disputa entre Tenet y los neoconservadores
ha sido el escándalo protagonizado por Ahmed Chalabi, líder
del Congreso Nacional Iraquí. Chalabi está fuertemente
apoyado por los sectores neoconservadores norteamericanos, que le
llegaron a considerar antes de la guerra como el mejor candidato
para ocupar la Presidencia de Iraq.
A mediados de mayo las oficinas de Chalabi en Bagdad y su propio
domicilio fueron objeto de un asalto por parte de la policía
iraquí y agentes norteamericanos. La entrega mensual de 340.000
dólares que el Pentágono suministraba al Congreso
Nacional Iraquí a cambio de datos de inteligencia fue también
anulada.
Posteriormente, diversas fuentes en Washington filtraron que Chalabi
había transmitido a un agente de inteligencia iraní
la información de que los códigos diplomáticos
iraníes habían sido descifrados por la Agencia de
Seguridad Nacional de EEUU (NSA), dato éste que era especialmente
valioso para Irán, que habría procedido rápidamente
a cambiar sus códigos. El FBI, por su parte, ha abierto una
investigación en el Pentágono, de donde se cree que
partió la información que llegó a Chalabi.
Estas investigaciones se han centrado en muchos de los contactos
que el político iraquí tiene allí.
Chalabi, por su parte, negó los cargos y culpó a Tenet
y a la CIA del asalto contra sus oficinas. El político iraquí
cree también que la CIA conspiró para apoyar a un
grupo de exiliados rival, que está liderado por Iyad Allawi.
Los analistas en Washington consideran, en este mismo sentido, que
la reciente elección de Allawi como primer ministro de Iraq
ha supuesto una victoria para la CIA y el Departamento de Estado
sobre los neoconservadores del Pentágono y la Oficina del
vicepresidente Dick Cheney.
Chalabi acusó también a Tenet de proporcionar "información
errónea sobre las armas de destrucción masiva de Iraq
al presidente, lo cual ha colocado a la Administración Bush
en una posición sumamente embarazosa en la ONU y en su propio
país". Esta acusación parece, sin embargo, bastante
cínica, por cuanto que es un hecho reconocido hoy por todos
los medios que algunos "desertores" iraquíes cercanos
al Congreso Nacional Iraquí fueron la principal fuente de
estas informaciones falsas sobre las armas de Iraq.
Los neoconservadores en Washington se sintieron tan irritados por
el asalto a las oficinas de Chalabi como este último. El
22 de mayo dos aliados de Chalabi, Richard Perle, antiguo director
de la Junta de Política de Defensa y uno de los líderes
del grupo de los neoconservadores, y un ex director de la CIA, James
Woolsey, se reunieron con la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza
Rice, para protestar por la acción contra Chalabi, según
señala el New York Times. No cabe duda de que Tenet habrá
ocupado un lugar destacado en esas conversaciones.
La Oficina de Operaciones Especiales del Pentágono
Esta falta de confianza en la CIA llevó también a
los responsables civiles neoconservadores del Pentágono y
de la Oficina de Cheney a crear, poco antes de la guerra, la llamada
Oficina de Operaciones Especiales (OSP), cuyo principal fin, como
ya se ha mencionado anteriormente, fue el de buscar informaciones
- referidas a las armas de destrucción masiva iraquíes
y a los vínculos entre Iraq y Al Qaida- que sirvieran como
excusa para el lanzamiento de la guerra contra Iraq. Arthur Hulnick,
un profesor de la Universidad de Boston que fue miembro de la CIA
durante 28 años, expresó, en unas declaraciones concedidas
al Daily Telegrah el pasado 5 de junio, su particular condena a
dichos individuos, desde Rumsfeld para abajo, por esta vil actuación.
La OSP estuvo a cargo de Douglas Feith, miembro destacado del grupo
de los neoconservadores, y dos de sus hombres. Esta Oficina jugó
un papel fundamental en el lanzamiento de la guerra, ya que muchas
de las "revelaciones" sobre las inexistentes armas de
destrucción masiva de Iraq que fueron suministradas por los
desertores iraquíes pasaron por ella y fueron enviadas desde
allí a la Casa Blanca, dejando de lado así a la CIA,
que era mucho más excéptica acerca del valor real
de tales informes.
En este mismo sentido, Spencer Ackerman, reportero de The New Republic,
ha manifestado recientemente que Rumsfeld y otros líderes
civiles del Pentágono han estado trabajando en los últimos
años para desviar una gran parte de las operaciones de Inteligencia
desde la CIA al Pentágono, algo que habría disgustado
particularmente a Tenet.
En este empeño ha sido también crucial el papel de
Stephen Cambone, que fue nombrado hace poco más de un año
por Rumsfeld para ocupar un cargo de reciente creación: el
de secretario de Defensa adjunto para temas de Inteligencia. La
figura de Cambone se hizo célebre el pasado mes de mayo por
su comparecencia, en una sesión del Comité de Servicios
Armados del Senado, en relación al escándalo de las
torturas en Iraq. Su testimonio fue considerado decepcionante por
muchos de los presentes porque Cambone se limitó a declarar
que no estuvo seguro de la "escala y el ámbito"
de los abusos y torturas en Abu Graib, prisión que ha sido
escenario de la probablemente mayor operación de inteligencia
militar norteamericana en Iraq desde la invasión de marzo
de 2003, hasta que leyó el informe del general Antonio Taguba
a principios de mayo.
Desde su cargo, Cambone controla la Agencia de Seguridad Nacional
(NSA), la DIA y otras agencias de inteligencia del Pentágono,
que absorben, en su conjunto, un 85% de los aproximadamente 40.000
millones de dólares que forman la partida presupuestaria
destinada a temas de inteligencia en EEUU. La CIA, por su parte,
controla sólo el 12% de esta cantidad. Anteriormente, no
existía ningún cargo que controlara y supervisara
el trabajo de todas las agencias de inteligencia vinculadas al Pentágono.
Sin embargo, tras la creación de la Oficina que ahora ocupa
Cambone, las cosas han cambiado. Según Ackerman, los expertos
en Inteligencia norteamericanos consideran que la aparición
de esta Oficina ha hecho que el centro de gravedad de la comunidad
de inteligencia de EEUU se desplace desde la CIA hasta el Pentágono.
Esto podría llevar en un futuro a confrontaciones entre ambos
por el control de las operaciones de inteligencia y de los recursos
materiales y humanos vinculados a ellas.
Ackerman subraya, en este sentido, que el Pentágono se está
inmiscuyendo ya en algunas funciones que hasta hace poco habían
sido patrimonio exclusivo de la CIA. Así por ejemplo, el
Pentágono ha creado un centro de entrenamiento especial cerca
de Tacoma, Washington, hogar del Primer Grupo de las Fuerzas Especiales.
Entre sus competencias, estaría la de enviar comandos y equipos
a un hipotético territorio enemigo para establecer allí
bases seguras en anticipación de una operación militar
más amplia, actividad ésta que hasta ahora había
sido realizada exclusivamente por la CIA. Según algunos expertos
militares, en Afganistán la CIA y los cuerpos de Operaciones
Especiales han sido incapaces a menudo de ponerse de acuerdo sobre
quién era el que tenía el control de las operaciones.
El escándalo Plame
Algunos sectores norteamericanos barajan también otras tesis
sobre la dimisión de Tenet. Según desvela Michael
Ruppert en un artículo publicado el 8 de junio en el sitio
fromthewilderness.com, fuentes de la Inteligencia estadounidense
y del Departamento de Justicia manifestaron al periodista Wayne
Madsen, un antiguo oficial de la Inteligencia Naval, que la dimisión
de Tenet estaba vinculada al escándalo desatado por la filtración
a la prensa de la identidad de la agente de la CIA Valerie Plame.
En la actualidad, investigadores federales están intentando
determinar cuáles fueron las fuentes que filtraron al columnista
conservador Robert Novak la información de que la esposa
del ex embajador Joseph Wilson, Valerie Plame, era una agente de
la CIA encubierta. Cabe recordar que el revelar la identidad de
un agente de la CIA es un delito en EEUU. Novak, que publicó
en su columna del 14 de julio de 2003 las informaciones sobre Valerie
Plame, no ha querido desvelar hasta el momento la identidad de los
individuos que le suministraron la información. Sin embargo,
algunos medios de EEUU apuntan a al menos dos altos responsables
de la Administración Bush.
La CIA envió, siguiendo órdenes de Dick Cheney, a
Wilson a Níger en 2002 para buscar cualquier indicio que
probara una información que señalaba que agentes iraquíes
habían intentado adquirir uranio en ese país, afirmación
ésta que fue incluida dentro del discurso de Bush sobre el
Estado de la Nación de 2003. De ser cierta esta noticia,
ello hubiera permitido, sin duda, al gobierno norteamericano sostener
sus acusaciones de que Iraq estaba intentado poner de nuevo en marcha
su programa nuclear.
Wilson investigó el tema y llegó a la conclusión
de que dicha información era falsa. Más tarde, publicó
el resultado de estas investigaciones en un artículo aparecido
el 6 de julio de 2002 en el New York Times bajo el título
de "Lo que no encontré en África", lo cual
colocó en una posición muy embarazosa a la Casa Blanca.
En este sentido, Wilson considera que la revelación de la
identidad de su esposa fue, en realidad, una venganza de algunos
miembros de la Administración Bush contra él por haber
echado por tierra uno de los argumentos que el Gobierno trató
de emplear para justificar la existencia de un programa de armas
de destrucción masiva en Iraq.
La propia CIA pidió formalmente en septiembre de 2003 que
esta filtración fuera investigada. Esta petición,
que fue aprobada personalmente por el propio Tenet, no estuvo motivada
únicamente por el hecho de que hubiera sido revelado el nombre
de una de sus agentes. Según Ruppert, esta filtración
causó un enorme daño a la CIA, ya que destruyó
una operación destinada a obtener información acerca
de un tema muy importante para los intereses económicos y
estratégicos de EEUU en ese momento.
Valerie Plame trabajaba para la compañía Brewster,
Jennings & Associates, dedicada a temas energéticos en
general y petrolíferos en particular. Esta empresa poseía
estrechos vínculos con la Arabia American Oil Company (ARAMCO),
la compañía estatal de petróleo saudí,
que es también la mayor del mundo en el sector. Lo que pocos
sabían era que Brewster, Jennings & Associates era, en
realidad, una empresa tapadera de la CIA. Gracias a su trabajo en
esta compañía, Plame podía conseguir numerosos
datos de las operaciones de la ARAMCO, que desempeña un papel
fundamental en la economía de Arabia Saudí, uno de
los cuatro países del mundo que más interesan a la
CIA.
La CIA quería conseguir concretamente información
sobre una operación de la ARAMCO -que fue mencionada por
el New York Times el 8 de marzo de este año- destinada a
la construcción de una nueva refinería en Arabia Saudí,
de la cual la compañía tendría el 25% de las
acciones. El otro 75% iría a parar a China, uno de los mayores
competidores económicos de EEUU en el mundo, hecho éste
que preocupaba, sin duda, a la CIA, que siempre ha estado muy atenta
al aumento de la presencia económica de Rusia y China en
la región del Golfo Pérsico y muy especialmente en
Arabia Saudí.
Otro tema que interesaba a la CIA era el conocer de forma fidedigna
cuáles eran las reservas reales de petróleo saudí,
sobre cuya cuantía los expertos no se ponen de acuerdo. Esto
permitiría calibrar si Arabia Saudí es o no capaz
de incrementar rápidamente su producción en caso de
necesidad, tal y como ha prometido, lo cual reviste una gran importancia
para la economía norteamericana.
No cabe duda de que ARAMCO es un lugar ideal para obtener respuestas
a estas cuestiones. En este sentido, el papel de Plame como agente
encubierta era muy importante. El hecho de que su identidad haya
sido desvelada ha arruinado, pues, una valiosa operación
y ha eliminado también la utilidad que la empresa Brewster,
Jennings & Associates tenía para la CIA. Asimismo, ha
dejado marcados a muchos de los contactos que mantuvieron relaciones
con Plame. El hecho de que este desastre haya sido causado por un
simple deseo de venganza personal es algo que ha irritado profundamente
a los responsables de la CIA.
Según señala Ruppert, Tenet y la CIA habían
preparado ya un documento en el que se declaraba con toda nitidez
que la Agencia no había apoyado las alegaciones de la Administración
Bush sobre el programa nuclear de Iraq y había advertido
a la Casa Blanca de las dudas que existían sobre tales informaciones.
Esto habría llevado a una situación de tensión
entre Tenet y algunos responsables del Gobierno, hecho éste
que sería otra causa más de la dimisión de
Tenet.
En la actualidad, el escándalo Plame ha puesto a Bush entre
la espada y la pared. Esto queda corroborado por el hecho de que
el presidente se vio obligado a testificar en relación a
este caso ante unos jueces federales el pasado 24 de junio. Bush
ha contratado ya a algunos abogados privados penalistas -entre ellos
Jim Sharp, que participó la defensa del general Richard Secord,
acusado en el escándalo Irán-Contra- para que le asesoren
en caso de que sea acusado formalmente de algún cargo. Cheney,
por su parte, ha hecho lo propio.
De la complicada situación de Bush en lo referente al escándalo
Plame y la grave crisis que arrastra su Administración se
ha hecho eco recientemente el Capitol Hill Blue, el periódico
publicado por los miembros del Congreso. Así por ejemplo,
en el número del 3 de junio de esta publicación se
incluyó un artículo que llevaba el titular de "Bush
Knew About Leak of CIA Operative´s Name" (Bush conoció
la filtración del nombre de la agente operativa de la CIA).
En él, se decía claramente que la investigación
del caso había llegado ya a un punto en el que Bush podría
ser procesado penalmente. Al día siguiente, 4 de junio, el
Capitol Hill Blue publicó otro artículo titulado "Bush´s
Erratic Behavior Worries White House Aides" (El comportamiento
imprevisible de Bush preocupa a los consejeros de la Casa Blanca).
En este trabajo podían leerse afirmaciones como: "El
comportamiento cada vez más imprevisible de Bush y sus enormes
cambios de humor... han llevado a los consejeros (de la Casa Blanca)
a expresar en privado su preocupación por el estado mental
de su líder. En sus encuentros con altos consejeros y responsables
de la Administración, el presidente pasa de citar la Biblia
a pronunciar ataques obscenos contra los medios de comunicación,
los demócratas y otros a los que él califica de "enemigos
del Estado". "Me recuerda los días de Nixon",
declaró un asesor político republicano con estrechos
contactos con la Casa Blanca al Capitol Hill Blue. "(Para Bush)
Todo el mundo es un enemigo; todos quieren acabar con él.
Ése es ahora el clima que se respira allí". |