.REDACCIÓN
l pasado 18 y 19 de junio, los 25 países de la Unión
Europea llegaron a un acuerdo, durante el transcurso de una cumbre
en Bruselas, para aprobar el proyecto de Constitución Europea,
tras meses de bloqueo debido a las diferencias sobre el reparto
del poder de voto y otras cuestiones menores. La nueva Constitución
cuenta, en total, con 472 artículos y siete disposiciones
y declaraciones.
El proceso de elaboración de la Constitución Europea
se inició con la llamada Declaración de Laeken de
diciembre de 2001. En aquel documento se dejó claro que existía
la necesidad de aprobar una Constitución, que sirviera para
reemplazar a los tratados existentes. Otro de sus fines -según
la interpretación de Francia, Alemania y otros estados- sería
el de llevar a la Unión Europea a un nivel de integración
mucho más alto y promover la creación de un auténtico
estado supranacional europeo, que pueda recabar para sí una
gran parte de las competencias que en la actualidad pertenecen a
los estados nacionales.
Según los analistas europeos, el principal logro de esta
Constitución ha sido el establecimiento de un nuevo sistema
de voto, algo que se había hecho necesario de bido
a la ampliación de la Unión Europea a 10 nuevos países
este año. Este sistema ha venido a reemplazar al establecido
en la cumbre de Niza de 2001, que era considerado insatisfactorio
por algunos grandes países. Según este nuevo sistema,
denominado "de doble mayoría", una decisión
será aprobada si es apoyada por al menos el 55% de los países
miembros, que representen al 65% de la población de la Unión.
El modelo de vetos nacionales ha sido también abolido en
muchas esferas, lo cual resulta imprescindible, puesto que, de mantenerse
aquél tras la reciente incorporación de los nuevos
estados a la Unión, esto significa que un solo país
habría podido bloquear la aprobación de las normas
comunitarias en cualquier campo. No hace falta decir que tal hecho
habría llevado a una completa parálisis de las instituciones
europeas.
Obstruccionismo británico
El Reino Unido, por su parte, insistió en mantener su derecho
de veto en los temas de política exterior y de defensa, así
como los fiscales y de seguridad social, pues que no desea tener
que ceder a Bruselas competencias en estos campos. En realidad,
las propuestas en el tema fiscal se limitaban a aspectos tan básicos
como la cooperación administrativa en este terreno y la evasión
de impuestos, pero incluso esto era demasiado para Londres. El gobierno
británico se opuso asimismo a la creación de un Fiscal
Europeo.
Del mismo modo, Londres logró asegurarse de que la Carta
de Derechos Fundamentales, que será aprobada junto con la
Constitución, no afecte a las leyes laborales británicas,
que son las más flexibles de todo el continente.
Los británicos se opusieron también con éxito
a una cláusula contenida en el artículo III-157, que
daba a la UE el derecho a aprobar leyes para "fortalecer la
seguridad del suministro energético". Esta cláusula
alarmó a compañías petrolíferas británicas
como la Shell o la BP, que temieron que los pozos de petróleo
del Mar del Norte acabaran quedando bajo el control de Bruselas.
Estas compañías presionaron así al gobierno
de Londres para que se opusiera a dicha cláusula, que fue
finalmente eliminada del texto.
Estas tácticas obstruccionistas británicas irritaron
especialmente a alemanes y franceses. El presidente francés,
Jacques Chirac, las criticó duramente señalando que
"un solo país" no tenía derecho a bloquear
la cumbre de la Unión Europea. Sin embargo, París
y Berlín acabaron accediendo a la demanda británica
de que los países puedan conservar el derecho de veto sobre
determinadas políticas con el fin de salvar la cumbre.
Reforma de las instituciones comunitarias
La Constitución contempla también una reforma del
órgano ejecutivo de la UE: la Comisión Europea, que
quedará reducida de tamaño y será así
más eficaz y fácil de manejar. Los estados miembros
dispondrán de un comisario por país (25 en total)
hasta el año 2014, en que este número quedará
reducido a 18. La Unión tendrá también un único
representante en política exterior y no dos, como ahora.
El Consejo Europeo, donde están representados los gobiernos
de los países miembros, estará presidido por una persona
durante un período de dos años y medio, en lugar de
estarlo por un país diferente cada seis meses, como ocurría
hasta ahora.
Holanda, por su parte, presentó una propuesta para que la
Comisión tuviera poderes para controlar y sancionar cualquier
violación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que permitió
la creación del euro. Este pacto contempla unos límites
en el déficit público de los países comunitarios
que no pueden ser rebasados, medida ésta que está
precisamente dirigida a la protección de la estabilidad de
la moneda europea. Francia y Alemania, que superaron en una ocasión
estos límites, se opusieron a tal medida. Sin embargo, la
mayoría de los países miembros apoyaron la propuesta
holandesa, y, finalmente, se llegó a un compromiso que consiste
en que la Comisión podrá determinar cuando un déficit
es excesivo, pero serán los estados miembros los que tengan
la última palabra en lo que se refiere a la imposición
de sanciones.
Valores religiosos
La Constitución Europea incluye una mención a la
herencia espiritual, religiosa y humanista de Europa y recoge el
principio de cooperación entre la Comisión y las diferentes
confesiones religiosas. Sin embargo, algunos países mayoritariamente
católicos -Polonia, Italia, Malta, República Checa,
Eslovaquia, Lituania, Irlanda y España- presentaron una propuesta
para mencionar el Cristianismo dentro de la Constitución.
Dicha propuesta, que generó una amplia polémica en
el seno de la Unión, fue finalmente sacada del orden del
día de la pasada cumbre del 18 de junio por la propia Presidencia
irlandesa, que justificó su decisión en base a la
falta de apoyos que tal iniciativa iba a encontrar. La caída
del gobierno de Aznar en España y la oposición frontal
del grupo de países más laicos, encabezado por Francia,
motivaron finalmente la derrota de la propuesta.
Por su parte, la Comisión Islámica de Derechos Humanos,
con sede en Londres, considera que estos llamamientos en favor de
la inclusión del Cristianismo en la Unión Europea
eran un intento velado de impedir la entrada de Turquía,
un país predominantemente musulmán, en la Unión.
"Creo que hay una estrategia oculta por parte de los sectores
xenófobos para presentar oficialmente a Europa como una entidad
cristiana con una historia cristiana", manifestó una
fuente de la Comisión a Al Yazira. "Si el Cristianismo
fuera mencionado en la Constitución, eso implicaría
que se están excluyendo a otras religiones, entre ellas el
Islam, y también un rechazo a la idea de Europa como un continente
multirracial y multicultural". Las sospechas de la Comisión
tienen, en realidad, un claro fundamento. En mayo de 2003 un reportaje
de la BBC informó que dos altos representantes del Vaticano
habían cuestionado públicamente la conveniencia de
que Turquía se adhiriera a la UE.
Pugna por la Presidencia de la Comisión
La cumbre del 18 de junio fracasó, sin embargo, en un aspecto
básico: la elección del nuevo presidente de la Comisión,
que sustituirá a Romano Prodi. Este tema provocó fuertes
tensiones entre Francia y Alemania, por un lado, y el Reino Unido,
por otro. París y Berlín respaldaron para el cargo
al primer ministro belga, Guy Verhofstadt. El Reino Unido, por su
parte, se opuso a esta nominación afirmando que Verhofstadt
quería otorgar demasiados poderes a la UE. El propio primer
ministro británico, Tony Blair, criticó estos esfuerzos
del eje franco-alemán para imponer a Verhofstadt afirmando
que las decisiones referentes a la Unión Europea debían
ser tomadas por los 26 miembros y no "por seis, dos o uno".
Como alternativa, Londres propuso al británico Chris Patten,
conservador y miembro de la Comisión, pero esta propuesta
fue rechazada por los franceses y alemanes.
En realidad, Verhofstadt fue un fiel aliado de Francia y Alemania
durante los enfrentamientos que ambos países mantuvieron
con EEUU y el Reino Unido el pasado año a propósito
de la creación de un Ejército europeo. Vershofstadt
llegó a promover la creación de un cuartel general
independiente para este Ejército, hecho éste que despertó
una profunda irritación en Washington y Londres, que deseaban
que dicha fuerza actuara exclusivamente a través de la cadena
de mando y las instalaciones de la OTAN. En el centro de esta discusión
se encuentra el deseo de Berlín y París de impulsar
la creación de una Europa unida, que sirva de contrapunto
a EEUU. Sin embargo, Europa no podrá alcanzar esa meta mientras
continúe dependiendo de la OTAN en el terreno de la defensa,
ya que esta organización está completamente controlada
por EEUU y su fiel aliado británico.
Las disputas entre ambas partes tienen también que ver con
el distinto significado que otorgan a la nueva Constitución.
Para el Reino Unido, ésta sirve únicamente para consolidar
los tratados que ya existían anteriormente, por lo que tendría
un valor puramente recopilatorio. Para Francia y Alemania, supone
el fortalecimiento de los poderes y competencias de la Unión
Europea y un paso definitivo hacia el establecimiento de un estado
supranacional europeo.
Con el fin de desbloquear la situación, algunos países
presentaron otros candidatos, como el primer ministro irlandés,
Bertie Ahern, que fue rechazado por Francia por no hablar francés,
o el primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, que manifestó,
sin embargo, su falta de interés por ocupar el cargo. Al
final, el candidato con más posibilidades parecía
ser el primer ministro portugués Jose Manuel Durao Barroso.
La aprobación del proyecto de Constitución en la reciente
cumbre de Bruselas no significa, sin embargo, que ésta vaya
a ser entrar en vigor con toda seguridad. Hay que tener en cuenta
que al menos 10 países someterán este proyecto a referéndum,
mientras que otros lo aprobarán en sus respectivos Parlamentos.
Los responsables de la Unión Europea temen, sin embargo,
que pueda producirse un resultado negativo en alguno de estos referéndums,
posibilidad ésta que parece más plausible tras la
baja participación habida en las pasadas elecciones al Parlamento
Europeo y el crecimiento en de las opciones euroescépticas
en varios de los estados de la Unión. También existe
el riesgo de que muchos electores pretendan castigar a los respectivos
gobiernos por problemas de tipo nacional utilizando para ello la
opción del "No" en los referéndums sobre
la nueva Constitución Europea.
Hasta el momento, uno de los líderes que más complicado
tiene el lograr la ratificación de la Constitución
en su país es Tony Blair. Los euroescépticos poseen
una notable fuerza en el Reino Unido, como demuestran los 12 eurodiputados
conseguidos por una fuerza abiertamente antieuropea, el Partido
de la Independencia del Reino Unido (UKIP), en las pasadas elecciones
al Parlamento Europea. Este partido propone incluso la salida del
Reino Unido de la UE. Por su parte, el Partido Conservador británico,
que ganó las pasadas elecciones municipales y europeas, se
muestra también contrario a la Constitución y al avance
de la integración europea en general.
Hasta el momento, Blair ha rechazado todas las presiones para convocar
un referéndum en su país sobre este tema a sabiendas
de que el resultado sería, casi con toda probabilidad, negativo.
Sin embargo, la presión popular, de la oposición política
y de la prensa sensacionalista, de tendencia claramente antieuropea,
podrían obligar a Blair a proceder a tal convocatoria. El
diario sensacionalista The Sun ha acusado ya a Blair de "traidor"
por haber ratificado la Constitución.
Otro país problemático es paradójicamente Polonia,
que, pese a llevar muy poco tiempo adherida a la UE, ha sido escenario
de un fuerte crecimiento de los partidos euroescépticos.
El gobierno proeuropeo de la Alianza de la Izquierda, del primer
ministro Marek Belka, se encuentra en una posición muy débil,
debido a la mala marcha de la economía y a los escándalos
de corrupción. Su aceptación de un compromiso en el
tema de la Constitución, que ha implicado una reducción
del peso del voto polaco, ha sido también mal recibida por
la opinión pública del país, muy sensible a
los llamamientos demagógicos de algunos partidos de la derecha.
Esta decepción hacia el gobierno de Belka y hacia el proceso
de integración europea en general puede explicar la baja
participación de los electores polacos en las recientes elecciones
al Parlamento Europeo. Todo ello ha levantado el temor en Bruselas
a que un posible referéndum en Polonia termine dando un resultado
negativo.
Al final, tras la aprobación unánime del proyecto
de Constitución los líderes europeos han preferido
aparcar estos temores y dar una clara imagen de unidad felicitándose
públicamente por haber logrado el acuerdo. "Podemos
decir, sin abusar de las palabras, que es un día importante
para Europa", manifestó el presidente francés,
Jacques Chirac. El canciller alemán, Gerhard Schroeder, se
manifestó también en parecidos términos. Blair,
por su parte, afirmó, pensando sin duda en clave doméstica,
que "es un gran éxito para Europa y para Gran Bretaña".
Más preciso aún fue el diputado francés, Pierre
Lequillier, que manifestó al diario Le Monde: "En un
mundo inestable y globalizado, la aprobación de esta Constitución
supone la primera gran noticia de este siglo XXI: el nacimiento
de la Europa política unida". |