.REDACCIÓN
a intervención de Ruanda en el conflicto del Congo se remonta
a 1998, año en que aquel país y Uganda comenzaron
a respaldar a los rebeldes congoleños que se oponían
al gobierno de Laurent Kabila, el célebre líder guerrillero
que había luchado durante muchos años contra el dictador
Mobutu Sese Seko y conseguido derrocarle dos años antes.
Los ejércitos ruandés y ugandés penetraron
también en el Congo en aquel año y pasaron a controlar
y explotar algunas zonas en las que abundaban recursos minerales
importantes como los diamantes, cobre, metano, coltan y otros. Por
su parte, Angola y Zimbabwe enviaron tropas para apoyar a Kabila.
Los objetivos de la intervención ruandesa en el Congo no
fueron sólo económicos. El gobierno ruandés
de Paul Kagame, dominado por miembros de la etnia tutsi, quería
destruir a las guerrillas hutus ruandesas que habían huido
al Congo tras el derrocamiento en 1994 del gobierno hutu de Ruanda
a manos de una guerrilla tutsi liderada por Kagame y apoyada por
Washington. También influyó probablemente el deseo
de EEUU de desestabilizar al gobierno de Laurent Kabila, que era
contemplado con hostilidad por Washington. De hecho, hubo informaciones
que apuntaban a la presencia de asesores militares norteamericanos
en las zonas del Congo dominadas por los rebeldes o por los ejércitos
ruandés y ugandés.
Tras el asesinato de Laurent Kabila en 2001 y la subida al poder
de Joseph Kabila, hijo del anterior, se puso en marcha un proceso
de paz, auspiciado por Sudáfrica y apoyado por la Unión
Europea y EEUU, que llevó a la firma de unos acuerdos de
paz en 2003. Dichos acuerdos contemplaban la creación de
un gobierno de unidad nacional, donde estarían representados
también los rebeldes apoyados por Ruanda, y la celebración
de elecciones en 2005. También estipulaban la salida del
Congo de las tropas ruandesas, ugandesas y de los otros países
involucrados en el conflicto.
Señores de la guerra en el este del Congo
Durante estos últimos meses la situación permaneció
tranquila y todo parecía indicar que los acuerdos de paz
habían conseguido al fin la pacificación del país.
Sin embargo, todo cambió a principios de junio pasado cuando
dos milicias rebeldes, con un total de entre 2.000 y 4.000 combatientes,
ocuparon la ciudad de Bukavu, situada al este del país, durante
una semana. Una de estas milicias estaba mandada por el coronel
Jules Mutebutsi. La otra, que ocupó la zona norte de Bukavu,
estaba liderada por el general Laurent Nkunda. Ambos fueron en su
día líderes rebeldes en la lucha contra Laurent Kabila,
pero tras los acuerdos de 2003 se integraron en el Ejército
del Congo.
Mutebutsi esperaba, sin duda, convertirse en el gobernador del distrito
de Bukavu y gobernarlo como si de una república independiente
se tratara. Sin embargo, el gobierno de Kinshasa, que temía
que la estrecha relación de Mutebutsi con Ruanda provocara
un aumento de la influencia de este último país en
el este del Congo, le nombró vicegobernador y reservó
el cargo de gobernador para el general Felix Mbuza Mabe.
Desilusionado por este hecho, Mutebutsi decidió entonces
abandonar, junto con sus milicias, el Ejército del Congo
y convertirse de nuevo en un señor de la guerra. De hecho,
durante la semana de ocupación de Bukavu las milicias de
los dos líderes llevaron a cabo una ola de asesinatos, violaciones
y saqueos que indignaron a la ONU y al gobierno de Kinshasa.
Los líderes rebeldes trataron de justificar su ocupación
de la ciudad de Bukavu afirmando que el gobierno del Congo había
estado realizando matanzas y expulsiones de miembros de la etnia
banyamulengue. Los banyamulengues son tutsis congoleños,
emparentados con los tutsis de Ruanda. Pese a que efectivamente,
según algunas fuentes, el gobierno congoleño desconfía
de los banyamulengues por sus vínculos con Ruanda no existen
informes fidedignos que confirmen la existencia de abusos contra
este grupo étnico.
Por su parte, las autoridades de Kinshasa acusaron a Ruanda de respaldar
a las milicias rebeldes y enviaron unos 5.000 soldados a la frontera.
El gobierno ruandés manifestó entonces que respondería
al despliegue congoleño. “No vamos a quedarnos cruzados
de brazos y contemplar impasibles el desarrollo de los acontecimientos,
ya que tenemos un país y un pueblo que defender”, manifestó
el ministro de Exteriores de Ruanda, Charles Muligande.
Intento de golpe de estado
La tensión en el Congo se incrementó aún más
el pasado 11 de junio, en que se produjo un intento de golpe de
estado en la capital, Kinshasa. Numerosos disparos y explosiones
se escucharon entonces en diversos puntos de la ciudad, entre ellos
el palacio presidencial, la emisora de radio estatal y el principal
campamento militar.
El presidente Kabila realizó poco después una comparecencia
televisiva para asegurar a la nación que continuaba al frente
del gobierno. “Permaneced en calma porque no permitiré
a nadie llevar a cabo un golpe de estado o destruir nuestro proceso
de paz”, señaló Kabila.
Según se supo más tarde, la intentona estuvo protagonizada
por unos 200 soldados al mando de algunos oficiales de la guardia
presidencial. Esta implicación de la guardia presidencial
en el golpe tiene, sin duda, dolorosas connotaciones personales
para Joseph Kabila, ya que su padre fue asesinado precisamente por
uno de los miembros de su guardia presidencial.
Tras este intento del golpe de estado, Kabila hizo algunos cambios
en su gabinete y afirmó que estaba estudiando la posibilidad
de solicitar de nuevo ayuda a Angola y Tanzania en contra de los
rebeldes congoleños y las tropas ruandesas.
Implicación de Ruanda
La implicación de Ruanda en la ocupación de Bukavu
por parte de las milicias rebeldes congoleñas es un hecho
incuestionable. Un reciente informe de expertos designados por la
ONU señalaba que Ruanda ha estado apoyando activamente a
los grupos rebeldes congoleños que tomaron la ciudad. El
informe indica que el papel de Ruanda no se limitó a dejar
operar a estos grupos desde su territorio, sino que reclutó,
entrenó y armó a sus integrantes. Dichos expertos,
que visitaron en junio la frontera entre los dos países,
señalaron que oficiales ruandeses habían estado buscando
a congoleños en la ciudad fronteriza de Cyangugu y les habían
ofrecido dinero y teléfonos móviles para que se unieran
a los grupos rebeldes que luchan contra las autoridades de Kinshasa.
El propio presidente Kabila fue más lejos y acusó
el pasado 3 de julio a las tropas ruandesas de participar directamente
en la invasión. “Bukavu ha pasado a estar controlado
por tropas ruandesas. Desde esta mañana hay tropas ruandesas
con los insurgentes. Es una agresión contra nuestro país
por parte de Ruanda”, manifestó Kabila.
Una de las razones por las que el gobierno ruandés se habría
atrevido a provocar otra crisis con Kinshasa, al permitir a las
guerrillas rebeldes invadir el este del Congo, sería la de
advertir al gobierno de Kabila que controle a los 20.000 guerrilleros
hutus ruandeses que todavía operan en la zona.
Otros analistas apuntan también a que Ruanda no se habría
resignado a su pérdida de control sobre algunos de los recursos
básicos del este del Congo, entre ellos el metano, que resulta
especialmente importante para Ruanda, donde existen severos recortes
en el suministro eléctrico. El país ha experimentado
un importante desarrollo económico en los pasados años
debido, sobre todo, a la llegada masiva de inversiones extranjeras.
Así por ejemplo, el sector de la construcción creció
un 16% el pasado año. Todo esto ha hecho que Ruanda precise
una cantidad cada vez más importante de energía para
poder atender a las necesidades de este desarrollo. La mayor parte
del metano se encuentra debajo del Lago Kivu, en el este del Congo.
Precisamente la zona de Bukavu, ocupada por las milicias rebeldes
congoleñas, se encuentra en las orillas del Lago Kivu.
Ruanda, sin embargo, tiene pocas opciones en su enfrentamiento con
el Congo. La mayor parte del presupuesto del país depende
de las ayudas de donantes internacionales y de las inversiones extranjeras
y en caso de conflicto es más que probable que las ayudas
quedaran interrumpidas y las inversiones extranjeras salieran del
país en busca de otros escenarios más estables.
La ONU ha reaccionado también con rapidez para frenar la
escalada en el Congo. Cabe recordar que la operación de mantenimiento
de la paz de Naciones Unidas en el Congo es la más costosa
de todas las que mantiene en vigor la organización. Cabe
decir, sin embargo, que los 10.000 cascos azules desplegados por
la ONU son del todo insuficientes para mantener la paz en un país
que equivale en extensión a Europa Occidental.
Es por ello que la ONU desea ver una rápida resolución
del conflicto del Congo y el éxito del proceso de paz. Según
algunas fuentes, helicópteros de Naciones Unidas habrían
atacado a una de las dos milicias rebeldes que ocuparon Bukavu,
en lo que constituyó la primera operación bélica
de fuerzas de la ONU en el país.
No obstante, la incapacidad de los cascos azules de la ONU para
detener a las milicias rebeldes ha generado un sentimiento de ira
en contra de la organización internacional entre la población
congoleña. En Kinshasa se produjeron manifestaciones delante
de las Oficinas de la ONU y varios vehículos de la organización
fueron incendiados. Para hacer frente a estas críticas, la
misión de la ONU en el Congo ha asegurado que va a desplegar
3.700 soldados sudafricanos, uruguayos y nepalíes en el este
del país con el fin de ayudar al gobierno a reforzar su control
sobre estas provincias.
Por su parte, EEUU ha intervenido también para tratar de
evitar el conflicto. El consejero de temas políticos de la
Embajada estadounidense en Kigali, Ruanda, afirmó que el
secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, había hablado
con los presidentes del Congo, Joseph Kabila, y de Ruanda, Paul
Kagame, con el fin de buscar una solución al conflicto. Washington
ha enviado también a responsables del Departamento de Estado
a ambas capitales. Según diversas fuentes, lo que más
ha inquietado a EEUU es la petición de ayuda a Angola y Tanzania
realizada por Kabila. En todo caso, es difícil pensar que
EEUU pueda asumir un papel de mediador neutral ya que Ruanda continúa
siendo hoy por hoy el principal aliado de EEUU en la zona del África
Oriental.
Derrota de los rebeldes
Ante la presión militar del Congo las fuerzas de Mutebutsi
optaron finalmente por retirarse a Ruanda el 8 de julio. La milicia
de Nkunda prefirió quedarse en sus posiciones y protagonizó
combates con las tropas gubernamentales.
El día 9 de junio las tropas regulares congoleñas
recuperaron el control de Bukavu siendo saludadas por la población
civil de la ciudad, que había vivido la pesadilla de la ocupación
rebelde durante una semana. Los soldados del Congo desplegaron banderas
del país por toda la ciudad con el fin de reforzar la idea
de que el conflicto no había sido un enfrentamiento civil
entre congoleños, sino un intento de invasión de unos
mercenarios al servicio de Ruanda. El gobierno congoleño
ha pedido ahora que Mutebutsi y Nkunda sean procesados por un tribunal
internacional por los crímenes cometidos durante la ocupación
de Bukavu.
De momento, todo hace pensar que Joseph Kabila será el gran
ganador de esta crisis. El ataque de Mutebutsi y Nkunda contra la
ciudad de Bukavu y el fallido golpe de estado le han permitido efectuar
una remodelación dentro del Gobierno y el Ejército
situando a sus leales en la cúpula de ambos. Por otro lado,
el ataque rebelde le ha dado un argumento para enviar tropas a las
conflictivas provincias del este del país con el fin de reforzar
su control sobre las mismas y sus recursos. Por otro lado, el ataque
de los rebeldes ha puesto de manifiesto el fracaso del plan para
integrar a estos grupos en el Ejército nacional congoleño.
Además, la acción rebelde ha conseguido enfrentar
a la ONU con los grupos rebeldes y también con Ruanda, que
aparece así claramente como el país agresor en el
conflicto. En el caso de que éste se agrave, Kabila podría
llamar en su ayuda a Angola y Tanzania, países que han sido
dos de sus principales apoyos, y anteriormente de su padre, para
mantenerse en el poder.
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